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sábado, octubre 25, 2025

Rod Stewart

 Rod Stewart en el Arena: el viejo zorro sabe lo que hace

Lleva más de sesenta años arriba del escenario, y se nota: al frente de una banda impecable, el cantante entregó un concierto de casi dos horas que fue una verdadera ametralladora de hits.

Es un escenario prístino, deslumbrante, tan inmaculado que parece recubierto por un  gran fondant blanco. Pero quienes están en ese marco no son muñequitos de torta, aunque lo parezcan para las últimas filas de un Movistar Arena hasta las verijas de gente. Destacado entre todos, claro, el protagonista, que en el tramo final del show acaba de reaparecer con un traje rojo similar al del Body Wishes de 1983 y, en modo full pistero, larga un clasicazo llamado "Some Guys Have All The Luck". Y el lugar se viene abajo. Por enésima vez.

Rod Stewart sabe lo que hace. ¿Cómo podría ser de otra manera? El tipo tiene 80 años y ha pasado más de sesenta arriba de los escenarios. Tiene la voz algo cascada y le ha tenido que bajar el tono a algunas canciones, pero momento: ese tipo siempre tuvo la voz algo cascada. Es su marca de fábrica. Esa voz es Rod Stewart. Y entonces el Arena delira. Porque el octogenario lleva adelante un set explosivo de casi dos horas, y es una ametralladora de hits, del intenso "Young Turks" a la invitación al baile apretadito de "Tonight's the night", el irresistible pop FM de "Baby Jane" o la monumental rendición de una balada tan inoxidable como "If You Don't Know Me", compuesta sin mayor suceso en 1972 hasta que Simply Red la movió a la estratósfera. Y Rod supo llevarla a su terreno con la sapiencia de los viejos zorros.

¿Y cuál es el terreno de Sir Roderick David Stewart? Se hace difícil no pensar en el contexto de una residencia en Las Vegas. Hay siete músicos hombres: Rod en la voz, Donald Kirkpatrick y Emerson Swinford en guitarras, David Palmer en batería, Kevin Savigar en teclados, Curtis Schneider en bajo y James Roberts en saxo. Y hay seis mujeres ataviadas de modo pre-deconstrucción, con falditas cortas y contoneos sugestivos, que hacen pensar en un viejo verde anclado en el tiempo. Pero resulta que Holly Brewer, Joanne Bacon y Rebecca Kotte forman un contundente coro y brillan como ocasionales voces solistas. Y Janna Jacoby y Andrea Young hacen maravillas con el violín, y Julia Thornton le pone un clima especial a cada intervención en el arpa. Las mujeres de la banda de Rod (que el miércoles, en la primera de las tres fechas sold out que cerrarán este viernes, tocó, sí, el anacrónico "Hot Legs") no son objetos decorativos. Son talentosas músicas que terminan de conformar una orquesta ideal para semejante recorrido.

Así, el londinense más escocés evita el mayor riesgo para una figura de sus características y en esta etapa otoñal de su carrera: convertirse en caricatura, representar una música anquilosada o -la peor de las posibilidades- dar el espectáculo patético de quien no sabe retirarse a tiempo. Curiosamente, la gira explícitamente titulada One Last Time ya había dado las hurras aquí hace dos años, pero resulta claro que el público sigue pidiendo y Rod sigue sintiendo lo necesario para seguir con la noria de conciertos. Entonces hay una vez más de la última vez, y basta que gane el escenario con el añejo y cadencioso "Having a Party", y de sobrepique clave el primero de la serie de hits con "Tonight I'm Yours (Don't Hurt Me)" para meterse a todos en el bolsillo. Nota aquí.




sábado, octubre 18, 2025

Rod Stewart

 Rod Stewart: un repaso por la historia de un lord rebelde que hizo de su voz una leyenda

Con la energía intacta y el corazón encendido por el rock and roll, el cantante inglés regresa a Buenos Aires para celebrar una vida marcada por la música, el deseo y la reinvención.

Son pocos los artistas que lograron sobrevivir al vértigo del siglo pasado y permanecer con plena vigencia, convertidos en los últimos testigos vivientes de una era que ya no existe. Rod Stewart es uno de ellos: con 80 años, el lord inglés se embarcará una vez más en una serie de presentaciones por Sudamérica en el marco de su nueva gira, One Last Time, con la que ya conquistó Europa, Asia y los Estados Unidos, posicionándose como una de las más taquilleras del último año. Esa travesía también lo traerá de regreso a Buenos Aires, donde ofrecerá tres conciertos en el Movistar Arena los días 22, 23 y 24 de octubre, reencontrándose con un público que lo acompañó a lo largo de toda su carrera.

Cada show promete ser una celebración de esos himnos imperecederos –“I Don’t Want to Talk About It”, “Tonight’s the Night”, “Have I Told You Lately”, “Sailing”, “Forever Young”– que se transforman en puentes entre generaciones. Porque si algo sabe el legendario cantautor es que el escenario no es lugar para sus propios caprichos, sino para los deseos del público. La fidelidad de sus seguidores se mantiene intacta porque su legado ya les pertenece. Y él, con el oficio de quien entiende su rol en la música, se entrega con devoción a ese lazo invisible que lo une con su audiencia. “Para cantar los hits, para eso estoy acá”, confesó alguna vez en televisión. “Si Otis Redding o Sam Cooke estuvieran vivos, yo quisiera escuchar todas esas canciones con las que se hicieron famosos.”

DE JUGLAR A LEYENDA

Nació el 10 de enero de 1945 en Highgate, Londres, en el seno de una familia escocesa. Criado entre la devoción por el fútbol y los vinilos de rock and roll, desde chico sintió atracción por dos pasiones que marcarían su destino: el deporte y la música. Soñó con ser futbolista profesional, pero pronto comprendió que su verdadera cancha estaba en los escenarios. Dejó la pelota, tomó su guitarra y se lanzó a la vida bohemia por Europa, durmiendo bajo los puentes de París y sobreviviendo al ritmo de su armónica.

Su voz áspera y vibrante no tardó en llamar la atención de Long John Baldry, pionero del blues británico, quien lo introdujo en aquel hervidero musical de los años 60. Stewart comenzó su travesía en pequeñas bandas de R&B londinenses, hasta que dio el gran salto como vocalista del Jeff Beck Group. Allí dejó su marca en Truth (1968) y Beck-Ola (1969), discos que definieron el rumbo del hard rock. Pero su espíritu nómada pedía más. Poco después se unió a los Faces, una banda tan salvaje como entrañable, donde su carisma en escena y su química con Ron Wood –su amigo del alma y casi su reflejo en el escenario– sellaron una etapa de gloria.Paralelamente, Stewart inició su camino solista y, en 1971, lanzó Every Picture Tells a Story, el álbum que lo catapultó al estrellato mundial gracias al clásico “Maggie May”. Desde entonces, su carrera tomó vuelo propio: un sonido que mezclaba rock, folk y soul, y una voz inconfundible que se volvió sinónimo de emoción. Nota aquí.