sábado, abril 18, 2026
Iván Noble
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sábado, marzo 07, 2026
Bares de Montevideo
Comó es el renacer de los bares históricos de Montevideo, del preferido de Benedetti al elegido por los marineros
En la capital uruguaya, emprendedores recuperan edificios del siglo XIX y XX y les suman cocina y música; cuatro paradas con historia.
Montevideo es una ciudad que mira a la costa rioplatense todo lo que puede, donde convive el presente con el pasado, y el ritmo es ameno. No se ve ese acelere caótico de otras capitales, como Buenos Aires. Entre palmeras, monumentos antiguos, callecitas, avenidas, parques inmensos, se erigen diferentes bares y cafés, que después de tener años de esplendor, pasaron décadas olvidados, relegados y hasta un poco marginados, vistos como algo turbio, peligroso.
“Durante décadas, Uruguay fue reconocido por su cultura cafetera y su red de bares tradicionales. Pero la falta de políticas públicas que los protegieran y el avance de otros formatos gastronómicos llevaron a que muchos de esos lugares quedaran estigmatizados”, dice Joaquín Casavalle, actual dueño de Paysandú, Montevideo al Sur y Santa Catalina, tres bares antiguos e históricos del Barrio Sur y Ciudad Vieja.
En los últimos diez años tanto él como otros emprendedores uruguayos apostaron a reimaginar la gastronomía local y el barrio y a revalorizar muchos de estos lugares, emplazados en edificios patrimoniales, no para destruirlos, sino para visibilizarlos y revalorizarlos.
“El problema de los bares patrimoniales de Uruguay es que van desapareciendo, tristemente”, afirma Germán Medina, gerente de Bar Arocena. Hoy se está impulsando un proyecto que busca reconocer y recuperar los cafés y bares patrimoniales de la ciudad, creados entre el siglo XIX y XX, para volver a darle vida a zonas como el Barrio Sur o Ciudad Vieja, que durante años permanecieron olvidadas y marginadas. “Nosotros no queremos que la gastronomía sea moda, sino cultura viva, por fuera de los circuitos gourmet. Creo en el bar de la esquina como lugar de encuentro y de pertenencia”, dice Casavalle.
Abierto desde 1929, en el bar Arocena se autoadjudican una valiosa insignia: “El mejor chivito de Montevideo”. Según Media, es un mote que ha puesto la gente, pero como todo el que va lo dice, aceptan el reconocimiento. Él tiene 30 años y junto con José Luis Mallón, el dueño, actualmente llevan el día a día tanto de la primera sucursal, en Carrasco, como de las nuevas, en Punta Carretas, Montevideo; en Canelones y Punta del Este. También llevan el mismo apellido que Roberto Mallón, un gallego que tomó las riendas del lugar en 1974 junto a Mallón, y se lo compraron a Don Manuel Loureiro y sus socios.
El Arocena nació como un almacén y proveeduría, punto neurálgico y obligado para cualquier habitante de Carrasco. En ese entonces el balneario tenía calles de arena y no había nada, salvo un hotel antiguo, muy pintoresco, con un casino, que hoy es el Sofitel.
En el primer Arocena pasaba de todo: la gente iba a buscar una lata de conservas, se tomaba una copa, fumaba, o tomaba whisky sin parar, durante las 24 horas que permanecía abierto. Nunca cerraba, tenía un kiosco en la puerta, un sector de quiniela y, como la mayoría de bares de Montevideo en ese entonces, solo los hombres lo frecuentaban. “Vos venías acá con tu abuelo a tomarte un whisky, o con tu padre o con tus amigos. Como funcionaba 24 horas también era el remate después del boliche, o de un casamiento. Era el único lugar donde había teléfono. Entonces venían sanitarios, electricistas, a esperar que los llamen”, dice Medina.
En 1974, los nuevos dueños siguieron la misma tradición del bar, que puede verse desplegada en las mil fotos de diferentes generaciones que pasaron por el lugar, al que fueron y van actores, músicos, políticos, deportistas de todo el mundo, y también un público cautivo que se ha hecho amigo de los mozos, y se ha juntado a festejar años nuevos, navidades, los han invitado a sus casamientos.
