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martes, febrero 24, 2026

Arturo Pérez-Reverte

 Arturo Pérez-Reverte, escritor: “La izquierda actual tiene una intolerancia maniquea, farisaica, oportunista, demagógica, extrema”

El creador del Capitán Alatriste, tras haber protagonizado otra vez diversas polémicas, abre las puertas de su casa para reflexionar sobre su obra literaria y la influencia de la guerra en su vida, la Real Academia Española o la situación moral de Europa: “Seremos los siervos de un mundo que no es el nuestro”

Sables por las esquinas, maquetas de barcos, telescopios, una estatua de Tintín tocada con un casco de la guerra de los Balcanes, un busto de Napoleón, un cuadrito de Richelieu, una foto de Conrad, una carta de Patrick O’Brian, una flor del campo de la batalla de Waterloo. Imagine la biblioteca de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) y ahora elévelo al cubo. La imagen se aproximará a lo que el visitante encuentra en el centro de operaciones del ex corresponsal de guerra, novelista, articulista y polemista. Tres plantas forradas con miles de libros con cuidadas encuadernaciones y salpicados de recuerdos de una vida vivida intensamente.

Pérez-Reverte accedió, tras solicitar pensárselo 24 horas, a una entrevista con EL PAÍS libre de los corsés de la promoción. Las novedades del escritor son la reedición de su novela sobre la guerra civil Línea de fuego, en un estuche con un breve volumen con comentarios sobre el libro, y en mayo recuperará sus crónicas de guerra, con el título de Enviado especial, acompañado de una exposición con las fotos que tomó en los conflictos. El escritor aceptó hablar de la vida y chapotear en los charcos en los que ha andado metido estas últimas semanas: su arremetida contra la supuesta “moral inquisitoria” de cierta izquierda que derivó en el aplazamiento del seminario sobre la guerra que debía haberse celebrado en Sevilla bajo el título de “La guerra que todos perdimos”; la pelea con David Uclés que desató la polémica con su decisión pública de rechazar la invitación; así como la aparatosa bomba que soltó en la Real Academia de la Lengua en forma de un artículo en El Mundo en el que dijo que hoy la institución “ni fija, ni limpia, ni da esplendor”.

El padre de Alatriste luce formidable a sus 74 años, con camisa de cuadros gruesos, pantalón de pana marrón y zapato inglés. Un aire como de Balmoral que contrasta armónicamente con las líneas modernas del imponente chalé, los muebles bauhaus, las lámparas decó. Al fondo, el escritorio con un ordenador cuyo teclado tiene teclas redondas como de vieja Olivetti que imitan el ruido de una máquina de escribir, el que escuchaba hace más de medio siglo en la redacción del diario Pueblo. En una archivadora abierta, apuntes de la que será su próxima novela. Le empieza a preocupar cuántos libros le quedan por escribir, le atormenta tener que priorizar los proyectos que acumula. Se pregunta cómo será el día en que lo que escriba deje de tener valor. Si se lo harán saber y quién será el encargado. Para tranquilidad de sus lectores, a juzgar por esta larga conversación, el temido momento se antoja aún lejano.

Pregunta. En mayo publica Enviado especial, con sus artículos como periodista en conflictos bélicos. ¿Qué lecciones aprendió de la guerra?

Respuesta. Nada que no esté en la paz, solo que en la guerra es todo más extremo. Yo tengo la ventaja de que cuando fui por primera vez a la guerra, con 20 años, ya había leído mucho. Eso me permitió abordarlo con serenidad. Si no, a esa edad, la guerra me habría trastornado, pero en mí tuvo un efecto nutritivo. Era horrible, por supuesto. Pero haber leído me permitió digerir la guerra con más naturalidad. Fue un aprendizaje excelente, una escuela de vida. Mi forma de mirar el mundo empezó a fraguarse en mis primeros años allí.

P. Ha estado en guerras entre países, pero también en guerras civiles.

R. Sí, en siete.

P. ¿Cuál es la diferencia entre unas y otras?

R. El ser humano tiene rincones muy oscuros. Y la guerra civil es la que pone de manifiesto con más intensidad la parte oscura del ser humano.

P. En una entrevista reciente en un periódico italiano, dijo que España no ha superado la guerra civil. ¿Cómo se supera?

R. Se puede. Pero España no la supera por otras razones. Ya me estoy metiendo, cabrones [risas]. Yo tengo una opinión, que puede ser equivocada. Y como la tengo, pues la manifiesto porque me preguntan por ella. Una guerra civil puede superarse con sentido común. Y la nuestra, en sus aspectos más dramáticos, estaba superada. Más que superada, asimilada, digerida. Pero por razones políticas, se ha desenterrado. No como memoria, sino como herramienta; no como reflexión histórica, sino como arma política. A mí me la contaron mis padres. Mi padre, mi tío, mi abuelo lucharon con la República. Esas tres estanterías son libros sobre la Guerra Civil. Y he visto guerras civiles. Entonces, como sé lo que es, sé que estaba neutralizada. Pero a una generación que no tiene ni libros ni memoria directa, es muy fácil manipularla con lugares comunes: Franco malo, República buena total, el paraíso en la tierra fue roto por cuatro banqueros, cuatro militares y cuatro obispos con gomina en el pelo... La Guerra Civil se ha convertido en una herramienta política y eso nos ha devuelto a un territorio de hostilidad que había desaparecido. Yo pertenezco a una generación, y tengo una formación y una experiencia que me permite decir que la Guerra Civil la perdimos todos. Evidentemente, la ganó el bando nacional, Franco y su gente. Y la perdió la República. Pero aparte de ese planteamiento, indiscutible, hay una cosa evidente: los españoles perdimos. Perdimos progreso, una república, libertades. La mujer retrocedió 50 años en la historia. Perdimos mucho todos. Y eso me lleva a una cosa interesante…Nota aquí.




martes, enero 27, 2026

David Uclés

David Uclés se retira de un evento sobre la Guerra Civil por la presencia de José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros

El coordinador del acto, Arturo Pérez-Reverte, responde en un comunicado que es “una imperdonable descortesía y un incumplimiento de su compromiso”

El escritor David Uclés ha anunciado en un vídeo para redes sociales que no participará en el evento 1936: La guerra que perdimos todos, coordinado por Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra, dentro del festival Letras en Sevilla, que se celebra del 2 al 5 de febrero en la capital andaluza. Esta tarde, los organizadores del acto han respondido a Uclés en un duro comunicado.

El motivo de la decisión de Uclés es la presencia en el mismo cartel del expresidente del gobierno José María Aznar y el exsecretario general de Vox Iván Espinosa de los Monteros. “Vi que en el cartel, además de escritores o articulistas, figuraban políticos que han hecho zancadillas a valores democráticos y a medidas que nos conforman como una sociedad moderna y empática”, cuenta en conversación con este periódico el autor de La península de las casas vacías y flamante ganador del premio Nadal.

Antonio Maíllo, coordinador de Izquierda Unida, también ha cancelado su asistencia, según ha anunciado en un comunicado en redes sociales, por no estar de acuerdo en cómo se han difundido los actos: da la impresión, a su juicio, de que los participantes comparten la tesis del título.

A Alberto Ruiz-Gallardón, exministro de Justicia, también en el cartel, le afea Uclés sus políticas con respecto al aborto. A Aznar, la guerra de Irak, “que tuvo consecuencias desastrosas”. A Espinosa de los Monteros, su pasado en un partido, Vox, “que hoy está amenazando la democracia y la tranquilidad en nuestro país, ya sea proclamando arengas xenófobas que acaban en episodios como el de Torre Pacheco, ya sea censurando actos literarios —como me pasó a mí en tres ocasiones—, ya sea queriendo quitar leyes a favor del derecho al aborto o del matrimonio igualitario, que tanto nos han costado. Tantísimas cosas atroces... Lo más grave: tejer una trama en TikTok para convencer a los adolescentes de que les voten, metiéndoles en la cabeza el Cara al sol”. Nota aquí.





miércoles, septiembre 10, 2025

Arturo Pérez-Reverte

 

sábado, septiembre 06, 2025

Arturo Pérez-Reverte

 Pérez-Reverte retoma la aventura de Alatriste 14 años después: “Es un héroe muy español. Tiene lo mejor y lo peor de nosotros”

El escritor presenta ‘Misión en París’, la octava entrega de su exitosa serie de novelas históricas, ambientada en Francia y con cameo de los mosqueteros de Dumas.

Pasó tanto tiempo que quizá se había olvidado de que a Diego Alatristre, ese espadachín cuarentón, asesino a sueldo y a la vez héroe en la España del Siglo de Oro, todavía le quedaban historias por contar. Lo había anunciado su creador, Arturo Pérez-Reverte, hace años: a las siete entregas que hasta 2011 había publicado, le faltaban dos. Catorce años de espera y más de una decena de títulos del escritor después, este martes el autor ha presentado una nueva aventura del capitán, Misión en París (Alfaguara), que llegará mañana a las librerías. “Me di cuenta de que Alatriste era demasiado absorbente y había otras historias que quería contar y no sabía cuánto tiempo me quedaba. Pero siempre pensé que si vivía lo suficiente lo retomaría”, justificaba la larga pausa Reverte este martes en la presentación ante la prensa del libro en Madrid. Vivió y, para placer de millones de lectores — “algunos que incluso me han insultado públicamente por no seguir la historia”, contaba el autor— aquí lo tienen, uno de los acontecimientos editoriales del año.

“Tenía miedo”, reconoció el académico de la RAE trajeado y rodeado de periodistas en el Hotel Palace de Madrid. “Pensaba que igual había perdido el tono. Alatriste es un tono. Entré en ella [la nueva novela] con mucho cuidado. Tuve que acostumbrarme de nuevo al personaje. Me leí de nuevo todos los libros de él que había escrito y retomé lecturas que entonces había leído para escribirlos”.

El salto temporal real en la creación del nuevo libro no se traduce en la historia. Misión en París se desarrolla apenas un año después de El puente de los asesinos (Alfaguara, 2011), la aventura que transcurría en Italia. En la nueva entrega, que se publica casi 30 años después de Las aventuras del capitán Alatriste (Alfaguara, 1996), el inicio de todo, Pérez-Reverte lleva a sus personajes a La Rochela, ese enclave de la resistencia de los hugonotes contra el rey Luis XIII de Francia, asediado por el cardenal Richelieu y, por otro lado, ayudado por los ingleses, siempre dispuestos a fastidiar a los franceses. ¿Y qué pintan ahí los mercenarios españoles, patriotas y obedientes? Ni ellos lo saben hasta bien entrada la historia. Esa incertidumbre sostiene buena parte de una trama que introduce las guerras de religión, con cameo de los personajes de Dumas en los tres mosqueteros con D’Artagnan incluído. “Mi miedo era caer en el pastiche”, reconoce Pérez-Reverte. “Es un guiño muy personal. Los tres mosqueteros marcó mi vida. Pero son personajes que solo pasan y se van, siguen con sus cosas”.

Más allá de este guiño, la nueva novela es todo lo que se puede esperar e incluso mantiene la estética de hace 14 años, con las ilustraciones otra vez de Joan Mundet. En las páginas hay aventuras, lances de capa y espada e intriga. Pero también, como siempre y a pesar de tener a Francia como escenario, una mezcla de historia, literatura y cultura con una España imperial y decadente de fondo. Pérez-Reverte vuelve a recrear esa “época de grandeza y de oscuridad y de sombra en la que éramos los amos del mundo” y que tanta polémica le ha traído. “Aquel era un mundo fascinante del que uno se enorgullece y se espanta al mismo tiempo. La novela siempre ha sido acogida con rechazo por dos extremos. La extrema izquierda y la extrema derecha. No se dan cuenta de que el libro quiere eso. Fuimos brillantes y grises, magnánimos y oscuros. El libro dice cosas muy duras y muy hermosas sobre España”, contó el escritor.

