jueves, abril 02, 2026

Las historias de los soldados Galarza y Vargas

 “Vine hasta acá porque no quería dejarte solo”: historias íntimas de padres e hijos que combatieron en la guerra de Malvinas

Aunque parezca increíble, son varios los casos de quienes además de una relación familiar combatieron en las mismas trincheras durante el conflicto del Atlántico Sur. Las historias de los soldados Galarza y Vargas y cómo se encontraron con sus progenitores en medio del infierno de la guerra.

Para los Galarza, el final de la guerra de Malvinas significó el peor de sus recuerdos. Porque cuando el padre preguntó por su hijo, le respondieron que estaba muerto o desaparecido y cuando el hijo preguntó por su padre, le dijeron que estaba mal herido.

Lucio se llama igual que su papá, que en la época de la guerra tenía 40 años y era sargento primero del arma de sanidad del Ejército.

Después de haber hecho la instrucción en la Marina (se negó a cambiarse a Ejército como le insistía su papá) Lucio hijo fue destinado al Batallón de Infantería de Marina 5 de Río Grande, una ciudad que ni sabía que existía.

Como el papá le había enseñado a toda su familia los rudimentos de enfermería y de primeros auxilios, fue al Departamento de Sanidad, donde se desempeñó como asistente de un odontólogo.

El 8 de abril el BIM 5 cruzó a las islas con la Compañía Nácar. Lucio fue como conscripto camillero. Estuvo en Monte Tumbledown donde, increíblemente, en una oportunidad su papá lo fue a visitar. El hombre, que estaba con el regimiento 4 de Monte Caseros en Monte Kent, decidió buscar a su hijo cuando se enteró de que el BIM 5 también estaba en las islas.

Lucio recuerda que no lo había visto, que venía caminando a sus espaldas. Apenas lo vio, dejó su fusil y corrió hacia él y se abrazaron.

En ese primer encuentro, recordó que se sentaron en una piedra, que no se separaban y que lloraron. La comida fue el tema recurrente de conversación, que se interrumpió por una alerta roja que indicaba un ataque de la aviación británica. Antes de irse, Lucio ubicó donde estaba su papá, al sur de su posición.

Cuando era un espectador privilegiado del intenso bombardeo de la artillería británica sobre Tumbledown, le pidió al capitán de fragata Carlos Robacio, comandante del BIM 5, ir a combatir con el 4 para morir con su papá, pero no lo autorizaron. Nota aquí.





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