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domingo, mayo 03, 2026

Leonardo Padura

 Leonardo Padura en Buenos Aires: “Mi madre tiene una jubilación de 1.500 pesos cubanos y 30 huevos cuestan 3.000”

El autor presentó “Morir en la arena” en la Feria del Libro de Buenos Aires. Las nuevas olas migratorias, la erosión social y su apuesta íntima por la memoria. Sus últimos seis libros, dice, no se publicaron en su país.

Había lugar para 200 personas, pero agregaron 100 sillas y fueron 300. No alcanzó: abrieron las puertas y parte del público miró desde afuera la presentación de Leonardo Padura en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. El escritor, en diálogo con la periodista de Infobae Patricia Kolesnicov, compartió sus inquietudes y las motivaciones detrás de Morir en la arena, su última novela, que está marcada por la realidad de Cuba y la memoria de su generación. Al final contará que en su próximo libro vuelve Mario Conde.

“Siempre seré cubano”, dijo al final, y lo aplaudieron. Cubano, enamorado, agradecido: habló de su mujer, Lucía, su más dura lectora. De su editor español, Juan Cerezo, que estaba en las primeras filas junto a otro gran autor, el vasco Fernando Aramburu. Y dedicó la charla a Beatriz de Moura, la fundadora de Editorial Tusquets, donde todavía publica (y que ahora es parte del Grupo Planeta).

Padura utiliza su experiencia y la de quienes lo rodean para crear historias que reflejan la realidad cubana, con énfasis en la precariedad económica, las migraciones y el desencanto generacional. Sus relatos muestran cómo la vida en la isla condiciona las aspiraciones, la identidad y los vínculos sociales, y muestran el peso de la historia reciente en las vidas cotidianas.

“Lo más importante para mí a la hora de empezar a escribir una novela es tratar de saber para qué voy a escribir la novela”, explicó el autoro. “No cómo la voy a escribir, sino para qué la voy a escribir. Ese para qué es la brújula que me orienta en un mar de posibilidades”.

El autor detalló que Morir en la arena nació de su preocupación por el destino de su generación: “La gente que llega a la edad que tenemos nosotros, sesenta y tantos, setenta años, se jubilan y, en el caso cubano, se encuentran en un estado de vulnerabilidad muy grande. No les alcanza la jubilación después de cuarenta y cinco años de trabajo para vivir dignamente”.

Pero la novela, señaló la periodista, empieza diciendo que está “basada en hechos reales”. Y hay un parricidio. ¿De qué habla? Padura relató que fue necesario encontrar un motor dramático para avanzar con la novela. Ese impulso surgió de la memoria de un parricidio ocurrido en una familia cercana: “Decidí utilizarlo, pero transformándolo mucho, porque creo que no tenía derecho a revelar cosas que eran de otra intimidad. Lo que es real en la novela es el contexto en el que se encuentran estos personajes”. Nota aquí.







domingo, abril 19, 2026

Leonardo Padura

 El don de la capacidad de anticipación de Beatriz de Moura

El escritor cubano recuerda su relación profesional con la fallecida editora desde que le publicó su novela ‘Máscaras’, en 1997

“En medio del camino de la vida…”, Dante Alighieri.

Fue una mañana de marzo de 1996 cuando recibí su llamada telefónica y sostuvimos la conversación que cambió mi vida. Entonces yo estaba justo en medio del camino de la vida que he recorrido hasta ahora. Era un todavía joven escritor de treinta y cinco años, con algunas penas y ninguna gloria que, poco antes, había hecho una apuesta arriesgada: había dejado mi trabajo como jefe de redacción de una revista cultural y me había convertido, legal y oficialmente, en el primer escritor independiente cubano. Cuando miro hacia ese momento, todavía me parece increíble que hubiera optado por tomar semejante decisión: estábamos viviendo en un país en profunda crisis económica como era la Cuba de ese tiempo (la crisis cubana interminable), apenas teníamos dinero para seguir subsistiendo malamente y, como escritor, ni la sombra de un editor en el horizonte. Pero yo solo quería escribir y me había lanzado al vacío.

Pero ahora creo que, como parece que dijo Marco Aurelio (según los hermanos Glass de las obras de Salinger) que “aquello estaba deseando ocurrir”. Y lo primero que ocurrió fue que, tres meses después de vencida la fecha estipulada, había recibido la noticia de que mi novela Máscaras había ganado el Premio Café Gijón de 1995, concedido en enero de 1996, trece días después de mi conversión en escritor independiente. Entonces algo cambiaba: de pronto tenía un premio internacional que ya no esperaba y hasta contaba con un dinero que me salvaba de la inopia, lo cual ya era mucho pedir. Pero nada más. Podría decir, como cubano de finales del siglo XX, que del tórrido infierno de la incertidumbre había pasado al purgatorio de una cierta convicción de que tal vez habría alguna salida… Y entonces sonó el teléfono que me abrió las puertas de lo que sería mi paraíso como escritor.

Ni en mis sueños más desbocados yo habría podido barruntar que algo así podría ocurrirme y esa mañana de marzo de 1996 me estaba sucediendo: al otro lado de la línea, Beatriz de Moura, la fundadora y directora de la editorial Tusquets, me decía que había leído mi novela ganadora del Café Gijón y que me proponía publicarla.

Creo que a cualquier escritor de la lengua una llamada así lo habría removido hasta las entrañas. Pero, para ese joven escritor cubano que era yo, sin otros medios de vida, sin trabajo y sin editor, aquella propuesta inesperada, llegada del sitio más codiciado —esa ya mítica editorial Tusquets, la de Milan Kundera, John Irving, Marguerite Duras, las novelas eróticas de la colección La Sonrisa Vertical—, superaba todo lo que hubiera podido soñar. Mi vida, en el plazo de unos cinco minutos de conversación telefónica, daba un salto mortal hacia lo que cualquier autor podía pretender y yo alcanzaba así, en un instante mágico y revelador y trascendente.

Tres meses después, llegado a España para recibir mi Premio Café Gijón —fue apenas un portentoso cheque, aunque sin ceremonia y ni siquiera un diploma para archivar—, mi esposa Lucía y yo nos trasladamos a Barcelona y entramos por primera vez en los dominios del reino maravilloso de Beatriz de Moura, las estrechas y atestadas oficinas de la calle Iradier. Allí, luego de una primera conversación con Antonio López Lamadrid, director comercial de la casa —un señor que sería también una de las personas más importantes de mi vida, quizás la que más confianza tuvo en lo que yo podría llegar a alcanzar con mi trabajo— pasé al pequeño recinto acristalado, ubicado en el patio o jardín de la propiedad, el sitio donde se decidía el carácter de una editorial referencial en el universo literario hispanoparlante, el pequeño gran trono desde el que Beatriz de Moura hacía sus milagros. Nota aquí.



martes, abril 14, 2026

Leonardo Padura

 ¿Y qué va a pasar en Cuba?

El país debe cambiar, pero no porque lo asfixien desde fuera, sino porque los cubanos necesitamos que cambie.

Cuba se ha puesto de moda y yo estoy muy solicitado. Colegas periodistas me buscan para que cuente, desde dentro del país, lo que ellos ya saben que está ocurriendo, pero con el propósito, más que previsible, de que me atreva a especular qué podría ocurrir. Y, por supuesto, apenas puedo decirles que sobre la mesa están todos los escenarios, y van desde que cambie algo para que nada cambie hasta, en el otro extremo, que se produzca algún tipo de operación militar de imprevisibles consecuencias. Pero les advierto de que, ahora mismo, no creo que nadie pueda decantarse por uno.

Al parecer, el presidente estadounidense Donald Trump pretende hacer algo más de lo que ya ha hecho: a la política de máxima presión le metió más atmósferas con el bloqueo energético que está asfixiando no solo la economía del país, sino a muchos de sus ciudadanos. Y después, como si fuera el último cruzado, con lenguaje de conquistador de manual dice insistentemente que “tomará” Cuba (porque eso “sería bonito”) sin explicar muy bien cómo lo hará, aunque dejando traslucir que sería a su modo (que puede ser cualquiera).

