domingo, abril 12, 2026

Eduardo Mendoza

 “España está menos crispada que en las tertulias televisivas y en las columnas de los epígonos de Umbral”

El autor de ‘La ciudad de los prodigios’ mantiene una charla tranquila sobre la vida, el humor, sus libros y la distinta tensión política en Madrid y en el resto de España. Con su nueva novela, titulada ‘La intriga del funeral inconveniente’, vuelve la diversión

El mejor mostacho de las letras españolas cita en un restaurante del Ensanche barcelonés. Llega pronto. Detrás de ese bigote asoma la sonrisa de Eduardo Mendoza. Es una sonrisa tímida, elegante y sobre todo irónica, como su literatura.

“No empieces un libro si el resultado no es incierto”, le dijo una vez Juan Benet a un joven Mendoza. No empieces una entrevista si el resultado no es incierto:

—¿No está por aquí su primer colegio, las monjas del Loreto?

—Justo ahí. Qué desastre: rezar, leer y escribir desde los tres años. Al menos las monjas no pegaban. Después fui a los Maristas: allí sí que sacudían bien.

—De los maristas salió usted anarquista, trotskista y existencialista. “Llevaba el pelo revuelto y lucía un fiero bigote”, ha dicho alguna vez. “Era ignorante, inexperto y pretencioso”, se describía con el látigo de seda del autorreproche. El bigote sigue ahí.

—Un tonto. Quiero pensar que fui perdiendo la tontería y todos esos carnés por el camino, y sin embargo no he renunciado a los principios de aquella época. Hice un par de viajes por el Este para ver el comunismo. Aquello no era una novela de John Le Carré, pero había educación y sanidad, nadie pasaba hambre ni frío, tenían jardines y teatros. En fin, los ideales: yo estaba equivocado, pero no completamente equivocado. Hoy no es que vea muchos ideales en nuestro desorden. Y nunca he renunciado a cierta mirada: no soy un converso, como alguno de mi generación.

“Desde niño siempre había querido escribir, que no es lo mismo que ser escritor. Tengo un amigo a quien le gustaba el fútbol; se hizo cronista deportivo y acabó aborreciéndolo. Eso pasa cuando lo que te encanta empieza a coger un barniz profesional, con sus deberes y obligaciones”. Mendoza habla igual que escribe: escucharle le limpia a uno la mirada. Nota aquí.



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