Transcurridos 14 años desde la publicación del último episodio, ya bien entrados en el siglo XXI y con una sociedad cada vez más dividida si cabe, esta nueva entrega tendrá seguramente una resonancia distinta, pero el autor defendió lo que ha defendido siempre: “No pretendo hacer una figura moderna. Pretendo que el lector entienda lo que fue España. No pretendo marcar ninguna línea ideológica. Solo contar la dolorosa y lúcida, la estéril y fecunda, la triste y maravillosa historia de España”.

¿Y la relación de su personaje con el presente, existe? “Cuando aparece una dana o una epidemia o unos fuegos, siempre aparece ese español quizás descreído y que se queja, pero que se levanta y coge su manguera o su jeringuilla o su pala para el barro y va para allá. Eso es lo bueno que tenemos. Y Alatriste es eso. Escribirlo me reconcilia con España. Pienso en esa gente y me digo: ‘no está tan mal ser español”. Nota aquí.



viernes, diciembre 13, 2024

Arturo Pérez-Reverte

 La última frontera

Sevilla, la Sevilla que tanto admiro, la ciudad andaluza a la que hace treinta años dediqué La piel del tambor y El oro del rey, no es lo que fue. Sigue siendo un lugar bellísimo, y pasear por ella me llena de optimismo el corazón y la cabeza; pero el turismo descontrolado que inunda Europa, las masas de gente que bloquean cada espacio, cada calle, cada rincón, ponen difícil mantener intactos los viejos afectos. Si esto fuera simple percepción mía, no tendría mayor importancia, atribuible sólo a la natural melancolía de quienes viven lo suficiente para asistir al ocaso y desaparición de personas y lugares que amaron. Nada fuera de lo común en la historia de la Humanidad. Pero son los propios sevillanos, los de toda la vida y los de ahora, quienes sienten lo mismo. Acabo de pasar allí unos días, como hago de vez en cuando, y he hablado con mis amigos y conocidos. Es cierto que esa clase de turismo beneficia económicamente a la ciudad, al menos de forma inmediata, como ocurre con otras en España y Europa: Lisboa, Venecia, París, Atenas… Pero las transformaciones que el fenómeno impone, la reconversión de lo propio y tradicional para adaptarse a las exigencias de masas de visitantes matan esencias e igualan lugares: las mismas tiendas, los mismos sitios para comer, la misma gente en todas partes. Ni la belleza ni el carácter de una ciudad pueden sobrevivir a cinco, diez o veinte mil turistas volcados sobre ella cada día desde trenes, aeropuertos y cruceros.

Por suerte aún quedan fronteras. Confines en retroceso, cierto, pero donde aún es posible percibir la vieja melodía del tiempo hermoso. Ocurre en Nápoles, por ejemplo, tal vez mi otra ciudad europea más querida. Los viejos límites de una ciudad antigua, caótica y peligrosa retroceden desde hace años, a medida que un turismo antes inexistente se adueña de la ciudad. Los habitantes del Barrio Español, donde te internabas tras dejar reloj y cartera en el hotel y vigilando a cada paso por encima del hombro, han descubierto que robar a los turistas es menos rentable que darles de comer; así que olvidan las viejas y bonitas costumbres, y en las calles altas antaño desiertas, cada vez más arriba, menudean las Antica trattoria Gennaro y las Vecchia Pizzeria zia Luzía. Son los tiempos, claro, las nuevas costumbres; aunque en Nápoles, como en casi todas partes, aún quedan lugares, rincones sin colonizar, refugios para los cabrones asociales, reaccionarios, viejunos o como quieran ustedes llamarlos, que no conseguimos adaptarnos a eso. Si uno se busca la vida con paciencia y salivilla, siempre los encuentra. Y los disfruta todavía, antes de que llegue el diablo y nos lleve a todos.

