“El terror psicológico es el más asfixiante”
La actriz española analiza el sentido de la película de Cristian Bernard, un relato de horror en donde los límites entre lo sobrenatural y los propios fantasmas se vuelven difusos. “Los monstruos de esta historia son metáforas directas de los traumas no resueltos y los silencios familiares”, destaca Verdú.
El terror puede esconderse detrás de una pared, en el departamento de al lado o incluso dentro de una familia. Bajo tus pies, la película de Cristian Bernard protagonizada por la destacada actriz española Maribel Verdú, llegará a las salas argentinas el próximo jueves, después de su estreno mundial en el Festival Tallinn Black Nights. Arribará con un relato de horror psicológico en el que los límites entre lo sobrenatural y los propios fantasmas se vuelven cada vez más difusos.
Verdú interpreta a Isabel, una mujer recién separada que se muda con sus dos hijos a un departamento de Bilbao buscando comenzar una nueva vida. Pero el supuesto refugio pronto se transforma en una amenaza: desde las paredes comienzan a escucharse voces y lamentos que interrumpen el sueño y alteran progresivamente la salud mental de la protagonista. Mientras Isabel intenta sostener su trabajo y su rol de madre, sus hijos también deberán enfrentarse a aquello que parece habitar el edificio.
Con ecos de La semilla del diablo y El resplandor, Bernard apuesta por un terror de atmósferas, sonidos y sugestiones antes que por el golpe de efecto permanente. Pero debajo de los mecanismos del género aparece otra historia: la de una mujer atravesada por el abandono, el agotamiento y sus propios fantasmas, y la de dos niños que asisten impotentes a su derrumbe. El film, además, representa el debut de Bernard en el cine español y constituye, según sus propias palabras, su película más personal.
Para Verdú, una de las actrices más reconocidas del cine español, el personaje supone otro desafío dentro de una carrera marcada por la diversidad de registros y por trabajos junto a realizadores como Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y Francis Ford Coppola. En esta entrevista habla de Bajo tus pies, del miedo, de la maternidad y de la fragilidad de Isabel, pero también de un recorrido artístico que comenzó cuando era muy joven y que continúa explorando territorios diferentes.
Isabel comienza la película como una mujer fuerte, organizada y protectora, pero poco a poco el miedo y la falta de sueño empiezan a desestabilizarla. ¿Qué fue lo más difícil de interpretar ese proceso de derrumbe sin que el personaje perdiera su humanidad? “Lo más complejo fue no caer en el cliché del desquicio gratuito. Isabel no se vuelve loca de golpe: se va desgastando capa por capa. El reto era mantener siempre visible el motor de todo lo que hace, que es el amor visceral y la necesidad de proteger a sus hijos. Aunque tome decisiones erráticas o se quiebre, el público tiene que sentir su dolor, no juzgarla desde afuera. La vulnerabilidad tenía que sostenerse hasta en los momentos de mayor furia o delirio”, comenta Verdú en la entrevista con Página/12.
-Isabel es psicóloga y trabaja atendiendo pacientes de manera online, pero llega un momento en que ella misma parece no poder cuidar su propia salud mental. ¿Te interesó especialmente esa contradicción del personaje?
-Muchísimo. Es una paradoja brillante del guion: la profesional que tiene todas las herramientas teóricas para ordenar el caos ajeno, pero que frente a una pantalla se muestra impoluta, mientras su propio entorno se desmorona. Refleja muy bien esa exigencia contemporánea de tener que sostener a los demás cuando uno mismo está roto por dentro. Saber ponerle nombre a los traumas no te inmuniza contra ellos.
-La película juega permanentemente con la duda sobre qué es real y qué puede estar ocurriendo dentro de la cabeza de Isabel. ¿Cómo trabajaste esa incertidumbre como actriz?
-Para mí, como actriz, todo lo que vive Isabel es absolutamente real. No se puede actuar la duda clínica; hay que interpretar la certeza del pánico. Si ella escucha un golpe o siente una presencia, eso existe al cien por ciento en su cuerpo. Cristian, el director, se encargaba de calibrar el punto de vista en la puesta en escena, pero mi trabajo era anclar la verdad física y emocional de cada estímulo, viniera de afuera o de su mente.
-Hay algo muy perturbador en que el peligro no esté en un lugar lejano sino dentro de la propia casa, detrás de una pared, al otro lado de una puerta. ¿Qué te atraía de ese tipo de terror más cotidiano y psicológico?
-Que es el terror más asfixiante. El hogar debería ser el refugio, el único lugar donde bajás la guardia. Cuando la amenaza invade ese espacio íntimo y peor aún, cuando sospechas de los vecinos o sientes que el peligro está pegado a tu pared, no hay escapatoria. Es un terror que no necesita monstruos intergalácticos: se alimenta de la paranoia urbana, del aislamiento y de la desconfianza cotidiana.
-La falta de sueño tiene un papel muy importante en la película y contribuye al deterioro de Isabel. ¿Cómo se construye desde la actuación un estado de agotamiento y paranoia que va creciendo progresivamente?
-El insomnio altera la relación con el tiempo, la mirada y el cuerpo. Trabajamos mucho la pesadez física: la respiración entrecortada, los párpados cansados, la lentitud en las reacciones cotidianas contrastada con sobresaltos nerviosos desmedidos. Llega un momento en que el cuerpo no responde bien y la mente va a mil por hora. A todos nos ha pasado cuando llevamos unos días durmiendo mal. Nota aquí.

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