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martes, septiembre 22, 2026

David Uclés

 Mañana bombardearán a una anciana

Quieren irrumpir en casa de Maricarmen aplicando la fuerza bruta y desposeerla del lugar donde reside desde 1956 y donde desea morir.

Según el diccionario de la RAE, el verbo violar tiene cuatro acepciones. La primera, infringir o quebrar una ley. La segunda, tener acceso carnal con alguien en contra de su voluntad. La tercera, profanar un lugar sagrado. La cuarta, ajar o deslucir algo. Las cuatro acepciones se pueden aplicar al caso de Maricarmen Abascal, en cuyo cuerpo —y su extensión, que es la casa que habita desde hace setenta años— quieren irrumpir mañana aplicando la fuerza bruta, amparados en la inhumanidad de una ley imperfecta y de la sinrazón, hasta conseguir enajenar a esta anciana, desposeerla y desproveerla del lugar donde reside desde 1956 y donde desea morir. Ella se refiere a este suceso anunciado no como una violación, sino como un bombardeo. Maricarmen, que nació a unas calles de su barrio bajo las bombas del Madrid de 1938, vuelve a sentir el mismo pánico.

Mil meses lleva pagando esta octogenaria el alquiler de su casa. Siendo exactos, mil sesenta y dos. Sin interrupción, pues nunca se emancipó y, fallecidos sus padres y su único hermano, se quedó cuidando de la casa, su única descendencia. De su padre se despidió en el dormitorio grande del piso, recuerda, después de un infarto fulminante. Afirma que tenía “la cara blanca como buen cántabro”. Me indica el lugar del salón donde lo velaron. De su madre se despidió en la cama de su propio cuarto. Trae a la memoria aquella última noche junto a ella: “Me pidió dormir conmigo; nunca antes lo había hecho. Al amanecer, yacía a mi lado sin vida. Y ahora la envidio, porque a mí también me gustaría morir aquí, y me parece que no me van a dejar”.

Vengo a visitarla antes de una amenaza de desahucio. Me cuenta con orgullo, pero no sin pena, que de todos los vecinos de los años cincuenta tan solo ha sobrevivido ella, y el suelo hidráulico de uno de los cuartos. Me tumbo en él y se me enfría el rostro. A Maricarmen le hace gracia la ocurrencia. “¿Por qué te crees que nunca lo quité? ¡Porque esto es un sexto y este suelo enfría!“.

Nos sentamos en la sala de estar, le tomo las manos y, con los ojos cerrados, veo su vida pasar frente a mí, una vida que siempre contempló desde su apartamento. Ocho décadas distintas. Así, frente a una pequeña televisión en blanco y negro, donde ahora tiene el aparato de la teleasistencia, vio al humano llegar a la Luna, celebró el anuncio de la muerte de Franco y escuchó el mensaje del Rey tras el intento de golpe de Estado de 1981. También vivió de cerca el asesinato a manos de ETA de un general en la vecina calle Menéndez Pelayo, así como después de la explosión a la altura de la calle Téllez de uno de los trenes de los atentados del 11 de marzo de 2004. Y recuerda echar todo el peso de su cuerpo hacia atrás para levantar las persianas alicantinas de tiras de madera después de Filomena, escarchadas a diez grados bajo cero.

—No me asusté cuando murió Franco ni con lo de Tejero. ¡Al contrario! Celebré la democracia. Tampoco me dio miedo la tormenta ni el apagón. Encendí esa radio que tienes a tu izquierda, que me traje de Londres en los sesenta, y me acosté temprano. Aquí siempre me he sentido a salvo. Mi casa lo ha sido todo para mí. No existo sin ella.

—Pero dices que quieres que echen tus cenizas en el Cantábrico.

—Porque es un mar que está vivo, que habla, que rompe… Y quiero descansar allí.

—Si te ofrecieran una casa junto a ese mar en lugar de este piso, ¿te irías?

—No. Quiero morir aquí y descansar allí —concluye con firmeza.

Sin embargo, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento, que tienen mayor capacidad de actuación directa que el propio Ministerio de Vivienda, no le ha ofrecido a esta señora de casi 88 años y un 50% de discapacidad ninguna casa junto al mar, sino una plaza en una residencia en Alcalá de Henares que tendría que costearse con su pensión. Me consta que el Gobierno tampoco ha logrado impedir que el fondo que compró el edificio no le cuatriplique el alquiler de la noche a la mañana. Me dicen que no está en sus manos y señalan a la Comunidad. Si Maricarmen acepta la residencia, le quedarán menos de doscientos euros al mes. Pero ella hace gala de una vitalidad y una autonomía envidiables, y no quiere mudarse a una celda en una ciudad que desconoce.

