viernes, junio 05, 2026

Chunchuna Villafañe

 Murió Chunchuna Villafañe: Adiós a la muñeca comprometida

Fue arquitecta y modelo publicitaria, pero brilló como actriz de cine, teatro y televisión. Trabajó codo a codo con el Padre Carlos Mugica en la Villa 31 y tras el golpe cívico-militar, se exilió junto a su pareja de entonces, el recordado Fernando “Pino” Solanas.

Su apodo era una deformación de “Chonchona” porque así le decían a su mamá. Y significaba “muñeca”. Con semejante belleza, no le hizo caso omiso a la profesión de modelo y grabó más de 200 publicidades. Pero con una gran salvedad: si el mundo del modelaje suele ser considerado frívolo, glamoroso y careta, ella fue todo lo contrario. Más bien estuvo en las antípodas: fue una de las actrices argentinas más comprometidas de su generación, al punto que estuvo exiliada desde 1976 durante la dictadura cívico-militar. Este jueves 4 de junio murió Chunchuna Villafañe a los 92 años. Si 2025 cerró prácticamente con la muerte de Héctor Alterio, y 2026, a poco de comenzar, fue testigo del fallecimiento de Luis Puenzo, buena parte del alma de La historia oficial ya reside en otras almas: las de los espectadores que supieron emocionarse con una de las películas más importantes del cine argentino.

En una publicación de Instagram, una de sus hijas, la cantante, música y actriz Juana Molina -de su matrimonio con Horacio Molina-, escribió: “Queridos amigos murió mi querida mamita. Era algo que esperaba y temía. Sucedió esta madrugada. Es un cocktail de sensaciones, cuando volví a su casa y vi su cama vacía me di cuenta de que la voy a extrañar mucho. Esa ausencia inmensa. Ir a su casa a conversar era algo que hacía muy a menudo y sería incapaz de recordar alguna de esas conversaciones que duraban horas. No sé de qué hablábamos, pero hablábamos mucho. Creo que ahora quiero estar con mi hijita bien juntitas las dos”.

Elba Chunchuna Villafañe nació en Buenos Aires el 9 de abril de 1934. La historia indica que fue bisnieta del político y gobernador de provincia Benjamín Villafañe, y su padre César Villafañe fue jinete internacional. Chunchuna era sobrina de la artista Elba Villafañe, una multipremiada dibujante, escultora y pintora argentina. Viajó y vivió con su familia en diversas provincias. Cuando se mudaron a Buenos Aires, Chunchuna estudió en el Colegio del Sagrado Corazón y luego en la Facultad de Arquitectura de la UBA. Tras recibirse, al mismo tiempo que se dedicaba a la arquitectura, comenzó a trabajar como modelo realizando desfiles y numerosas publicidades. Fue la cara visible de productos que iban desde televisores hasta bancos o bebidas alcohólicas.

Pero el comienzo de esta nota hablaba del compromiso, y en la década del ’70 su vida cobró otra dimensión: empezó a trabajar con el Padre Carlos Mugica en la Villa 31. A principios de noviembre de 1972, hubo una carta que la sorprendió: contenía una invitación muy especial. Era una de las figuras elegidas para acompañar a Juan Domingo Perón en el vuelo de regreso al país, desde Italia, luego de 17 años de exilio en España. El viaje incluyó a 154 personas, casi todos hombres: sindicalistas, futbolistas y cantantes. Entre ellos, estaba la modelo más importante del país. En 1976, luego del golpe, ella y su pareja de entonces, el recordado realizador y político Fernando “Pino” Solanas, fueron amenazados de muerte y tuvieron que abandonar la Argentina, comenzando su exilio primero en Madrid, para luego establecerse por varios años en París.

El retorno de la democracia vino con alto impacto, pero esta vez artístico, aunque no menos comprometido: Chunchuna -que había estudiado con Agustín Alezzo-, fue elegida para trabajar como actriz de reparto en La historia oficial, ganadora del Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa en 1986. La periodista Virginia Mejía reconstruyó en su libro Chunchuna, confesiones de un ícono pop, cómo surgió su participación en la obra cumbre de Puenzo. Chunchuna iba caminando por la calle Florida, a la altura de Paraguay, y se topó ahí nomás con el director. “Me dijo ‘Ay, yo te quería hablar’, y pensé ‘¡Qué pesado! Seguramente me va a pedir que haga el papel de una tipa sexy, como todos los que vengo haciendo’. Estaba cansada de decir que no quería ser una mujer fatal, divina, donde lo único importante era mostrar el traste. Me dijo: ‘Quiero que encarnes el papel de una mujer en la primera película que yo hago profesionalmente’. El ya había hecho mucha publicidad y era conocido, así que yo pensé ‘Ma’ sí, lo hago’. Le dije que sí. Continué mi camino, y más tarde me llamó y me envió el libreto”, recordaba la actriz.

Su rol era el de una exiliada que retorna a la Argentina en 1983 y se reencuentra con su amiga Alicia, interpretada por Norma Aleandro. Ambas construyeron una de las escenas más impactantes y recordadas de la historia del cine argentino. Tras una cena en la casa de Alicia junto a su marido (Héctor Alterio), un hombre vinculado a los militares, cuando quedan solas, ríen, lloran y beben. Y su personaje le confiesa al de Norma cómo terminó por exiliarse: antes había sido secuestrada, torturada y violada debido a su relación con un hombre marcado por los milicos como “subversivo”, aunque ella había dejado de verlo dos años antes. Ingenuamente, Alicia le dijo que debía haberlos denunciado, lo que despertó respuestas irónicas de su amiga. Nota aquí.



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