Muere Gonzalo Suárez, referente del cine y la literatura españoles, a los 92 años
El cineasta, autor de obras míticas como ‘Remando al viento’, ‘Ditirambo’ o ‘El detective y la muerte’, y gran reportero de fútbol había recibido el Goya de Honor el pasado febrero.
Gonzalo Suárez, escritor, cineasta y una de las voces más singulares de la cultura española contemporánea, ha fallecido este martes en Madrid a los 92 años. Pero sobre todo, ha sido uno de los creadores más juguetones y traviesos en unos años de panorama grisáceo en una España acartonada. “Aprendí a no llegar. Quizá tiene que ver con mi escapada del éxito. Lo cierto es que tengo la impresión de que no he llegado y que por eso he venido haciendo tantas cosas”, contaba en febrero sobre una carrera que definía “de suerte, no de éxito”. Si el éxito es poder hacer la obra con la que se disfruta, Suárez ha sido uno de los más grandes, al contrario de su autodefinición.
Nacido en Oviedo en 1934, Suárez desarrolló a lo largo de varias décadas una trayectoria muy iconoclasta y diversa: fue novelista, director de cine, guionista, periodista y cultivó distintos lenguajes creativos sin detenerse en las fronteras entre ellos. En sus libros y películas convivieron el humor, la literatura fantástica, la reflexión sobre la creación artística y una particular fascinación por los personajes que parecían vivir entre la realidad y el sueño. Por si fuera poco, en torno a 1960 inventó un alter ego, Martín Girard, a través del cual escribió crónicas deportivas. “Uno no deja de ser periodista nunca. Aunque soy un hombre de ficción: opté por ella porque no me gusta la realidad de las guerras y las bombas, y sigue sin gustarme, lo que me gustaría es volver a ser yo el entrevistador. Del periodismo, me gusta la entrevista”, contaba el año pasado.
Películas como Ditirambo, Remando al viento, El detective y la muerte, Mi nombre es sombra o La reina anónima revelaron a un creador libérrimo, y por la primera, en 1988, fue recompensado con el Goya a mejor dirección y con la Concha de Plata en el festival de San Sebastián gracias a Remando al viento. Su cine ha sido tan extraño como elegante, tan curioso como provocador.
Su obra literaria compartió esa misma libertad. En ella, la realidad podía deformarse hasta convertirse en ficción y los personajes podían asumir identidades inesperadas. “Al margen de inteligencias artificiales y otras realidades virtuales, el cine es el último reducto con el que podemos soñar despierto, y me remite a ese primer bisonte que nuestros ancestros pintaron en una caverna”, declaraba el pasado febrero al recibir el Goya de Honor de la Academia de Cine, en una de sus últimas apariciones públicas.
A Suárez el inicio de la Guerra Civil le pilla con casi dos años en Madrid, porque su padre, catedrático de francés, había venido a presidir unos exámenes desde Oviedo. Su progenitor, apartado de su trabajo por haber sido socialista, se encargó de su educación hasta que entró en el madrileño Liceo Francés. Tras estudiar Filosofía y Letras empezó con la pintura, y escribió y protagonizó obras de teatro, hasta que se cansó de aquella España plúmbea y se mudó a París, donde conoció a su esposa, Anne-Hélène Girard. Cuando volvió en 1958 a Barcelona, se dedicó al periodismo deportivo bajo el pseudónimo de Martín Girard, apellido de su esposa, y publicó en La Vanguardia y El Noticiero Universal, entre otros periódicos. “Todo empezó con una entrevista a Helenio Herrera [mítico teórico del fútbol conocido como El mago, entrenador de enorme éxito, además de pareja de la madre del cineasta], para el que hacía informes cuando entrenaba al Inter. Iba todas las semanas a Milán haciendo escala en Niza. Contribuí a que el Inter ganara dos Copas de Europa. Iba a los campos rivales y la gente me tiraba monedinas porque me veía escribiendo. Era sospechoso. Sigo siéndolo, pero ahora no sé de qué”. Nota aquí.

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