Le cojo las manos y viajo con ella al pasado. El piso es el mismo, pero su aspecto cambia. Las paredes pasan de ser beis a estar forradas de un papel cálido y discreto, y entonces se pelan y son cubiertas por un gotelé salmón. El piso ha mudado de piel tantas veces como ella. “Llevo años queriendo pintar las paredes de verde oliva, pero no lo hice porque presentía que no iba a ser yo quien disfrutara de ellas”. Su peinado tampoco fue siempre el mismo: pelo largo moreno, moño italiano, media melena pelirroja, mechas rubias, pelo cano y corto... También mutaron los muebles: primero de inspiración clásica y recargados, después art déco; nórdicos en los años setenta, funcionales a finales de siglo… Le pido que elija un solo mueble, pero le es imposible. Todos son importantes. Nota aquí.



miércoles, septiembre 02, 2026

David Uclés

 Hoy cumplí un sueño: abrazar y charlar con Silvio Rodriguez, de mi infancia y su música, de mi novela y de Jándula. Le juré que a mis once años ya tocaba medio repertorio suyo. La banda sonora de casi toda mi vida, y el regalo más bonito que me hizo nunca mi hermana Mai Ucles. Estuvo espectacular en el concierto. Su voz no ha cambiado nada y no abandonó el escenario hasta dos horas y media después. Un sueño.

Gracias, Daniel Mordzinski | The writers’ photographer, por la fotografía, por el cariño y por hacer posible el encuentro, y Bea Camiña | PR & Comms, por sentarme junto a Buenafuente y Abril. Fui feliz cantando sus canciones con el Gran Teatre del Liceu abarrotado.



domingo, junio 21, 2026

David Uclés

 

sábado, junio 20, 2026

Maricarmen se queda

 


viernes, junio 05, 2026

David Uclés

 


jueves, mayo 28, 2026

David Uclés

 


domingo, mayo 24, 2026

David Uclés

 


domingo, abril 12, 2026

David Uclés

 El corazón duplicado de Saramago

Saramago fue lo más parecido que tuve a un mentor literario. Y para que este reconocimiento se formalice, me tatúo su firma en Lisboa.

Piso Lisboa por primera vez como quien camina sobre una isla. Noto un ligero temblor, quizás un coletazo del terremoto que asoló la ciudad cien mil días atrás, o un recuerdo de lo que sucedió hace cuarenta años. No me refiero al incendio del Chiado, sino a cuando la península ibérica se separó del continente y flotó océano abajo. Me faltaban entonces cuatro años para nacer. ¿Acaso puedo saber a ciencia cierta si esto sucedió o no? Tal vez ocurrió y los testigos prefirieron olvidarlo. Todos menos Saramago, que en 1986 publicó La balsa de piedra e hizo que medio mundo imaginara la abrupta escisión. Hoy la siento bajo mis pies, aunque ya no estén ladrando todos los perros de Iberia a la vez.

Vine a Lisboa a realizar un ejercicio de resignación literaria: a renunciar a mi identidad, cual Fausto ante Mefistófeles, y asumir, sin fisuras, que soy porque leí, y que, por ende, soy como soy por haberme leído hasta los andares de don José Saramago: europeísta, demócrata, iberista y fabulista. Por él, invento territorios que se separan y lazos entre tierras hermanadas. Y por él, al escribir levanto arquitecturas y alegorías oníricas que siempre se deben a una premisa irreal: ¿qué pasaría si… se pudiera viajar al interior de las pinturas de los museos… o un volcán en Madrid recogiera toda la sangre de la guerra in-civil española… o la luz solar y artificial se fueran en Barcelona? Saramago fue lo más parecido que tuve a un mentor literario, y es la razón misma por la que vine a Lisboa, además de para presentar la traducción al portugués de La península de las casas vacías: para aceptar que no soy más que una de sus creaciones. Y, para que este reconocimiento se formalice, mañana me tatuaré su firma en el cuerpo. Me la tallará Malik, un brasileño cuya madre trabaja para la Fundación del escritor. Uno de los mejores tatuadores de Lisboa, me dicen: @numastudio_pt.

Llego el domingo de Resurrección y amanezco el lunes de Pascua en el dormitorio de la casa lisboeta de Saramago. Me encuentro con Pilar en la cocina, que lleva varias horas despierta.

—¡Feliz lunes de Pascua! —le digo risueño—. Si es que esto quiere decir algo…

—¡Querrá decir lo que nosotros queramos!

Pilar del Río ha tenido a bien acogerme estos días en su casa. Sabe que soy fetichista de los objetos de mis escritores predilectos y tuvo a bien abrirme las puertas de su hogar. Será mi cicerone en Lisboa, presentará mi novela en portugués y, pese a que no me dan miedo las agujas, me acompañará a tatuarme la firma de su marido —que espiritualmente sigue siendo su esposo, ya que la relación terminó por fallecimiento, no por ruptura.

—¿Sabes ya dónde te la tatuarás?

—Creo que en el brazo izquierdo. En un par de años me harán otro cateterismo, pero no creo que sea de nuevo por la ingle. Con suerte, me abrirán un agujero en el brazo y se llevarán así parte de la firma de José directamente hasta la aurícula herida.

