lunes, agosto 10, 2026

Cándido López Duque

Cándido López Duque, restaurador: "Tengo 93 años y cotizo desde 1947, trabajaré en el mesón hasta que el Señor me llame"

El mesón de Cándido es una institución. El dueño, Alberto Cándido, no se jubila y con él LOC inicia esta serie sobre gente que no se quiere jubilar.

En el mesón Cándido de Segovia, la familia que lo regenta no se sienta a comer hasta que se marcha el último cliente. A veces son las cuatro y media de la tarde; otras, las cinco. Si el servicio se alarga, incluso las siete. "Nosotros comemos después de que el público se vaya del establecimiento", explica Don Alberto Cándido López Duque -el Cándido II de la saga-, sentado junto a su mujer, su hijo Cándido y su nieto, también Cándido. Es una rutina que mantiene desde que empezó a trabajar y que no ha cambiado ni siquiera ahora, cuando ya ha cumplido 93 años.

Mientras muchos esperan con ganas la jubilación, él sigue al frente del negocio familiar y continúa dado de alta en la Seguridad Social. "Yo estoy cotizando desde el año 1947."

Entró en la empresa siendo un adolescente, cuando el relevo generacional era casi una tradición. Todavía recuerda el consejo que le dio su padre el día que decidió quedarse en la hostelería. "Me dijo: 'Mira, hijo, si has decidido la hostelería, es muy bonita, te pide mucho trabajo, pero también te da muchísimas satisfacciones'. Mi madre echó una lagrimita. Quizá quería que hubiera sido médico o arquitecto."

Aquella decisión lo convirtió en el heredero de un lugar único cuya historia se remonta a finales del siglo XVIII. Pero cuando se le pregunta por qué sigue trabajando, la respuesta no tiene que ver con el apellido ni con el negocio. "El lunes pasado no vine a trabajar. Llegué a casa y dije: '¿Y ahora qué hago? ¿Qué tengo yo que hacer? Si me aburro'. No, no, no. Yo tengo que venir al mesón. Todo el día a trabajar. Y no me aburro."

Su mujer, Angelines, comparte esa misma filosofía. También tiene 93 años y continúa vinculada a la empresa. "Mi señora está en el hotel por la mañana y luego viene aquí conmigo. Si tú estás en un establecimiento y tu mujer está en tu casa todo el día... No puede ser, porque no nos vemos. Así nos juntamos pero no estamos todo el día en casa encerrados."

Para Cándido, jubilarse ni siquiera entra en sus planes. "Yo estaré hasta que me diga el Señor que está ahí arriba del todo que me suba con él. Mientras tanto, estaré aquí todos los días. En el mesón, en el hotel y en el catering. Para darle buenos ejemplos a mis hijos."

Le sorprende que tantas conversaciones giren alrededor del retiro. "En España la gente solamente está pensando en la jubilación. ¿Pero qué va a ser esto? ¿De dónde va a salir para tanto?"

Su historia también es la de una empresa familiar que ha ido creciendo con el paso de las generaciones. "Mi bisabuelo lo compró en 1896. Ya estaba abierto desde 1786, era una tabernita pequeñita. Luego siguió mi abuelo. Después mi padre con mi madre, que fueron los precursores del cochinillo asado. Luego fuimos comprando las casas de alrededo hasta lo que hemos conseguido."

Hoy trabajan más de un centenar de personas entre el mesón, el hotel y el resto de negocios familiares. Son nóminas fijas. "El personal nos quiere muchísimo. Somos una gran familia, de verdad, no lo digo por decir".

Esa cercanía no significa que los hijos o los nietos tengan privilegios. La empresa cuenta con un protocolo para regular la incorporación de las nuevas generaciones y limitar incluso sus salarios. "La familia es la familia, pero el funcionamiento del negocio es el funcionamiento del negocio."

Después de casi ocho décadas como empresario, también observa con preocupación cómo ha cambiado el sector. Le inquieta la dificultad para encontrar profesionales y sostiene que dirigir una empresa resulta cada vez más complicado. "Parece que los empresarios somos mala gente", lamenta. Y añade: "La presión que tenemos ahora mismo, no solamente a nivel fiscal y administrativo... Todos los días, cosas nuevas."

Aun así, hace balance positivo "Hemos tenido que luchar muchísimo. Con los bancos, con las administraciones, con los permisos... Pero ha sido una maravilla nuestra vida de luchar y de tener las grandes satisfacciones que hemos tenido y que seguimos teniendo."

Antes de despedirse recuerda sin titubear el día exacto en que ingresó en la Escuela de Comercio de Valladolid. Cuenta que estudió francés, inglés y alemán, que aprendió unas palabras de japonés y de chino para recibir a algunos clientes cuando parte el cochinillo.

Viajar también formó parte de su aprendizaje. "He viajado mucho. Mi padre quería que viajáramos y viéramos el mundo.".Nota aquí.




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