En Cuba, mientras tanto, el Gobierno mantiene sus posturas de principio: preservación de la soberanía y del sistema político, aunque con disposición a un diálogo con contrapartes estadounidenses cuya existencia, luego de semanas de negación, al fin se admitió, sin que se transparente su desarrollo. Resulta difícil, sin embargo, imaginar los contenidos de esos intercambios entre dos posturas que, hasta donde suponemos, son bastante irreconciliables.

Mientras, sin modificar su discurso, la dirigencia cubana ha comenzado a mover fichas, aunque no debe ser cómodo hacerlo bajo una espada de Damocles. Una de las medidas más recientes ha sido la de autorizar a los emigrados cubanos a montar en la isla casi todo tipo de negocios y del volumen que deseen, y se incluyen sectores productivos, de infraestructura y hasta las esferas bancarias y financieras. Esta decisión, que afecta también a los cubanoamericanos no contempla que los ciudadanos radicados en el país tengan la misma posibilidad empresarial, por ahora limitada a pequeños y medianos emprendimientos. Es como si se asumiera que los de dentro son tan pobres que no podrían montar ni siquiera una fábrica de zapatos. O como si la medida pretenda exhibir una postura aperturista, voluntad de cambio. Nota aquí.



lunes, marzo 30, 2026

Leonardo Padura

 “En mis libros no hay una sola mentira sobre Cuba; ése es mi escudo para enfrentar mis miedos”

Charla con el gran narrador cubano a propósito de su novela “Morir en la arena” y también del duro momento económico, político y social por el que atraviesa la isla, mientras se esperan acciones cruciales por parte de Estados Unidos.

Es narrador, periodista y guionista y se lo conoce tanto por la delicada construcción de sus novelas como por el modo en que su país y su cultura aparecen retratados en sus libros. Leonardo Padura estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad de La Habana, trabajó como periodista y es autor de una obra premiada por la crítica y por los lectores: el suyo es uno de los nombres más reconocidos de la literatura escrita en español.

Fue ganador de varios premios, entre ellos el Princesa de Asturias de Letras en 2015 por la totalidad de su obra. Famoso por títulos como Pasado perfecto, Adiós Hemingway, La neblina de ayer y La transparencia del tiempo, que tienen como protagonista al cínico y pesimista Mario Conde, Padura es también autor de La novela de mi vida, Como polvo en el viento, Personas decentes y la destacadísima El hombre que amaba a los perros, que construye la vida de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky. Su más reciente novela se llama Morir en la arena (Tusquets), está basada en una historia real y es acaso la más triste y sórdida de todas.

Rodolfo es un hombre mayor, acaba de jubilarse. Vive, como la enorme mayoría en Cuba, en estado de miseria crónica, cuidando cada centavo y cada gramo de comida y con apagones constantes. Con cierta tendencia a la depresión, afectado por el trauma de haber combatido en la Guerra de Angola y sobre todo por el cruento asesinato de su padre a manos de su hermano mayor, Geni, pasó toda su vida enamorado de Nora, su cuñada, quien antes de ser la mujer de su hermano fue su novia y su gran amor. Un día, inesperadamente, a Rodolfo y a Nora les llega la noticia de que van a liberar a Geni porque está muy enfermo, a punto de morir. Todo el pasado se hace entonces presente.

Junto con esta historia de amor y muerte está la Cuba contemporánea. La de las construcciones que se desgajan y que nadie está en condiciones de reparar. La de la decepción y la amargura. La que se fue quedando vacía de hijos, que eligieron abandonar el país. La que resiste sobre sus mitos revolucionarios. La que habilita espacios para los negocios de unos pocos mientras la población apenas sobrevive. La que necesita desesperadamente creer en algo. Nota aquí.



domingo, noviembre 23, 2025

Leonardo Padura

 “Me quedé en Cuba para estar cerca de la realidad”

El escritor, figura clave de la literatura latinoamericana, dice que permanece en su país para contar “las frustraciones, las esperanzas, los anhelos, los amores y los odios de la gente”

Morir en la arena, la última novela de Leonardo Padura (La Habana, 1955), muestra una Cuba golpeada por los cortes de electricidad o la inflación, una crisis que para el escritor solo podrá solucionarse si se opta por una “cirugía profunda” a la economía, en vez de superficiales “banditas” (tiritas) adhesivas.