Paseamos por Lisboa, tan bella que no sabría escribir una crónica sobre esta ciudad. Al llegar al edificio donde se encuentra la Fundación Saramago, de la que Pilar es presidenta, leo que fue erigido en 1523. Le cuento entusiasmado que el 523 es mi número preferido, que lo dibujé en mis pinturas, lo señalé en algunos de mis textos y lo uso de contraseña.

—¡Hasta lo llevo en los tres últimos dígitos de móvil!

—No, si… el que quiere ver casualidades, las encuentra.

En la puerta, me señala un olivo centenario. Proviene de Azinhaga, el lugar de nacimiento de José. El árbol se nutrió de sus cenizas para crecer. Acaricio las hojas del olivo con fuerza, que es como hay que acariciar a los olivos; os lo dice un jiennense. Y entramos. Por un instante, me imagino el parecido palacio de Jabalquinto de Baeza acogiendo una fundación con mi nombre, y una placa que indique que no se puede pasar con la cabeza descubierta. ¿Quizás una máquina expendedora de boinas en el recibidor? En un despacho, veo una foto donde Pilar y José salen abrazados. Nota aquí.



domingo, marzo 29, 2026

David Uclés

 


viernes, febrero 27, 2026

Rosa Montero

 Aprendiendo a surfear

Espero de Uclés la suficiente serenidad como para blindarse ante este estruendo y ante los espejismos del éxito y del fracaso.

Una de las peores cosas del mundo de hoy es el aumento del ruido. Y no me refiero a los decibelios, que también, porque vivimos en unos entornos urbanos ensordecedores, sino al ruido social, emocional y psíquico. Andy Warhol fue profético cuando dijo eso de que, en el futuro, todas las personas tendrían sus quince minutos de fama. El futuro ya está aquí, en eso y en todo, hasta el punto de que las novelas de ciencia ficción parecen relatos costumbristas; en cuanto a los quince minutos warholianos, me temo que todo quisque ha pasado ya o puede pasar por una de esas momentáneas tormentas en las redes que te catapultan a una fama inmediata. Para peor, creo que la mayoría de las veces lo que te cae encima es una mala fama. De modo que son quince minutos de infamia que nos rondan a casi todos, porque es uno de los platos que se degustan con mayor deleite en la sociedad actual. Y es que, dentro de esa exacerbación del ruido que vivimos, nos chifla mitificar, y poner por las nubes a alguien, y lanzarlo al estrellato de la noche a la mañana con estruendosas fanfarrias, pero aún nos gusta mucho más, nos enloquece, vaya, machacar al que antes hemos elevado, aporrearlo a conciencia, bajarle la cresta a martillazos. Algo de esto le está pasando por ejemplo a David Uclés, el autor de La península de las casas vacías, que, desde mi punto de vista, fue loado en exceso en su momento, y al que ahora están atizando con irracional furia africana (dicho que viene del odio de los cartagineses hacia los romanos, no se me pongan políticamente correctos). Yo creo, como Sergio del Molino, que la democracia consiste en conversar con quienes no opinan como nosotros, pero ¿de verdad que este chico lo hacía antes todo tan bien y ahora lo hace tan mal? Espero de Uclés, a quien apenas conozco, y de la formidable ambición y voluntad que le llevaron a escribir las 700 páginas de su primera novela, la suficiente serenidad como para blindarse ante este estruendo y ante los espejismos del éxito y del fracaso, para poder seguir avanzando paso a paso por el camino de la obra, que es indistinguible del de la propia vida.

Y es que, en el caso de la gente que se dedica a labores creativas, el ruido social puede acabar contigo fácilmente. Es una presión que siempre ha existido; la historia de la literatura está llena de autores que enmudecieron, o incluso murieron, envenenados por el éxito o por el fracaso, como Truman Capote, que no sobrevivió a su triunfal libro A sangre fría, o Herman Melville, que cayó en un desdichado silencio durante muchos años tras el fiasco absoluto de Moby Dick. Pero, si esto ya era antes así, imaginen la destrucción que se produce ahora, multiplicado el ruido hasta el infinito en este mundo hiperconectado y vociferante. El camino de la escritura (y supongo que también el de las demás artes) es borroso e incierto y cualquier empujón puede hacer que te pierdas. El entorno parece confabularse contra ti y te llena la cabeza de mandatos absurdos, como, por ejemplo, que, si has vendido de un libro 10.000 ejemplares, del siguiente tendrás que vender más para no fracasar de forma humillante. Nada más lejos de la realidad; el progreso creativo no tiene que ver con el progreso comercial, y la existencia es todo menos lineal. Tras casi medio siglo de carrera literaria sé bien que a veces subes, a veces bajas, en ocasiones te equivocas, escribes libros mejores y peores, brillas más y menos, te alaban y te critican. O sea, que nos sucede como a todo el mundo, porque estos altibajos que acabo de describir no son exclusivos de los que nos dedicamos a actividades artísticas.

