La calle
Esta calle. La luz. Las calles nuestras.
Los caminos abiertos a la aurora,
cruzan mi pecho, me muerden en la boca,
me llevan a soñados paraísos.
Vuelvo hoy a la calle. Están los árboles
esperando la sombra. Ya el otoño
se anuncia como gato en los tejados,
silencioso, sin voz ni calendario.
Y tanta paz, cuando ha dejado el miedo
desolación, los tiempos negros.
Este sol que recorre las aceras
limpia los viejos días del pasado.
Un gorrión se acerca. Picotea
una sombra de luz. Soy solo un pájaro
que ahora teme volar tras la tormenta
buscando el alba de oro de Rubén.
El cielo es tan azul. Azul purísimo,
el color es de un dios que se deshace
entre el olor a hierba de algún parque,
y el ruido de brillantes automóviles.
Vuelve a surgir la vida, me rebrota
entre mis dedos torpes, de mis venas.
De esta carne ayer muerta que hoy espera
el abrazo feliz de días nuevos,

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