En La Sociedad de la Nieve (2023), en una escena se lo menciona: una publicidad que podría haber salido carísima, pero fue espontánea. “¿Sabés lo que me comería yo? Un chivito del Bar Arocena”, dice uno de los personajes, representando al plantel. Los jugadores del Old Christians Club de Uruguay lo frecuentaban, y los sobrevivientes aún siguen yendo. El director de la película, Juan Antonio Bayona, rescató este dato en charlas y relatos y lo sumó en el guión. Tiempo después fue a probar el chivito y quedó encantado. Nota aquí.
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miércoles, febrero 11, 2026
Cruzando el Charco
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martes, octubre 21, 2025
Silvio Rodríguez
Silvio Rodríguez volvió a Uruguay: Dos noches de emoción, historia y canciones en el Antel Arena
Las emociones se desbordaron en Montevideo. A trece años de su última visita, Silvio Rodríguez volvió a cantar en Uruguay y lo hizo con dos conciertos memorables en el Antel Arena, los días viernes y sábado, ante localidades agotadas desde hace meses.
La gira “Quería saber”, que recorre Chile, Argentina, Uruguay, Perú y Colombia, encontró en la capital uruguaya uno de sus momentos más intensos: un encuentro de ternura, resistencia y memoria compartida.
“¡Vamo’ arriba!”, gritaba el público una y otra vez, convirtiendo la frase típica del país en abrazo colectivo. Frente al trovador cubano, miles de voces corearon canciones que son parte de la historia latinoamericana. No hubo pantallas ni artificios: solo la música, la palabra y la emoción.
El vínculo de Silvio con Uruguay es antiguo y profundo. Desde que en 1985 llegó junto a Pablo Milanés para cantar en los festejos por el retorno de la democracia, su obra ha acompañado los sueños y las luchas del pueblo uruguayo. Pero la relación comenzó incluso antes, en 1967, cuando los fundadores de la Nueva Trova Cubana coincidieron en La Habana con Zitarrosa, Viglietti y Los Olimareños en el Primer Encuentro de la Canción Protesta, auspiciado por Casa de las Américas.
No faltaron los guiños afectivos. Dedicó “Más porvenir” a José Mujica y Lucía Topolansky —presente el sábado junto al presidente uruguayo Yamandú Orsi—, y evocó a “vuestro Pepe, nuestro Pepe”, con palabras que arrancaron una ovación.
La prensa local coincidió en destacar la comunión entre artista y público. “Rodríguez es de los grandes compositores contemporáneos, con un fondo de canciones inagotable y un cariño enorme de parte de su público”, escribió un cronista uruguayo.
El cierre de ambas noches fue un manifiesto y una promesa. “El necio” sonó con la fuerza de siempre; “Ojalá”, con la dulzura de lo eterno; y “Venga la esperanza”, con el eco de los que aún creen en un mundo mejor. Afuera, Montevideo parecía suspendida en una emoción compartida. Nota aquí.
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domingo, octubre 19, 2025
Silvio Rodríguez
Silvio Rodríguez entregó un montón de grandes éxitos (y dejó otros afuera) en su reencuentro con Uruguay
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sábado, mayo 24, 2025
"Uruguay Nomá"
"Uruguay Nomá", la facilidad de saltar el charco
La Tabaré, Cuatro Pesos de Propina, Milongas Extremas, Papina de Palma y Juan Mariño pondrán el cuerpo para un festival que ratifica los vínculos entre Montevideo y Buenos Aires.
La unión hace la fuerza. La frase, a veces, no es un lugar común. En este caso, La Tabaré, Cuatro Pesos de Propina, Milongas Extremas, Papina de Palma y Juan Mariño cruzarán el charco y unirán fuerzas este sábado 24 de mayo en el Festival Uruguay Nomá en Niceto Club (Niceto Vega 5510). “Es una propuesta muy linda, no solo desde lo estético, sino también desde el mensaje que se da. En este caso nos junta la nacionalidad, pero lo importante es eso, que las bandas nos juntemos”, resalta Gastón Puentes, cantante de Cuatro Pesos de Propina. “Tenemos muchas ganas de volver a Buenos Aires y compartir con tantas bandas amigas con las que hace tiempo venimos compartiendo noches y canciones. Seguramente cantaremos algo entre todos”, refuerza, por su parte, Matías Rodríguez, cantante y guitarrista de Milongas Extremas.
El festival, que se realizará a partir de las 18.30, reunirá por primera vez en un escenario argentino a cinco proyectos musicales con peso propio de la escena montevideana. Desde el largo recorrido (¡40 años!) de La Tabaré dentro del rock uruguayo hasta la emergencia y juventud del cantautor Juan Mariño y la ascendente cancionista Papina de Palma. Desde la potencia guitarrística y el pulso tanguero de Milongas Extremas hasta la luminosidad, simpleza y carácter bailable de Cuatro Pesos de Propina. “Como banda siempre tuvimos el factor común de la temática humana, en nuestro discurso, en nuestra forma de vincularnos en la sociedad y en nuestro centro. Creo que eso es el factor clave que hace que la gente conecte con Cuatro Pesos”, resalta Puentes sobre el espíritu del grupo.
“Nuestra propuesta siempre se caracterizó por la descarga emocional en el escenario. Si bien a primera vista es un quinteto de cuatro guitarras y un bajo, el sonido presenta una actitud rockera que desencaja”, define Rodríguez, vocalista de Milongas Extremas. “En cuanto a la composición y la interpretación somos un eslabón más en la cadena de la milonga y algún otro nos pone en la cadena de bandas. Hace ya varios años que venimos compartiendo la vida y el camino, nutridos del rock y del folklore”, completa el músico. “La palabra que mejor me define es fusión. Más allá que vengo desde chico de un área más rockera, actualmente incursiono en el candombe, el folk, el samba y ritmos latinos”, señala Juan Mariño, autor del disco La rebelión de los picaflores (2022). “Fusionar estilos siempre fue algo que me gustó, con el fin de encontrar nuevas ideas cuando los estilos se tocan”, dice.
-¿Creen que la música uruguaya en los últimos veinte años pisa más fuerte en Argentina –con el boom de NTVG, La Vela Puerca, El Cuarteto de Nos y Jorge Drexler, y la reivindicación de figuras como Mateo, El Príncipe y Fernando Cabrera- o siempre hubo un intercambio constante, ininterrumpido y fluido?
Mariño: -Creo que el aporte de los medios masivos de comunicación y las conexiones posibles entre países gracias a las nuevas tecnologías hace más evidente este vínculo de la música uruguaya en Argentina. Formar parte de esta nueva ola de artistas que cruzan el charco con su música es realmente un honor. Pero soy consciente que la conexión e influencia mutua data de hace muchas generaciones.
Puentes: -Siempre hubo intercambio, que es algo fluido, pero que también tiene sus olas, sus momentos. Quizás ahora mismo está siendo al revés: las bandas de Argentina están pisando fuerte acá. Pero sí hay algo que es constante y es la buena onda, el intercambio y la química que se da entre el público argentino y las bandas uruguayas.
Rodríguez: -La música uruguaya viene cruzando el charco desde los años sesenta. Desde Los Shakers y Rada, pasando por Jaime, entre otros. La Vela y NTVG forjaron un gran puente para que propuestas nuevas también puedan ir a mostrar lo suyo en Argentina. El fenómeno de la murga uruguaya también fortaleció ese puente. Hoy las redes acercan aún más la música a la gente y nosotros tenemos suerte de poder cruzar ese puente y colaborar en que se sostenga. Nota aquí.
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viernes, abril 25, 2025
Pedro Pastor
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viernes, abril 04, 2025
Ismael Serrano
Ismael Serrano antes de su concierto sinfónico en Uruguay: "Cantar es una forma de rebelarse ante el pesimismo"
Este sábado, el autor de "Papá, cuéntame otra vez" y "Ahora que te encuentro" se presentará en el Auditorio Nacional del Sodre con un recital sinfónico que reimagina su obra. En la previa, dialogó con El País.
La llamada de El País encuentra a Ismael Serrano en Buenos Aires. Aunque es lunes, el español todavía tiene latente el espectáculo que presentó el sábado en el Movistar Arena. “La verdad es que esta gira es espectacular y el concierto fue una locura”, es lo primero que comenta. “Es todo muy emocionante”.
A sus 51 años, el cantautor vallecano se embarca en el proyecto más ambicioso de su carrera: un espectáculo sinfónico en el que reimagina su obra junto a una orquesta de 40 músicos. La idea nació en 2023, cuando su director musical, Jacob Sureda, comenzó a trabajar en los arreglos orquestales de su repertorio. La lista incluye clásicos infaltables como “Papá, cuéntame otra vez”, “Ahora que te encuentro” y “Si se callase el ruido”, junto a piezas de gran carga emocional como “Estaré ahí”, dedicada a su hijo, y “Vértigo”, una canción de su álbum debut que cobró un nuevo significado con el paso de los años.
El resultado fue Ismael Serrano. Sinfónico, un disco que trascendió el formato musical para convertirse en una pieza de colección. Además de sus ediciones en CD y vinilo, se lanzó una versión especial con acordes de cada canción. El siguiente paso natural fue llevar el proyecto al escenario, y así nació la gira sinfónica, que ya ha recorrido varias ciudades de España, pasó por Argentina y que mañana llegará a Montevideo. Allí, en el Auditorio Nacional del Sodre —escenario habitual de sus visitas a Uruguay—, Serrano se presentará junto a la Orquesta Juvenil del Sodre.
Además del repertorio del álbum, adelanta que el concierto incluirá algunas sorpresas que espera registrar en un segundo volumen del proyecto. Las últimas entradas están disponibles en Tickantel desde 3000 pesos, y hay 2x1 para socios de Club El País.
—Esta gira no solo revela otra faceta de tu rol como intérprete: en el escenario también te mostrás sin guitarra y cantás al servicio de la orquesta. ¿Cómo te sentís cada vez que presentás el espectáculo?
—Es como dejarse llevar para que la orquesta te lleve a volar. Y es verdad que interpreto las canciones desde otro lugar, porque yo no mando tanto en las canciones, sino que pasan a ser un hecho más colectivo. Debe ser algo parecido al vuelo sin motor, donde dependes de las corrientes de aire, y la orquesta siempre me deja en buen puerto. Me gustan mucho las “canciones río”, que son aquellas que no pasan dos veces por el mismo lugar e incluso a veces no tienen estribillo. “Recuerdo” es una de ellas, y esa sensación de viaje casi cinematográfico se potencia con lo sinfónico, que también conecta mucho con lo cinematográfico.
—Al escuchar el disco del proyecto, me sorprendí al descubrir la vigencia de “Si se callase el ruido”, que publicaste en 2007. De hecho, se volvió aún más significativa.
—A veces es bonito que las canciones no pierdan vigencia, pero también es triste. “Si se callase el ruido” habla de la intolerancia y de ese ruido reaccionario que pretende callarnos y evitar cualquier tipo de diálogo. Y es verdad: en vez de calmarse con el tiempo, se volvió más agresivo; es un tanto inquietante. Los conciertos están siendo muy emocionantes porque hay una necesidad de encontrarse en torno a ciertas cuestiones como las que propone “Si se callase el ruido”. Esta gira es una invitación a no sucumbir al desánimo generalizado al que invitan las noticias. Yo creo que, a veces, el pesimismo es una herramienta política para desmovilizarnos, entonces cantar canciones que nos ayudan a entender el mundo es una forma de rebelarse ante ese pesimismo.
—Tu último ejercicio retrospectivo fue Todavía, de 2018, donde reversionabas tu obra en un formato minimalista de guitarra y voz. Ahora vas a lo contrario, con una orquesta de 40 músicos. ¿Cómo surgió la idea?
—Venía de hacer conciertos muy íntimos para reivindicar el canon cantautoril de guitarra y voz, y me apetecía darle un carácter de celebración a mi nuevo disco. Hace mucho que tenía pendiente cumplir el sueño de hacer un álbum sinfónico. Ya había cantando como invitado en algunos conciertos sinfónicos del Teatro Colón en Buenos Aires, pero me faltaba grabar un disco que dejara constancia de todo el trabajo que implicaron los arreglos, y luego embarcarme en una gira. Eso sí, tenía que ser una gira contenida, porque tiene a mucha gente detrás, y por eso viajamos a algunas ciudades de España y de Latinoamérica. El proyecto tiene mucho de auto-homenaje (Se ríe), pero también de reivindicar una forma de hacer discos.
—¿En qué sentido?
—En el de que estamos en un contexto en el que todo es profundamente artificial y la Inteligencia Artificial está por romper el paradigma de la producción musical. Entonces, rodearme de 40 músicos en un contexto en el que prácticamente son pocos los discos los que se hacen con músicos reales, no es algo menor. Me llama la atención que existan los “camps de composición”, donde un tipo te dice cómo es la melodía, otro te dice el estribillo y un equipo elige las palabras pensando más en el algoritmo que en el oyente. Allí dejan afuera a los dictados del alma y al proceso íntimo y personal que surge de la necesidad de contar algo. Por eso, creo que es importante hacer un disco que ponga en valor a las canciones y además les dé un vuelo diferente con el aporte de una orquesta sinfónica.
—Imagino que la selección del repertorio para el proyecto te obligó a mirar a tus canciones desde afuera para volver a aprenderlas. En ese sentido, ¿qué puntos de contacto encontraste entre ellas?
—Creo que hay un empeño por cantarle al nosotros. Es algo que define a la canción de autor y que refiere al mundo que nos toca habitar. No es solamente una cuestión política, tiene que ver con ubicarse en el mundo en el que vives, porque tu vida se conecta con la de los demás. Para mí, la canción definitiva es “Te recuerdo, Amanda”, de Víctor Jara, porque es una canción de amor en la que el contexto social interviene en la historia dramática. Esa mezcla entre lo personal y colectivo sigue estando en mi escritura. Y, sobre todo, encontrar en lo cotidiano, como decía Fernando Pessoa, el misterio de lo desconocido. Me interesa seguir ahondando en nuestras pequeñas batallas domésticas, esas que encierran una épica de las que no somos muy conscientes.
—Y otro aspecto clave en tu estilo está en eso que mencionaste al inicio: las “canciones río”. ¿Estás de acuerdo?
—Sí, me gustan mucho ese tipo de canciones que cuentan una historia como la de “Vértigo”. Aunque los “tiempos TikTok” imposibilitan contar cualquier tipo de historia en una canción, me gusta componer letras que no van dos veces por el mismo lugar y que no repiten el estribillo.
—¿Recordás cuál fue la primera canción que te hizo sentir el orgullo de haber cumplido con estás búsquedas?
—Sí, claro. Era “Papá, cuéntame otra vez” y ocurrió una noche en la Facultad de Sociología. Habíamos intervenido el edificio a modo de protesta por la suba de las tasas académicas, y el lugar estaba lleno de estudiantes que acampaban para acompañar la medida. En esa época, yo ni siquiera había empezado a cantar en cafés; solo me animaba a enseñar mis canciones en las guitarreadas con amigos. En el hall había un tipo que se había llevado un equipo de música y cantaba canciones de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, y mis amigos me dijeron: “Oye, sal y canta una tuya”. Me empujaron y, aunque me daba vergüenza, me acerqué al chaval y le pedí que me dejara cantar. Me dejó su lugar, me puse a cantar “Papá, cuéntame otra vez”, y entonces pasó algo superbonito que me sigue poniendo los pelos de punta hasta hoy: el público estaba en otra cosa, pero poco a poco se fue haciendo el silencio y la gente empezó a escuchar la canción. Cuando terminó, se hizo una ovación y mis amigos, que estaban en una de las galerías de la facultad, se asomaron con el medio cuerpo al vacío mirándose a los ojos y preguntándose entre ellos qué ha pasado. No entendían la efervescencia del momento (Se ríe). Fue en ese momento que entendí que alguna de mis canciones podían llegar a emocionar y a conectar con la gente. Fue algo sumamente genuino que identificaba que “Papá, cuéntame otra vez” podía llegar a algo. Nota aquí.
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domingo, marzo 30, 2025
Joaquín Sabina
El zorro no pierde las mañas, Joaquín Sabina tampoco: crónica de su show en Montevideo
El artista español se presentó en Uruguay en el marco de su gira de despedida "Hola y adiós" y reafirmó su afecto por el país.
Su rostro es un mapa de las bifurcaciones que lo convirtieron en este poeta que canta sus versos. Contesta a los aplausos con un “gracias, muy amables”, como si siguiera ganándose la vida en el London Underground y viviendo de prestado. El madrileño por adopción que personifica la definición de Don Juan —sin importar el paso de los años— y cuyas letras lo confirman. Con su bombín signatura y sentado de piernas cruzadas despliega aires elegantes, pero sin perder la osadía.
“Ni rey de los suburbios, ni flor del precipicio. Ni cantante de orquesta, ni el Dylan español”. Pongamos que hablamos, entonces, del trovador de Tirso de Molina.
Joaquín Sabina volvió a presentarse en el Estadio Centenario en la noche de ayer. La última vez había sido en abril de 2023. Con un setlist de 20 canciones, se aseguró de darle a su grupo de devotos —integrado por diferentes generaciones— un recorrido por su carrera. Haciendo alusión a las promesas incumplidas de retirarse en ocasiones anteriores, afirmó que esta es “de verdad” su última gira.
El espíritu de despedida se mantuvo durante las dos horas de espectáculo. En un principio, y pasadas las 21 horas, cuando abrió con el videoclip de “Un último vals”, en el que las apariciones de Joan Manuel Serrat y Ricardo Darín fueron ovacionadas por el público. A continuación, con “Lágrimas de mármol” y “Lo niego todo”, que ambientaron un confesionario a cielo abierto.
Sabina tiene la capacidad de pintar escenas situadas en las calles de Madrid con su voz. Sin embargo, es conocido el vínculo que mantiene con Argentina y Uruguay. Con luces azules tiñendo el escenario, expuso su antología de recuerdos con uruguayos: haber cantado con Zitarrosa en Madrid, las comidas en lo de Eduardo Galeano y las visitas a Mario Benedetti, las menciones a íconos de las letras como Onetti, Idea Vilariño e Ida Vitale, su padrinazgo artístico con Jorge Drexler y la amistad “bastante singular” con Pepe Mujica, al que definió como “el presidente más importante que ha tenido Latinoamérica”. En el medio, coló un “Viva el Uruguay, carajo”.
Volvería con guiños y gestos de afecto hacia el "paisito" en el último tramo del show, cambiando el “muchacha de ojos tristes” por “charrúa de ojos tristes” en “Contigo”, además de cantar “Yo no quiero París con aguacero, ni Pocitos sin ti”.
Con un par de acordes de piano y golpes de batería, cortó con la dulzura y fue directo a “Mentiras piadosas”. El rol de la banda fue haciéndose más visible conforme el show avanzaba. En especial el de Mara Barros, corista y cómplice indiscutida del artista, cuyos fanáticos reconocen e incluso le guardan afecto. Los primeros indicios llegaron con las dificultades técnicas del teleprompter, que comenzó a fallar en “Ahora que...” y que inicialmente solo provocó un par de sonrisas incómodas en el escenario.
“Calle melancolía”, perteneciente a Malas compañías (1980), el segundo álbum del español, sirvió como un regalo de calma y un retorno a los comienzos de su carrera, procedido por dos clásicos:“19 días y 500 noches” y “Quién me ha robado el mes de abril”.
En sus presentaciones, es común que el español aproveche para darle paso a sus compañeros mientras descansa y cambia de vestuario. Sin embargo, la primera pausa fue abrupta. En "Más de cien mentiras", cuando presentaba a su banda, advirtió que no volvería a cantar hasta que se resolvieran los problemas técnicos. Después de unos segundos de incertidumbre en la oscuridad, Mara Barros se adueñó del escenario con "Camas vacías" y Jaime Asúa, guitarrista, siguió con "Pacto entre caballeros". Antes de que finalizara esta última, Joaquín retornó, dejando atrás el saco azul con detalles bordó y sombrero beige para darle paso a una camisa polkadot y el bombín negro. El enojo había quedado atrás para él, y también para sus fanáticos, que aceptaron las disculpas. Nota aquí.
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viernes, marzo 14, 2025
La Mojigata
La Mojigata, Carnaval uruguayo en Buenos Aires
La agrupación abrirá una minigira este viernes en el ND Teatro, para seguir por Mar Del Plata y La Plata con su espectáculo "Sí, pero no".
Tras el crepúsculo de este jueves, la murga uruguaya La Mojigata comenzará su minigira por Buenos Aires bajo el fin de presentar Sí, pero no, el espectáculo que la dejó bien parada en los recientes carnavales montevideanos. La cita es este viernes 14 a las 20.30 en el ND Teatro (Paraguay 918), y Faustino Quadros, uno de sus integrantes, cuenta a Página/12 que la idea es hacer el espectáculo completo “tal y como se vio en los escenarios de carnaval en Uruguay”, asegura él, y da los motivos: “Si bien es posible que puede tener alguna referencia muy específica de la realidad en nuestro país, creemos que la temática del espectáculo es universal y mucho más comprensible aún en un país con el cual nos contamos todo, todo el tiempo, y nos percibimos mutuamente en tiempo real”.
En efecto, la nueva puesta de La Mojigata gira en torno a la idea de las contradicciones y tensiones que atraviesan los pueblos en estos raros días de infoxicación, odio y vertiginosidad sin guarida para las almas. “El espectáculo intenta, más que interpelarnos a nosotros mismos, situarnos como habitantes de un mundo en que cada vez más el peso de las dicotomías en todo lo que vemos, oímos, decimos y aprendemos empiezan a igualar los platos de la balanza”, interviene Joaquín Macedo, otro de los miembros. “El espectáculo pasa también por algunos lugares que podrían parecer comunes como la realidad de la política partidaria del Uruguay”.
-A propósito, ¿con qué grado de esperanza ven el futuro del Uruguay, tras el triunfo de Yamandú Orsi en las últimas elecciones?
Joaquín Macedo: -Siempre que comienza el ejercicio un nuevo gobierno, uno tiene la esperanza de que haya visto las carencias del período anterior y plantee soluciones reales. No hay duda que el pensamiento político partidario de cada uno condiciona y por ahí también pasa un poco nuestro espectáculo, en algún momento.
El paseo bonaerense de La Mojigata, que continúa el sábado en el Centro Asturiano de Mar del Plata (Jujuy 2285), y concluye el domingo en el Teatro Metro de La Plata (Calle 4, entre 51 y 53), tiene como plus el cumpleaños número 25 de la murga surgida hacia el epílogo del milenio. “Pese al paso de los años seguimos siendo una murga joven para carnaval, aunque algunos componentes estén cerca de ser abuelos”, ríe Quadros. “Creo que lo de ser jóvenes tiene que ver con una forma de ver el género como herramienta de comunicación. En ese sentido, siempre vamos a querer que existan y sobrevivan todos los estilos, porque no solo marcan una forma de hacer sino que también hacen a la diversidad de algo tan relevante como explicar artísticamente una idea”.
Es esto lo que de hecho intentó La Mojigata durante los últimos carnavales montevideanos, donde las presencias de la murga no fueron constantes. Desde 2001, cuando debutó en los tablados oficiales, estuvo ausente nueve años, incluyendo el parate pandémico. “Este año volvimos al Carnaval después de cuatro temporadas ausentes, por lo que había cierta expectativa del público cercano y de nosotros mismos. Creemos que, al menos en eso, estuvimos relativamente a la altura”, releva Macedo, acerca de la más reciente participación de la agrupación que hoy incluye 4 mujeres y 13 hombres. “Después, bueno, está el tema económico, porque es extremadamente caro sacar un conjunto en Carnaval”, se inmiscuye Quadros. “El esfuerzo de mucha gente a la que se le paga por la ejecución es enorme, pero nunca coincide con el valor artístico de lo que hace. Eso es impagable. Salvando las distancias y respetando mucho el oficio, es como pagarle a Picasso un cuadro calculando la hora como si me hubiera pintado el techo del baño”. Nota aquí.
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viernes, enero 10, 2025
Alexis Díaz Pimienta
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sábado, octubre 12, 2024
domingo, octubre 06, 2024
domingo, agosto 18, 2024
domingo, diciembre 31, 2023
Tomás Friedmann
Una llamada telefónica con una primicia mundial y la película que la cuenta 50 años después
La voz del periodista uruguayo Tomás Friedmann (73) aparece en "La sociedad de la nieve", que se acaba de estrenar.
En 1972, fue el primero en difundir la lista de los sobrevivientes del accidente del avión de los rugbiers en la cordillera.
Cuenta a Clarín cómo esa noticia marcó su vida.
Una llamada telefónica le puede cambiar la vida a muchas personas. Tomás Friedmann sabe que a él, seguro, no fue a quien más se la cambió esa llamada. Pero medio siglo después vuelve a repetirla como si hubiera sucedido ayer. Como la van a escuchar los espectadores de la recién estrenada “La sociedad de la nieve”. La llamada en la que confirmó los nombres de los 16 sobrevivientes de la tragedia o el milagro, como se prefiera llamarlo, de los Andes.
El 13 de octubre de 1972, un Fairchild F-227 de la Fuerza Aérea Uruguaya se estrelló en la Cordillera de los Andes. En él viajaba un equipo de rugby amateur acompañado por sus familiares. 21 pasajeros murieron en el accidente o los días posteriores. Ocho más, el 29 de octubre en un alud que azotó al fuselaje de la nave, enclavada en la nada absoluta de la cordillera y la nieve. Pero hubo 16 pasajeros que lograron sobrevivir. En la que probablemente sea una de las historias de resiliencia más poderosas que haya vivido un grupo de seres humanos, consiguieron salir cuando ya nadie los buscaba.
La tragedia y el milagro. El instinto de supervivencia y esa comunión en la desolación entre los vivos y los muertos que retrata la película del español Juan Antonio Bayona, el director de "Lo imposible" (basada en otra historia de resiliencia fenomenal del tsunami de Tailandia de 2004). Cuando los jóvenes rugbiers escucharon por la radio que habían cesado los operativos, se dieron cuenta de que tendrían que pelear por sobrevivir. Sin comida, el único alimento posible eran los cuerpos de los fallecidos. Sin rastrillajes, la única salida era caminar hacia el oeste.
Allí llegaron más de dos meses después Fernando "Nando" Parrado y Roberto Canessa. Los encontró un arriero. Al confirmarse la noticia, el impacto mundial fue inmediato. Podría compararse con el “estamos bien los 33" de los mineros de Chile, el rescate de los chicos de la cueva de Tailandia o la odisea de los hermanitos en la selva colombiana.
Pero claro, era 1972 y no había televisión satelital ni internet ni mucho menos redes sociales. Pero claro, estaban, siempre están, los periodistas.
Uno de ellos era Tomás Friedmann, un joven y entusiasta periodista de 22 años de Carve, una de las radios más importantes de Uruguay. Tomás siguió el caso desde el principio, casi por una casualidad. Por cuestiones laborales, había entablado un buen vínculo con Carlos Páez Vilaro, el artista plástico que creó Casapueblo. Nota aquí.
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domingo, mayo 14, 2023
Kevin Johansen & Zurdo Roizner
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viernes, abril 07, 2023
Joaquín Sabina
Un Centenario desesperado por cantar: así fue el regreso de Joaquín Sabina al Uruguay
El cantautor español de 74 años visitó Uruguay en su gira Contra todo pronóstico, semanas después de haber estrenado su documental Sintiéndolo mucho.
Joaquín Sabina vive más en las gradas de un estadio que en un apartamento de Madrid. Su bombín negro se repite a lo largo de la Tribuna Olímpica del Centenario, como lunares en el rostro del público.
Hay jóvenes y viejos. Adolescentes en su primer concierto y fans de bastón. Entre nubes de humo que huelen a tabaco y a vape de frutilla, termina de sonar Contra Todo Pronóstico, la canción que da nombre al tour, y aparece Joaquín Sabina. Con su banda de escudera, un sombrero beige y un saco a rayas, el español toma la guitarra, se sienta en un banco y empieza a tocar Cuando era más joven.
Hoy como caliente, pago mis impuestos, tengo pasaporte
Pero algunas veces pierdo el apetito y no puedo dormir
Y sueño que viajo en uno de esos trenes que iban hacia el norte
Cuando era más joven la vida era dura, distinta y feliz
Dormía de un tirón cada vez que encontraba una cama
Había días que tocaba comer, había noches que no
Fumaba de gorra y sacaba la lengua a las damas
Que andaban del brazo de un tipo que nunca era yo
Termina la canción del disco Juez y parte (1985) y de a poco callan los aplausos. La noche de este sábado 1º de abril es la última en la gira latinoamericana del músico de 74 años.
“Ha sido una gira cortita, pero muy intensa, porque aparte de la caída del escenario, luego vino la pandemia. Imagino que a todos nos ha pasado haber pensado alguna vez durante esos días lúgubres que esto... ya no iba a poder ser, ¡pero ha sido!”, dice Sabina y emociona al público, que cada vez que lo ve teme que sea la última.
“Y hoy también hay una melancolía especial porque llevamos tiempo lejos de casa. Pero, claro, esa melancolía está unida a que aquí, no solo en el escenario, sino en Montevideo y con vosotros en frente, ¡me siento mejor que en casa!”. Sabina había tocado en Montevideo por última vez en 2019 con Joan Manuel Serrat.
El cantautor recita unos versos sobre volver a los escenarios y especialmente a América –un destino "que cura la ansiedad del peregrino" con calles que "perfuman la piel" de sus palabras–, y luego comienza a tocar Sintiéndolo mucho. El tema que compuso con Leiva para el documental de mismo nombre, dirigido por Fernando León de Aranoa (El buen patrón).
El film se exhibió en cines comerciales por unos días en marzo, pero volverá a las salas en el festival de Cinemateca: el martes 11 y el domingo 16 de abril. Además, se encuentra en la plataforma de streaming Star+.
Las canciones más jóvenes de Sabina continúan protagonizando el inicio del concierto, con Lo niego todo y Lágrimas de mármol, intercaladas por un clásico: Mentiras piadosas. Nota aquí.
Publicadas por
Romano
a la/s
6:09 a.m.
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