domingo, junio 13, 2021

Miguel Ríos

 «Si te apropias de frases históricas, te puedes buscar una avería»

Aconsejaba Miguel Ríos (Granada, 1944) bajarse de aquel caballo cabrón llamado Muerte, de doma imposible, con unos cascos “hechos de sangre de hiel”. Ahora, en el tiempo de la covid-19, reventado aquel neón de color rosa que se hacía cargo de las cosas, a los doce años de que alumbrara su última canción inédita y una década después del anuncio de su retiro —aunque este nunca fue definitivo: no han sido pocas las veces que, desde entonces, el granadino ha pisado los escenarios—, el legendario —en este caso, el adjetivo no hiperboliza, y a los hechos remito— rockero patrio publica Un largo tiempo (Altafonte, 2021), un álbum de blues, acústico, libre de emperifollamientos, compuesto por diez piezas en las que cohabitan la memoria, la ironía, la crítica y la poesía, incluida la del gran Ángel González.

Zenda conversa con Ríos sobre Un largo tiempo y, aprovechando la ocasión, cómo no, sobre libros y autores.

—Señor Ríos, ¿qué es lo más inteligente que se puede hacer hoy por hoy, con la que está cayendo?

—Pues no sé. Supongo que seguir vivo, en primer lugar, y seguir cuerdo, a pesar de los pesares.

—¿La victoria del capitalismo sobre la revolución es definitiva?

—Me temo que con la falta de escrúpulos que tiene el capital, y el deseo de ser ricos y consumir que nos han inoculado como paradigma, seguirá alimentándose de los sueños de la gente a la que explota. Así será difícil cualquier revolución, a no ser que el planeta no dé para más. Pero por lo que estamos tan jodidos es por la falta de evolución.

—¿La izquierda le ha servido, en bandeja de plata, a la derecha la palabra “libertad”?

—No, se la han apropiado sin más. Además, la última bandeja era de oro, el vil metal de Donald Trump.

—Quienes pretendían en España asaltar los cielos, ¿han acabado como conserjes de san Pedro?

—Si te apropias de frases históricas, te puedes buscar una avería. Afortunadamente, ni el Cielo ni el Infierno son lo que eran, y san Pedro sólo fue el primer negacionista. Nota aquí.



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