Vivir es caminar por un paisaje sinuoso y siempre cambiante, y la presión social es agobiante para todos; los falsos modelos aspiracionales, multiplicados por las redes, pueden hacernos muy desgraciados. Por ejemplo: el éxito no es un lugar, no es un palacio al que llegas y en el que te instalas, ni un objeto valioso que adquieres para siempre, sino que es un mero vaivén en el destino, una conjunción de factores externos y efímeros que muchas veces ni dependen de ti. De la misma manera, nadie es un triunfador ni un perdedor, porque todos triunfamos en algunas cosas y perdemos en otras; todos tenemos en nuestro haber perlas y carbones. Sin olvidarnos, además, de que todo acaba; también esto pasará, como decía el anillo mágico de Las mil y una noches. Hay que aprender a surfear ese mar bravío que es la existencia. Nota aquí.



martes, febrero 17, 2026

David Uclés

 "A Lorca le preguntaría cuántas veces tuvo la tentación de irse del país y cuáles fueron los motivos por los que no se marchó"

El escritor más vendido de los últimos tiempos, David Uclés, vuelve, tras la tormenta mediática, para hablar de literatura y de vida. La conversación comienza por su nueva novela, ‘La ciudad de las luces muertas’ (Destino), pero al final acabamos hablando de todo: de su próximo retiro en Praga, de Rosalía, de Lorca, de Miguel Hernández, de Oliver Laxe, de bullying, de redes sociales, de su estilo campestre y hasta de la magdalena de Proust.

Hoy estoy feliz porque vuelvo a encontrarme con un escritor que no solo es el más vendido de los últimos tiempos, sino que además es un hombre –como diría mi padre– que se viste por los pies. Es sensato, coherente, trabajador, inteligente, amable, valiente, y dice siempre lo que piensa sin herir al contrario y asumiendo la repercusión. Vamos, un rara avis en estos tiempos que corren. Quizá por eso en pocos meses se ha convertido en una especie de estrella del rock de la literatura y también en el centro de la diana de algunos pocos, pues brillar en nuestra Iberia –su península del alma– trae consigo pagar el precio de la envidia. Sabes de lo que hablo, ¿verdad? Pero él ni se despeina, y eso que tiene pelazo.

Hoy estoy feliz, sí, porque el autor del exitazo editorial titulado La península de las casas vacías (Siruela) –revisa aquí la entrevista que le hice entonces– acaba de presentar su cuarto trabajo, La ciudad de las luces muertas (Destino), y llega a las librerías no solo avalado por el prestigioso Premio Nadal, sino por su elegante comportamiento frente a la adversidad. A estas alturas, ya sabrás de quién te hablo, ¿no?, pues creo que a nadie en España –perdón, en Iberia– se le escapa que David Uclés (Úbeda, Jaén, 1990) se ha visto envuelto, además de en el éxito y la fama, en una polémica absurda por el simple hecho de no querer participar en un congreso sobre la Guerra Civil española titulado La guerra que perdimos todos.

Pero como en Esquire no nos interesan los ríos de tinta que corren en una y otra dirección, sino la calidad de las obras literarias y las personas que las escriben, prefiero hablar de la carta de amor que Uclés le ha escrito a Barcelona, en la que ha congregado, como en la mejor de las fiestas, a los intelectuales más brillantes de todos los tiempos que por allí pasaron. De Lorca a Carmen Laforet, de Dalí a Mercè Rodoreda, de Ana María Matute a Rosalía y de Vargas Llosa a Freddie Mercury, entres otros, para que todos, y entre todos, nos recuerden que “la palabra y el arte son las mejores herramientas para dispersar la oscuridad”. La de entonces y la de ahora. Como comprenderás, el relato rezuma grandes dosis de realismo mágico –marca de la casa–, pues si no sería imposible reunir en una historia coral a personajes tan dispersos en el tiempo. A continuación, las palabras serenas del autor –amigo querido de nuestra revista y Premio Esquire Hombre del Año 2025– que, tras la tormenta mediática, vuelve a hablar de literatura y de vida, la suya, un ejemplo envidiable a seguir.

David, ¿cómo está tu corazón y qué sentimientos están pasando por él?

Está bien, gracias. Pero me tienen que operar otra vez, probablemente, porque fibrilé hace poco. Pero no pasa nada porque ya me habían avisado de que a lo mejor me tenían que hacer varias ablaciones cardiacas. Y como es un procedimiento muy poco invasivo, estoy tranquilo. Y a nivel emocional estoy muy contento, muy feliz.

¡Me alegro! ¡Te lo mereces! Pero, ¿no será que tantas alegrías y alguna que otra confrontación te hace latir más fuerte?

Sí, lo sé. De hecho, en verano me retiro, me voy al extranjero. Tengo pensado irme un par de años. La decisión es firme, así que ya me queda poco.

Pues nos vas a dejar un poco huérfanos, porque nos estás dando grandes novelas y mucho salseo.

[Risas], gracias.

