domingo, septiembre 20, 2026

Panaderia Artiaga

 La mejor panadería tradicional del mundo está en Buenos Aires: un ranking premió a un emblema de Saavedra

Artiaga resultó elegida en la categoría de elaboración artesanal de 2026 por la publicación británica LUXlife, en la primera edición de los Bake and Brew Awards. El emprendimiento que inició sus actividades en 1931 y hoy gestiona la tercera generación de la familia Rodríguez protagonizó la portada del certamen.

Una panadería argentina recibió una importante distinción internacional. Artiaga, ubicada en el barrio porteño de Saavedra, fue reconocida como Panadería Artesanal Tradicional del Año 2026 por la revista británica LUXlife, en el marco de la primera edición de los Bake and Brew Awards.

El reconocimiento ubicó al negocio familiar entre los elegidos de este programa internacional que celebra a cafeterías, panaderías y productores artesanales de distintos países, incluidos comercios de Reino Unido y Abu Dabi. La iniciativa busca destacar la creatividad, el oficio y la identidad de los emprendimientos ligados al mundo de la panificación y el café.

Artiaga resultó la ganadora en la categoría argentina y protagonizó la portada de la publicación dedicada a los premiados.

El coordinador de los premios, Daniel Griffin, destacó el trabajo de los negocios seleccionados en la primera convocatoria. “Ha sido un privilegio estar al frente de los Bake and Brew Awards 2026 y conocer mejor el increíble trabajo que realizan las empresas de este sector”, afirmó.

La revista señaló que los comercios premiados ayudaron a sentar las bases de un certamen que pretende mantenerse en los próximos años. En ese marco, la elección de Artiaga remite a una historia iniciada por inmigrantes españoles y sostenida por tres generaciones de una misma familia.

De una pequeña panadería a un negocio familiar de casi un siglo

La trayectoria de Panadería Artiaga está unida a la de Antonio Rodríguez, quien llegó desde España a la Argentina cuando tenía 13 años. Tras la muerte de su padre, tres años después de su llegada, tuvo que asumir el sostén económico de su familia. Primero trabajó en el campo y luego se mudó a Buenos Aires.

En la ciudad conoció a Alba, quien se convertiría en su esposa y socia de vida. Ambos tuvieron hasta tres empleos al mismo tiempo, con el objetivo de reunir recursos para abrir su propio negocio. En una primera experiencia, se asociaron para instalar una panadería en La Boca, cerca del puerto.

Más tarde conocieron Artiaga, una panadería de barrio que entonces vendía pan, galletas y medialunas. Pese a que recibieron advertencias por la menor circulación de gente en comparación con La Boca, decidieron adquirir el local. La panadería había abierto en 1931 y, con el paso de las décadas, incorporó pasteles, tartas y chocolates a su oferta.

Hoy el emprendimiento está en manos de la tercera generación de la familia Rodríguez: José Antonio, Juan Manuel y Marisol Alfonso Rodríguez. La empresa mantiene su perfil familiar y su actividad está ligada a los hábitos cotidianos y celebraciones de sus clientes.

Más tarde conocieron Artiaga, una panadería de barrio que entonces vendía pan, galletas y medialunas. Pese a que recibieron advertencias por la menor circulación de gente en comparación con La Boca, decidieron adquirir el local. La panadería había abierto en 1931 y, con el paso de las décadas, incorporó pasteles, tartas y chocolates a su oferta.

Hoy el emprendimiento está en manos de la tercera generación de la familia Rodríguez: José Antonio, Juan Manuel y Marisol Alfonso Rodríguez. La empresa mantiene su perfil familiar y su actividad está ligada a los hábitos cotidianos y celebraciones de sus clientes.

Marisol Alfonso Rodríguez comenzó a trabajar en Artiaga a los 14 años, durante los fines de semana. Mientras cursaba una licenciatura en marketing, fue sumando responsabilidades vinculadas a la identidad visual de la marca, el diseño de los locales, los empaques y la comunicación con los clientes.

La integrante de la tercera generación explicó que el trabajo interno ocupa un lugar central en la gestión del negocio. “Confiamos en ellos y les brindamos las herramientas, la seguridad y el conocimiento que necesitan para alcanzar su máximo potencial”, sostuvo sobre la formación del personal.

La panadería cuenta actualmente con 60 trabajadores y realiza reuniones semanales para compartir propuestas, evaluar dificultades y resolver decisiones de operación. El objetivo, de acuerdo con el testimonio de Marisol, es que quienes ingresan en puestos iniciales puedan capacitarse, conocer el oficio y asumir funciones de liderazgo.

“Cada hogaza de pan, cada medialuna y cada panettone representa el trabajo de decenas de personas que se preocupan profundamente por lo que hacemos”, afirmó la empresaria. Nota aquí.





















0 comentarios: