"Estoy haciendo teatro porque voy ligero de equipaje y puedo subirme a un tren en marcha"
Ismael Serrano se mete en la piel de Antonio Machado en una función teatral donde interpreta canciones de Joan Manuel Serrat.
Ismael Serrano (Madrid, 1974) está recorriendo un camino en el que rinde un doble homenaje, y lo hace asumiendo un riesgo y una responsabilidad. El riesgo de subir a un escenario cada tarde para encarnar nada menos que a Antonio Machado y la responsabilidad de interpretar las canciones de Joan Manuel Serrat que tanto han significado en su trayectoria vital y musical. Golpe a golpe refleja varios episodios de la vida del poeta sevillano protagonizados por su hermano Manuel, su madre o aquella chica de trece años, Leonor, de la que se enamoró y acabó siendo su esposa. También aparecen escritores como Valle-Inclán, Lorca o Rubén Darío.
Este recorrido escénico se inicia con el paso a pie de la frontera con Francia, en Portbou, durante una fría noche de enero de 1939. Allí dejó atrás España definitivamente, comenzó un exilio marcado por la amargura, un camino sin retorno que le llevaría a la muerte en menos de un mes. Ismael Serrano se enfunda sombrero y abrigo, y con aire taciturno aporta su visión de Machado en el Teatro Infanta Isabel, donde estará hasta el 28 de junio.
Estamos en el escenario de Golpe a golpe, en el Teatro Infanta Isabel, rodeados de equipajes, maletas y baúles. ¿Por qué?
Por la referencia machadiana al viaje y a ese camino en el que no se vuelve atrás, que está presente en toda la obra. Desobedeciendo un poco la máxima machadiana, aquí sí volvemos hacia atrás. Partimos del exilio y hacemos un repaso de toda su biografía: su infancia en Sevilla; su paso por la bohemia y los viajes a París; sus tragedias sentimentales; sus desencuentros; su militancia política… Es un viaje con la maleta a cuestas permanentemente, que finalmente se pierde en el exilio, cuando llegan a Collioure.
¿Cómo ha llegado a esta representación de la vida de Antonio Machado?
Curiosamente, mi vida está ligada a Machado de una forma u otra. Mi padre es muy machadiano y nos inculcó el amor por los textos de Juan de Mairena y también por su poesía. Tan es así que yo tuve una editorial de libros -Hoy es Siempre Ediciones- y uno de los primeros libros que sacamos fueron los textos políticos de Machado. Con el tiempo, se han dado más coincidencias como que Feijóo le atribuyó a Machado unas palabras mías en la investidura de Pedro Sánchez. Okapi producciones me embarcaron en este proyecto y estuvimos trabajando el texto con Paco Gámez, gran director. En este retrato yo doy mi visión de un Machado vulnerable, tierno, al que le gustaba más escuchar que hablar, y cuando hablaba se expresaba a través de la voz de Juan de Mairena o a través de la poesía.
¿Qué ha descubierto de la vida de Machado, a través de esta función?
Yo creo que lo más bonito de su vida, y a la vez lo más terrible, es la relación con su hermano Manuel. Se querían mucho, trabajaban juntos haciendo teatro, pero acabaron separados. Yo creo que lo que mató a Machado fue escuchar por la radio las arengas de su hermano dirigidas al ejército franquista. Por pura supervivencia, Manuel se ve obligado a apoyar al bando franquista, y así lo dicen la mayor parte de los biógrafos. No era tan militante como Antonio, pero también era republicano. De repente, la guerra lo pilla en Burgos y pasa la noche en un calabozo. El miedo le lleva a adherirse a la causa franquista, y yo creo que ese desencuentro con su hermano fue una de las cosas que mató a Machado, más allá de ver cómo el proyecto de modernización de la República se viene abajo y llegó el horror de la Guerra civil. Refleja eso a lo que tanto cantó: una España que muere, una que bosteza, y un español que quiere vivir y a vivir empieza.
Hay quien se pregunta qué hubiera sucedido si a Antonio le hubiera pillado la Guerra civil en Burgos y a Manuel en Madrid. ¿Los españoles quedaron separados de manera totalmente azarosa?
La guerra tiene mucho de azaroso y de terrible, porque genera desencuentros dentro del ámbito más cercano y familiar. Antonio Machado era muy militante y estaba muy significado. No sé si hubiera sobrevivido en Burgos, porque era una figura icónica, muy representativa de la República. Tenía textos muy beligerantes al respecto. La Guerra Civil supuso el enfrentamiento entre hermanos, pero no hay que olvidar que se produce por un golpe de Estado contra una República que llegó a través de unas elecciones, de una manera pacífica. Fue un proyecto de modernización truncado que condenó al país a la barbarie.
¿Qué le aporta el teatro en relación a su faceta musical?
Creo que hay muchas cosas que se pueden incorporar. Cuando uno canta se interpreta a sí mismo, pero incorporar la mirada de otro a tu forma de cantar es enriquecedor, porque ganas en grados de libertad. Como dice Paco Gámez, el director, una cosa es decir las cosas bonitas y otra decirlas traspasadas por el sentimiento, con una reflexión previa. Eso me obliga a no desconectar cuando canto. A veces puedes caer en la tentación de poner el piloto automático con canciones que has cantado tantas veces, y esto es un recordatorio de que, cuando lo que dices está traspasado por la verdad y por el sentimiento, comunica de otra manera. Cuando estás interiorizándolo es más verdad. Yo lo estoy incorporando, incluso en los conciertos que compatibilizo con esta gira teatral.
¿En esta vida conviene viajar ligero de equipaje?
En la medida de lo posible, sí. Facilita las cosas porque, a veces, nos cargamos de equipaje innecesario, de culpas y responsabilidades que no nos corresponden; hay que asumir las justas. Además, te permite ser más libre y entender que estamos de paso, dispuestos al viaje permanente y a la sorpresa; estar atento a lo que ocurra y ser permeable. ¿Quién me iba a decir que, después de tanto tiempo, iba a estar haciendo teatro? Quizás estoy aquí porque, a mi manera, voy ligero de equipaje, y eso me permite subirme al tren en marcha. Nota aquí.




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