miércoles, febrero 26, 2025

Guillermo Arengo

"Me interesó hablar de la decepción como goce"

En la obra que se ve en Espacio Callejón un padre se reencuentra con el hijo al que diez años antes expulsó de la casa.

Actor, director y dramaturgo, Guillermo Arengo suele poblar sus obras con personajes que remiten a infancias desprotegidas. Y aunque pueden entreverse núcleos familiares débiles en sus textos, es la irrupción del delirio surreal o el absurdo lo que distancia a estas obras del ya clásico planteo teatral de la familia disfuncional. La fuerza de la imaginación y el poder de la naturaleza, por otra parte, también son recurrentes en el autor de Una familia dentro de la nieve y de la recientemente estrenada El cuento de Beto, bajo su propia dirección, en el Espacio Callejón, de Humahuaca 3759 (miércoles a las 20.30).

En medio de viejas tensiones nunca resueltas se produce el reencuentro de un padre con el hijo que diez años atrás expulsó de la casa. En el contraste que establecen los dichos de uno y de otro se cuela, inevitablemente, el efecto humorístico. En notable contrapunto, Guillermo Aragonés, un padre eternamente decepcionado, y Hernán Melazzi, un hijo que nunca está a la altura de la circunstancia, retoman una relación signada por la asimetría que marca aquel que se lamenta de la insignificancia del otro.

Pero en la letanía de la queja, por obra de la repetición, se aprecia en el padre un cierto deleite. “Me interesó hablar de la decepción como goce”, cuenta Arengo sobre algo que dice reconocer en la realidad. Es por esto que el soliloquio del padre (porque en realidad no establece un diálogo con el hijo) Arengo dice haberlo escrito en forma espiralada. Es así que dos estados se potencian: el del que se siente decepcionado y el del que se sabe decepcionante.

Una vez que aparece un aspecto positivo en la despiadada evaluación de los desempeños del hijo, ahí entonces surge la posibilidad de aprovechar su poder de imaginación en la producción literaria. Allí se suma el personaje de la Editora Independiente, a cargo de Rocío Peralta, quien corporiza un fantasma literario; “un personaje pirandelliano”, según observa el autor. Aportan rasgos extrañantes a este paisaje teatral la escenografía de Luciana Quartaruolo, la iluminación de Ricardo Sica y la música de Adela Arengo Vallina. Nota aquí.



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