Uno de los narradores lo expresa con rotundidad: “No se vislumbraba solución, y por eso tanta gente se había ido y, como pintaban las cosas, no pararían de hacerlo”. Para el escritor, sin embargo, sí hay una solución al “problema más agudo” de Cuba. “Pienso que hace falta una cirugía profunda en la economía cubana y eso va a provocar, por supuesto, cambios en la sociedad y cambios en la política. Hasta que eso no ocurra, no sé cómo puede haber unos cambios importantes en esa sociedad que vislumbren una forma diferente de poder vivir la cotidianidad”, afirmó para esta nota.

El escritor, que viajó a Panamá esta semana para presentar la novela, recuerda que los economistas califican la situación en Cuba de “multicrisis”, algo que ha llevado a la isla a parecerse cada vez más a Haití, no por los niveles de violencia, aunque se produzcan cada vez más robos, sino por el “panorama callejero”, en el que por ejemplo la gente vende de una manera “no solo desorganizada, sino también desesperada”.

Criticar y seguir viviendo en Cuba

Padura, premio Princesa de Asturias en 2015, habla y escribe sobre la realidad cubana sin rodeos ni eufemismos, a pesar de que vive en La Habana, mientras otras voces críticas han tenido que padecer la cárcel o el exilio.

¿Existe entonces cierta libertad de expresión en Cuba? ¿Cómo es que escritores como él o Pedro Juan Gutiérrez, autor de la Trilogía sucia de La Habana, pueden seguir viviendo en el país? “No sé si existe toda la libertad de expresión que debería haber, creo que no –responde Padura-, pero exploto toda la libertad que necesito para expresarme”, y vincula también esa “libertad” a que “la industria editorial cubana prácticamente está detenida” como parte de la “policrisis”, por lo que apenas hay distribución de sus libros en la isla.

Y es que desde hace “cuatro novelas” sus libros no se editan en Cuba, y antes, aunque publicaba, era con unas tiradas muy pequeñas, de hasta 1.500 ejemplares. Así, trata de utilizar “toda la independencia y toda la libertad” que le permite tener desde hace casi tres décadas una editorial fuera de Cuba, la española Tusquets Editores.

Pero aunque no se distribuyan sus libros en Cuba -“dicen que por falta de papel y es verdad que no hay papel, pero también creo que no hay mucha voluntad de publicarlos”- sus compatriotas leen su obra por libros físicos que les mandan desde el extranjero o en “copias piratas digitales”, opción mayoritaria.

Migrar o quedarse

Además, para el novelista, no existe otra opción para poder seguir escribiendo que permanecer en la isla.

“Yo creo que la solución no siempre es irse. Tampoco creo que la solución para muchos sea quedarse, pero para mí sí ha sido quedarme para poder estar cerca de esa realidad, poder palparla”, reflexiona Padura, que necesita contar “las frustraciones, las esperanzas, las desesperaciones, los anhelos, los amores, los odios de la gente”.

Porque aunque “la percepción que se puede tener de Cuba y de la sociedad cubana es de inmovilidad”, debido a que la estructura político-económica es más o menos la misma desde hace décadas, “la sociedad sí cambia”, y puso como ejemplo de cambios drásticos recientes la llegada de internet con el consecuente aumento del acceso a la información o que se permita salir del país si se cuenta con un pasaporte válido. Nota aquí.




jueves, octubre 30, 2025

Joan Manuel Serrat & Leonardo Padura

 Serrat y Padura recibirán doctorado honoris causa en México durante la Feria del Libro

El cantante español y el escritor cubano serán reconocidos por su impacto en la cultura iberoamericana, al recibir el máximo honor académico de la universidad durante la feria de Guadalajara.

El cantante español Joan Manuel Serrat y el escritor cubano Leonardo Padura serán distinguidos con el Doctorado honoris causa por parte de la Universidad de Guadalajara (oeste de México) como un reconocimiento a su trayectoria tanto en la música como en las letras.

Los consejeros de la universidad aprobaron este miércoles rendir un homenaje a la obra musical de Serrat, quien encabeza la delegación de Barcelona como ciudad invitada a la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara que inicia hoy e irá hasta el próximo 7 de diciembre.

El doctorado será impuesto a Serrat por su “contribución al patrimonio cultural iberoamericano, su capacidad para tender puentes entre la música y la poesía, y por una trayectoria artística que ha promovido los valores de la libertad, la justicia social y la diversidad lingüística”, según detalla la universidad.

Además, la institución de Guadalajara, consideró que la obra del cantante, premio Princesa de Asturias de las Artes en 2024, es “profundamente humanista” y “refleja un firme compromiso con la memoria, la dignidad y el pensamiento crítico” que a sus 81 años de edad “ha acompañado a varias generaciones”.

Serrat sostendrá en la FIL una charla intergeneracional como parte del programa Mil jóvenes con… el 4 de diciembre, en la que hablará de su carrera como músico, pero también de su trabajo como embajador de la cultura catalana. Nota aquí.



martes, octubre 21, 2025

Celia Cruz

 Celia, de Cuba para el mundo

Cuando el planeta le rinde honores al cumplirse el centenario de su natalicio, seguramente en su isla, al menos a nivel oficial, la efeméride pasará sin mencionar su legado.

El mes de noviembre de 1991 me ha dejado tres muescas indelebles en lo más amable de mi memoria.

Había llegado al balneario de Cancún invitado a cubrir como periodista un maravilloso Festival de la Cultura del Caribe que se instituía ese año y, apenas entré en el hotel donde nos alojaríamos, el colega mexicano Paco Ignacio Taibo II me sorprendió con el mejor de los regalos posibles: unos cuatro o cinco ejemplares de mi recién estampada novela Pasado perfecto, que, imposibilitado de publicarla en Cuba, al fin había sido editada por una muy modesta colección de la Universidad mexicana de Guadalajara. Para los que hemos tenido una experiencia similar, saben lo que significa ver materializado, convertido en objeto legible y permanente, el esfuerzo solitario de meses o años de escritura. Yo estaba, por supuesto, exultante y feliz.

Luego, en los días siguientes y ya en marcha el Festival, tuve otras dos experiencias que también se tornarían inolvidables. La primera fue que, luego de asistir al concierto ofrecido por Willie Colón y su banda, fui uno de los alrededor de cien invitados a fungir como testigo de la boda civil de ese artista ya mítico, El Malo de la salsa, el artífice junto a Rubén Blades de ese clásico de la música latina que es Siembra, calificado por un amigo mío como “El Abbey Road de la salsa”.

Sin embargo, fue la tercera experiencia la que más importa ahora: y es que, entre las megaestrellas presentes en aquel extraordinario evento, estaba mi compatriota Celia Cruz que actuaría, que actuó, acompañada por la banda de otro monstruo de la música universal, el timbalero Tito Puente.

Han pasado más de treinta años de la celebración de aquel concierto y todavía hoy cierro los ojos y recupero imágenes: Celia Cruz, la guarachera de Cuba, ya coronada como la emperatriz de la salsa, desbordaba el escenario con su voz, su movimiento, su gracia criolla y su traje de lentejuelas y la peluca plateada, mientras lanzaba al cielo del Caribe su tan cubano grito de combate: "¡Azúcar!" Su actuación, como no podía dejar de ser, me conectaba de forma avasallante con una grandeza artística de la que tanto había oído hablar, con una forma de cantar que parecía inmune al paso del tiempo, un poder escénico y cultural que solo era posible asimilar en toda su dimensión viéndola hacer ante mí lo que por sesenta años ella hizo por medio mundo: embrujar a todos con su voz y su incombustible simpatía cubana. Nota aquí.



domingo, octubre 12, 2025

Leonardo Padura

 

jueves, octubre 09, 2025

Leonardo Padura

 “Vivir en Cuba entre necesidades, apagones diarios y falta de dinero, ¿no es una derrota?"