También en Sevilla quedan fronteras de ésas. En retroceso, pero quedan. Hay zonas, barrios, lugares, perdidos para siempre: pero en otros, si uno presta atención, aún es posible percibir lo que Antonio Burgos clavó, magistral, en pocas líneas:

—¿No hueles los jazmines?

—¿Qué jazmines, si no hay?

—Los que estaban aquí antiguamente

Acabo de estar en una de esas fronteras sevillanas donde aún huelen los jazmines. O para ser exactos, los claveles. En la plaza de los Terceros, pegado a la librería de segunda mano, Santi, el dueño de la vieja taberna —su madre se sienta puntual cada mañana en una mesa junto a la barra— me pone una manzanilla de Sanlúcar y unas espinacas con garbanzos, y comentamos, como de costumbre, las cosas de la vida. Aquello todavía es Sevilla de verdad, con un clásico matrimonio de edad —encorbatado él, arreglada ella— que toma el aperitivo, dos vecinos que hablan de fútbol, tres funcionarias de algo cercano y un guiri rubio, despistado, solitario, que sonríe a todo el mundo. Nota aquí.



lunes, noviembre 04, 2024

Arturo Pérez-Reverte

 El homenaje del Café Varela con la XIV edición de su premio a Arturo Pérez-Reverte

El novelista ha recibido el galardón que su jurado entrega cada año acompañado de un baño de cariño

"San Agustín ha visto que se trabaja por lo incierto en el mar y en las batallas y todo lo demás, pero no ha visto las reglas del juego" (Blaise Pascal, Pensamientos 234). Quién sin duda tiene escrito un tratado sobre "las reglas del juego" es Arturo Pérez-Reverte. Por escritor, por periodista, por navegante, y ahora, desde este jueves, también por ganador de la XIV edición del premio que el pujante Café Varela entrega cada año.

"Es un honor y un premio de prestigio que me emociona por muchas razones. No nos engañemos, ya me tocaba", ha bromeado el novelista. En el salón ha brotado una carcajada después de cada frase. "El desfile de amigos me ha hecho pensar una cosa", ha expresado Pérez-Reverte después de que varios habituales del Varela, ese esquinazo convertido en un núcleo de las letras castellanas, pronunciaran palabras sobre él, "a un ser humano se le valora por los amigos que tiene. Me quieren, como yo a ellos y hace que uno se sienta muy bien".

Lo cierto es que el galardonado ha recibido no un tributo, ni homenaje; sí el premio conocido como el Nobel gallego -otro no porque vende demasiado (Raúl del Pozo dixit)-, pero el premio, me van a permitir los que frecuentan el Varela, no ha sido lo más emocionante. Porque lo cierto es que Arturo Pérez-Reverte ha dado, mucho antes de la gala celebrada esta noche, con una de las claves del éxito en la vida: la lealtad recíproca.

Porque Reverte, como dice Juanma Lamet -"el enviado especial de los lectores rasos"-, es el que mejor defiende "los códigos de la amistad" y "la religión de la lealtad", ha rematado Jorge Fernández Díez. Sobre él han vertido loas Manuel Jabois y Antonio Lucas, que también le dedicó un poema que navegó el momento hasta los oídos de los asistentes una velada que nadie ha querido perderse. Nota aquí.



viernes, septiembre 08, 2023

Arturo Pérez-Reverte

 “Me identifico más con el humilde Watson que con Sherlock Holmes, pero en realidad ¡yo soy Moriarty!”

El escritor presenta en los escenarios londinenses del detective su nueva novela ‘El problema final’, un juego literario con el inmortal personaje de Conan Doyle.

