El gran Khan se despide de Marco Polo
salúdale en mi idioma y con mis sellos.
Dile que te acogimos como hermano,
que mis sabios te enseñaron mil prodigios
que él no puede imaginarse ni en los sueños.
Habla de nuestras ciudades fabulosas.
Y de las cantos bellísimos y danzas
que endulzaron muchas noches tu nostalgia.
Cuenta que nuestros dioses son amables,
vienen del mismo cielo que los vuestros,
y dile que ellos son benevolentes
y que tienen piedad del hombre justo.
Mas no le hables demasiado de los oros,
ni de gemas ni de las piedras preciosas,
que viste en nuestros templos y palacios.
Si lo quieres, menciona de pasada
las riquísimas sedas, las especias,
la canela y el clavo o la pimienta.
Todo ello estará a vuestro servicio,
hacen la vida fácil y dichosa.
Mas sé prudente. Sabemos que a los hombres
los destruye la ambición y la avaricia.
Confiamos en ti. No cuentes todo.
Recuerda, amigo, lo que siempre te he enseñado:
La riqueza está solo en el espíritu.
Y no hay nada más hermoso que aprender
a llamar querido hermano al extranjero.

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