lunes, junio 01, 2026

Ismael Serrano

 "Me enerva que la izquierda olvide que la patria también es el bar, el pueblo de tu padre, la verbena y que te emocione una procesión"

El último cantautor político está desencantado con la situación actual y ha atemperado el tono, pero no renuncia a sus principios: "El pesimismo es una herramienta para desmovilizar y enfrentarnos. Toca militar en el optimismo"

A mediados de los 90, crecía el rumor en la Universidad Complutense de Madrid de que, en el césped entre las facultades de Físicas, Químicas y Matemáticas, un chaval congregaba cada vez más gente a su alrededor cuando tocaba. Como novio entonces de una futura física y alguien que aprendió únicamente el More than words de Extreme con las mismas intenciones, recuerdo menospreciarlo: "Otro que saca la guitarrita para ligar". Pero no. Al poco tiempo, Ismael Serrano (Madrid, 1974) se convirtió en estrella con ese Papá, cuéntame otra vez que fue uno de los primeros reproches a la generación que hizo la Transición. Hoy, es un tipo de mediana edad, amable y tranquilo, que ha atemperado el tono, pero no ha renunciado a sus principios. Hasta el 28 de junio, residirá en el teatro Infanta Isabel madrileño con Golpe a golpe, verso a verso, donde es actor y cantante, metiéndose en la piel y en la música de Antonio Machado y Joan Manuel Serrat.

No hay muchas personas que representen mejor a España que ellos dos.

Así es. Son referencias que han ido apareciendo en mi vida desde hace tiempo. Mi padre es un apasionado de Machado y cuando monté mi editorial, Hoy es siempre, la llamé así en referencia a la frase de Machado y uno de los primeros libros que saqué fueron sus textos políticos. Incluso, Feijóo le atribuyó a Machado un texto mío en plena investidura de Sánchez. Y Serrat es una referencia para mí ineludible. Crecí con su música y descubrí la poesía de Machado escuchándole. Yo empecé un poco así, poniendo música a los libros de poesía que había por casa, sobre todo de la editorial Losada, que tenía a Miguel Hernández, Pablo Neruda...

Antonio Machado era progresista, pero nada radical. Siempre pensó en España y, sin embargo, murió en el exilio. Pocos ejemplos mejores de la barbarie de la Guerra Civil y el franquismo.

Es verdad lo que tú dices. Era un hombre de paz progresista que defendía la República porque defendía la modernidad que conllevaba, no tanto por cuestiones ideológicas como sociales. Su gran drama de Machado es la relación con su hermano Manuel, que, hay un consenso entre los estudiosos, se suma al franquismo por una cuestión de supervivencia. Manuel Machado celebra la llegada de la República, pasa una noche en la cárcel de Burgos al inicio de la guerra, le sacan por los contactos de su mujer y acaba haciendo loas a Franco. Eso le rompe el corazón a Antonio. Le mata de pena la situación de España, ver cómo se trunca la posibilidad de progreso con la Guerra Civil y, sobre todo, ver a su hermano haciendo soflamas animando al bando golpista. Los Machado representan muy bien eso a lo que el propio Antonio pone nombre: las dos Españas.

Serrat también es un caso curioso: figura clave para la democracia al que han llegado a llamar facha desde el independentismo.

Me parece que no se ha valorado suficientemente la contribución de Serrat y cómo se jugó el tipo en un momento en el que te la jugabas de verdad. No solamente en España, también en Latinoamérica. Era jodido pronunciarse como lo hacía él, que era persona non grata en Chile y Argentina por su compromiso con las víctimas de la dictadura de Pinochet y con las madres de la Plaza de Mayo. No era un contexto como el de ahora, las consecuencias de posicionarse eran otras mucho más peligrosas. Hasta el hecho de querer cantar en catalán pudo truncar su carrera, ya no era sólo una cuestión de amenaza física. Fue muy valiente, padeció la censura, le cambiaron letras y declararon muchos de sus discos no radiables. Discutir el compromiso de Serrat es una insensatez.

Seguramente seas el último cantautor político. ¿Por qué ha desaparecido la canción protesta?

Porque se ha caricaturizado y se ha estigmatizado. No se veía con buenos ojos el hecho de que un cantautor se pronunciase políticamente, se impuso hegemónicamente una música que invitaba a la evasión y todo lo que supusiera una reflexión en profundidad o una crítica política era mirado como algo anacrónico. Ha sido injusto y, en menor medida quizás, le pasa también al cine. La industria musical se ha ido por otro lado, la radio ha dejado de ser plural y la gente rehúye el término cantautor porque piensa que no le van a contratar en festivales.

Tú lo has abrazado y te has tomado con humor tu propio personaje.

Yo lo reivindico. Por un lado, me he reído de él, pero también para apropiármelo y resignificarlo. Creo que el legado de la canción de autor lo merece porque es un prejuicio absurdo y que no hace justicia a la maravillosa tradición de este país y a las canciones que se han hecho. Punto. No sé, igual también es víctima de la batalla cultural en que vivimos. Pronunciarse políticamente a la izquierda cuando te va bien es visto como un ejercicio de impostura y hay un sobreanálisis permanente hacia quien lo hace. Tienes que mostrar no ya solamente lo que piensas, sino un nivel de coherencia que no se le exige a cualquier otro.

El viejo cliché de la izquierda caviar.

Sí, por ejemplo. Hay una exigencia hacia la izquierda que, de cara a los jóvenes, intenta estigmatizarla: "Muy rojo, pero qué bien vives, ¿no?". Desde la derecha, se intenta desautorizar y ridiculizar permanentemente a la persona comprometida. Es una tradición que forma parte de la batalla cultural, como si ser consciente de tus privilegios te inhabilitara para preocuparte por el resto. Se exige una pureza inalcanzable incluso, todo hay que decirlo, desde ciertos sectores de la propia izquierda. Forma parte del sectarismo general que existe en este país.

¿Va a más la división?

El algoritmo no ayuda porque te ofrece sólo cosas que tienen que ver con tus hábitos de escucha, de visualización y de lectura, con lo cual alimenta tus prejuicios y te impide desarrollarte en la sana tarea de escuchar cosas diferentes política y culturalmente. Por ejemplo, en la música genera posiciones hegemónicas de ciertos géneros con los que es muy difícil competir. El algoritmo crea comunidades de gente con gustos afines, pero muy, muy, muy cerradas. Y eso pasa también en política porque alimenta tu sesgo de confirmación, genera falsos consensos y cámaras de eco y no te educa para hablar con gente que piensa de forma diferente. Nota aquí.



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