domingo, marzo 17, 2024

Rodolfo Serrano

 Todo pasó

Son destellos gloriosos de algunos viejos días.
Me cruzan la mirada y acarician el aire,
como una suave brisa de azul y primavera.
Lindas, bellas muchachas tan lejanas, que pasan
a mi lado, sin verme, con sus alas de ángel
y esa risa que salta los abismos del tiempo.
Las calles son los mares de este Ulises que vuelve
a la perdida Ítaca, después de amar a Circe
y de ser derrotado en el lecho y la guerra.
Soy invisible, ellas ni siquiera me miran,
atraviesan mi cuerpo y se van en la niebla
de estos días azules y este sol de la infancia.
No volveré ya nunca a sentir por mis dedos
ese roce divino de la piel de las hadas.
Ese estremecimiento que habitaba mi carne.
Ahora ya, en la tristeza que viene cada noche
y se acuesta en mi cama, solo tengo el recuerdo,
la nostalgia perdida en un larguísimo invierno.
(Y dejo que el reloj se me pare en tu nombre,
mientras lejos, muy lejos, florecen los almendros).
Foto de Raul Cancio



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