Prohibido salir a la calle hoy, ‘Andarina’ cercada por la policía política
domingo, septiembre 20, 2026
Yoani Sánchez
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miércoles, septiembre 16, 2026
Yoani Sánchez
Vivir entre los restos de lo que fuimos
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domingo, agosto 09, 2026
Yoani Sánchez
Cuba, el país que desaprende
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miércoles, julio 29, 2026
Yoani Sánchez
Vivir en porciones pequeñas
"¿Me puede vender solo una libra de pollo?", pregunta en tono suplicante una mujer que ha entrado a uno de los tantos comercios particulares de la calle Monte en La Habana. Pero el ruego se estrella contra una pared: "Solo el paquete entero", advierte tajante la empleada. En una ciudad donde las horas con electricidad son cada vez más escasas, llevar a casa varios kilogramos de un alimento que necesita refrigeración es como dispararse en un pie.
Pero las pequeñas porciones no solo se imponen en el plato y en las neveras, nuestra vida también se proyecta en tonos reducidos. Me topo con un viejo conocido que debe emprender una reparación para poder volver a usar la ducha de su baño. "¿Para qué si uno no sabe si va a haber agua ni siquiera si, en un par de semanas, todavía tendremos un país?", se pregunta, en medio de su parálisis. Los pronósticos se han vuelto tan difíciles, que es mejor solo planificar para unas horas; para mañana, si acaso.
Hay una palabra que se ha vuelto demasiado grande para nuestra realidad: futuro. Antes cabía en ella la compra de un refrigerador, el arreglo de una habitación o las vacaciones de agosto. Ahora apenas alcanza para decidir si vale la pena descongelar un paquete de salchichas o reservar la poca batería del teléfono para una llamada importante. Vivimos en un presente tan estrecho que cualquier plan a mediano plazo parece una extravagancia.
La incertidumbre ha terminado por colonizarlo todo. Amigos que aplazan una boda, padres que no saben si matricular a sus hijos en una actividad extracurricular, ancianos que dejan pasar otra consulta médica porque ignoran si ese día habrá transporte o electricidad. Todo se ha vuelto provisional. La sensación de que cualquier decisión puede quedar anulada por un apagón, una avería o una nueva crisis convierte la rutina en una especie de campamento improvisado.
Quizás el daño más profundo no sea la carne que se echa a perder, el agua que no llega o la ducha que mi amigo no repara. Tal vez sea haber aprendido a vivir sin proyectos. Una nación que deja de imaginar el próximo mes, el próximo año o la próxima década es una nación que se encoge cada día. Y cuando hasta la esperanza tiene que administrarse en porciones pequeñas, como ese paquete de pollo que no se podía vender por libras, la verdadera escasez ya no está en los mercados, sino en los sueños.
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lunes, julio 20, 2026
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"Aquí, sobreviviendo"
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sábado, julio 18, 2026
Yoani Sánchez
Una pizarra basta para entender la inflación en Cuba
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martes, julio 14, 2026
Yoani Sánchez
Cinco años de una respuesta equivocada
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martes, julio 07, 2026
Yoani Sánchez
De los huevazos del Mariel al huevo de lujo
"Ustedes sí que durmieron con electricidad anoche", me reprocha una vendedora de jabitas a las afueras del mercado de Tulipán. La mujer, que vive al otro lado de la avenida Rancho Boyeros, alcanzó a distinguir desde su barrio que nuestro edificio permanecía iluminado mientras en su cuadra reinaba la oscuridad. El nuevo motivo de tirantez entre cubanos ya no es la política, ni siquiera la comida: es la cantidad de horas que unos disfrutan de corriente mientras otros aprenden a vivir en la penumbra.
Hace apenas unos meses, las cuentas de Facebook de la Unión Eléctrica se llenaban de comentarios reclamando que a los habaneros nos sometieran a los mismos apagones interminables que castigaban al resto del país. El deseo se cumplió, pero solo a medias. Ahora en la capital también sufrimos cortes que superan las 24 horas seguidas y, sin embargo, en las provincias no ha mejorado nada. Nuestro tiempo sin luz no ha servido para que se encienda un solo bombillo más en Santiago de Cuba, Holguín o Pinar del Río. Solo ha repartido la oscuridad.
Dividirnos y enfrentarnos parece haber sido una estrategia demasiado eficaz. Mientras discutimos sobre quién pasó más calor la noche anterior, quién perdió el contenido del refrigerador o quién logró cargar el teléfono móvil, dejamos de mirar hacia quienes maladministran un sistema eléctrico que se desmorona. Por eso evito responder a la defensiva. Le comento a la mujer que la termoeléctrica Antonio Guiteras acaba de salir de servicio y que lo más probable es que la próxima madrugada todos, ella y yo, terminemos intentando conciliar el sueño hundidos en el sudor y acosados por los mosquitos.
