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martes, abril 07, 2026

Juan Villoro

 “Ser hincha de un equipo es una forma laica de ejercer la religiosidad”

El escritor mexicano despliega en ‘Héroes numerados’ una especie de diccionario de gramática futbolera envuelto en ecos míticos, coincidiendo con año de Mundial.

La afición en los estadios es el coro parlanchín de las tragedias griegas; las camisetas de los jugadores, sudarios o reliquias de santos; y el balón, claro, es el objeto máximo de deseo: redondo, escurridizo y perfecto como los dioses. En su último libro, Héroes numerados (Planeta), Juan Villoro envuelve el fútbol en ecos míticos, dando la razón a Pasolini cuando dijo, hace ya unas cuantas décadas, aquello de que el juego del balón era la última representación sagrada, el último gran rito que nos queda.

Casi tan rituales han sido también las publicaciones de Villoro (Ciudad de México, 69 años) sobre fútbol. Durante el Mundial de Argentina de 1978 escribió un cuento acerca de un aspirante a delantero que se debate entre su novia o el Estadio Azteca. Para Italia 90, un periódico le mandó a Roma a que hiciera reportajes sobre lo que pasaba fuera de la cancha, los márgenes del fútbol. Luego, coincidiendo con otros dos Mundiales, ha ido publicando libro, Dios es redondo (2006) y Balón dividido (2014), dos obras canónicas de la literatura balónpédica reeditadas ahora por Planeta. ¿Habrá un cuarto? Sentado en una sala de las oficinas de la editorial, su respuesta es otro guiño al metafútbol: “No creo que yo sea como Roger Milla”, dice en referencia al legendario delantero camerunés que batió dos veces el récord de jugador más veterano en anotar en un Mundial.

El nuevo libro, que coincide también con año de Mundial, está estructurado como una especie de diccionario de gramática futbolera, alimentado por el cruce de géneros marca de la casa: crónica, ensayo, memoria. “Lo que pretendí fue primero hablar de los grandes elementos del juego, comenzando por la afición misma, siguiendo por el balón, la camiseta, las celebraciones, los cronistas”. Cada parte de esa gramática particular es un capítulo. El primero, dedicado a la afición, es un texto recuperado y actualizado de sus crónicas del mundial de Italia, la que considera la matriz de toda su producción posterior sobre fútbol. “Es un texto sobre lo que significa el fútbol para mí, cuál es el vocabulario de la pasión. Ese sentido de pertenencia tan especial y tan comunitario. Apostar a un equipo es como una forma laica de ejercer la religiosidad”.

Buceando en los orígenes, muchos siglos antes de que los británicos decidieran probar a jugar al rugby sin usar las manos, hay un antecedente sagrado. “En el año 1.600 a.C., los olmecas ya dominaban el arte de extraer savia de árbol de hule y someterla a una vulcanización natural que creaba sólidas esferas que botaban”. En ocasiones, el proceso se completaba con cenizas de los muertos, lo cual convertía a la pelota en un emblema de resurrección. “El juego de pelota prehispánico, que se jugaba con los codos y las caderas, se jugaba de manera sacramental, era una síntesis de su concepción de la vida y el universo, representaba la cosmología de la dualidad”. Los campos de juego eran el “patio del mundo”, el lugar de encuentro con los dioses.

La otra cara, lo mundano del fútbol, es lo que Villoro llama las “cajas de resonancia”. Recuerda bien las del Mundial de Italia 90: “Hubo conflictos interesantísimos, como el de Madonna contra el Vaticano, porque ella se había enamorado de Roberto Baggio, el fantasista de la selección italiana. Quería dar un concierto y el Vaticano lo prohibió porque ella utilizaba los escapularios y los crucifijos de una manera exageradamente sexy. El Partido Comunista se oponía al Mundial porque habían muerto obreros en la construcción de los estadios. Y la Chicholina, que era diputada y actriz porno, prometía acostarse, no sé si con el ganador o con el perdedor. Había todo un entorno que demostraba que el juego no solamente tenía que ver con lo que pasaba en la cancha”.

Kissinger, el padrino del fútbol estadounidense

Con el fútbol se pueden explicar incluso áridas cuestiones geopolíticas, como prueba el Mundial este año, celebrado a tres bandas entre Estados Unidos, Canadá y México mientras el mundo arde azuzado por las ansias imperiales del Donald Trump. Para los mexicanos, el fútbol fue durante décadas un mecanismo de gozosa compensación. “La nación que nos dominaba en todo al menos era nuestro “cliente” en la cancha”. Pero eso empezó a cambiar a finales del siglo XX, gracias en gran parte a una figura tan oscura como Henry Kissinger.

De origen alemán, el arquitecto de la política exterior estadounidense durante décadas “entendió la importancia geopolítica que el fútbol tendría para su país de adopción”. Su apoyo a las dictaduras militares latinoamericanas llegó a extremos delirantes. Kissinger acompañó al argentino Jorge Videla durante una polémica visita al vestuario del equipo rival en medio de un partido decisivo en el Mundial de Argentina 78. También estuvo en Italia 90, el Mundial en el que México fue inhabilitado para asistir por una polémica decisión, que a la postre favoreció la campaña de promoción del fútbol en Estados Unidos y su papel como organizador del siguiente Mundial.

De todas esas cajas de resonancia, la que le parece más valiosa últimamente es la emergencia del fútbol femenino. “Es el gran cambio del fútbol contemporáneo, donde se está jugando un deporte de mayor honestidad. Se fingen menos faltas, hay menos reproches al árbitro. Hay un manejo del erotismo mucho más libre. No hay una idolatría mercantil por ciertas jugadoras y es imposible que una jugadora cueste más que todo el equipo rival”. El último capítulo del libro se titula Las mujeres y paradójicamente es el que tiene más carga biográfica. Nota aquí.



domingo, abril 13, 2025

Martín Caparrós

 Las memorias de Martín Caparrós, en voz del escritor y de sus amigos

Soledad Gallego‐Díaz, Manuel Jabois, Alex Grijelmo, Alejo Stivel, Juan Villoro y otra veintena de personalidades se reunen con el periodista en el Ateneo de Madrid para leer fragmentos de su último libro, a modo de homenaje.

No es extraño en Madrid que las terrazas esperen, con música de fondo, a que rompa la tarde y los invitados lleguen a tomar la primera cerveza. Pero las mesas que este sábado descansaban a la luz del salón de actos del Ateneo madrileño, con Sabina, Serrat y Brassens de fondo, no esperaban a ningún cliente cualquiera. Era una terraza hecha a la medida para Martín Caparrós, escritor, periodista, colaborador de este diario y recientemente galardonado con el Premio Internacional de Periodismo Cátedra Manu Leguineche. Y en ella se reunió con un grupo de amigos —29— para leer, al abrigo de las amenazantes nubes, fragmentos de su último libro, en un homenaje que han llamado Mopi. Un rato con Martín Caparrós y sus amigos.

En las sillas de mimbre dispuestas en forma de islas a lo largo y ancho del escenario se sentaron: Mar Abad, Darío Adanti, Miguel Aguilar, Carlos Alberdi, Juan Diego Botto, Jorge Carrión, Carlos Cué, Montserrat Domínguez, María Jesús Espinosa, Rodrigo Fresán, Soledad Gallego-Díaz, Enric González, Fernando González ‘Gonzo’, Alex Grijelmo —ya vamos por la mitad—, Manuel Jabois, Antonio Lucas, Marta Nebot, Pere Ortín, Marta Peirano, Javier del Pino, Manolo Solo, Alejo Stivel, Juan Villoro, Fernando Rapa, Miguel Rellán, Ana Romero, Maruja Torres y, a la distancia, Manuel Vicent.

La idea de juntarlos —y de dirigir el homenaje— fue del periodista Edu Galán, fruto de la “admiración y cariño” que le tiene al argentino. “Surgió como todas las buenas ideas, en un bar. Realmente esto es una excusa para una farra posterior, para tomar algo luego. Ese es el único objetivo”, explicaba Galán minutos antes, sumido en los ajetreados preparativos. Y no es difícil creerle. Al tiempo que el también escritor afinaba detalles con su equipo minutos antes de comenzar, los participantes amigos, novelistas, periodistas, actores, músicos, se reunían y reconocían en una sala contigua del centro cultural. Alguno tocaba el piano y el resto charlaba de cine, de teatro, de la vida. De eso de lo que seguramente hablan en los bares que frecuentan.

Al mediodía, la hora pactada, el heterogéneo grupo salió al escenario al ritmo de los Rolling Stones para apoderarse de las sillas que aguardaban y abrir paso al argentino que recibió una fuerte ovación de sus amigos y del público nada más entrar. “Se han reunido equivocadamente alrededor de mí y en este lugar que tiene un peso enorme para mí”, dijo Caparrós para empezar. Y las cañas no tardaron en llegar a las mesas mientras los amigos, uno a uno, leían fragmentos de Antes que nada (Random House, 2024), ese libro de 664 páginas que salió de la “estúpida urgencia, una obviedad”, del escritor por escribir sus memorias después de ser diagnosticado con esclerosis lateral amiotrófica (ELA).

Por las voces de todos pasó la vida de Caparrós. Desde su nacimiento, cuando el mundo era, “como siempre, un lugar tan extraño. De pobres como ratas y optimismos extremos”, hasta el inicio de su vejez — “ser viejo es detestar esa vida de viejo y desear que dure”—, pasando por su juventud: “Peleaba contra un enemigo que temía y percibía poderoso”. Una vida sin desperdicio del que ha sido uno de los grandes cronistas de América y prócer del periodismo narrativo. Sus manos han escrito de los niños prostituidos en Sri Lanka, del hambre en Níger, de la comunidad trans en Juchitán (México), del horror de la dictadura en su país y de tantas otras historias durante 50 años de profesión. Nota aquí.





martes, noviembre 19, 2024

Juan Villoro

 Juan Villoro: la lectura como forma rebelde de la memoria

Se trata de un enorme y ambicioso fresco de costumbres contemporáneas. El escritor mexicano va y viene en el tiempo, con la cultura de la letra como eje. 

El escritor mexicano Juan Villoro ha dado cuenta de su eclecticismo en su larga trayectoria intelectual: publicó novelas, ensayos literarios, crónicas de viaje, reflexiones autobiográficas, textos sociológicos, en todos los casos con agudeza y pluma elegante. Lo que diferencia al flamante No soy un robot (publicado por Anagrama) de otros títulos anteriores (tan diversos entre sí como El testigo, El vértigo horizontal y La utilidad del deseo) es que ha incorporado (casi) todos esos géneros en un solo libro. Exceptuando la "novela", siempre y cuando no se admita la licencia de atribuirle a la ciencia ficción las distopías que describe en este volumen.  

En función de esta heterogeneidad, No soy un robot puede ser entendido como un enorme y ambicioso fresco de costumbres contemporáneas. Para estar a la altura de semejante ambición, Villoro ejecuta con maestría un constante viaje temporal, que vislumbra el futuro a la vez que lo contrasta -o más bien lo complementa- con las infinitas tramas del pasado. Lo que atraviesa ese recorrido de ida y vuelta es la cultura de la letra. 

A partir de ese eje aglutinante y disparador de sentidos, Villoro viaja en tiempo y espacio, desplegando una erudición apabullante que en ningún momento roza la petulancia: cada cita filosófica y literaria -son tantas que convierten a No soy un robot a candidato a libro más subrayado de la década- está justificada por una idea, que conecta con otra, y luego con otra. Un link permanente y fascinante, algo asi como la prueba de que la fragmentación radical de estos tiempos no necesariamente conduce a la anomia cultural. 

El libro está dividido en dos grandes capítulos. A grandes rasgos, en el primero ensaya una "lectura de las tecnologías" y en el segundo ofrece una mirada sobre "las tecnologías de la lectura". De ese juego dialéctico surgen tantas conclusiones como interrogantes. El presente eterno de internet y la sombra despersonalizadora de la inteligencia artifical afectan pero no anulan la lectura, definida por Villoro como "una forma rebelde de la memoria". Villoro es profundamente crítico del nuevo contexto tecnológico que induce a la "desaparición de la realidad". Pero su mirada no es apocalíptica ni maniquea. "La lectura digital se potencia con la lectura literaria", morigera Villoro, también él, quizás, un "optimista de la catástrofe". Nota aquí.



martes, mayo 28, 2024

Juan Villoro

 “Vivimos en la era de la falacia con una intención política o propagandística”

Desde Panamá, donde participó de Centroamérica Cuenta, el escritor español destacó la importancia del periodismo y el arte en la búsqueda de la verdad en tiempos de desinformación y mentiras políticas.

El prolífico escritor mexicano Juan Villoro, Premio Príncipe de Asturias en 2009, otorga una valía especial al arte y al periodismo en la obtención de la verdad, más cuando hoy se vive un “mundo de falsedades” y de gobernantes que las protagonizan.

Villoro, que participó en Ciudad de Panamá en el festival literario Centroamérica Cuenta, que concluyó el domingo, detalló que “vivimos en la era de la posverdad (...) que es el uso ideológico de la mentira, es decir, no se trata de una falacia inocente, sino de una falacia con una intención política o propagandística”.

De forma “muy intensa” esto se ha expresado en las redes sociales y en las plataformas digitales en las que hay “sitios muy visitados que dicen que la tierra es plana, que el Holocausto no sucedió, que el ser humano no llegó a la Luna, que las vacunas hacen daño”.

Es decir, según el autor de El disparo de argón (1991) y de No soy robot (2024) –ensayo en el que analiza la lectura y la sociedad digital– “vivimos en un mundo de falsedades y esto ha hecho que muchos presidentes gobiernen diciéndolas”.

Pone como ejemplo de esto una investigación de The Washington Post, que se “tomó el trabajo de medir la cantidad de mentiras que decía Donald Trump en su primer año de gobierno, y detectó que había más de 2.000 mentiras comprobadas. Sin embargo, podía gobernar al país más poderoso en la Tierra”.

Galardonado en el 2004 con el Premio Herralde de Novela por El testigo, el cuentista y cronista manifiesta en este sentido que “hoy en día la verdad no es requisito de buena conducta política. ¿Significa esto que haya dejado de ser importante? Yo creo que todo lo contrario”. Nota aquí.



miércoles, octubre 04, 2023

Juan Villoro

 


martes, agosto 15, 2023

Juan Villoro

 "No se trata de mejorar al padre, sino de conocerlo"

A partir de los descubrimientos que hizo sobre una figura paterna "que se me escapaba con frecuencia", en su nuevo libro el escritor y filósofo mexicano-catalán despliega una historia apasionante que incluye al fútbol como conexión, las dificultades de llorar y la cultura de la cancelación. 

Un hijo habla de su padre. Nada más antiguo, nada más actual. El padre, una especie de extranjero en el mundo del afecto, reticente a las caricias y a los besos, es el filósofo mexicano-catalán Luis Villoro (1922-2014), autor de obras fundamentales como Los grandes momentos del indigenismo en México y El sentido de la vida, que a los 75 años se fue a Chiapas para escuchar y acompañar al movimiento zapatista. El hijo, Luis Villoro, escribe una de las novelas más lúcidas sobre ese gran tema existencial y literario que suele ser la vida de los padres. 

En La figura del mundo (Random House), el escritor mexicano logra condensar lo que aparece dibujado en la tapa del libro: un niño ilumina la sombra de su padre. En esa iluminación descubre que la pasión por el fútbol es un legado fingido por el padre y que fue en los estadios donde compartieron muchos domingos juntos, donde el padre pudo ser “más padre”.

Desde la trinchera de la ficción, Villoro (Ciudad de México, 1956) despliega una construcción que captura los pliegues de las tensiones entre pensamiento y escritura, condensada en una vieja disputa entre Camus y Sartre (para el padre Camus escribía mejor, pero Sartre pensaba mejor). La novela deviene una conversación con el padre y también con la madre, la reconocida psicoanalista Estela Ruiz Milán, a quien está dedicado La figura del mundo. 

“Lloré como no había podido hacerlo en la funeraria, vencido por la emoción del niño ante la derrota, el niño que busca la mano de su padre para salir del estadio y sabe, por primera vez y para siempre, que esa mano ha dejado de estar ahí”, plantea el autor de notables novelas como El disparo de argón, Materia dispuesta y El testigo, con la que ganó el Premio Herralde en 2004, entre otras, además de las crónicas de fútbol Dios es redondo y Balón dividido. “Escribir se convirtió en una permanente carta al padre”, dice Villoro . Nota aquí.



jueves, mayo 18, 2023

Juan Villoro

 


domingo, octubre 30, 2022

Juan Villoro

 “México es un estado fallido controlado parcialmente por el crimen organizado”

“Ser mexicano es ser un posible daño colateral de la violencia, aunque no estés metido en ninguna circunstancia delictiva, aunque no tengas amigos que estén en malos pasos en cualquier momento tú puedes ser víctima directa o indirecta de una descomposición social en donde se mata a la gente todos los días”, afirma el escritor.

La calidad literaria y la musicalidad de su voz convierten a Juan Villoro en uno de los narradores más vibrantes del universo del castellano. Escucharle en directo contar cualquier historia, bien sea sobre periodismo, política o fútbol, una de sus mayores pasiones, hipnotiza. El auditorio más ruidoso enmudece de inmediato ante su fraseo pausado y luminoso. Esto sucedió la semana pasada en Bogotá, en la ceremonia en la que recibió el premio reconocimiento a la excelencia de la Fundación Gabo. El escritor y periodista mexicano (66 años) hizo un guiño al maestro García Márquez llevando a los presentes a un mundo mágico tejido de anécdotas tan reales como improbables. “Es la mejor buena persona pérfida que conozco. Alguien capaz de hacer los comentarios más mordaces sin perder jamás la bonhomía”, dijo de él Leila Guerriero en una entrevista posterior a la premiación. Unas horas después pudimos comprobar lo ajustado de esta descripción en una charla en la que se habló de periodismo, literatura, política y, por supuesto, de México, un país extraordinario sumido en una crisis de violencia insoportable. Nota aquí.



jueves, septiembre 29, 2022

Juan Villoro

 Juan Villoro gana el reconocimiento a la excelencia del Premio Gabo 2022

El escritor y periodista mexicano es, según el jurado, una de las voces más importantes de la crónica y la literatura actuales.

El escritor y periodista mexicano Juan Antonio Villoro Ruiz ha ganado el reconocimiento a la excelencia del Premio Gabo 2022, según informó este miércoles la Fundación Gabo en un comunicado de prensa. El consejo rector del Premio, compuesto por destacados periodistas, escritores y académicos, decidió otorgar este reconocimiento a Villoro (Ciudad de México, 1956) “por el brillante e inspirador conjunto de su obra y trayectoria” y la “mirada propia, profunda y crítica que proyecta en su ejercicio periodístico con rigurosidad, ética y talento ejemplares”.

Villoro es, según el jurado, una de las voces más importantes de la crónica y la literatura actuales, y “un excepcional intérprete y narrador de las realidades sociales, culturales y políticas de México, América Latina y el mundo”. Este premio a Villoro es un reconocimiento a un narrador “que cautiva a través de la palabra viva, que respeta, conoce y usa como pocos” y a un “gran hablador del idioma que enseña a afinar el lenguaje para contar con hermosura y eficacia” en diversidad de géneros que van desde columnas y cuentos infantiles, hasta obras de teatro y crónicas.

El consejo rector del premio explica que las crónicas de Villoro son referentes de este género híbrido entre la novela, el reportaje y el ensayo que el mismo autor denominó el ornitorrinco de la prosa. “Villoro es un hombre que, al salir a la calle, es capaz de convertir cualquier tema en atractivo: en una crónica maravillosa, una crítica social aguda, una intervención necesaria en la conversación pública”, se lee en el veredicto del reconocimiento.

En un perfil sobre Villoro que escribió la editora mexicana Julieta García González a raíz del premio, se cuenta que la afición por la escritura del galardonado comenzó desde niño, con sus primeras lecturas. “A los 15 años le llegó una lectura que cambiaría su panorama vital, sacándolo de su centro. La obra fue De perfil, la novela iniciática que José Agustín publicó a los 22 años”, escribe García González. Y añade: “Juan se identificó con el personaje central que vivía unas circunstancias que le parecieron sospechosamente similares a las suyas”. Nota aquí.



sábado, diciembre 11, 2021

Juan Villoro

 "Todos llevamos una vida paralela"

El escritor y periodista recorre la realidad mexicana de los últimos 40 años en 'La tierra de la gran promesa'.

De todos los sueños de juventud, los que no terminan de romperse son los que exigen un silencio culpable, o los que un día nos descubrieron el sabor de la traición, o los que dejan un rastro de amor amargo, o aquellos otros que, de haberse cumplido, llevarían a una realidad mejor de la que nos aloja. La vida, definitivamente, siempre va por su camino y cuesta echar la vista atrás si no es para invocar lo que iba a suceder y no ocurrió. El escritor mexicano Juan Villoro ha tardado nueve años en publicar una novela después de Arrecife. Esta de ahora se titula La tierra de la gran promesa (Literatura Random House) y está hecha de capas, de capas que algunas también fueron sueños.

«Desde el título ya hay memoria, pues La tierra de la gran promesa es (primero) la película del director polaco Andrzj Vajda que se pasaba en la Cineteca de la Ciudad de México el 24 de marzo de 1982, cuando el fuego arrasó el edificio y las 6.000 películas que éste guardaba, borrando parte de la memoria fílmica del país. Fue un incendio premonitorio. México era entonces también un país de buenos augurios con un Gobierno que llamaban 'la administración de la abundancia'». Nota aquí.



lunes, marzo 09, 2020

Juan Villoro

jueves, agosto 01, 2019

Juan Villoro

Juan Villoro recibe el premio LIBER 2019 al autor hispanoamericano más destacado

Los editores españoles distinguen al periodista y escritor mexicano por abarcar "diferentes géneros" y "dignificar el uso del lenguaje en la prensa"


La Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) ha distinguido al escritor y periodista mexicano Juan Villoro con el premio Líber 2019, el mayor galardón de los que concede la organización. La FGEE destaca de Villoro su capacidad para abarcar "diferentes géneros", como la novela, el cuento, el ensayo, el teatro o el artículo periodístico, y su "dignificación del uso del lenguaje en la prensa", apuntan los editores en un comunicado en el que anuncian la distinción. El premiado recogerá el galardón el 10 de octubre en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid, en el marco de la 37ª edición de la Feria Internacional del Libro (LIBER), que vuelve este 2019 a Ifema tras pasar en 2018 por Barcelona.
Los editores españoles consideran que Villoro "personifica perfectamente la comunidad e intereses lingüísticos y culturales de las dos orillas del Atlántico", una vinculación que representan los propios orígenes del escritor, de padre catalán y madre yucoteca. Nota aquí.


domingo, abril 21, 2019

Juan Villoro

 "Nuestro idioma debería llamarse hispanoamericano"

El escritor publica El vértigo horizontal, un recorrido por la inabarcable y múltiple Ciudad de México en el que confluyen la literatura de viajes, la crónica periodística y la autobiografía.

De principio a fin o siguiendo distintas rutas como líneas de metro. Así puede leerse el último libro de Juan Villoro (Ciudad de México, 1956), El vértigo horizontal (coeditado por el sello oaxaqueño independiente Almadía y Anagrama), un peculiar retrato de su megalópolis natal a partir de sus lugares, sus personajes, los recuerdos personales del escritor o acontecimientos, entre ellos los terremotos de 1985 y de 2017 (ambos ocurridos un 19 de septiembre). Villoro se convierte así en una mezcla de flâneur, cicerone y protagonista de una ciudad donde caminar tranquilamente por la calle se ha convertido en una utopía en los últimos años. El título del libro, tomado de una expresión inventada por Pierre Drieu La Rochelle para describir La Pampa argentina, alude a la apabullante extensión y el caótico crecimiento de esta urbe de 9 millones de habitantes (sin contar la zona metropolitana, que supera los 20). Conocida anteriormente como Distrito Federal, en 2016 cambió su estatus legal y su nombre por el de Ciudad de México y el escritor participó en el equipo ciudadano que redactó el borrador de su constitución. Nota aquí.


sábado, marzo 30, 2019

Juan Villoro

“Es absurdo subordinarse al español de la llamada 'madre patria'”

Para el escritor mexicano, cada región hace un uso del idioma que lo enriquece y lo libera de colonialismos. 

A diferencia de otros intelectuales que defenestran el lenguaje inclusivo, el escritor mexicano Juan Villoro considera válido y necesario el reclamo que hay en los países de habla hispana para modificar la lengua, aunque advierte que los cambios deben ser naturales y progresivos, no imponerse por decreto, ni ser sólo artificiales o demagógicos.
En vísperas de su llegada a Córdoba para participar en el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española, este autor de novelas, cuentos, crónicas, ensayos y obras de teatro, dialoga vía mail. Reconoce que persiste el colonialismo cultural de España sobre América Latina; defiende su permanente activismo político como una forma de resistencia y considera absurda la polarización que hay en México en torno al presidente Andrés Manuel López Obrador, a quien, dice, difícilmente se le puede considerar como un gobernante de izquierda. Nota aquí.

martes, mayo 08, 2018

Juan & Eduardo

Una cultura con pasiones compartidas
El mexicano y el argentino inauguraron el espacio con la charla “Poética del fútbol, pasión de multitudes”. Hablaron de Maradona, de Messi y del modo diferente que se vive este deporte en México y en la Argentina. Hubo aplausos y muchas carcajadas.
El equipo salió a la cancha de la sala Victoria Ocampo. En la noche del sábado, el mexicano Juan Villoro –hincha del Necaxa– y el argentino Eduardo Sacheri –hincha de independiente– pusieron la pelota en movimiento para inaugurar el Diálogo de Escritores Latinoamericanos en la Feria del Libro con “Poética del fútbol, pasión de multitudes”, una charla coordinada por Horacio Convertini. Villoro explicó que el fútbol le dio la sensación de pertenencia a un mundo extravagante. “Mi padre me llevaba a los estadios porque se había divorciado de mi madre y no sabía qué hacer conmigo los domingos. El fútbol me llevó al mundo; esas pasiones, esas rivalidades, esas tensiones que surgen en la cancha son una pequeña metáfora de cualquier situación que uno puede vivir en la vida”, dijo el escritor mexicano y recordó una anécdota sobre la primera vez que vio el clásico River-Boca en el Monumental. “Un aficionado reconoció que soy mexicano y me dijo: ‘Me han dicho que en México el equivalente de un hincha de River se puede sentar al lado del equivalente a un hincha de Boca’. Y le dije que sí y él me dijo: ‘¡Oh, pero qué degenerados!’”. Las carcajadas estallaron y el público aplaudió como si festejara un gol de media cancha. Nota aquí.


sábado, junio 03, 2017

Juan Villoro

La taquería revolucionaria

Mi padre, que detesta las anécdotas personales, ha contado mil veces la escena que más lo horrorizó en su juventud. Todo ocurrió en una polvosa hacienda de San Luis Potosí, pero para entender ese momento de condensación hay que retroceder en el tiempo.
Luis Villoro Toranzo nació en Barcelona en 1922. Su madre era potosina y estaba casada con un aragonés de La Portellada, pueblo que hoy en día tiene trescientos habitantes. Doscientos de ellos se apellidan Villoro (no es de extrañar que en ese sitio redundante, por no decir incestuoso, mi abuelo se llamara Miguel Villoro Villoro).
Las fechas nunca han sido una especialidad familiar. No sabemos muy bien qué edad tenía mi padre cuando perdió al suyo, pero debe haber rondado los siete años. Mi abuela quedó viuda, con tres hijos, en un país que se descomponía rumbo a la Guerra civil. Volvió a México y mis tíos y mi padre fueron a dar a internados de jesuitas. Nota aquí.


miércoles, noviembre 11, 2015

Juan Villoro

El mexicano Juan Villoro, premio de Excelencia José Emilio Pacheco

El escritor, traductor y ensayista recibirá el galardón el próximo 12 de marzo en la Feria Internacional de la Lectura de Yucatán


Ocurrió en la Feria del Libro de Guadalajara en 2009. Cuando José Emilio Pacheco ganó el Premio Cervantes de Literatura, Juan Villoro contó a EL PAÍS una anécdota sobre una ruta perdida y un poema. “Un día iba yo a casa de José Emilio Pacheco y me di cuenta de que me había olvidado la dirección. Entonces, recordé un poema en el que Pacheco habla del escritor Juan García Ponce, que había padecido una larga y grave enfermedad, y lo compara con un árbol que hay afuera de su casa”. El autor mexicano buscaba la casa del poeta y la halló, todo gracias a esos versos. “Eso explica el grado de cercanía que tiene su poesía, es un mapa para llegar a su propia casa”. Pacheco murió casi cinco años después. Y, anteayer, Villoro (Ciudad de México, 1956) ha ganado un premio que lleva el nombre de aquel, que le será entregado el próximo 12 de marzo de 2016, en Yucatán. Nota aquí.


martes, septiembre 22, 2015

Juan Villoro

Resistencia en la tierra

El terremoto de 1985 desnudó tramas de corrupción en México y confirmó la inoperancia del Gobierno. Más allá de eso, nos dio una lección elemental, tan antigua como el primer asentamiento humano: no somos dueños de la ciudad


El 19 de septiembre de 1985 un empellón me sacó del sueño. Vivía en la punta sur de Ciudad de México, donde el suelo de piedra volcánica es más sólido y los temblores provocan menor alarma. Nací en 1956, 10 meses antes de un célebre sismo. En 1957 mi madre enfrentaba severos desafíos (el principal de ellos: un bebé que berreaba en una época anterior a los pañales desechables); de pronto, la tierra entró en sintonía con sus angustias y ella temió haber parido a un hijo de los terremotos. Años después, esa leyenda me parecería magnífica: no pensé que el subsuelo protestaba por mi llegada al mundo; juzgué que me daba la bienvenida “a la mexicana”, retumbando de emoción. Nota aquí.


sábado, septiembre 19, 2015

Juan Villoro

El relato del fuego

Quien habla en nombre de la “verdad histórica” pretende cancelar otras explicaciones

¿De qué manera circula la verdad? En las sociedades autoritarias anteriores a Internet había que ir al extranjero para saber lo que pasaba. Durante décadas las noticias sobre el franquismo circularon mejor en Francia que en España.
Terreno de las paradojas, México cuenta con numerosas instituciones para indagar sucesos, pero suelen pactar con el secreto. Casi siempre, los hechos se conocen a través de los evanescentes recursos del rumor. La desaparición forzada de 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, el 26 de septiembre de 2014, es un ejemplo de laboratorio sobre las dificultades para acceder a la verdad. Nota aquí.

viernes, junio 12, 2015

Juan Villoro

“Prefiero a Messi, luego a Messi lesionado antes que a Ronaldo”

El escritor mexicano Juan Villoro contesta al carrusel de preguntas de este diario


Este año Juan Villoro (Ciudad de México, 1956) ha ganado el triplete: Liga, Copa y Liga de Campeones. Forofo del Barcelona, de adolescente probó fortuna en las categorías inferiores de los Pumas pero su talento no le bastó para triunfar. En lugar de eso se conformó con ser escritor y firmar un libro memorable sobre fútbol, Dios es redondo. Premio Herralde en 2004 por El Testigo, su última novela es El Apocalipsis (Almadía). Nota aquí.