LA HORA BLANCA
Escribo aquí,
en horas nocturnas.
En vuelos rasos del corazón.
En pequeños sorbos de tiempo, escribo.
Pienso, por ejemplo, que es blanca mi casa y esperanzadas sus ventanas.
Y que mis manos sostienen la luz de los sueños que en ella habitan.
Escucho el silencio de las calles, ahí afuera.
La lluvia que amenaza este espejismo vital.
El alma que desvela que en sus gotas, necesita descanso y cimiento.
Rompe el silencio un llanto de niño.
Son hermosas las cosas que sopesamos en la balanza,
en la trinchera de los días.
Hábitat velado que desarma el temple cotidiano de la vida.
Ahí nos encontramos.
En su espejo invisible que nos devuelve la luz.

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