En Paternal, la puesta en valor y reapertura de una pizzería de 73 años emblemática del barrio: pizza al molde y cocina de bodegón
Yatasto es un clásico que frecuentaban los hinchas de Argentinos Juniors antes o después de los partidos.
Durante casi un año se restauró su estética original con los detalles de toda la vida que son parte de su identidad.
Como Burgio en Belgrano, La Casa Blanca de Habana en Villa Pueyrredón o el reciente Antonito en Boedo, Yatasto se suma a la lista de pizzerías porteñas que volvieron a encender el horno después de años de cierre. El clásico de Paternal reabrió sus puertas con una renovación que respeta su historia y la pone en valor.
La economía ayuda a que se produzca este fenómeno. Salir a comer una pizza sigue siendo una de esas salidas que todavía nos podemos dar. Quizás por eso estas reaperturas encuentran tan buen clima. A eso se suma otra tendencia, la reivindicación de la pizza porteña de toda la vida, esa masa alta y esponjosa, con poca salsa y mucho queso.
Yatasto tiene historia de sobra. Abrió en 1953 y durante años fue el lugar adonde iban los hinchas de Argentinos Juniors a comer antes o después de los partidos en La Paternal. Ese peso simbólico es el que detectaron los emprendedores gastronómicos que hoy apuestan por devolverle vida al local, con todo lo que eso implica.
La historia de Yatasto
Yatasto abrió en 1953 y ya su nombre tiene una historia detrás. "Fueron dos matrimonios los que abrieron el local a partir de una carrera ganada del caballo Yatasto". En el ambiente del turf se lo considera como el mejor de su época: debutó en el año 1951 y ganó 22 de las 24 carreras que disputó.
No duró mucho la sociedad: las diferencias entre los socios terminaron con el local en venta. A principios de los 70 lo compró un grupo de cuatro socios, entre ellos Enrique Vidal, que terminó quedándose con Yatasto casi por descarte. Enrique, que hoy tiene 87 años y sigue siendo dueño de la propiedad, trabajó este negocio hasta 2014.
Durante su gestión, el local era un lugar donde cabía todo el mundo. "Comía el obrero, comía el administrativo, comía el gerente". Y la pizza siempre fue la misma: "media masa, mucho queso".
Después vino la decadencia. Enrique vendió el fondo de comercio, el local pasó por varias manos y fue manejado por un empleado. "Este muchacho destruyó prácticamente lo destruyó entre intervenciones estéticas que no ayudaban a nada, falta de mantenimiento y una impronta muy poco profesional".
Once meses duró la obra, y no fueron fáciles. El local estaba en un estado tan crítico que no quedó otra que ir al hueso: "No funcionaba ninguna heladera, no funcionaba la extracción, no funcionaba la cañería, no funcionaba la cafetera, no funcionaba nada". Todo lo que está detrás del mostrador se demolió y se rehízo desde cero, desde los baños hasta el tablero eléctrico, el agua y el desagüe.
Con todo eso, la idea no era borrar la historia sino rescatarla. El piso original se mantuvo para no perder la identidad del lugar. La demora, se ríen, tuvo que ver con "un arquitecto lento, la dificultad de llevar a cabo proyectos en funcionamiento y una mudanza".
Hoy Yatasto llama la atención para todo aquel que pase por la esquina de la avenida San Martín y Alvarez Jonte. De noche, el neón artístico con su nombre convoca. Adentro su salón luce luminoso, ordenado, con mesas de madera y fórmica y sillas Thonet de color claro. La heladera restaurada aporta luz, la pizarra negra de ranuras y letras blancas intercambiables anuncia el menú del lugar. Nota aquí.



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