Me despido y continúo rumbo a Ayestarán hasta desembocar en Carlos III. Después tomo Aramburu en dirección a San Lázaro. La caminata trae una sorpresa. Los apagones han conseguido algo que ni los controles de precios ni las inspecciones estatales habían logrado: abaratar el cartón de huevos. Hace apenas un par de semanas costaba 3.200 pesos; ahora ha descendido hasta los 2.400 y en algunos negocios privados un cartel anuncia la "oferta del día": 2.300 pesos por las 30 unidades. La rebaja no obedece a un aumento de la producción ni a una mejora económica. Es, simplemente, el resultado de la falta de energía para refrigerar los alimentos.
Con tantas horas sin electricidad, pocos se arriesgan a comprar grandes cantidades de comida. Un refrigerador apagado convierte cualquier inversión en una apuesta contra el reloj y el calor tropical. Los comerciantes necesitan vender antes de que la mercancía se eche a perder y los clientes solo adquieren aquello que están seguros de consumir cuanto antes.
Mientras observo las cajas de huevos apiladas a la entrada de un pequeño comercio, recuerdo cuánto ha cambiado el destino de ese alimento. En los años 80, cuando el subsidio soviético alimentaba el espejismo de una abundancia que parecía eterna, en las escuelas primarias era motivo de burla decirle a un compañero que en su casa "solo comían huevo". El producto rebosaba los mercados, aparecía con demasiada frecuencia en los comedores obreros y muchos lo rechazaban con desgano. Nadie habría imaginado entonces que terminaría convertido en un artículo de lujo.
También fue munición política. Durante el éxodo del Mariel, cientos de personas recibieron huevazos en el rostro o contra las fachadas de sus casas por el simple hecho de querer abandonar el supuesto paraíso socialista. Lo que abundaba en las despensas servía entonces para humillar al que se marchaba.
Más de cuatro décadas después, de aquel desprecio no queda rastro. El huevo ha escalado posiciones hasta ocupar un lugar privilegiado en la mesa cubana. Se sueña con él frito, hervido, escalfado o convertido en una tortilla que alcance para toda la familia. Su precio marca también el de muchos otros alimentos. Cuando sube, se encarecen los cakes de cumpleaños, la pastelería, las croquetas, los empanizados, las ensaladas frías y cualquier receta que necesite un poco de clara o de yema para sostenerse.
Redondo y frágil, el huevo se comporta ahora como un aristócrata que solo visita las mesas capaces de pagar su exigente tarifa. Aquellos niños que un día se burlaron del compañero porque en su casa almorzaban revoltillo varias veces por semana probablemente hoy suspiran con poder dar un plato así a sus hijos. Pero para lograrlo no solo necesitan completar el elevado precio de ese alimento, sino contar con la suficiente electricidad para conservarlo.
Finalmente, cuando regreso de mi largo periplo por Centro Habana, la vendedora de jabas ya no está a las afueras del mercado de la calle Tulipán. Esta noche, de seguro, volverá a mirar hacia nuestro edificio a ver si nos han quitado también la electricidad. En su refrigerador y en el mío, muy probablemente, no quede ni un solo huevo por temor al apagón.
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miércoles, julio 01, 2026
Yoani Sánchez
Cuba vuelve a quedarse sin internet
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miércoles, junio 24, 2026
Yoani Sánchez
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miércoles, junio 10, 2026
Yoani Sánchez
Crónica de un lunes con sabor a miércoles
Crónicas de La Habana
Desde el viernes pasado hemos tenido solo unas pocas horas de corriente. cada día y, en mi mente, las jornadas están pegadas como si todo fuera un largo e insoportable día.
La Habana/Tres de la madrugada. Hay electricidad y agua, así que monto la olla de presión eléctrica con unos frijoles, repleto la lavadora con todo lo que se ha acumulado y me meto en la ducha. Hay lunes que parecen miércoles por el cansancio que arrastran. Semanas que comienzan ya viejas y agotadas. Desde el viernes pasado hemos tenido solo unas pocas horas de corriente cada día y, en mi mente, las jornadas están pegadas como si todo fuera un largo e insoportable día.
El agua me reanima. Recupero el hilo de esperanza que se me había extraviado el domingo o quizás fue el sábado. No me acuerdo. Apenas ha amanecido y parto rumbo a La Habana Vieja. Prefiero ir a pie. El precio de los taxis particulares ha subido tanto, debido a la crisis con el combustible, que debo optar entre hacer la ida o el regreso en un almendrón, porque el circuito completo resulta una locura para el bolsillo. Por la calle Ayestarán suena un largo lamento, que también parece una sola voz que va saliendo de diferentes gargantas.