David, ¿cómo llevas eso de que todo el mundo hable y opine de ti, cuando hace un año la mayoría de la gente no te conocía? ¿Te gusta la fama, te incomoda, te extraña?

A ver, si soy sincero prefiero que hablen de mis libros a que hablen de mí. Pero bueno, si el precio a pagar para que se hable del libro es que hablen de mí, pues que hablen. Pero mi alegría obviamente es cuando hablan de lo que hago, de la literatura. Lo que se dice o se comenta a parte de mi trabajo solo reporta un ego inmediato que se va igual que viene. Y a mí esto me da igual. Yo quiero lo otro. Pero no me estoy quejando, ¿eh?, que la fama no cansa, cansa más recoger aceitunas, te lo aseguro.

Imagino... Y perderte ahora entre tanto ruido, después de lo que te ha costado llegar hasta aquí, no es el plan, ¿verdad?

Pues no, por eso evito el ruido en la medida de lo posible. Prefiero no entrar en él. Que lo genere quien quiera. Yo me centro en lo literario, que de momento es mi oficio.

Hablemos pues de tu nuevo libro y de la luz que has traído con él. ¿En qué momento se te encendió la bombilla para escribir La ciudad de las luces muertas (Destino) y congregar, como en un aquelarre, a escritores, pintores, médicos, filósofos, poetas, fotógrafos, pensadores, arquitectos y artistas de todas las épocas y condición, empezando por Ruiz Zafón, Carmen Laforet, Vargas Llosa, Ana María Matute, Josep Pla, Roberto Bolaño, Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Freddie Mercury, Rodoreda, Loca, Dalí, Rosalía o Eduardo Mendoza?

Se me encendió en 2021 cuando me presenté a la beca Montserrat Roig. Presenté un proyecto que trataba sobre las estrellas literarias de la ciudad de Barcelona. Me concedieron la beca, me mudé allí, me empapé de Barcelona y me puse a escribir de ello. Entonces, cuando investigaba todo lo que había supuesto la literatura para esa ciudad, me di cuenta de que había un filón muy grande y de que tenía muchas ganas de darle voz a todos esos personajes. También observé que los problemas universales que sufrimos hoy en día, estos artistas, mediante el arte –porque no son políticos, son artistas– lograron sobreponerse a ello. Entonces pensé que era conviene mostrar que en el pasado, ante la oscuridad —oscuridad interna u oscuridad total— todos arrimaron el hombro y, mediante la catarsis del arte, revolucionaron un poco su sociedad y devolvieron la luz al pueblo. Por lo tanto, me pareció un discurso muy actual que se puede aplicar a estos tiempos que estamos un poco entre tiniebla.

O sea, que esta carta de amor a Barcelona podría servirnos de linterna y de recordatorio de que la unión hace la fuerza, por ejemplo.

Exacto, porque además vivimos en una época en la que estamos tan individualizados que tenemos miedo a decir lo que pensamos, porque eso nos podría costar el trabajo. Hay ejemplos en otros tiempos en los que la gente sí daba su opinión y hacía comunidad y se enfrentaba, aunque luego las fuerzas de seguridad pudieran cargar contra ellos. Y yo creo que hay que luchar por lo que uno cree que es mejor para su sociedad y hay que utilizar la palabra como arma y usarla. Eso nos lo demostraron con creces Mercè Rodoreda, Montserrat Roig y tantos artistas que tuvieron que exiliarse y están presentes en el libro. Nota aquí.



sábado, febrero 14, 2026

David Uclés

 David nos cuenta por Facebook.

UCLÉS Y LA CUERDA

Mi abuelo Luis, Odisto en la ficción, solía usar un pantalón que le quedaba grande para bajar a la huerta. Se ataba una cuerda a la cintura para evitar que se le cayera. Sus amigos hacían lo mismo. Quizás no querían estropearse el único cinturón que tenían. Días antes de que saliera «La península de las casas vacías», mis padres me tomaron fotos en el pueblo, delante del huerto familiar. Como homenaje a mi abuelo, que había fallecido nueve años atrás cuando llevaba la novela a medias, me puse su ropa: pantalón, camisa... y cuerda. Me pareció un gesto bonito. Nunca más usé ni sus prendas ni una cuerda como cinturón. La ropa de los difuntos, en mi tierra, se quema, a no ser que quieras honrar la memoria de tu abuelo antes de publicar su vida y milagros.

Estos días de columnistas obsesionados conmigo, que han analizado absolutamente todo de mi físico y de mi vida —y que incluso han intentado hablar con mis profesores, amigos del pueblo y familiares sin mi permiso—, varios medios han señalado que soy «lo peor que literariamente le está pasando al país» por usar en una foto una cuerda en lugar de un cinturón.

Mi abuelo se reía de su sombra. Fue un hombre libre. Y eso aspiro a ser yo: antes que escritor, antes que acordeonista, antes que personaje…, quiero ser libre. Libre de ir o no adonde considere, de conversar con quien desee, de llevar o no sombrero, de vestirme con camisas napoleónicas o jerséis escandinavos, de hablar catalán o euskera o esperanto, de cantar si me apetece o dibujar o hacer el pino puente.

Periodistas-biógrafos-de-Uclés, dediquen sus columnas literarias a la literatura. Hay tantos textos buenísimos de autores poco conocidos que deberían haber ocupado esos huecos estas semanas… Creo que el país ya sabe quién soy. Aléjense del clickbait y apoyen a las editoriales pequeñas y a los artistas emergentes. Y aparquen sus obsesiones por mí. Yo ya no necesito tanto bombo. Ni la cuerda de mi pobre abuelo. Es una pérdida de tiempo y una pérdida de oportunidades para otros. Os lo digo de corazón, ahora que parece que ya ha pasado la tormenta. 



viernes, enero 30, 2026

David Uclés

 “La Guerra Civil sí la sufrimos todos, pero no la perdimos todos”

El escritor andaluz, autor de ‘La península de las casas vacías’, acaba de ser galardonado con el Premio Nadal por su nuevo libro, ‘La ciudad de las luces muertas’, escrito al mismo tiempo que el libro que le llevó al éxito.

Desde hace más de dos décadas, los lectores españoles demuestran una madurez extraordinaria eligiendo frente a la crítica o los gurús sus propios fenómenos literarios masivos de calidad. Ocurrió con Soldados de Salamina, de Javier Cercas, que aportaba desde la generación de los nietos de la Guerra Civil una nueva mirada al conflicto. Y ha ocurrido ahora con la de los bisnietos mediante una obra fundamental como La península de las casas vacías, de David Uclés (Úbeda, 36 años). Pero el precio de aquel éxito (30 ediciones y más de 300.000 ejemplares vendidos) y del reciente han sido distintos para cada uno de ellos. A Cercas le acompañó, cómo no, la controversia. A Uclés, en ocasiones, el escarnio. En 20 años, el ambiente ha cambiado y la polarización devora. Más cuando demuestras una audacia como la del autor andaluz y aplicas fórmulas de realismo mágico, rigor, humor o un narrador libérrimo no a cualquier asunto, sino a la gran herida colectiva de nuestra historia.

Aun así, el escritor, con 17 años de trabajo y una fe en su obra que pudo con la enfermedad coronaria que padece, la falta de recursos y todas las carencias que le supuso sacarla adelante, refrescó el asunto y demostró con ello que el gran trauma debía ser abordado desde una perspectiva nueva para sus coetáneos. La polémica en torno a él no cesa. Las editoriales se lo rifan y ha conseguido el Premio Nadal (que publica Destino, del Grupo Planeta) con La ciudad de las luces muertas. ¿Supone eso que abandona a la editorial que apostó por él y lo acompañó hasta la cumbre? “No”, dice él.

La semana pasada saltó con él de nuevo la polémica, esta vez en torno al curso organizado por Arturo Pérez Reverte y Jesús Vigorra en Sevilla titulado 1936: ¿La guerra que todos perdimos? Los interrogantes son nuevos. Antes se había enunciado como una afirmación y a Uclés, que había sido anunciado en el cartel, no le gustó. Eso y algunos acompañantes como José María Aznar o el político que militó en Vox, Iván Espinosa de los Monteros, le hizo retirarse, también que otros invitados renunciaran y finalmente que la organización lo pospusiera.

Como el tema anda aun encendido, empezamos por preguntarle:

No se cansa usted de polémicas. Hace una semana decidió retirarse del curso organizado en Sevilla por Arturo Pérez-Reverte sobre la Guerra Civil, como contamos en EL PAÍS. No quería verse en el mismo lugar que Aznar o Espinosa de los Monteros. ¿Por qué nos ha quitado el gusto de verles debatir en un mismo foro?

Yo no deseaba ninguna polémica más porque ya me he visto envuelto en muchas últimamente. Sin embargo, para mí era un deber moral no formar parte del mismo plantel con figuras antidemocráticas como Aznar o Espinosa de los Monteros. Me avergonzaba, sencillamente.

No todos perdimos la Guerra Civil, eso está claro. La afirmación que estaba en el cartel (La guerra que todos perdimos) y que después los organizadores aseguran que debía ir entre interrogantes, aun con ese matiz posterior, ¿significa que no lo tendrían claro?

Con ese lema los organizadores hacen gala de una equidistancia que no hace sino blanquear el franquismo. Durante la Transición quedó claro que hubo vencedores y vencidos. La guerra sí la sufrimos todos, pero no la perdimos todos. La provocaron quienes la ganaron, es decir, un grupo de militares fascistas que querían imponer su moral a todo un pueblo.

Finalmente, han pospuesto el congreso, ¿lo considera un triunfo personal?

Lo veo como un triunfo común, no solo mío, sino de todos los participantes que hemos tenido el coraje de dar un paso atrás y no participar en unas jornadas que, con ese cartel, pretendían, creo, dar la sensación de que los abajo firmantes compartíamos la misma tesis.

Le ha enmendado la plana a Arturo Pérez-Reverte, ¿tiene eso su precio en el mundo literario de este país?

Desconozco cuáles son las consecuencias, si bien, lo volvería a hacer y lo más importante es que tengo ahora la conciencia muy tranquila.

De La península de las casas vacías a La ciudad de las luces muertas, ¿qué distancia hay?

Las escribí al mismo tiempo. Cuando investigaba para La península…, lo que iba saliendo de Barcelona, lo más bonito, no lo puse, me lo guardé para La ciudad…, salvo lo del bibliobús y el exilio a Francia de Mercè Rodoreda. La península… es la novela de mi vida, pero en los años de barbecho que la iba haciendo también construía la otra.

No hay apenas distancia, son paralelas, entonces. La que ahora aparece es, digamos, un hecho diferencial de la primera.

Las dos becas que me dieron para ambas, la Leonardo y la Montserrat Roig, se solapaban en el tiempo. Es más, el título de La ciudad de las luces muertas es anterior al otro, que se llamaba en un principio Odisto.

Se había presentado al Premio Nadal varias veces, ha dicho. ¿Siempre con la misma novela con que lo ha ganado?

No… Con La península… me presenté también. A ese y a otros. Al Herralde, al Primavera, al Planeta, al Lara, al Nadal…

Sabe que ahora mismo, mientras leen esto, se les están abriendo las carnes a varios comités de selección de novelas de varios premios y editoriales en general, ¿no?

Un editor muy importante me confesó en la Feria del Libro que al llegar a su casa, después de contarle esto, se haría el harakiri. “En mi mesa no está”, me contaba. Y yo respondía: “Claro, mira por Odisto, el primer título”…Nota aquí.





martes, enero 27, 2026

David Uclés

David Uclés se retira de un evento sobre la Guerra Civil por la presencia de José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros

El coordinador del acto, Arturo Pérez-Reverte, responde en un comunicado que es “una imperdonable descortesía y un incumplimiento de su compromiso”

El escritor David Uclés ha anunciado en un vídeo para redes sociales que no participará en el evento 1936: La guerra que perdimos todos, coordinado por Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra, dentro del festival Letras en Sevilla, que se celebra del 2 al 5 de febrero en la capital andaluza. Esta tarde, los organizadores del acto han respondido a Uclés en un duro comunicado.

El motivo de la decisión de Uclés es la presencia en el mismo cartel del expresidente del gobierno José María Aznar y el exsecretario general de Vox Iván Espinosa de los Monteros. “Vi que en el cartel, además de escritores o articulistas, figuraban políticos que han hecho zancadillas a valores democráticos y a medidas que nos conforman como una sociedad moderna y empática”, cuenta en conversación con este periódico el autor de La península de las casas vacías y flamante ganador del premio Nadal.

Antonio Maíllo, coordinador de Izquierda Unida, también ha cancelado su asistencia, según ha anunciado en un comunicado en redes sociales, por no estar de acuerdo en cómo se han difundido los actos: da la impresión, a su juicio, de que los participantes comparten la tesis del título.

A Alberto Ruiz-Gallardón, exministro de Justicia, también en el cartel, le afea Uclés sus políticas con respecto al aborto. A Aznar, la guerra de Irak, “que tuvo consecuencias desastrosas”. A Espinosa de los Monteros, su pasado en un partido, Vox, “que hoy está amenazando la democracia y la tranquilidad en nuestro país, ya sea proclamando arengas xenófobas que acaban en episodios como el de Torre Pacheco, ya sea censurando actos literarios —como me pasó a mí en tres ocasiones—, ya sea queriendo quitar leyes a favor del derecho al aborto o del matrimonio igualitario, que tanto nos han costado. Tantísimas cosas atroces... Lo más grave: tejer una trama en TikTok para convencer a los adolescentes de que les voten, metiéndoles en la cabeza el Cara al sol”. Nota aquí.





martes, enero 20, 2026

Manuel Vilas

 Literatura y lectores: la vieja lucha entre lo popular y lo culto

Algunos críticos retiran su apoyo a las novelas que se vuelven populares, cuando eso es un triunfo de la literatura, que solo a veces llega a imponerse a los libros comerciales.

El poeta más fascinante del siglo XIX, Arthur Rimbaud, no vendió ni un libro en vida. El escritor más importante del siglo XX, Franz Kafka, ni siquiera publicó sus libros. Sin embargo, Miguel de Cervantes se convirtió en un fenómeno popular a los cinco minutos de salir de imprenta la primera parte del Quijote en 1605. Todo cabe en la misteriosa viña de la literatura. Así es de prodigiosa esta milenaria labor de escribir historias y de construir belleza con las palabras.

Tras la Segunda Guerra mundial se consolidó en Europa y Estados Unidos la figura del escritor profesional, inédita hasta entonces. A quien esto escribe le parece que el escritor profesional solo se da en sociedades democráticas avanzadas, con alto nivel de prosperidad. Pero es verdad que esa figura es reciente y levanta suspicacias.

A raíz de que David Uclés ganara hace unos días el prestigioso Premio Nadal un torbellino de opiniones, en prensa y redes, ha venido a enmarañar el viejo asunto de si los novelistas que venden libros son malos y los que no venden son buenos. España es un país que deserta voluntariamente de la racionalidad siempre que puede. Lo vemos en política, claro. Lo asombroso es verlo también en literatura.

La crítica literaria en España es también emocional. Es imposible que el crítico evite la sociología en la que viene envuelta una novela. A Uclés con la exitosa La península de las casas vacías le ha pasado lo mismo que a mí con Ordesa. Cuando dichas novelas apenas habían llegado a los expositores de las librerías algunos críticos las apoyaron con fervor, convencidos de que serían obras tan maestras como minoritarias. Cuando se convirtieron en obras populares le retiraron su apoyo. Nota aquí.



miércoles, enero 07, 2026

David Uclés

 David Uclés ficha por Planeta al ganar el Premio Nadal con una nueva novela de realismo mágico

El autor del superventas ‘La península de las casas vacías’ reúne a Laforet, Rodoreda, Bolaño y Freddie Mercury en la Barcelona de posguerra. El filósofo Francesc Torralba se alza con el Premio Josep Pla.

David Uclés ya había avanzado públicamente que estaba escribiendo un libro sobre Barcelona donde aparecía Mercè Rodoreda, pero lo que no se sabía es que se alzaría con el Premio Nadal de novela, en una gélida noche del día de Reyes por esta obra, titulada La ciudad de las luces muertas. El galardón, que concede la editorial Destino, integrada en el grupo Planeta, está dotado con 30.000 euros. Es la primera novela de Uclés tras el éxito de La península de las casas vacías, publicado por Siruela en 2024, que ha convertido al autor en un fenómeno literario y lo ha sacado del anonimato en tiempo récord. Con el galardón, además, Destino arrebata a Siruela una de sus firmas estrella.

Como es costumbre, el hotel Palace de Barcelona ha acogido este 6 de enero la gala de entrega de este histórico premio, que llega a su 82ª edición. El año pasado, cuando se llevó el galardón Jorge Fernández Díaz, Uclés se estrenó en el Palace y captó muchas miradas en una velada tradicional de la vida literaria barcelonesa. En la misma ceremonia se ha entregado el Premio Josep Pla, destinado a prosa en catalán, que llega a la edición 58 y está dotado con 10.000 euros, al filósofo Francesc Torralba por el ensayo Anatomia de l’esperança. Ambos premios, para los que se habían presentado 1.207 obras inéditas en castellano y 42 en catalán, se publicarán el próximo 4 de febrero.

Sin sacarse su habitual boina, David Uclés ha recogido el premio emocionado y ha contado que se había presentado al Nadal desde 2010 hasta 2020 cada año, hasta que desistió de su empeño. Pero este verano volvió a animarse y lo probó con esta obra coral que reúne a aquellos intelectuales que nacieron aquí o hicieron de Barcelona su ciudad. Entre las escritoras que le han inspirado ha mencionado a Mercè Rodoreda, Montserrat Roig y Carmen Laforet. “Sin ellas y su literatura, esta novela no existiría”, ha enfatizado mientras el público ha arrancado en aplausos. También ha contado que pudo escribir el libro gracias al impulso de la beca Montserrat Roig.

El autor ha agradecido también el apoyo de su familia, de sus padres y su hermana, con quienes ha hecho un “núcleo de amor muy bonito gracias a este sueño extraño”. Y ha dado las gracias a sus tres agentes, a quienes ha comparado con la santísima trinidad, y a la editorial Siruela. “Soy el escritor que soy gracias a ellos; les quiero, son también mi familia”, ha afirmado.

Resulta curioso que sea Carmen Laforet, la escritora que ganó el primer Premio Nadal en 1944 con su novela Nada, una de las protagonistas de esta obra de David Uclés (Úbeda, 35 años), que se sitúa en el mismo periodo histórico que la de Laforet y sigue el camino del realismo mágico recurriendo a personajes del mundo cultural como ya hizo con La península de las casas vacías.

La novela transcurre en una Barcelona de posguerra que se ha quedado a oscuras, y una joven Laforet podría ser la responsable de tal oscuridad. En un cruce de tiempos, serán personajes como Ana María Matute, Antoni Gaudí, Freddie Mercury, Roberto Bolaño o Mercè Rodoreda los que deberán encontrar la manera de unir sus artes para devolver la luz a la ciudad. Tampoco parece casual la presencia de Rodoreda, que ya aparecía en La península de las casas vacías y de la que Uclés se ha confesado devoto, en un momento en el que la obra de la escritora catalana, autora de La plaça del Diamant o La mort i la primavera, se está revalorizando con homenajes, relecturas y traducciones en todo el mundo. Nota aquí.