Cómo es Salón 1923, el bar de cócteles oculto en la cima del Palacio Barolo que te transporta a los años 20
En uno de los edificios más imponentes y poéticos de Buenos Aires se esconde un rooftop que invita a viajar en el tiempo. Vistas panorámicas hacia el Obelisco y el Congreso, jazz de fondo, coctelería de autor y el privilegio de brindar junto al único faro de la Ciudad. Todos los detalles de esta experiencia imperdible.
Enclavado en la histórica Avenida de Mayo al 1370, a escasos metros del Congreso de la Nación, se erige el icónico Palacio Barolo. Esta joya arquitectónica no es un edificio más en la inmensidad porteña: es una obra que le rinde culto directo a La Divina Comedia de Dante Alighieri y que, al igual que el poema, divide su estructura conceptualmente en Infierno, Purgatorio y Paraíso. Y es en el anhelado Paraíso donde se encuentra Salón 1923.
Este exclusivo bar de cócteles inaugurado en 2019 llegó para completar el sueño original de los creadores del edificio, el arquitecto Mario Palanti y el empresario Luis Barolo, quienes ya en sus planos originales de 1919 habían proyectado instalar un bar en la azotea. Su nombre, 1923, es un homenaje directo al año en que el Palacio abrió sus puertas.
Entrar a Salón 1923 es dejar atrás el bullicio moderno de la ciudad. El Spazio Interiore (el área techada del bar) está meticulosamente ambientado para recrear el glamour de los dorados años 20. Y la inmersión es total: quienes atienden visten elegantes uniformes de época, la decoración evoca los tiempos de la ley seca y la atmósfera se completa con una cuidada selección musical que te transporta en el tiempo.
Para quienes prefieren sentir la brisa y llevarse las mejores postales, el rooftop cuenta con dos sectores al aire libre: el Terrazzo Obelisco con orientación este, y el Terrazzo Congreso al oeste, un escenario imbatible para disfrutar de inolvidables atardeceres.
Además, la experiencia tiene un condimento único: es el único rooftop del mundo que posee un Faro Urbano. Esta luminaria, declarada Faro del Bicentenario Argentino en 2010, corona el edificio y dota al brindis de una mística inigualable. Nota aquí.




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