El autor acaba de publicar “Morir en la arena”, una novela que ve con amargura el destino de su generación. “Debe haber una salida, no sé cómo ni cuándo, si lo supiera sería profeta en mi tierra”, dice desde La Habana

En el comienzo de la nueva novela de Leonardo Padura, el protagonista mete el pie en caca de gato. Un hecho cotidiano e irrelevante que, sin embargo, se puede leer como una clave: en Morir en la arena, la palabra “mierda” -con perdón- aparecerá 85 veces. Aunque le gana por robo otra, “miedo”. Esas son las ideas con las que el escritor cubano hará la crónica de su generación. Al final, un personaje que es escritor se preguntará si ya está listo para hacer la crónica de la derrota. En los poquísimos minutos en que hablemos, Padura dirá que ese personaje no es él.

Porque, en realidad, esta entrevista empieza con un fracaso que tal vez también deba leerse en clave. Cuando acordamos hablar, Padura indica: “Por whatsapp”, porque ya se sabe que otras formas de videollamada no corren. Así se hace. Pero aunque al principio aparece en la pantallita el escritor -en remera, se ve que hace calor-. pronto la imagen se congela, se pierde. Probamos sólo con sonido: no hay suerte. Se entrecorta tanto que cuesta seguir el hilo de una respuesta. Las preguntas van, entonces, por escrito.

Casi casi parece una introducción a medida para una nota sobre este libro. Morir en la arena es, tal vez, el libro más amargo de Leonardo Padura. Mierda y miedo, dijimos. Ya en una novela anterior, Como polvo en el viento el autor se había metido con la frustración de su generación, que nació con la Revolución y vivió siempre bajo sus designios. Aquella vez se centró en los que se fueron y ésta, en los que se quedaron. Un poco como él, que se quedó pero -por su actividad, por su éxito, por su pasaporte español- pasa parte del tiempo en Madrid o por el mundo.

Padura se ha cansado de mostrar los problemas de la revolución, de reivindicar la libertad de expresión y, en un artículo un poco desesperado, de decir que hubiera querido ser Paul Auster, para que le preguntaran por literatura y no por la política de su país, para que le hablaran de novelas y no de por qué no se exilia de una vez, si puede hacerlo.

Morir en la arena arranca, dijimos, cuando Rodolfo pisa esa caca. Justo se acaba de jubilar y está preocupado porque la plata no le va a alcanzar para vivir. La dueña de la gata es Nora, que es su amor de toda la vida pero, ah ah, es la mujer de su hermano. Y el hermano, Geni, está preso por... matar al padre de los dos. Eso lo sabemos de arranque. El tema es que Geni está muy enfermo y por eso lo van a soltar. Quiere volver y Nora no quiere que vuelva. ¿Y Rodolfo? Mmm Quien va a estar del lado de Geni es Raymundo Fumero, un escritor al que le fue bastante bien escribiendo lo que oficialmente había que escribir. Y que tiene un hijo que se hizo babalawo, es decir, un sacerdote yoruba. Y, la verdad, se está llenando de plata, sobre todo con los extranjeros. Mientras, exhibe el cinismo, las frustraciones, las postergaciones. Y hasta le queda tiempo para mostrar con cierta acidez a una nieta de Rodolfo crecida en España que, bueno, se ha vuelto de derechas y frunce la nariz frente a la inmigración. Nota aquí.



domingo, agosto 24, 2025

Leonardo Padura

“En Cuba no nos queda más remedio que incorporar la miseria a la vida y callar”

El escritor, premio Princesa de Asturias, vuelve con ‘Morir en la arena’, donde mezcla un crimen terrible con el retrato de 50 años de la historia de la isla.

