jueves, octubre 08, 2026

Piero

 Piero, el sacerdocio a través de las canciones

Nació en Italia y estuvo a punto de ser cura, pero su debut en la TV argentina de los ‘60 fue el comienzo de una historia artística caracterizada por la sensibilidad social, que le valió la persecución de la dictadura. Cantautor, actor, hombre trashumante, dejó canciones grabadas en la memoria de miles.

“Piero es más importante de lo que mucha gente cree”, espetó Rubén Blades en una entrevista. “Él fue el primer artista que escuché que tomó la balada para convertirla en un género de argumento social, porque ‘Mi viejo’ fue la primera canción con una reflexión honesta. Cuando Piero llegó por primera vez a Panamá, averigué en cuál hotel se estaba hospedando. Agarré mi guitarra, me la llevé, y conseguí que me atendiera. Fui a su habitación, con la guitarra y un amigo mío. Le canté completa mi canción ‘Pablo Pueblo’, que compuse en el primer año de la universidad, en el año 67 o 68. Al terminar, le pregunté si no le interesaba usarla. Entonces me dijo: ‘Yo no la voy a grabar’. Le pregunté por qué no, y me respondió: ‘Eso lo tienes que grabar tú, para que, en vez de que sea uno, seamos dos’”.

Ahora sólo queda uno de los dos músicos, luego de que el miércoles, enmarcado en la tarde lluviosa, Piero falleciera a causa de una afección respiratoria, a los 81 años, en el Hospital Italiano de Buenos Aires. Cuando la noticia estremeció a todo el mundo, principalmente a los países de habla de origen latino, se supuso que su muerte había sucedido en Ecuador. La confusión se produjo a razón de que en abril de 2023 el artista sufrió un severo padecimiento respiratorio durante una visita a ese país y debió ser hospitalizado de urgencia en la ciudad de Portoviejo (provincia de Manabí), internado en medio de la gira que realizaba en ese momento. Pero su fuerza vital era tan tremenda que logró estabilizarse y retornar a sus actividades habituales.

A partir de lo descrito por el salsero panameño, considerado el poeta del género, Piero Antonio Franco De Benedictis, tal como figuraba en su documento de identidad, se transformó en uno de los máximos exponentes de la canción protesta y la trova latinoamericana. Su estilo se caracterizó por alejarse de la música comercial tradicional para dar prioridad a letras humanas, reflexivas y cotidianas que retrataban la vida del hombre común, la memoria familiar y el pacifismo. Todo esto en confabulación con su histórico socio creativo, el escritor argentino José Tcherkaski, quien compuso canciones con un lenguaje simple y directo. Lo que de ninguna manera restaba emotividad. Fiel reflejo de esa cualidad fue “Mi viejo”, obra cumbre que observa una vivencia familiar ordinaria para transformarla en un himno.

La trascendencia de este tema es tan potente que incluso abarca a la música electrónica, género en el que fue remixada por el productor y DJ estadounidense Nicolas Jaar, que llegó a estrenarla en su debut en las bandejas locales, en 2014, antes de que viera la luz en las plataformas digitales de música. En tanto el rapero colombiano C.R.A. beats la apropió a su flow en 2016. Sin embargo, sus revisiones atravesaron a otros estilos musicales, encandilando en especial al bolero. De lo que pueden dar fe las versiones de Lucho Gatica, Danny Rivera, Leo Dan o Marcela Morelo. Hasta llegó a ser adaptada al italiano por Iva Zanicchi en 1970, lo que, a su vez, significó su primer cover. Secundada por la de Nicola Di Bari, que sí la cantó en español.

