viernes, enero 02, 2026

Rodolfo Serrano

 Bacall y Bogart se enamoran en Tener y no tener

Siempre quise yo amarte como Bogart a Bacall
en aquella película. Y que tú me enseñaras
a silbar y a correr a tu lado al oírte,
como siempre acudí cuando tú lo querías.
Qué tiempos, qué tiempos tan lejanos y anchos.
Cuando los dos fumábamos y bebíamos todo
y cruzábamos mares y la noche era nuestra.
Y en las camas ajenas encontrábamos cuerpos
que eran como galaxias girando al infinito.
Borrachera de nombres y la más tierna urgencia
removiendo la sangre, conquistando el abrazo.
Tú, lo mismo que ella, sin fuego y cigarrillos,
tú, morena y delgada, mirándome en silencio
después de haberte amado en las camas gloriosas.
No he podido olvidar esa mirada tuya,
tus ojos como pájaros en el más bello invierno.
La dicha que brillaba como el fuego sagrado
y ese temblor de hojas de todos los otoños.
Fuerte como la carne, como tú, carne misma,
bien pegada a mis huesos, carne cálida y viva
que levantaba el mundo en mis manos de fiebre.
Allí en medio, tú misma. Como las catedrales
de anheladas ciudades y países extraños.
Cuánto recuerdo ahora, mientras Bogart te besa
y Bacall me sonríe pidiendo un cigarrillo,
el fulgor de aquel tiempo. Ese que ahora me mata.
Cuando ser feliz era la oscuridad de un cine
y que tú me enseñaras cómo silbar tu nombre.
Foto de Raul Cancio.



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