En el baqueteado y algo polvoriento Sherlock Holmes Museum, en el 221 B de Baker Street (una de las direcciones más legendarias del mundo), se exhiben cosas como el revólver de Watson y la medalla que ganó el doctor en la batalla de Maiwand, en la segunda guerra afgana; una estampa de Gordon de Jartum (sin duda un caso perdido), el dedo que le cortaron a Victor Hatherley en La aventura del pulgar del ingeniero, las orejas de Miss Mary Cushing de La caja de cartón o la cabeza del infernal perro de los Baskerville. Pero los fans de Holmes que se apretujaban este mediodía en las estancias que reproducen con extraordinaria minuciosidad la vivienda del célebre detective y su fiel ayudante —incluido el váter (no puede usarse, aunque estés muy necesitado o seas muy mitómano), junto al que puede verse una lechuza disecada (qué raros son los ingleses)— no podían ni imaginar que la verdadera aventura del día estaba en el pub de al lado.

Efectivamente, allí, en The volunteer, a dos puertas del 221 B de Baker Street, una de ellas la de un local de yoga y pilates, había recalado el escritor Arturo Pérez-Reverte, cuya nueva novela, El problema final (Alfaguara), es una personalísima vuelta de tuerca sobre el personaje inventado por Conan Doyle y su forma de investigar. En la historia de Pérez-Reverte, entretenidísima, un grupo de personas queda atrapado en los años 60 en un pequeño hotel en una isla griega imaginaria cerca de Corfú. Y cuando se produce un asesinato y se convierte en algo similar a la isla de los Diez negritos, se pone a investigarlo en plan Cluedo una de ellas, un veterano actor exalcohólico muy parecido a Basil Rathbone y que como este ha encarnado a Sherlock Holmes. El pastiche, narrado en primera persona por el actor, Hopalong Basil (!) —en el mundo Ormond—, está servido y la verdad es que, lleno de sabrosos guiños y referencias literarias y cinematográficas, funciona de lo lindo. Hay hasta una conexión nazi. Nota aquí.



jueves, abril 07, 2022

Arturo Pérez-Reverte

 En la biblioteca de Arturo Pérez-Reverte: “¿Cómo se atreve a ser escritor alguien que no ha leído?”

Arturo Pérez-Reverte escribe sus novelas sin internet ni teléfono. Descúbralo en esta entrevista que da inicio a la serie ‘En la biblioteca de...’

“Una biblioteca es un proyecto de vida”, comenta Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 70 años) en el primer capítulo de En la biblioteca de..., una nueva sección de EL PAÍS en la que nos adentraremos en la biblioteca personal de algunas de las personalidades más relevantes de la cultura.

¿Cuántos libros tiene la de Arturo Pérez-Reverte? 32.000. Lo admite en el vídeo que acompaña esta noticia, mientras levanta la mirada hacia sus infinitas estanterías, con el orgullo de quien es consciente de estar arropado por los autores más célebres de la literatura universal: Homero, Cervantes, Conrad, Virgilio, Montesquieu, Agatha Christie, Conan Doyle…

¿Cómo es el escritorio en el que Pérez-Reverte ha imaginado las historias de El italiano, El capitán Alatriste o la Trilogía de Falcó? ¿Cuál es el libro que marcó su infancia? ¿Cuáles son las obras imprescindibles que conforman su biblioteca? ¿Cómo ha influido la novela policíaca en su forma de escribir? ¿Qué libro no prestaría jamás?

Al principio, los libros fueron para él una forma de soportar el dolor de la guerra, pero cuando dejó el reporterismo se convirtieron en su mayor inspiración. “Si no tuviera estos referentes, no podría escribir novelas o sería un escritor mucho más mediocre. ¿Cómo se atreve a ser escritor alguien que no ha leído? Esto me produce estupor —explica en el episodio de En la biblioteca de...—. Uno puede ser el más chulo, pedante o arrogante del mundo, pero leyendo hay que ser el más humilde”. Nota aquí.



jueves, marzo 31, 2022

Arturo Pérez-Reverte