sábado, febrero 14, 2026

David Uclés

 David nos cuenta por Facebook.

UCLÉS Y LA CUERDA

Mi abuelo Luis, Odisto en la ficción, solía usar un pantalón que le quedaba grande para bajar a la huerta. Se ataba una cuerda a la cintura para evitar que se le cayera. Sus amigos hacían lo mismo. Quizás no querían estropearse el único cinturón que tenían. Días antes de que saliera «La península de las casas vacías», mis padres me tomaron fotos en el pueblo, delante del huerto familiar. Como homenaje a mi abuelo, que había fallecido nueve años atrás cuando llevaba la novela a medias, me puse su ropa: pantalón, camisa... y cuerda. Me pareció un gesto bonito. Nunca más usé ni sus prendas ni una cuerda como cinturón. La ropa de los difuntos, en mi tierra, se quema, a no ser que quieras honrar la memoria de tu abuelo antes de publicar su vida y milagros.

Estos días de columnistas obsesionados conmigo, que han analizado absolutamente todo de mi físico y de mi vida —y que incluso han intentado hablar con mis profesores, amigos del pueblo y familiares sin mi permiso—, varios medios han señalado que soy «lo peor que literariamente le está pasando al país» por usar en una foto una cuerda en lugar de un cinturón.

Mi abuelo se reía de su sombra. Fue un hombre libre. Y eso aspiro a ser yo: antes que escritor, antes que acordeonista, antes que personaje…, quiero ser libre. Libre de ir o no adonde considere, de conversar con quien desee, de llevar o no sombrero, de vestirme con camisas napoleónicas o jerséis escandinavos, de hablar catalán o euskera o esperanto, de cantar si me apetece o dibujar o hacer el pino puente.

Periodistas-biógrafos-de-Uclés, dediquen sus columnas literarias a la literatura. Hay tantos textos buenísimos de autores poco conocidos que deberían haber ocupado esos huecos estas semanas… Creo que el país ya sabe quién soy. Aléjense del clickbait y apoyen a las editoriales pequeñas y a los artistas emergentes. Y aparquen sus obsesiones por mí. Yo ya no necesito tanto bombo. Ni la cuerda de mi pobre abuelo. Es una pérdida de tiempo y una pérdida de oportunidades para otros. Os lo digo de corazón, ahora que parece que ya ha pasado la tormenta. 



0 comentarios: