"A Lorca le preguntaría cuántas veces tuvo la tentación de irse del país y cuáles fueron los motivos por los que no se marchó"
El escritor más vendido de los últimos tiempos, David Uclés, vuelve, tras la tormenta mediática, para hablar de literatura y de vida. La conversación comienza por su nueva novela, ‘La ciudad de las luces muertas’ (Destino), pero al final acabamos hablando de todo: de su próximo retiro en Praga, de Rosalía, de Lorca, de Miguel Hernández, de Oliver Laxe, de bullying, de redes sociales, de su estilo campestre y hasta de la magdalena de Proust.
Hoy estoy feliz porque vuelvo a encontrarme con un escritor que no solo es el más vendido de los últimos tiempos, sino que además es un hombre –como diría mi padre– que se viste por los pies. Es sensato, coherente, trabajador, inteligente, amable, valiente, y dice siempre lo que piensa sin herir al contrario y asumiendo la repercusión. Vamos, un rara avis en estos tiempos que corren. Quizá por eso en pocos meses se ha convertido en una especie de estrella del rock de la literatura y también en el centro de la diana de algunos pocos, pues brillar en nuestra Iberia –su península del alma– trae consigo pagar el precio de la envidia. Sabes de lo que hablo, ¿verdad? Pero él ni se despeina, y eso que tiene pelazo.
Hoy estoy feliz, sí, porque el autor del exitazo editorial titulado La península de las casas vacías (Siruela) –revisa aquí la entrevista que le hice entonces– acaba de presentar su cuarto trabajo, La ciudad de las luces muertas (Destino), y llega a las librerías no solo avalado por el prestigioso Premio Nadal, sino por su elegante comportamiento frente a la adversidad. A estas alturas, ya sabrás de quién te hablo, ¿no?, pues creo que a nadie en España –perdón, en Iberia– se le escapa que David Uclés (Úbeda, Jaén, 1990) se ha visto envuelto, además de en el éxito y la fama, en una polémica absurda por el simple hecho de no querer participar en un congreso sobre la Guerra Civil española titulado La guerra que perdimos todos.
Pero como en Esquire no nos interesan los ríos de tinta que corren en una y otra dirección, sino la calidad de las obras literarias y las personas que las escriben, prefiero hablar de la carta de amor que Uclés le ha escrito a Barcelona, en la que ha congregado, como en la mejor de las fiestas, a los intelectuales más brillantes de todos los tiempos que por allí pasaron. De Lorca a Carmen Laforet, de Dalí a Mercè Rodoreda, de Ana María Matute a Rosalía y de Vargas Llosa a Freddie Mercury, entres otros, para que todos, y entre todos, nos recuerden que “la palabra y el arte son las mejores herramientas para dispersar la oscuridad”. La de entonces y la de ahora. Como comprenderás, el relato rezuma grandes dosis de realismo mágico –marca de la casa–, pues si no sería imposible reunir en una historia coral a personajes tan dispersos en el tiempo. A continuación, las palabras serenas del autor –amigo querido de nuestra revista y Premio Esquire Hombre del Año 2025– que, tras la tormenta mediática, vuelve a hablar de literatura y de vida, la suya, un ejemplo envidiable a seguir.
David, ¿cómo está tu corazón y qué sentimientos están pasando por él?
Está bien, gracias. Pero me tienen que operar otra vez, probablemente, porque fibrilé hace poco. Pero no pasa nada porque ya me habían avisado de que a lo mejor me tenían que hacer varias ablaciones cardiacas. Y como es un procedimiento muy poco invasivo, estoy tranquilo. Y a nivel emocional estoy muy contento, muy feliz.
¡Me alegro! ¡Te lo mereces! Pero, ¿no será que tantas alegrías y alguna que otra confrontación te hace latir más fuerte?
Sí, lo sé. De hecho, en verano me retiro, me voy al extranjero. Tengo pensado irme un par de años. La decisión es firme, así que ya me queda poco.
Pues nos vas a dejar un poco huérfanos, porque nos estás dando grandes novelas y mucho salseo.
[Risas], gracias.
David, ¿cómo llevas eso de que todo el mundo hable y opine de ti, cuando hace un año la mayoría de la gente no te conocía? ¿Te gusta la fama, te incomoda, te extraña?
A ver, si soy sincero prefiero que hablen de mis libros a que hablen de mí. Pero bueno, si el precio a pagar para que se hable del libro es que hablen de mí, pues que hablen. Pero mi alegría obviamente es cuando hablan de lo que hago, de la literatura. Lo que se dice o se comenta a parte de mi trabajo solo reporta un ego inmediato que se va igual que viene. Y a mí esto me da igual. Yo quiero lo otro. Pero no me estoy quejando, ¿eh?, que la fama no cansa, cansa más recoger aceitunas, te lo aseguro.
Imagino... Y perderte ahora entre tanto ruido, después de lo que te ha costado llegar hasta aquí, no es el plan, ¿verdad?
Pues no, por eso evito el ruido en la medida de lo posible. Prefiero no entrar en él. Que lo genere quien quiera. Yo me centro en lo literario, que de momento es mi oficio.
Hablemos pues de tu nuevo libro y de la luz que has traído con él. ¿En qué momento se te encendió la bombilla para escribir La ciudad de las luces muertas (Destino) y congregar, como en un aquelarre, a escritores, pintores, médicos, filósofos, poetas, fotógrafos, pensadores, arquitectos y artistas de todas las épocas y condición, empezando por Ruiz Zafón, Carmen Laforet, Vargas Llosa, Ana María Matute, Josep Pla, Roberto Bolaño, Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Freddie Mercury, Rodoreda, Loca, Dalí, Rosalía o Eduardo Mendoza?
Se me encendió en 2021 cuando me presenté a la beca Montserrat Roig. Presenté un proyecto que trataba sobre las estrellas literarias de la ciudad de Barcelona. Me concedieron la beca, me mudé allí, me empapé de Barcelona y me puse a escribir de ello. Entonces, cuando investigaba todo lo que había supuesto la literatura para esa ciudad, me di cuenta de que había un filón muy grande y de que tenía muchas ganas de darle voz a todos esos personajes. También observé que los problemas universales que sufrimos hoy en día, estos artistas, mediante el arte –porque no son políticos, son artistas– lograron sobreponerse a ello. Entonces pensé que era conviene mostrar que en el pasado, ante la oscuridad —oscuridad interna u oscuridad total— todos arrimaron el hombro y, mediante la catarsis del arte, revolucionaron un poco su sociedad y devolvieron la luz al pueblo. Por lo tanto, me pareció un discurso muy actual que se puede aplicar a estos tiempos que estamos un poco entre tiniebla.
O sea, que esta carta de amor a Barcelona podría servirnos de linterna y de recordatorio de que la unión hace la fuerza, por ejemplo.
Exacto, porque además vivimos en una época en la que estamos tan individualizados que tenemos miedo a decir lo que pensamos, porque eso nos podría costar el trabajo. Hay ejemplos en otros tiempos en los que la gente sí daba su opinión y hacía comunidad y se enfrentaba, aunque luego las fuerzas de seguridad pudieran cargar contra ellos. Y yo creo que hay que luchar por lo que uno cree que es mejor para su sociedad y hay que utilizar la palabra como arma y usarla. Eso nos lo demostraron con creces Mercè Rodoreda, Montserrat Roig y tantos artistas que tuvieron que exiliarse y están presentes en el libro. Nota aquí.

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