TEMPLO DE LA BORRACHERA
donde la vida se alarga,
y el hígado se recarga,
donde todo a su manera
se estira por la escalera
hacia la felicidad.
Los licores, la amistad,
los sueños y los deseos,
los cantos y los recreos
se corren en probidad.
Entre Palermo y La Boca,
entre libros de Corrientes,
llenan de vida las gentes,
y el mundo se descoloca.
Tanto contraste le choca
al despistado viajero,
que luce capa y sombrero
en el hemisferio austral.
Se oye tango de arrabal
por Caminito te espero.
Buenos Aires se perfuma
de caldos, asados, llantos,
mientras curan sus quebrantos,
en un paisaje de bruma,
el escritor, a su pluma
y a su canción el tanguista.
Hay desfile de turista
entre casas de colores
que eligieron los pintores
con cierto tono de artista.
Para que tenga mandáme
de Buenos Aires un trozo,
que me llene ego y gozo
y cuando puedas llamáme,
no esperes a que reclame
un pedacito de cielo.
Algo que cubra el anhelo
de otro modo de vivir,
que me prohíba morir
y cure mi desconsuelo.

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