sábado, octubre 31, 2026

Ana Montojo

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SUSPIROS DE ESPAÑA
Entonces las tajuelas tenían memoria. Como los niños espías o los novios que se iban a la mili con la mosca detrás de la oreja. Una memoria acérrima que se heredaba y se mantenía viva más allá de los mundos sutiles que algún año llegarían aunque las isidras ni lo sospechaban.
Paremos la vida en este instante en el que Ana Montojo propone. Es el momento en el que las hormigas obreras no conocen aún la hipocresía de un lenguaje con la cara lavada y el vocabuario sin impostaciones estéticas. Pues si Jorge Guillén (de Valladolid, maja) nos impone no escribir jamás una palabra que no hayamos vivido, hay que convenir que Ana Montojo tiene un descomunal talento también como narradora. Porque se pone y le sale una Isidra tan exacta como a mí el papel de viuda que interpreté en 1962 cuando me mataron al pescador de Casona. Y quien dice Isidra, dice la atmósfera rutinaria de un país que se vivía por entregas con la perra chica y la perra gorda.
No la lío parda si digo que eso fue lo que hizo Laforet, la hija de otra odiosa madrastra, cuando dos años antes de nacer yo, se dio a la sencilla realidad frente al aburguesamiento estilístico de los escritores oficiales.
Ana Montojo acude a un vestido de novia para confirmar que hay gente cargada de promesas a quien un insistente fatalismo le sale al encuentro y le corta el paso. Esto lo ven después, cuando llega el final de sus guerras y se instalan en la aceptación de todo lo vivido, todo lo luchado, todo lo asumido. Cuando desde la serranía de un mundo tirano se cuentan a sí mismos el pasado que se fue valle abajo.
Nombre a nombre, Ana Montojo construye varias historias engarzadas en una narración apropiada que se bebe sin remilgos como un rico rico gintonic, porque desde la primera línea uno ya se sitúa y sin darse cuenta está dentro, formando parte de esa complicidad que es la suma de varios actores.
Estamos ante un libro sin quejas -y mira si hay motivos-, ni amable ni cruento. Hay un vestido que es una promesa de amor y de futuro, y también un nido para desalientos, porque resulta un reclamo para los dioses asesinos. Una parábola donde se estremece la vida rota más de una vez. Donde cualquier intento de andar y andar el camino resulta una carretera cortada o un despeñamiento que una infinita crueldad desconocida ha diseñado.
Y sí que hay mucho costumbrismo jaleando cada paso de cada personaje por el libro. Y un furibundo realismo. Porque no es un libro abstracto al que se le ven las costuras de historias difícilmente creíbles. Al contrario, uno avanza por las páginas con la sensación neurológica (que los sabios traducen en epilepsia), de haber vivido ya lo que está leyendo. Y qué potencia tiene la sencillez narrativa, la difícil facilidad, a la hora de engatusar al lector para que levante la cabeza y abandone la vejez sentada.
Porque Ana Montojo domina la expresión literaria para fagocitar certezas y sembrar dudas, en el mejor espíritu socarrón de Cuerda.
Cuando uno cierra el libro, se queda con hambre. Ya hemos aprendido que las isidras saben cuándo y por qué pierden la cabeza, que 70 años o así van a ser hijas de un destino constante con los hombres del amor víctimas de su compañía, su soledad o su semblante. Pero nos queda abierta la claraboya de las dudas: nadie está seguro de vivir su propia vida o disponer solamente de su usufructo.
Las isidras carecen de la vanidad de los solitarios, son caminantes de huella tierna, no conocen devaneos sino el ansia por un amor eterno, la felicidad a fin de cuentas. Y se merecen este libro.
(La novela de Ana Montojo "El vestido de novia", editada por Juglar, se presenta el día 14 de noviembre a las 19:00 horas en el Centro Cultural Quinta del Berro-Rafael Altamira. Acompañarán a la autora Montserrat Cano, y el dúo musical EN CLAVE DE DOS (Ana Bella López- Biedma y José Luis Hinojosa. No faltarán los pavos reales que vigilan el parque).



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