miércoles, febrero 18, 2026

Juan Carlos Desanzo

 Adiós a Juan Carlos Desanzo, un cineasta que hizo época

Entro al mundo de las películas de la mano de Pino Solanas y a través de la violencia extrema logró hacer explícito aquello que, hasta ese momento, la dictadura había ejecutado de forma silenciosa.

Se puede decir que la muerte es un evento al que por lo general se llega de forma inesperada. Con excepción de suicidas y ejecutados, las personas no saben ni pueden elegir cuándo van a morir, aunque algunos casos parecen desmentirlo. El del cineasta argentino Juan Carlos Desanzo, fallecido durante la noche de este lunes, parece ser uno de ellos. Y es que el 16 de febrero de 2026 no fue un día más: ayer también se conmemoraron los 90 años del nacimiento de Fernando “Pino” Solanas, uno de los nombres mayores del cine argentino, a quien Desanzo le debe el haber ingresado en el mundo de las películas. Que la fecha de su muerte coincida con la del nacimiento de Pino es una de esas casualidades que se parecen mucho al destino.

La carrera de Desanzo como director comenzó con el final de la dictadura, con el estreno en 1983 del policial El desquite, que contaba con uno de esos elencos que son un clásico del cine argentino de aquella década: Rodolfo Ranni, Julio De Grazia, Silvia Montanari, Héctor Bidonde y un muy joven Ricardo Darín. Pero para ese momento ya contaba con una larga y sólida filmografía como director de fotografía. Para hablar de sus comienzos hay que remontarse a mediados de la década de 1960, cuando con poco más de 20 años ingresó al mundo de la publicidad gracias a Solanas, que por entonces tenía su propia agencia, Swing Producciones, y era uno de los directores publicitarios más exitosos de la Argentina.

Desanzo, a quién por entonces apodaban “Papucho”, llegó hasta Pino por recomendación de otro nombre histórico del cine argentino, Juan José “Buby” Stagnaro, quien, a pesar de tener la misma edad, había sido su mentor y le había enseñado todo sobre la fotografía cinematográfica. Ocurrió que Solanas quería dedicarse de lleno a la producción de su primera película, pero no quería descuidar el negocio publicitario, al que detestaba pero le permitía financiar su proyecto en el cine. Felipe Celesia cuenta bien esa historia en su libro La hora de los hornos. Arqueología de un país que ya no existe (Editorial Paidós). “Desanzo se convirtió rápido, por mérito propio, en asistente fijo de la productora y Solanas le hizo la oferta usual: todo el trabajo publicitario que llegara a Swing a cambio de colaboraciones para su proyecto de largo”.

Así fue que el joven Desanzo acabo convirtiéndose en el director de fotografía de La hora de los hornos (1968), ópera prima de Solanas y Octavio Getino, y también su primer trabajo en cine. Se trata del documental más importante del cine argentino y uno de los mayores exponentes de cine político en la historia, entre otros muchos méritos. Aunque el prejuicio indica que el cine era y es un oficio de chicos burgueses, el origen de Desanzo no podía ser más modesto y así lo narra Celesia en su libro.

“Cuando niño, en los años ‘40, su familia vivía en Palermo, cuando ahí residían los habitantes más humildes de la Ciudad de Buenos Aires. Según cuenta Papucho, eran tan pobres que su madre le hacía pantalones con bolsas de arpillera que juntaba en los silos de la calle Dorrego. El pequeño Juan Carlos detestaba esa prenda porque lo hacía sentir desnudo. Estuvo condenado a los pantalos caseros hasta el día que la Fundación Evita visitó el barrio y la propia Evita, parada en la caja del camión con un delantal sucio, le tiró unos pantalones luego de calcular, a ojo, si era el talle correcto. Desde ese momento Desanzo no pudo ser otra cosa que peronista”. Nota aquí.



0 comentarios: