DON QUIJOTE EN BARCELONA
Tras larga cabalgadura,
a mi señor don Quijote,
le sobrevivo un rebrote:
recuperó la cordura,
tornándose la aventura
al llegar a Barcelona,
momento en que reflexiona
y reflexiona en posada,
volviendo a una razonada
paz que por amor condona.
Tal vez las aguas de mayo,
o el recuerdo de su amada
pero en aquesta jornada
la cordura fue el ensayo
que le propició el ayo
de rostro mediterráneo.
Mi señor despeja el cráneo
y decide posponer
los asuntos de comer
ante su estado espontáneo.

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