miércoles, octubre 07, 2026

Lionel Andrés Messi

 La leyenda del hombre imposible: Messi le tocó la puerta a la eternidad la noche en que el fútbol le dijo “gracias” para siempre

La despedida del capitán histórico de Argentina quedará en las retinas de las 85 mil personas que colmaron el Monumental y los millones que lo homenajearon a distancia.

No hay homenaje que pueda estar a la altura del futbolista más extraordinario de todos los tiempos. No hay partido, no hay canción, no hay texto, no hay gol, ni siquiera uno suyo, que simbolice la dimensión real que tiene este hombre en la historia de este deporte. “Jugar en la selección argentina es lo más lindo que me puede pasar”, dice, en el centro del estadio Monumental, un conmovido Lionel Andrés Messi, cuando empiezan a correr los primeros minutos de la era post Messi. Equivoca el tiempo verbal porque donde dice “es” debió decir “fue”. Aunque en realidad no le erra ni en una coma: nadie puede dudar de que su presencia está llamada a perdurar todas las vidas que vengan. Messi le tocó la puerta a la eternidad, y la eternidad le dijo que sí, que pasara tranquilo y se sentara donde quisiera. Puede estar en paz, aunque le tiemble la voz cuando busca las palabras, mientras el silencio de todos aturde. Se larga a un soliloquio que seguro no ensayó, pero qué importa. Repite “gracias” varias veces, justo él. Es la escena final de un recorrido inigualable, repleto de piedras con las que tropezó antes de levantarse siempre. Hasta que las cosas, justo en los años finales, se alinearon con lo que alguien podría llamar justicia. Vinieron los títulos con la camiseta que ama, y entonces el reconocimiento unánime se transformó en devoción en cualquier lugar del planeta. Ninguno como Argentina, para él: “Los quiero, los voy a extrañar”, ensaya como últimas palabras, antes de entregarse otra vez a la gratitud en una vuelta olímpica que dará solo, caminando, sonriendo, devolviendo aplausos.

Es el punto final de una función de contrastes marcados. A nadie le importaba mucho el partido que la selección argentina terminó ganando por 3-0 a Benín, es cierto. Pero lo ignoto del rival elegido, impropio de la estatura de Messi, fue tan nítido como los insultos a repetición contra Claudio Tapia, surgidos con fuerza desde distintos sectores del estadio a lo largo de la noche. Quién sabe si tal vez por eso mismo el propio Messi no lo mencionó en su desordenado discurso de agradecimiento, como si hubiese elegido evitar un momento incómodo también para él. Lo desangelado del homenaje, que hasta incluyó la reprobación del público a la marca creada con drones de un sponsor en el cielo, dejó muy en claro los miles de kilómetros de distancia que hay entre este futbolista irrepetible y quienes deben ahora trabajar desde la cúpula de la AFA para cuidar, sostener y reforzar su legado. Porque la huella Messi se hará más honda cada vez que la pelota eche a rodar y el escudo sea defendido por quienes desde ahora son sus excompañeros. Allí queda escrito un mensaje que vale como advertencia.

La noche eterna

Con un trote suave, él da sus primeros pasos en la noche a la vista de las más de 85 mil personas que vinieron a verlo, mientras pone en acción esa mirada de 360 grados que siempre tuvo para jugar al fútbol. Tantas veces le sirvió para dar un pase imposible, hoy la usa para otear las tribunas de a poco. “Eres el centro del cosmos // mi universo paralelo // me obligo a no gritarte // que te quiero, que te quiero”, miente la canción que se va metiendo en el cuerpo del público. Miente porque si a algo vinieron estos miles es a decirle que lo quieren. “Te quiero, Leo” debería rankear tan alto como el GRACIAS gigante, la palabra que corre de boca en boca, de teléfono en teléfono, de chicos a grandes.

Mañana será el primer día del resto de su vida. Y el de millones que por él siguen a la selección argentina en Rosario y también en Porto-Novo, la capital de Benín, el partenaire de la despedida. Parece que Brasil y Alemania tenían la fecha cubierta. Escribe alguien en X: “Vengo pensando en que abrieron la lista de federaciones y empezaron a llamar por orden alfabético. Les dijeron que no desde Armenia, Albania, Arabia, Bahrein y Barbados. El próximo llamado era a Burundi”. Inverosímil, aunque en esta AFA no hay sueños imposibles… En la escena típica del calentamiento, Messi le patea un tiro libre a Santiago Beltrán, que nació el 4 de octubre de 2004. Tres meses antes, en una historia digna de un documental, Messi se había puesto por primera vez la camiseta de Argentina en un amistoso ante Paraguay, una noche de frío que es un capítulo central de la saga emotiva que fue dibujando en estos 22 años de trayectoria. Él tenía 17 recién cumplidos y unas ganas locas de que su selección lo descubriera. Ahora tiene 39 y unas ganas locas de hacer un gol. Uno más, como si hiciera falta. 80 personas sostienen una bandera en forma de camiseta que tiene el número 10 y dice simplemente “Gracias” en el lugar donde debería leerse Messi. Una palabra que se multiplica en el estadio, en la ciudad, en el país, en el mundo. Los tres hijos -Thiago, Mateo, Ciro- lo cuidan en el himno. Él mastica, traga saliva, quiere evitar quebrarse ya, tan rápido. Gana, solo por ahora. Se abraza con Tagliafico después del sorteo y atrás con casi todos. Menos Dibu, que le queda más lejos. Nota aquí.







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