"Sacarte de encima todas las ideas con las que crecimos las mujeres no es fácil"
Tras el estreno de En el barro 2, la actriz enfrenta los claroscuros de un personaje incómodo y cuenta cómo lo construyó desde adentro: “Sé lo que es estar en un lugar y querer pasar desapercibida”, asegura. Además, reflexiona sobre el deseo, la exposición y el peso de los prejuicios, y habla del desafío de trabajar con su familia. Una charla sin rejas ni tabúes, mano a mano con EPU.
Helena es un fantasma. Pero en este caso no usa una sábana para disfrazarse, como cuando éramos chicos, sino un blanco guardapolvo de maestra. Su historia se irá descubriendo en La Quebrada, desmontando cada pliegue como un origami que se desarma.
Helena, la nueva reclusa de esta segunda temporada de En el barro, está interpretada por Julieta Ortega, una actriz que maneja el raro arte de la sutileza. Puede ser feroz sin gritar, conmovernos con solo mirar a cámara y recordarnos que nos acompaña desde siempre con personajes como los que hizo en Graduados, Disputas o Un gallo para Esculapio.Seguramente, Helena también ocupará un lugar en nuestra memoria, deslizándose callada entre los pasillos de una cárcel regenteada por la Borges de Ana Garibaldi, la Zurda de Lorena Vega, la Nicole de Eugenia Suárez, la Solita de Camila Peralta o la Gringa Casares de Vero Llinás.
– "En el barro" retoma la tradición del cine carcelario con mujeres hecho en los 80 y los 90. ¿Viste alguna de esas películas para acercarte al personaje?
–No, vi los primeros capítulos de El marginal que dirigió mi hermano Luis, en la primera temporada. Pero me acuerdo de esas películas que decís, yo era chica, me quedaron en la memoria los afiches que veía en la calle; el de Atrapadas,por ejemplo. Eran películas no aptas para menores pero siempre se rumoreaba que había escenas de sexo, y no solo eso sino de ¡sexo entre mujeres! (se ríe).
En su momento no tenía edad para verlas y después tampoco lo hice de grande. Ahora no las tuve en mi cabeza porque Helena, mi personaje, en realidad no pertenece naturalmente a ese mundo de La Quebrada, está un poquito al margen y entra en la cárcel como en las sombras, con un perfil muy bajo, es como un sobrecito que se va abriendo con el correr de los capítulos. ¿Sabés qué tuve en mente? Los casos de maestras que fueron presas por estar con alumnos.
–Algo que acá está más silenciado pero en otros lados ha sido objeto de infinidad de notas. Incluso de películas, como la última de Todd Haynes, "Secretos de un escándalo".
–¡Exacto! Supongo que en la Argentina debe de haber casos, pero los más resonantes sucedieron en los Estados Unidos. Si vos buscás en YouTube está lleno de material. Vi muchas entrevistas a esas mujeres. Algunas de ellas aparecen junto a quienes fueron sus alumnos y hoy son sus parejas; incluso terminaron casadas y tuvieron hijos con esos estudiantes que, en su momento, eran menores de edad. Al principio sabés muy poco de mi personaje, parece como de otra especie.
En los primeros capítulos, Helena no quiere hablar ni llamar la atención, no quiere que le pregunten quién es el padre del hijo ni decir por qué está ahí. Inferimos que fue maestra, sigue dando clases y le enseña a leer y a escribir a Rocky, el personaje de Locomotora Oliveras. Pero nadie sabe a ciencia cierta cómo está en el pabellón de familia, un poquito protegida por estas otras madres, hasta que ese castillo se le empieza a venir encima porque alguien le corre el telón a su historia. Yo me acerqué también desde ahí al personaje, porque sé lo que es estar en un lugar y querer pasar desapercibida, como si fueras una sombra. Nota aquí.

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