martes, agosto 18, 2026

Rubén Blades

 Rubén Blades: ritmo y sabor con compromiso

En esta nueva visita el show del cantautor panameño privilegió los clásicos y adquirió un matiz notoriamente político. En “Patria” modificó la letra y dijo: “¡Las Malvinas son argentinas!”. Y la gente contestó con el último hit popular: “La patria no se vende...”

Si algo le sobra a Rubén Blades, además del poder de la elocuencia, son canciones. Algunas de ellas se transformaron en himnos de la música popular latinoamericana, otras se volvieron éxitos en esos años en los que la radio servía para influir y también tiene un montón de temas románticos que paulatinamente fue descartando de sus actuaciones. Si acaso dejó “Paula C”, que en realidad versa sobre el desamor. Es por eso que al momento de hacer el bis podía despedirse con algo generoso, entrador, amable y bien descriptivo como “Buscando guayaba”, justo de los tiempos en los que el salsero panameño salía con Paula Campbell (la famosa “Paula C”). Sin embargo, en su vuelta a Buenos Aires, en la noche del domingo, se atrevió a rematar su show con una de sus creaciones complejas.

“Patria” es quizá su composición más minimalista, firmada junto a la banda Son del Solar en 1988, donde una línea ensimismada de bajo y esas congas que hablan en clave recrean musicalmente la sensación de vacío que deja la inmigración. Potenciando, a su vez, el relato. Aunque no forma parte de la letra, en su interpretación en el Movistar Arena, a manera de estocada, el artista improvisó: “¡Las Malvinas son argentinas!”. Lo que desató una de las arengas recitaleras fijas desde que los Milei llegaron a Casa Rosada: “La patria no se vende”. Mientras los hermanos hacen oídos sordos al clamor popular, ese estadio atiborrado buscaba consuelo. Y esos argentinos indignados se mezclaron durante tres horas de performance con venezolanos, colombianos y peruanos que fueron en busca un poco de esperanza sazonada.

Hace tres años, en su anterior paso por la capital argentina, el show puso el foco en la fructífera sociedad entre Blades y la orquesta de su compatriota Roberto Delgado (bajista y director del conjunto), a partir de los discos que consumaron en 2021 (Swing! y Salsa plus), con los que el cantante y compositor se probó como crooner. No obstante, en esta reincidencia en los tablados porteños, la propuesta adquirió un matiz notoriamente político, con la inmigración haciendo las veces de apéndice. Eso se debió en buena medida a los temas seleccionados, respaldados por la perorata justa y un carisma arrollador. De todas formas, la razón que los trajo hasta acá es la actual gira que se encuentran encarando, traccionada por el flamante disco que grabaron una vez más en complicidad: Fotografías, publicado en febrero de 2025.

Recién se metieron con este último material en la segunda mitad del espectáculo, abriéndose paso desde que el juglar irrumpió en el escenario con una seguidilla de clásicos manufacturados entre los años 70 y 80. Comenzaron con “Plástico” y “Pablo Pueblo”, originarios de la etapa en la que hizo tándem con Willie Colón. Para luego adentrarse en su periodo solista, que abrió con “Ojos de perro azul” (basado en el homónimo cuento de Gabriel García Márquez), que introdujo anécdota mediante: “Los salseros me decían que eso no era salsa y los intelectuales me acusaban de haber destruido los cuentos de García Márquez”. Siguiendo con “Desapariciones”, especie de reggae que en la Argentina Los Fabulosos Cadillacs convirtieron en un guiño a la salsa.

Amén de recordar que la tocó en su debut local, en 1983, compartiendo fecha con Los Abuelos de la Nada, el músico explicó por qué sigue revisitando en sus recitales canciones inspiradas en situaciones que hoy son parte de la historia: “Hay que tocarlas para que nadie se olvide”. La salvedad etaria se produjo, acto seguido, de la mano de una de sus composiciones de este siglo: “País portátil”, son montuno transformado en salsa con la colaboración de Roberto Delgado. Se trató de uno de los pasajes en el que esta simbiosis istmeña evidenció su buena química, tal como sucedió a continuación con “Prohibido olvidar”, en el que el clímax interpretativo tuvo al pianista Juan Berna en calidad de protagonista. Mientras que el timbalero Ademir Berrocal desató su explosiva descarga en “Cuentas del alma”.

A propósito del temazo del disco Escenas (1985), no deja de ser sorprendente cómo una canción confeccionada inicialmente por los Seis del Solar, lo más parecido a un súpergrupo de jazz, consiguió ser adaptada por una orquesta de 20 músicos, sin que perdiera su esencia. Algo similar a lo que pasó con la apropiación de “Arayué”, composición que Blades le cedió al salsero nuyorricano Ray Barreto en 1980, y que con Roberto Delgado y esa orquesta loca por las big bands puso énfasis en esa sección de metales fascinada por el swing (13 integrantes en total). Ni hablar de la ya mencionada “Paula C”, que testimonió aquel ocaso de los 70 en el que la salsa flirteó con la bossa nova. Ver a ese colectivo en acción, con Blades maraqueando en una esquina en señal de respeto, ponía los pelos de punta o invitaba al baile.

Hubo mención para Willie Colón, compañero de fórmula con el que confeccionó esas canciones que instalaron al panameño en el imaginario latinoamericano, y quien falleció en febrero pasado. Fue invocado en la presentación de “Ligia Elena”, “El cantante” (popularizada por Héctor Lavoe) y “María Lionza”, cuyo principio tuvo una definición cercana a la cumbia altiplánica. Pero no hubo homenaje para el que institucionalizó en la salsa la calle y sus historias. El que sí recibió varias loas fue Charly García, que lo vistió en la previa, y se quedó para disfrutar de “Decisiones”, “Amor y control” y “Todos vuelven”. Esta última apoyada en las visuales para una suerte de In Memoriam que recordó a los salseros fallecidos, a los que se sumaron luego músicos e intelectuales icónicos argentinos. Entre ellos el Indio Solari.

Del disco Fotografías, constituido por un híbrido entre temas hechos para la ocasión y repasos de clásicos ajenos, se eligieron las composiciones propias: las salsas “Emigrantes” y “La barricada”. Antes del final, el artista, que a sus 78 años sigue haciendo gala de una voz prodigiosa y de una lucidez comprometida con la época, avisó que éste sería su “penúltimo” recital porque en 2027 regresará como parte del tour con el que se alejará definitivamente de las actuaciones en vivo. Lo que dio pie a un desenlace con artillería pesada de su cancionero. Empezando por “Juan Pachanga”, escoltada por “Maestra vida” (título de su homónima ópera salsera) y liquidada por su obra maestra “Pedro Navaja”. Cerrando minutos después el bis con “Buscando América”, muestra de que las utopías aún viven. Nota aquí.



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