miércoles, enero 07, 2026

David Trueba

 ¡Viva Bardot!

Fue la amante oficial del planeta y pensar en ella ya era de alguna manera una infidelidad al orden establecido.

Es difícil encontrar una estrella tan icónica en el cine como Brigitte Bardot y que tenga menos películas memorables en su currículum. Lo memorable era ella, con ese físico incandescente, piernas de bailarina experta coronadas por aquella boca y los ojos de un bello y ligero estrabismo. El deseo que despertaba no venía avalado por promesas decentes, sino por la irrefrenable pulsión sexual. Y sostener ese edificio con personalidad le costó la persecución y la constante crítica moral. Chantajeada por todos, desde sus empleados hasta las asociaciones de ultraderecha durante la guerra de Argelia, no se avino a ningún trato y es más famosa la lista de buenas películas que rechazó que la de las que finalmente rodó. Fue la amante oficial del planeta y pensar en ella ya era de alguna manera una infidelidad al orden establecido. Tuvo una especie de vida paralela con Marilyn Monroe, con la que se cruzó en una ocasión en Londres. Su intento de suicidio con barbitúricos precedió en dos años a la muerte de la estrella norteamericana. No es difícil pensar que aquel intercambio de destinos le ayudara a dejar definitivamente la profesión de actriz con 38 años para volcarse en las reivindicaciones animalistas.

A veces mirarla envejecer era también ver un poco envejecer a Marilyn y no podías dejar de tener una simpatía absoluta por sus luchas. Encarnaba un feminismo desprejuiciado e incómodo para todos. Derivó en declaraciones entre nacionalistas y chiripitifláuticas, que con el tiempo han pasado a ser un discurso habitual entre muchos europeos. Entre otras razones, supongo, porque todos los desgraciados de ese continente se han ido sintiendo cada vez más empoderados y más guapos a medida que llegaban otros más pobres y más desamparados que ellos. Pero es un error conceptual, porque cuando uno empieza a creerse Brigitte Bardot tendría que ir corriendo al psicoanalista; es mucho más loco que creerse Napoleón. Ni siquiera entonces para los ultras la Bardot fue alguien cómodo, porque era tentador querer elevarla a referente patriotero, pero cuando salía con su oposición frontal a las matanzas de ballenas, la caza deportiva o la tauromaquia, ahí ya no querían contar con ella ni para un mítin de provincias. Y es que la Bardot lo reventaba todo, hasta las costuras de sí misma.

Personajes así nos devuelven al territorio de lo imaginado, cuando el mundo no era realista, sino una construcción etérea que se iba fabricando en las mentes ambiciosas de quienes soñaban un mundo mejor y no un mundo peor como ahora es la norma de tantos líderes de opinión y figuras relevantes que pretender parar el reloj cuando no atrasarlo a un tiempo caduco y rancio. Mucha gente interpreta algunas declaraciones de B.B. como un síntoma de islamofobia, atisbo de esa regresión personal habitual en las vejeces. Seguramente lo son, pero a lo mejor conviene hacer un análisis más generoso. El mundo musulmán necesita a toda costa encontrar su propia Brigitte Bardot, una mujer que convierta en ridículas todas las limitaciones y tutelas que las mujeres están obligadas a padecer aún hoy. No hay más que mirar a las calles de

Irán. Brigitte Bardot encarnó una revolución para el entonces mundo cerril occidental, que la tildaba de puta en cada ocasión que podía desde los altares de la corrección y cuya versión reaccionaria hoy pugna por regresar. Pues esa misma revolución tendrá que encontrar una nueva versión femenina que sacuda el integrismo islámico. Nunca el sexo fue tan importante para la humanidad, como ella nos ayudó a ver. Nota aquí.



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