“Siempre me pedí mucho, rara vez me reconocí el esfuerzo”
La artista enfrenta un punto de inflexión con un disco en el que, tras 30 años de cantar las historias de otros, se anima a cantar la propia: “Nunca había apostado ciento por ciento a ser autora de mis canciones, tal vez porque siempre puse la vara muy alta.”
Siempre prevalece algo de fogón, de tertulia amistosa y charla desprendida cada vez que Soledad se dispone a comenzar una entrevista. Acaba de sacar un disco, pero antes de empezar “el reportaje”, como cumpliendo el ritual del acercamiento, más por una superior costumbre pueblerina que por querer “palpar de armas” a su interlocutor, prefiere hablar del punto justo del asado, las proporciones adecuadas para armar un fernet, del grupo de Whatsapp de las mamis del cole de sus hijas o incluso preguntar por el paradero del sol de Buenos Aires, que hace semanas que no se ve.
Hace 30 años que la cantante transita por los escenarios del país. Hace tiempo que, con el favor de un público incondicional, superó las tormentas de malentendidos que suele traer el éxito repentino. Hace tiempo también que, sin dejar de ser Soledad, domesticó aquella forma de irreverencia adolescente con la que, acaso sin saberlo, modificó el ADN de esa mole sacra que se supone es “el folklore”.
Baqueana en esas cuestiones de domar la popularidad –aunque durante la nota repetirá varias veces que esas cosas nunca se terminan de entender del todo–, Soledad comenzó el año 30 de su carrera artística homenajeada por sus pares en el Festival de Cosquín, en enero, y cantando sus cosas con su banda en el Lollapalooza. Siguió en su canal de YouTube con el estreno de producciones interesantes, como la serie documental 30 Pueblos y el ciclo íntimo Casa Sole, mientras fue tramando el inminente festival República del Folklore, que entre el 21 y el 22 de noviembre reunirá en los predios del Parque de la Ciudad a muchas y muy variadas expresiones de la música nacional.
En medio de todo eso terminaba un nuevo disco, con el que supera los veinte editados. Vale la Pena, se llama la novedad que salió por Sony y desde hace algunos días navega por las plataformas. Es un trabajo en el que la cantante se expone también como autora, tras trabajar codo a codo con el productor y arquitecto de las canciones, Afo Verde, que es además Chairman y CEO de Sony Music Latin-Iberia.
Entre bolero, vals, candombe, zamba, chacarera, cumbia, balada y algún aire cercano al tango, son diez las canciones con las que Soledad traduce sus experiencias de vida, dibuja escenas costumbristas, se queja, desafía y se exalta, le rinde tributo a su padre y valora, después de todo, el incontrastable poder de los vínculos. En este sentido, Vale la pena marca un punto de inflexión para la cantante santafecina: después de una vida entera cantando las historias de otros, por fin se anima a cantar la propia. “Estoy feliz con este disco, me gusta cómo salió, qué querés que te diga...”, arranca Soledad, que después de un sorbo de agua despliega su sonrisa en Panavisión.
“Yo soy de escribir, me gusta hacerlo y creo que me doy maña. A lo largo de los años tuve oportunidad de juntarme con grandes autores cada vez que tenía que agregar temas al repertorio, pero nunca había apostado al ciento por ciento a ser autora de mis propias canciones”, asegura Soledad. “No sé si antes no lo hice porque no lo necesité o tal vez fue porque siempre puse la vara muy alta. Y cuando sentía que no estaba a la altura prefería bajarme. Pero en esta oportunidad, saber que contaba con Afo me animó. Nos conocemos tanto, nos tenemos tanto respeto y entre nosotros hay tanta confianza que me sentí totalmente cómoda”, continua Soledad y agrega: “De todas maneras siento que la apuesta de este disco pasa más por las letras que por lo musical; es un álbum muy humano, de valores, y siento que a nivel poético me hizo dar un salto grande. Sé que en estas canciones digo las cosas que siempre quise decir, desde el tema que le da nombre al álbum en adelante”.
“Vale la pena haberme arrugado un poco/ Vale la pena amarse como uno es/ Vale la pena a veces arriesgar todo/ Soy una experta tocando fondo/ Pero esta vez no lo pienso hacer”, comienza el corte principal, con el acordeón que mece un valseado con perfumes de aquel folk/pop onda Julieta Venegas. “¿Valió la pena todo lo recorrido? Seguramente sí, incluso aquellos momentos de bruma en los que uno pierde el norte, toca fondo, como dice el tema. Cuando me viene el bajón, es cuando siento el peso de la autoexigencia; a lo largo de los años, he sido mi propia jueza, la más implacable conmigo misma. Siempre me pedí siempre mucho y rara vez me reconocí el esfuerzo. Imaginaba que pasando los cuarenta el camino se despejaba un poco en este sentido y ya ves... Acá seguimos. Pero lo que no se apaga es la niña que fui. Sigue ahí, intacta, empujándome a alimentar todas mis locuras”. Nota aquí.

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