sábado, febrero 21, 2026

Félix Maraña

 SALAMANCA, SEDE, CULTURA Y PALANCA

Ciudad con dos catedrales
y memoria centenaria,
sedes de universitaria
vocación de universales
ideas, luces, modales
de ciencia y de pensamiento.
Aula civil y convento,
con Victoria, con Nebrija,
de la Europa, madre e hija
y del futuro, alimento.
Luis de León, Unamuno,
Teresa y Juan de la Cruz
dieron a esta tierra luz
y vates como ninguno,
voces juglares que aúno
en el relato y mixtura
de la gran asignatura
que da nombre, timbre y gloria,
a lecciones de la historia
por su primogenitura.
Por eso vive y perdura,
a pesar de los pesares.
Otros templos similares
de universo y de cultura
se proponen esta altura
para su meta y modelo,
la libertad, como anhelo,
por fin, la sabiduría.
Salamanca lo tenía
entre la tierra y el cielo.
A Salamanca dio gloria,
entre prodigiosas mentes,
por su Derecho de Gentes,
don Tomás Luis de Vitoria.
Queda inscrita su memoria
en las fuentes del Derecho
Natural, Renacimiento,
salto de la Humanidad.
Para el indio, la igualdad,
de la paz, su fundamento.
Pícaros y disconformes,
modelos de Lazarillo,
un vividor algo pillo
que tomó nombre del Tormes.
Torres muy cultas, enormes,
cátedras de lengua y ciencia,
valores de la conciencia,
del esfuerzo y el trabajo.
Campanas que en su badajo
timbran rimas de excelencia.
Piedras de Villamayor,
donde peritos canteros,
en fachadas y luceros,
en las plazas, con fervor,
han forrado de esplendor
a toda la casería,
luciendo de noche y día
su arenisca, santo y seña
de su cantera y su peña,
de su honorable hidalguía.



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