Soñar
Alguna noche sueño, cuando sube la fiebre
y el insomnio golpea mis recuerdos, con tierras
que no están en los mapas, perdidos territorios,
países que existieron sólo en libros no escritos.
Hay llanuras inmensas que he vivido en un tiempo,
cuando el mundo era el viaje y la vida era un vuelo
de bandada de pájaros y el instante era el todo
y era el todo tu nombre como luna de agosto.
Y selvas esmeraldas y dorados desiertos
y montañas purísimas y torrentes inmensos
—que arrastraban mi alma entre espuma de nieve—
y mares océanos con islas del tesoro.
Sueño, entonces, con viejas ciudades, extrañas,
y plazas que aún se abren a un espacio infinito,
donde viejos amores regresan luminosos
como bellos arcángeles que nos quitan los miedos.
Esos mundos que nunca he vivido y que nunca
viviré, pero siempre van a estar en mi alma,
y serán paraíso donde habiten los sueños.
Esos sueños que ahora son mis noches oscuras.

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