jueves, septiembre 24, 2026

Maricarmen Abascal

 Maricarmen, de 87 años, es desahuciada de su casa y se irá temporalmente con unos familiares

La vecina de Retiro ha rechazado la plaza de emergencia gratuita en una residencia que le ofrecía el Ayuntamiento de Madrid

Maricarmen Abascal está en la calle a los 87 años. Falta un minuto para la una de la tarde de este miércoles cuando sale recostada en una camilla y la suben a una ambulancia del Samur, que se pierde entre las calles del barrio madrileño de Retiro rumbo al hospital Gregorio Marañón, en medio de un funeral de lágrimas, gritos y ansiedad de las cientos de manifestantes que la han defendido hasta el final. Maricarmen ha cerrado la puerta de su casa por última vez. No podrá volver, por mucho que haya vivido 71 años en ella. “Este desahucio es un asesinato”, gritan unos activistas mientras otros lloran, aún incrédulos. “Nadie hizo nada por ella”, lamenta un vecino.

Es el cuarto y definitivo intento de desahucio de esta mujer, que llevaba ocho años luchando por quedarse en el piso de alquiler frente a los propietarios, Urbagestión S. L., que han rechazado todas las ofertas de ayuda, todas las gestiones del Ministerio de Vivienda y todos los intentos de mediación del Sindicato de Inquilinas. Maricarmen se irá a vivir temporalmente con un primo al que llama hermano, tras rechazar la plaza de emergencia gratuita en una residencia que le ofrecía el Ayuntamiento. En la Comunidad de Madrid hay, de media, tres desahucios al día y este se ha convertido en símbolo del movimiento por el derecho a la vivienda.

La madrileña ha recibido durante más de 12 horas el apoyo de 500 personas, entre ellas Ana Belén, Carlos Bardem y Juan Diego Botto. Un centenar pasó la noche en las escaleras del número 46 de la calle del Alcalde Sainz de Baranda, donde Maricarmen trató de descansar rodeada de su primo, su sobrina y un círculo cercano del sindicato. Abajo, en el portal, transcurría una noche de vigilancia, tensión e incertidumbre. Fuera, desde antes de las 6.00, decenas de activistas, vecinos y políticos ocuparon los dos lados de la calle, ya cortada. En medio del cordón policial se montaron tiendas y se organizaron asambleas para gestionar la resistencia, después de un emotivo discurso de Maricarmen. “No me quiero ir, pero esta gente por dinero hace lo que sea. Es muy difícil vivir siete años con la daga en la cabeza”, dijo este martes, después de meses en los que pasó de andar enérgica, a estar en silla de ruedas, con menos masa muscular y más demacrada. Nota aquí.







0 comentarios: