lunes, junio 08, 2026

Rolo Sartorio

 Rolo Sartorio, de La Beriso, dice que es un embole, que no tiene anécdotas para contar y se define: “Soy casi un solista con banda”

A los 53 años, y después de llenar River y ser telonero de los Rolling Stones, toca en teatros para 1.500 personas.

Dice que es lógico, que no para de componer, que YouTube y Spotify no le rinden, e insiste con que sigue grabando discos porque es algo que le encanta a él, no al público.

Tampoco la pavada, pero las manos de Rolo Sartorio, tatuadas y enormes como para un mi menor en la guitarra, se parecen a las de un luchador de UFC. Encima, de entrada, cuenta que la otra vuelta quiso ir a buscar a un periodista que se aventuró a titular una nota suya con algo que él no había dicho.

Antes de ser Rolo, El Sartorio fue la primera película porno de la historia. Se filmó en la Argentina, dura cuatro minutos y está fechada en 1907. Se la tenemos prometida al cantante de La Beriso. Sí Rolo, todas las categorías del porno que conocemos empezaron a orillas de una playa de Quilmes. Tres mujeres desnudas se acarician (lesbianismo) y un hombre con máscara (fetichismo) va y secuestra a una de ellas.

Sartorio Segundo tuvo un año rutilante hace exactamente una década. En 2016, La Beriso llevó 55 mil personas a la cancha de River y además fue telonera de los Rolling Stones. Cuesta decir “la banda”. Sólo parece haber ojos para este colorado que ahora se nos antoja un estibador arrancado de un cuadro de Quinquela Martin. En la oficina donde nos reciben con sánguches de miga y gaseosas está también alguien que se presenta como el baterista de la Beriso, Javier Pandolfi, ah, hola, mucho gusto.

El momento bisagra llegó con su quinto álbum, Historias (2014), donde había canciones como No me olvides y Traicionero. Ahí arrancó una seguidilla de reconocimientos: primer Disco de Oro y shows cada vez más multitudinarios en estadios cada vez más grandes. Luna Park, Malvinas Argentinas, el Único de La Plata, Ferro, Vélez y River.

“Tengo un carácter que a los demás les molesta un poco. Es como si contestara mal, pero yo en realidad no me veo así. Me veo más... más simpático. A veces me comparan con Vicentico. Dicen que él es difícil para las entrevistas. A mi me joden las fotos. Que me pidan que me ría. Detesto que me den esa clase de indicaciones”.

En 2017 había títulos que hablaban de La Beriso como si fueran Los Redonditos de Ricota. "El dueño del nuevo rock argentino". Rolo Sartorio se trasformaba en la cara de la banda más convocante del país junto a La Renga. No tenían competencia. Los medios tradicionales llegaban un poco tarde a un fenómeno que había empezado 20 años antes.

Se descubría al Sartorio futbolista que no fue, al del pasado de vendedor callejero. Para no quedar rezagados, de un solo sorbo nos enterábamos de su infancia en Dock Sud, del dolor por la muerte de sus hermanas y un olfato afinado para saber detectar a los amigos del campeón. La Beriso seguía siendo la banda nueva.

Ya habían llenado la cancha de River y el Estadio Unico de La Plata, pero debían aclarar que no eran de Berisso sino de Avellaneda. "Toqué en River, volví a cenar con mi señora y levanté los platos de la mesa como siempre”. Lo cuenta y te suena haberlo leído o escuchado antes. Debe ser la manera de explicar su llamativa falta de exotismo.

Hicieron una rueda de prensa para anunciar un show en el Teatro Vorterix. El Teatro Vorterix tiene capacidad para 1.500 personas. Uno que no conoce casi nada de La Beriso sólo puede sorprenderse.

-¿Pero que pasó con ustedes? ¿Es un tema de popularidad?

Sartorio señala con el mentón de acero al baterista, y Pandolfi sale al toro. “Hicimos tantos estadios que ahora quizás nos toque experimentar la cercanía de la gente, algo que se disfruta muchísimo”.

-Dale...

-Fue una locura -vuelve Rolo-, un verdadera locura, pero después supongo que viene la meseta de todas las bandas y uno tiene que saber buscar su lugar. Es algo normal.

-¿En serio es normal?

-En el mejor momento me agarró la manager de uno de los más grandes artistas que tenemos en la Argentina y me dijo: “Prepárense porque después de los estadios viene la meseta o empieza a bajar”. Y tenía razón.

-¿Esto te enoja?

-¿Enojarme? ¿Por? -repregunta logrando que los sánguches de miga vayan hacia él-.

-Bueno, el año pasado le dijiste a este diario que no ibas a grabar más discos porque la gente solo quiere oír los temas viejos.

-Sigo pensando lo mismo, lo cual es un problema porque me la paso componiendo como un animal. Pero es así: la gente se enamora de un grupo por los primeros tres discos, después ya sacás discos porque te encanta sacar discos. El público quiere escuchar siempre las mismas canciones. Las bandas de estadio, fijate, tocan las que todos conocen. Nota aquí.




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