"Todo se me echó a perder", cuenta una anciana a otra. "El pollo que tenía me lo tuve que comer en un solo día porque no llegaba a hoy", refunfuña un hombre que conversa con otros dos en una esquina. "Llámala a ver si en su bloque hay electricidad y le podemos llevar la leche de la niña para que no se corte", le grita una mujer, con un bebé en brazos, a un joven que parte en una moto. En el basurero más cercano, se adivina un paquete con unos bisteces de cerdo, ya verdosos, que iban a ser la comida de alguna familia.
Doblo por Desagüe. "Me da lo mismo que vengan de la Yuma o de Burundi, pero que vengan ya", grita una señora asomada a su balcón. Tiene una bata de casa raída y cara de desespero. “Mi refrigerador está abierto de par en par, porque no sirve para nada”, describe. Debajo, varias vecinas añaden sus propios dramas, también a voz en cuello. “En mi casa no se duerme hace tres días por el calor y los mosquitos”, explica una. “Yo ya dije en mi trabajo que ni me esperen, que no he podido bañarme desde el jueves”.
Salgo a Carlos III, los vendedores informales empiezan a montar sus puestos. Hay lo mismo de siempre: tubos de pasta dental, cajetillas de cigarro, cargadores de móviles sacados de la basura y medicamentos sin recetas. Pero acercándome a la calle Reina veo una mercancía que me cuesta inicialmente identificar. Es un maniquí que representa a una niña de un poco más de diez años. Está desnudo y lleva una peluca negra. A su lado, un hombre ofrece la muñeca sin tener un precio claro. “¿Cuánto me das?”, me pregunta cuando me ve curiosa.
La figura es como los maniquíes que poblaban las tiendas de mi infancia. Sin gracia, como también lo era aquella ropa que solo podíamos comprar con una casilla o un cupón de la libreta del racionamiento destinada a los “productos industriales”. Odiaba aquella indumentaria. Siempre me quedaba grande o estrecha, me picaba la tela o el día que nos tocaba comprar se acababa la blusa que quería y debía irme a casa con un pantalón que parecía más adecuado para trabajar en la agricultura que para pasear con mis amigas. Fueron tan feos los años 80 para la moda en Cuba que a veces no quiero ni mirar mis fotos de esa década. Nota aquí.
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jueves, mayo 14, 2026
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lunes, marzo 16, 2026
Yoani Sánchez
Yoani Sánchez denunció que la policía del régimen cubano le impidió salir de su casa
La periodista compartió un video en sus redes sociales en el que se ve a un agente de la dictadura con la cara tapada y apostado en la entrada de su vivienda.
La periodista cubana Yoani Sánchez denunció este fin de semana que agentes de la policía del régimen cubano le impidieron salir de su vivienda en La Habana. Según sus declaraciones, un hombre vestido de civil y con el rostro cubierto bloqueó el acceso a la calle, negándose a identificarse y a explicar los motivos de la medida.
En un video grabado en los bajos de su edificio y difundido en redes sociales, Sánchez relató que el individuo, a quien describió como un desconocido ajeno a la comunidad, le prohibió que abandonara su domicilio. “Asegura que no me va a dejar salir. Además de esto, hay otro operativo. Veo, por ejemplo, por aquí dos señoras que no pertenecen a mi comunidad, una comunidad que conozco bastante bien”, señaló la fundadora del diario digital 14ymedio.
La periodista increpó al agente para que dijera ante la cámara quién había ordenado la vigilancia y la restricción, a lo que el individuo respondió: “No sé”. Sánchez insistió en que no posee antecedentes judiciales ni está sometida a medidas legales restrictivas. “Yo soy una ciudadana que no ha cometido delitos, no está juzgada en un tribunal, no tiene una orden de restricción ni prisión domiciliaria. Entonces, ¿por qué tú no me dejas salir?”, cuestionó en el diálogo registrado en video.
El hombre mantuvo la negativa y evitó proporcionar información adicional sobre su identidad o la procedencia de la orden. Sánchez advirtió que esta situación representa una vulneración de sus derechos y subrayó el carácter arbitrario de la medida. “Puedes ser un matón. Puedes ser un delincuente, un criminal de barrio”, manifestó en su intercambio con el agente, quien se limitó a responder: “Tú sabes quién es”.
La denuncia de Yoani Sánchez se enmarca en un contexto de hostigamiento y vigilancia frecuente a disidentes y periodistas independientes en Cuba. Organizaciones internacionales de derechos humanos han alertado sobre el aumento de operativos de vigilancia, citando casos similares en los que se restringe la circulación de activistas sin orden judicial previa. Nota aquí.
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domingo, noviembre 01, 2015
Yoani Sánchez
Ya no quiero encontrarte, Camilo
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sábado, septiembre 12, 2015
Yoani Sánchez
Leopoldo López, el prisionero más libre del mundo.
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jueves, febrero 05, 2015
Yoani Sánchez
¿Qué haremos con la esperanza?
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viernes, octubre 17, 2014
Yoani Sánchez
Debaten cómo impulsar el periodismo crítico en Cuba
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