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lunes, julio 28, 2025

Carlos Santana

 La expresividad de Carlos Santana se adueña del Sant Jordi

El guitarrista mexicoamericano inició en Barcelona su gira española tras años de ausencia

No hacía falta, el público que asistió al concierto ya sabía que Woodstock existió y que allí tocó Santana, pero desde el principio Carlos Santana lo quiso recordar con imágenes de la época en la que era un melenudo. Sí, el guitarrista mexico-americano es pura historia, un trozo de la misma que aún exprime su guitarra con una agilidad que no ha sucumbido a los años, esos mismos años que lo han dejado como referente de otras épocas y faro de instrumentistas. Volvía a España tras largos años de ausencia, pero pareció que el tiempo no había pasado, deteniéndose en una figura con sombrero que en medio de un escenario sin alarde alguno, también sin imaginación escenográfica, centraba todo el interés en lo que antes era lo único en un concierto: la música y un sinfín de instrumentistas para darle fuste y presencia. Slo faltó que antes de iniciar su primera actuación en España en esta gira, en el Sant Jordi de Barcelona con cerca de 12.000 personas, mencionase el “como decíamos ayer”.

Para resaltar aún más las hebras antiguas del tejido, el concierto comenzó por el principio, cuando Santana era adalid de un naciente rock latino emparentado con África y su banda, desmelenada como él, era puro arrebato. Soul Sacrifice, Jin-go-loba, un Evil Ways menos furioso que en su toma en directo con Buddy Miles y más ajustada a la grabación de estudio y un aplauso estruendoso del respetable con la entrada de teclados de Black Magic Woman, lo que se repitió justo después con el inicio, también con teclado, de Oye cómo va. Un tema de Peter Green/Fleetwood Mac y otro de Tito Puente en manos de Santana y de un trío de percusionistas, dos baterías y congas ya exigidos y metronómicos en los cambios de ritmo. Habría más versiones, lo natural en su repertorio, en el que incluso en Evil Ways, otro tema ajeno, se marcó un fragmento de Do It Again de Steely Dan. Pero luego el concierto viró hacia el Santana del Supernatural con Maria, Maria y ahí bajó el peso del recuerdo mítico y entró el guitarrista que triunfó a la manera en la que Herb Alpert sedujo a los mercados como gato sin uñas.

En este tramo del concierto, brilló Samba pa ti, en una de cuyas vueltas pareció recuperar la trama rítmica de Evil Ways y parejas muy adultas se tomaban de la mano sonriendo a mutuos recuerdos. También sonó Hope Your Feeling Better, recuperando de nuevo el Santana anterior a su consagración comercial con el álbum Supernatural. A todo esto la trama del concierto mostraba a unos instrumentistas a los que el patrón hacía ganarse el sueldo a base de solos, que demostraron que su mujer, la excelente baterista Cindy Blackman, tiene patente de corso marcándose, con permiso del bajista, los más largos, uno de ellos en los bises, y que incluso alguien de tan limitada exposición y protagonismo como el guitarra rítmica de Carlos Santana, lo más cercano al anonimato y la invisibilidad, tuvo el suyo e incluso cantó un tema, Put Your Lights On. Sí, el público le hizo caso y encendió sus móviles en modo linterna. Nota aquí.



sábado, julio 26, 2025

Carlos Santana

 Carlos Santana, músico: “Vengo a España para traer, como Paco de Lucía, la luz en mis notas”

El guitarrista regresa este sábado a los escenarios españoles tras 20 años de ausencia con una gira que hará parada en Barcelona, Madrid, Valencia, Murcia, Marbella y Jerez de la Frontera.

Asegura el guitarrista mexicano Carlos Santana (Autlán de Navarro, Jalisco, 78 años) que, cada vez que visita España, realiza “el mismo ritual”: acercarse a Málaga en busca, una y otra vez, del genio de Pablo Picasso. Lo ha hecho en diferentes visitas privadas: encerrarse en el museo dedicado al pintor en su ciudad natal, como una suerte de güija que conecta a los artistas más allá de la vida. “Yo me identifico con Picasso, que era una persona brava. Él, para comenzar una obra nueva, dejaba todo lo demás de lado: su vida personal, las mujeres, la familia, cualquier distracción... Se deshacía de todo brutalmente para pintar y solo así podía crear una masterpiece [obra maestra] completamente diferente”. Sombrero calado y discurso a medio camino entre la experiencia religiosa y la memoria artística, esta leyenda viva de la guitarra eléctrica atiende a EL PAÍS por videoconferencia desde un hotel de Milán, al norte de Italia, antes de pisar suelo español este verano en la que será su primera gira por el país en veinte años.

Habla con emoción de este reencuentro: del maestro de la guitarra flamenca Paco de Lucía, con el que visitó Andalucía también en varias ocasiones; de Joaquín Rodrigo y su Concierto de Aranjuez —“que aprendí a tocar de chiquito”, aclara—, y de toda la mezcolanza de culturas y músicas que, filtradas, dan como resultado lo que él llama “sonidos de España”. “Tenemos en común eso, ¿cómo lo llaman? El duende. Y todo lo que dejaron los moros, y los gitanos. Venimos de África, lo que la gente llama música latina es música africana”, se explica en una conversación salpicada de inglés, de múltiples referencias a Dios y a su infancia. También de recuerdos del hijo del violinista de un conjunto mariachi que traicionó el instrumento que le había tocado en herencia al descubrir la guitarra con ocho años, influenciado principalmente por Ritchie Valens, el músico estadounidense que comparte con Santana su origen mexicano y por el que, el día que murió en un accidente de avión antes de cumplir los 20 años, fue bautizado como “el día que murió la música”. Nota aquí.



martes, junio 11, 2019

Carlos Santana

“Debes tocar como si estuvieras haciendo el amor delante de todo el mundo”

El guitarrista Carlos Santana rinde homenaje a África en su nuevo disco.


Carlos Santana (Autlán de Navarro, México, 71 años) corre el peligro de ser devorado por la guitarra de Carlos Santana. Su dominio del traste es de tal calibre que no puede evitar invadir sus últimos discos con riffs exhibicionistas, solos eternos y ese tono cálido y meloso que se convierte en la voz dominante, abusadora, de todas las canciones. Le salva su amor por la música, su afán por explorar todos los rincones, su desinteresado entusiasmo por incorporar colaboraciones acertadas y una peculiar pretensión universal de extender energía positiva entre sus seguidores. “Hay gente que miente y justifica la corrupción, y se escuda para eso en las Sagradas Escrituras. Son los que lapidan a otros, o te amenazan con ir al infierno si no crees. Hay algo intrínsecamente malo en ese tipo de programación mental. Dios, que está sobre todos nosotros, es compasivo, maravilloso y elegante. Yo utilizo la música de África para recordar a la gente, en un nivel molecular, que no son aquello para lo que han sido programados. Vivimos en un planeta repleto de opciones”, explica el músico en un hotel londinense, rodeado de cámaras, ayudantes, botellas de agua, café y pastelitos para los visitantes. Nota aquí.