Minutos antes de la entrevista telefónica, el periodista recibe un mensaje: “Por si acaso, te paso también el número de mi esposa. Con las comunicaciones en Cuba nunca se sabe…”. El calor es sofocante en La Habana y, mientras conversa, Leonardo Padura (La Habana, 69 años) comenta que en su casa le están instalando una batería con paneles solares. La factura es de 4.000 dólares, una suma inalcanzable para la mayoría. Consciente de que cada vecino busca a su manera cómo sobrevivir a los apagones interminables de la isla, el autor resopla un “No todos pueden permitirse esto” al comienzo de esta entrevista, la primera que el premio Princesa de Asturias 2015 concede para hablar de su nuevo libro, Morir en la arena (Tusquets), a la venta el próximo día 28.

La novela trata de la vida de Rodolfo, un cubano marcado por la guerra de Angola y, sobre todo, por el asesinato de su padre a manos de su hermano Geni. Ya jubilado, Rodolfo se reencuentra con su cuñada Nora, antiguo amor de juventud, al tiempo que recibe la noticia de la inminente excarcelación de su hermano, enfermo terminal y destinado a regresar a la casa familiar. En apenas una semana de tensa espera resurgen viejos rencores, secretos enterrados y el recuerdo del crimen que destruyó a la familia. La llegada de su hija ofrece un último sostén a Rodolfo en una trama que recorre cincuenta años de la historia de un país. “Esta novela trata de hacer la crónica del estado actual de una generación de Cuba. Tenía mucha preocupación por si lo que iba a reflejar iba a ser demasiado local. Pero a nivel universal, creo que vivimos un momento de gran frustración, muy jodido para todos”. La novela arranca con una imagen brutal en su sencillez: un personaje pisa un excremento de gato en la penumbra. “Resume mucho”, ríe el escritor cubano, que se detiene en la mirada de los que, como él, crecieron junto a la revolución cubana: “Hombres y mujeres que estudiaron, trabajaron, se sacrificaron, repitieron consignas, incluso pelearon en la guerra de Angola y, sin embargo, con el correr del tiempo, lo primero que sienten es que vuelven a pisar mierda”. A esa generación le queda hoy un presente marcado por la paradoja: “Tras años de esfuerzo, se descubren más pobres que nunca, viviendo de las remesas enviadas desde el extranjero”. Para Padura, lo que sucede en Cuba es reflejo de una tendencia más amplia: el retroceso de las políticas de seguridad social, que golpea en todas partes, aunque en la isla se sienta con particular crudeza.

Realidad y ficción

Morir en la arena se presenta como basada en hechos reales, aunque el escritor aclara que se trata de una ficción con raíces en la vida. El punto de partida es un parricidio ocurrido en La Habana, un suceso cercano al propio autor: “Pasó en una familia cercana a la mía. Conocí a los implicados en la historia”, confiesa el padre del detective Mario Conde. De aquel caso, Padura retoma el conflicto central, pero subraya que los personajes “tienen otro carácter”. “La mejor historia que te puedan contar, cuando la escribes, a veces no funciona. Los procesos de la realidad y los procesos dramáticos tienen distinto orden. Yo reescribo la realidad para lograr un fin dramático, porque al final es la ficción la que decide cómo organizas una trama”.

En su obra no busca dar respuestas definitivas, sino plantear enigmas. “Hay cuestiones que no se resuelven en la trama, que funcionan como ganchos”, advierte. Como ya hizo en Adiós Hemingway, donde nunca se llega a saber quién mató a los agentes del FBI, o en Como polvo en el viento, en el que Walter se precipita desde un piso 21º sin que el lector tenga claro si fue un accidente o un suicidio, Padura vuelve a desafiar a su público: “Como decía Cortázar, busco un lector macho, copartícipe, no hembra [que no quiere problemas, sino soluciones, decía Cortázar]... ¡Aunque estas cosas ya no se pueden decir!“, ríe Padura. Nota aquí.