En la biblioteca de Martín Caparrós:
“Tras la ELA, proyecto mis libros en la pared y me siento el rey del mundo”
El escritor ha reinventado su forma de leer en casa eliminando los libros físicos para manejar toda su biblioteca con un dedo
Desde hace un tiempo, la biblioteca de Martín Caparros es una pantalla. En su ordenador portátil selecciona sus lecturas y proyecta las páginas en la pared. Páginas que miden dos metros de ancho por uno de alto, que le permiten recostarse en el sofá y sentirse “el rey del mundo” mientras lee. La enfermedad de ELA que padece ha acelerado la digitalización de toda su biblioteca: “Casi no leo en papel. Tendría que sostener el libro y no puedo”. Ahí están todos sus libros. No los tiene contados, pero con un solo dedo mueve el cursor que navega por un scroll infinito que recorre ensayos, biografías o novelas.
Su vida de trotamundos entrometido —o curioso nada más—, hizo que Caparrós nunca fuera de arrastrar libros de un lugar a otro. “Tuve varias bibliotecas, pero cada vez que me fui de uno de los lugares donde vivía, dejaba la mayoría de los libros porque nunca quise viajar con maletas”, explica desde su luminosa casa en Madrid. Ahora, sin embargo, piensa que ”guardar una biblioteca es imaginarse que uno puede vivir su vida de nuevo ligeramente mejor. Es como una especie de optimismo bobo de que todo está ahí para ser hecho nuevamente".
No todo lo que lee lo proyecta cual estreno de cine en sus muros. A veces le basta con hacerlo en las 24 pulgadas de un ordenador instalado en su salón y adaptado para que pueda utilizarlo fácilmente. Ese nuevo formato digital, además, le proporciona otra ventaja: “La de no abrumar a nadie que me visite con los libros que tengo o con lo leído que soy. Viéndome en el ordenador pueden pensar que estoy jugando un videojuego, cuando en realidad estoy leyendo”, bromea, con su habitual sentido del humor, acentuado por ese bigote revolucionario y sus cejas en parábola.
Todavía guarda un único resquicio para algunos libros físicos, regalados por amigos o que le importaron lo suficiente como para conservarlos. Pero, reconoce, “son muy pocos, están en unas cajas del sótano” y no tiene “contacto con ellos”.
Caparrós contó que padecía la enfermedad como mejor sabe, escribiendo un libro de memorias que empieza con la demoledora frase: “Me dijeron que me voy a morir”. Lo hizo en octubre de 2024, con miedo, le dijo a Paco Cerdá en este diario, de “ser para los demás un moribundo”. “Por lo menos mientras no me sienta uno. No quiero esa piedad, ese disimulado espanto, esa tristeza que, imagino, recogeré cuando cuente que ya estoy condenado. Y además decirlo, imagino, lo hará tanto más real, tanto más cierto“, explicó.
Ya entonces acusaba algunos de los síntomas de la enfermedad degenerativa —las debilidad, los problemas motores, la atrofia muscular...— y la silla que lo ayuda a moverse por la vida llevaba tiempo siendo su inevitable compañera: “Ya me cuesta lavarme la cara o llevarme a la boca la comida, subir a la cama es un deporte olímpico, darme media vuelta en ella un buen recuerdo, pero sigo pudiendo escribir”, dijo en aquel momento. Nota aquí.

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