“Mi viejo” es partícipe del primer álbum de Piero, titulado igual que él, pero llamado a veces erróneamente como el tema, a raíz de su popularidad. Fue lanzado en 1969, y, antes de que viera la luz, el artista se la mostró a su padre, después de que compuso su melodía, para que le diera su devolución. Después de escucharla, su progenitor, que en ese momento tenía 48 años, se largó a llorar. Lo cierto es que al momento de escribir la letra Tcherkaski la inspiró en su propio padre: un inmigrante ruso que llegó a la Argentina, a los 26 años, y a quien nunca pudo decirle “viejo” en vida (murió cuando él tenía 14 años). Si bien su alcance fue universal, acá alcanzó semejante arraigo que se llegó a leer en la parte trasera de los camiones uno de sus pasajes: “Yo soy tu sangre, mi viejo”.

Curiosamente, el Papa Francisco confesó sentirse conmovido con la canción, al punto de que en 2017 reconoció que le sirvió para reconciliarse con la memoria de su padre. No es fortuito que un religioso de semejante estatus no pudiera disimular su debilidad por ese tema, y es que fue cautivado por la sensibilidad de otro místico. Previo a la música, el trovador nacido en la localidad de Gallipoli (sur de Italia) tuvo en el sacerdocio su primer oficio. O al menos era su intención inicial, porque durante su formación se dio cuenta de que ésa no era su vocación. Ya en esa época tocaba y montó un grupo con otros seminaristas, Los Ponchos Negros, y, tras dejar los hábitos a los 18 años, comenzó a grabar demos de manera casera y se los presentó a un productor musical.

En su educación como seminarista, en Viedma, y más tarde en Villa Devoto, descubrió su sensibilidad social, influido por sacerdotes tercermundistas como Alejandro Mayol, Eliseo Morales y Carlos Mugica. Mientras que su educación musical provenía de su padre Lino, dedicado a la venta de radios y tocadiscos, lo que pudo seguir haciendo al mudarse a la Argentina, en Allen (provincia de Río Negro), tras desembarcar inicialmente en Banfield. Al tiempo que su madre solía cantar en el hogar. Estudió música, pero perfeccionó su manejo de la guitarra en el seminario. Al dejarlo, actuó en varios programas de televisión, entre los que destacó Remates musicales, el programa que conducía Roberto Galán en 1964, en el que tocaba canciones melódicas italianas como “Giovane, Giovane”.

Al año siguiente grabó sus primeros sencillos, entre los que sobresalían “El cachivache” y “Rosa, Rosita”. Y a continuación comenzó a tocar en el circuito de recitales de la noche porteña, alternando programa con figuras del calibre de Leo Dan, Neil Sedaka, Palito Ortega y Chico Novarro. En ese periodo no vivía de la música, sino de la venta de clergyman, los cuellos blancos que usan los sacerdotes. Hasta que en 1968 conoció a José Tcherkaski, en ese entonces periodista de la revista Siete Días. Al mejor estilo de Elton John y Bernie Taupin, instalaron una fórmula creativa sin igual, que la descosió en el primer álbum de Piero, con “Mi viejo” a manera de caballito de batalla. Aunque no se trató de su único manifiesto musical.

De hecho, en 1969 quien se animó a hacer de su nombre una marca registrada obtuvo el primer premio del Tercer Festival de la Canción de Buenos Aires gracias al tema “Cómo somos”. Y en 1970, se alzó con el trofeo del carioca Festival Internacional da Canção de la mano de su polémica tema “Pedro Nadie”. “Se saboreaba un mate largo como el viento. Mi patria es el surco, contaba Pedro. Soy campesino de campo ajeno, tengo los pies como el camino viejo”, versaba uno de los pasajes de ese clásico. Amén de abordar el abandono, la soledad y la dureza de la vida de los sectores populares y campesinos, en un contexto de tensiones políticas y convulsión social en que incomodaba a los sectores más conservadores y al poder de turno, ese éxito innovó al mezclar la trova y la canción de autor con arreglos orquestales.

