VIDA
Llevamos pequeñas cargas a la espalda.
Mochilas con distinto color y peso.
Maneras de habitar un mundo.
Sueños, anhelos.
Triciclos destartalados, maltrechos por el camino.
Sudarios polvorientos con restos de naufragios.
El tiempo apuntala los huecos del silencio.
Desarma el presente los párpados cansados.
Y es que, algunas veces, la luz disipa el brillo de los árboles.
No suena ya el viento que huye hacia el norte.
Y queda el vértigo de los días sin noches gastadas de llanto.
Abrazo el dolor que trepa por la enredadera para calmar la sed.
Esa sed de vida.
Un refugio para reponer fuerzas.
Una bitácora para corregir el rumbo.
Lloro y sonrío para honrar la memoria.
Vivo
y muere la sombra en mitad del abismo.
Agazapada,
la voz suena distinta,
más profunda y distante.
No hay tregua.
Hay vida.

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