La vida de Marcel Marceau, el joven que salvó de los nazis a cientos de niños judíos y se convirtió en el mimo más famoso del mundo
Cuando los nazis ocuparon Francia, Marcel Magel tenía 16 años y cambió su apellido por Marceau para ocultar su origen judío e incorporarse a la Resistencia como falsificador de documentos. En Lyon ideó un plan silencioso para sacar a cientos de niños judíos y llevarlos a Suiza. Después de la guerra creó a “Bip”, el personaje que deslumbraba con su mímica inigualable. Paradójicamente, la única palabra que pronunció en toda su carrera la dijo en una película muda: “¡No!”. Murió el 22 de septiembre de 2007 y, fiel a su arte silencioso, su lápida no tiene epitafio.
La única vez que Marcel Marceau habló en una de sus actuaciones fue, paradójicamente, en una película muda. En La última locura de Mel Brooks, estrenada 1976 con varios actores invitados, Marceau es el único personaje que pronuncia una palabra, un tajante “¡No!”, en una escena que ya forma parte de su historia y la del cine. Se definió siempre como pacifista y fue fiel a ese pronunciamiento: nunca quiso actuar en países gobernados por dictaduras. “No hablo: basta ese grito interior para desnudar el alma (…) Trabajo por la paz: soy un activista de esa causa tantas veces perdidas (…) ‘Bip’ es un héroe sin edad, sin época, y con eterna esperanza (…) El silencio es infinito: los límites los pone la palabra… Nunca le pidan a un mimo que hable: ¡jamás se callará!”, explicó una vez. Tampoco solía hablar del papel que había cumplido durante la ocupación alemana en Francia, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el silencio, la planificación, la valentía y su capacidad de entretener fueron las herramientas que utilizó para salvar a cientos de niños judíos del exterminio.
Nacido el 22 de marzo de 1923, Marcel Mangel tenía 16 años cuando las tropas alemanas ocuparon Francia. Su padre, un carnicero kosher, fue capturado y enviado a Auschwitz, donde moriría en 1944. En cambio, él y su hermano Alain pudieron escapar a Lyon, donde adoptaron nuevas identidades y se incorporaron a la Resistencia. Allí Marcel, que había adoptado el apellido Marceau para ocultar su origen judío, se convirtió en un verdadero dolor de cabeza para el jefe de la Gestapo, Klaus Barbie, a quién engañó una y otra vez. El jefe nazi hizo todo lo posible por capturarlo, pero nunca lo logró.
Al llegar a Lyon, la primera misión que recibieron Marcel y Alain fue incorporarse a un grupo de falsificación de documentos. Copiaban pasaportes y otro tipo de papeles para que pudieran ser utilizados por los miembros de la Resistencia que operaban en la clandestinidad y también para “cristianizar” a judíos franceses y así evitar que fueran deportados a los campos de exterminio.
También formaban parte del equipo de reubicación de huérfanos. Para poder hacerlo debían enfrentar las operaciones de traslado que había ideado Barbie, el implacable “Carnicero de Lyon”: hacía redadas e intervenía personalmente en las deportaciones. Así logró atrapar a cientos de niños judíos. A muchos los asesinaba en el acto, y a otros los enviaba a Alemania y a Polonia para internarlos en los campos de concentración.
Salvar a los niños
Marcel seguía las órdenes de su primo, Georges Loinger, jefe de la unidad secreta de la Resistencia Francesa llamada Oeuvre de Secours aux Enfants: un grupo judío de ayuda que sacaba a niños, también judíos, del espanto de la Francia ocupada por las tropas nazis. Marceau y su equipo idearon un plan para llevar a los niños a Suiza, un país neutral, en grupos de veinte a treinta viajando en tren desde Lyon hacia el Este y desde allí a pie, atravesando los Alpes en pleno invierno. Del otro lado de la frontera los esperaban otros miembros de la Resistencia que llevaban a los chicos hasta Ginebra. Para desorientar al Ejército alemán vistieron a los chicos como boy scouts. Así, en caso de ser interceptados por un control militar, podían decir que estaban de campamento en las montañas. Nota aquí.

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