La popularidad del músico se consolidó tras ser convocado para interpretar su experiencia en el sacerdocio en la película El profesor patagónico, en la que interpretó canciones como “Mi viejo”, “Juan Boliche” y “De vez en cuando viene bien dormir”. Pese a ello, nunca se desentendió de su compromiso social, más bien todo lo contrario: redobló la apuesta. En 1974, puso a circular “Los americanos” (adoptada por las protestas sociales latinoamericanas de ese período), secundado por otro de sus himnos: “Para el pueblo lo que es del pueblo”, homenaje a Víctor Jara que dio nombre al homónimo álbum y que hace alusión a la violencia de Estado, la persecución política y las dictaduras militares. Canciones de ese tenor convirtieron al juglar ítalo-argentino en la banda de sonido de la resistencia social de los 70.

Justo cuando hizo un parate en su canción comprometida para promocionar su disco infantil, el maravilloso Sinfonía inconclusa en “LA” mayor en 1975, al año siguiente la Junta Militar tomó el poder y Piero decidió abandonar la Argentina, al verse perseguido por sus canciones. “Mi hermana salía con el hijo del comisario de la Policía Federal. Un día, mi cuñado encuentra mi nombre en una lista que estaba en la comisaría y le dice a mi hermana que me tengo que ir esa misma noche antes de que me chupe la policía”, evocó en 2017. “A los diez minutos, desde el piso 14 donde vivían (se había escondido en el departamento de uno amigos actores que eran vecinos), vi un Ford Falcon sin placa al frente de mi edificio. Entraron, rompieron, robaron, saquearon mi casa. Se llevaron todo, hasta mi colección de guitarras”.

Dejó el país, se refugió en Europa y a continuación en Colombia, bajo el cobijo del escritor colombiano Daniel Samper, hermano del expresidente Ernesto Samper. Éste último fue quien en 1994 le concedió la nacionalidad colombiana, por motivo de ese cancionero tan rico como extenso que legó, y por su vínculo con la escena cultural colombiana. Convirtiéndolo en uno de sus Embajadores por la Paz, título que le dio las Naciones Unidas. Ese periplo lo obligó a colgar la guitarra por dos años, según él mismo confesó. De hecho, su disco Y mi gente dónde va, de 1976, recién fue conocido en la Argentina en 1982, un año luego de su regreso. Será por la rabia que lo embargaba o por la energía aprehendida, pero Piero regresó sorprendiendo con una impronta más rockera.

Por más que el enemigo fuera el mismo y coincidieran en usar la canción para atacarlo, el rock argentino tomó distancia de Piero. Pero éste se le plantó al formar la banda Prema (Babú Cerviño, Juan Carlos Tordó, Alejandro Lerner, Carlos Riganti, Gustavo Gregorio y Rubén Izaurralde, Morci Requena y Luis Gurevich la integraban), cuyo repertorio dejó de lado la protesta frontal para hablar de la paz interior, la solidaridad, el amor y la ecuanimidad. Algo testimoniado en el disco en vivo Calor humano (1981). Lo que coincidió con el contexto democrático. En ese tiempo, fueron populares sus “Carpas de las Buenas Ondas” y su actuación en el BA Rock 1982, donde debió vencer la resistencia de los rockeros más recalcitrantes. Además, llenó en dos ocasiones el estadio Obras Sanitarias. Y en 1982, el álbum Piero con Prema fue el disco del verano.

Entre 1988 y 1993, lanzó los discos Tríptico 1 y Tríptico 2, A pesar de los pesares y un nuevo disco infantil en lenguaje lunfardo: Cachuso Rantifuso. En 1995 se abocó a la edición de un disco doble dedicado a los derechos de los niños, y en 1997 lanzó Piero & Pablo Milanés, grabación de un concierto en vivo; en 2001 publicó un nuevo trabajo, incluyendo algunos viejos clásicos y temas inéditos. En 2016 fue distinguido con un Latin Grammy a la Excelencia Musical, como reconocimiento a su trayectoria. Hasta sus últimos meses mantuvo actividad pública y musical. Días antes de su muerte, celebró que su voz en italiano apareciera en un desfile de Saint Laurent para la colección de verano 2027. Sus últimas palabras en las dejó en las redes sociales: “Gracias por hacerme partícipe”. Nota aquí.



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