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jueves, agosto 28, 2025

Raúl Barboza

 Murió Raúl Barboza, el acordeonista que no reconocía fronteras

Notable compositor e intérprete, era hijo de correntinos, nació en Buenos Aires, obtuvo reconocimiento en París y enriqueció con su obra la tradición chamamecera.

Tal como le pasó a muchos otros, Raúl Barboza tuvo que destacarse en París para que lo reconocieran en Buenos Aires. Pero ese doble espaldarazo de prestigio no fue suficiente para que lo admitieran en el panteón correntino, más exigente con la presunta pureza de su chamamé. Barboza llevaba con dignidad el reconocimiento crítico y la indiferencia popular que despertaba su arte. Era, más allá de reticencias y fundamentalismos ajenos, un embajador itinerante de la música litoraleña y en cada viaje, en cada disco, en cada show, desperdigaba jirones de su inmensa cultura ancestral. Se murió ayer, a los 87 años, en el Barrio Latino de París donde vivía desde la década del 80. 

Barboza transmitía a través de su música un saber que lo excedía. Las notas que salían de su acordeón trasladaban su olor a tierra a composiciones sofisticadas, que se nutrían de las más diversas tradiciones musicales. Lo suyo era un chamamé cosmopolita pero no desarraigado: expresaba modernidad sin despojarse de la nostalgia. 

El origen y las circunstancias fueron moldeando al hombre y su música. Nació en Buenos Aires pero hijo de migrantes que habían llegado de Curuzú Cuatiá. De chico soñaba con ser bandoneonista, pero se conformó con el acordeón, más precisamente, la "verdulera", porque era más barato. Cuando le exprimió todos los sonidos posibles a ese primer instrumento le consiguieron un acordeón cromático y ya no hubo vuelta atrás. 

Mejor dicho, a partir de entonces Barboza estuvo toda su vida yendo y viniendo. Integró diversos grupos durante su juventud, acompañó a otros artistas por el mundo y llegó a participar de la primera version de la Misa Criolla de Ariel Ramírez, pero su estilo como intérprete y compositor no era convocante en los innumerables bailes de la comunidad correntina en Buenos Aires y el Conurbano. Prefirió trabajar como taxista antes que resignar creatividad para adaptarse al mercado musical. 

Un viaje a Francia cuando ya tenía 50 años cambió su destino. Allá pasó hambre al principio y tocó en trenes, en plazas y en el metro, pero Astor Piazzolla, que algo sabía de músicos incomprendidos, lo llevó al mítico Trottoirs de Buenos Aires. Debió imponerse a una doble paradoja, ante un público sensible a las etiquetas: era argentino pero no tocaba tango. No era francés y ejecutaba el acordeón. Los franceses, ignorantes del desprecio clasista que sufría el género en Buenos Aires, adoptaron el chamamé de Barboza como lo que era, sin vueltas ni prejuicios: una música exquisita, mestiza y absorbente.    

Un nuevo mundo se le abrió, siempre más cerca del prestigio que del éxito económico. Peter Gabriel lo convocó para participar de dos festivales Womad. Tocó al lado de Cesaria Evora, BB King y Paco de Lucía, entre muchos otros. Lo premiaron. Llegaron entonces las invitaciones para presentarse nuevamente en la Argentina, que aceptó con humildad y sin rencores. Cierto snobismo porteño favoreció que aquí se lo recibiera -ahora sí- con los brazos abiertos. Había triunfado en Francia. Le dieron el Konex. Todos querían tocar con él. Nota aquí.



martes, marzo 11, 2025

Raúl Barboza

 


domingo, enero 07, 2024

Raúl Barboza

 


miércoles, diciembre 20, 2023

Raúl Barboza

 "Me paso la vida volviendo"

El notable acordeonista actuará a partir de las 21 en el Café Berlín. Señala que ningún show es igual al anterior.

Resulta complejo encarrilar las palabras de Raúl Barboza en una senda relacionada con clasificaciones, nombres de canciones, rutinas de ensayo, o repertorios previstos para algún concierto. Él habla como su música: libre. Prefiere orientar el curso de su relato –siempre sereno, siempre reflexivo- a cuestiones como las razones históricas y familiares que lo llevaron a ser un músico de chamamé, o los motivos que lo hacen decir que su misión no era ni es hacer música “para ganar guita”. “Allá por fines de la década del setenta, me llamó el director de la compañía en la que grababa para decirme que yo no vendía discos. Y me sugirió que tocara tanguitos de los años treinta, que hiciera un grupito de música tropical, o un trío de chamamé, con un duíto, nada más”, enmarca históricamente. “Cuando dijo eso de `duito nada más`, me imaginé que quería un dúo, porque creía que le gustaba a los paisanos. Yo por supuesto me negué, él me dijo que me iba a llenar de guita y le respondí `maestro, yo no trabajo para ganar guita, yo hago mi música, estudio cuatro horas diarias en la búsqueda de nuevos sonidos`. Y es eso: yo no me repito, no me siento con el acordeón sobre las rodillas para tocar lo que toqué la semana anterior… no soy de ese tipo de artistas”.

Es así pues, y no en forma directa, que hay que ir descubriendo lo que este acordeonista de 85 años, 70 discos y mil pergaminos viene a hacer este martes a las 21 en el Café Berlín (Avenida San Martín 6656), cuando presente su espectáculo llamado “Chamamé sin fronteras”. Y aprovechar de su voz, por supuesto, el por qué del título, vinculado a su experiencia de fines de la década del setenta junto al guitarrista Bartolomé Palermo, que derivó en el disco Los Caminantes. “Todo ese disco se improvisó. No hubo un solo ensayo… solo tocamos `a lo que salió` y esto provocó nada menos que muchos músicos del sur de Brasil, donde yo estaba en ese momento, cambiara la manera de pensar la música guaraní. Eso me puso contento, porque ellos estaban saliendo de un molde que los obligaba a tocar de una manera. De ahí viene entonces el concepto de `chamamé sin fronteras`”.

A este concepto apela una y otra vez Barboza, cada vez que tiene que referirse a un concierto por venir. Puede que los temas sean los mismos, de hecho. O que la lista cambie alguno. Pero lo que es verdad insoslayable es que nunca los toca igual. “Esto es lo que vengo a presentar ahora, como siempre… algo nuevo, ya sea por el sonido, por la distribución de los temas, o por el arranque del instrumento. Es como el día de cada día… no sabés cómo va a amanecer, pero igual hay que vivirlo”, refrenda a PáginaI12, no solo de cara al concierto en la sala porteña, sino también a la gira estival y nacional que lo tendrá como protagonista en el Festival provincial del Chamamé de Puerto Tirol, Chaco (domingo 7 de enero); en la Fiesta Nacional del Chamamé, de Corrientes, donde además recibirá el doctorado Honoris Causa otorgado por la Universidad Nacional del Nordeste (sábado 13); y en el Festival de Cosquín, el viernes 26. “Yo toco lo que toco. Los muchachos del trío me dicen `Raúl, hace mucho que no tocamos este tema`, y entonces ahí vamos. Discutimos cómo empezar, y luego salen unas músicas que no estaban en otras grabaciones, y que tampoco estarán en las que vengan”, profundiza el músico, que viene de participar del primer Festival Internacional del Acordeón en Barra Do Ribeiro de Porto Alegre.

-¿De qué otros factores se compone eso que llamás "chamamé sin fronteras"?

-De la utilización de la percusión, por caso. Hasta me han prohibido tocar en el festival de Corrientes, porque decían que eso no era chamamé. La verdad es que si no quieren que venga, no vengo, porque hay muchos lugares del mundo en los que puedo tocar. Es más, cuando me fui a Francia porque acá no tenía trabajo, ni bien me vieron me ofrecieron grabar. Fue cuando me encontré con Hermeto Pascoal, a quien le gustó mucho mi sonido, antecedente de un montón de cruces y experiencias, durante tantos años. Nota aquí.



martes, diciembre 19, 2023

Raúl Barboza

 


sábado, mayo 20, 2023

Raúl Barboza & Daniel Díaz

 Raúl Barboza y Daniel Díaz, diálogo de acordeón y contrabajo

El abordaje rítmico y la sonoridad del álbum están situados en América Latina, pero la búsqueda artística se extiende hacia otras partes del mundo. Hay milonga, vals, vidala, rasguido doble, zamba, chamarrita, cumbia y, por supuesto, chamamé. 

El acordeonista Raúl Barboza y el contrabajista Daniel Díaz se propusieron una especie de pacto, un punto de partida: no hacer un disco de chamamé. O al menos, que ése género musical tan potente, reconocible y arraigado no tuviera un protagonismo central, sino que se escuchara como un cauce más. Souvenirs Panamericanos (2023), el disco instrumental que acaban de publicar en coautoría, es justamente un tránsito musical abierto, flexible y con una intención universalista.

En términos más precisos, el abordaje rítmico, la sonoridad y el carácter general del disco están situados en América Latina, pero la búsqueda artística se extiende hacia otras partes del mundo. Barboza, de hecho, es un especialista en traducir el chamamé para el público europeo, algo que viene haciendo hace más de treinta y cinco años. En este caso, en las músicas que ambos compusieron se escuchan ritmos que van desde la milonga, el vals, la vidala, el rasguido doble, la zamba y la chamarrita hasta la cumbia.

El chamamé aparece a veces como un perfume y en otros momentos se presenta de manera más clara, como en “Toda una vida volviendo”, “El Paraná Guazú”, “La ruta 14” o “Los vecinos”, el chamamé que abre el disco y que de alguna manera retrata el vínculo o la cercanía entre los músicos. Es que el disco fue construido en París, ciudad en la que ambos están radicados. Las ideas musicales fueron naciendo de manera improvisada en los encuentros en el estudio que Daniel Díaz tiene en su casa parisina.

"No hubo límites ni preconceptos a la hora de crear. Así se fueron manifestando estilos más o menos híbridos, lo que la inspiración iba trayendo según cada composición o cada idea”, señala Díaz, quien grabó guitarra, contrabajo, piano, percusiones y hasta un sintetizador analógico. Sin embargo, no es un disco cargado en instrumentación, sino que las texturas y los colores aparecen de manera sutil. “Las músicas del bajo y de los otros instrumentos me inspiraban ideas para el acordeón. Siempre trato de buscar lo que no está previsto y así fue surgiendo todo un repertorio”, explica Barboza, un músico de 84 años amante de las melodías. Nota aquí.




miércoles, agosto 08, 2018

Raúl Barboza

El maestro que sigue aprendiendo
Cada jueves, el notable acordeonista es acompañado por un intérprete de lujo. Ya lo hicieron Ramiro Gallo y Chango Spasiuk. Hoy será el turno de Juanjo Domínguez. Junto a ellos aplica lo que aprendió de sus maestros: “No apurarse”, “tocar, sin dañar el oído”.
Dos potencias del acordeón se saludan. A la izquierda, visto desde las gradas, Raúl Barboza. A la derecha, el Chango Spasiuk. Lo que suena cuando se juntan no se puede creer de tanta belleza. No importa qué tocan, sino cómo. Puede ser “La colonia”, de Mario del Tránsito Cocomarola, a dos acordeones. Puede ser, también, “Granja San Antonio”, un clásico de Tarragó Ros, ahora a dos acordeones, más guitarra (Nardo González) y contrabajo (Roy Valenzuela). O puede ser, bajo el mandato de los mismos instrumentos, el “Tren expreso”, una de las piezas propias que coronó a Barboza y sus músicas litoraleñas ante el mundo. “Es un lindo trabajo ponerse de acuerdo con nuestras melodías, porque tiene que ver con imaginar qué es lo que está por hacer el otro, sin previo ensayo. Yo improviso, y los demás entran”, había previsto Barboza, minutos antes del concierto en Hasta Trilce, cuyo fin era el de celebrar sus 80 años de vida recién cumplidos. Nota aquí.


miércoles, agosto 31, 2016

Raúl Barboza

“La música no es para ser aplaudido y ganar medallas”

El notable exponente del chamamé señala que el sentido de la música es la llegada “al espíritu de la gente”. Y dice que no sólo importa “lo que se escucha, sino también lo que se intuye”. El flamante CD Barboza cuarteto es un fiel reflejo de esas ideas.
Hay una frase que Raúl Barboza tiene pegada en el estuche de su acordeón: “Sin música, la vida sería un error”. Es de Nietzsche. “Me gusta tenerla siempre a mano porque me hace recordar que la música no es para ser aplaudido, ganar medallas o títulos. La música es la vida, va al espíritu de la gente, y si para algo sirve, en todo caso, es para llegar a ese espíritu. Esa es para el músico la verdadera medalla a la que aspirar”, explica el acordeonista y compositor. Nota aquí.

martes, enero 13, 2015

Raúl Barboza

Ese acordeón sin fronteras

Radicado en Francia desde hace casi treinta años, el notable músico “guaraní porteño” está de visita para presentarse en el Festival del Chamamé y llevar a cabo un ciclo en la ciudad. Pero todo es relativo: “En realidad, vivo en los dos lugares”, dice.
Suena “La tierra sin mal”, un clásico. En los momentos calmos de la versión, que Raúl Barboza adapta in situ para su trío argentino (Nardo González en guitarra y Roy Valenzuela en contrabajo), irrumpe una especie de “ruido del calor”. Una manifestación sonora del verano porteño, dicho de otra forma, que no tiene que ver con lo que pasa arriba del escenario, más bien debajo: el apurado sonido de la cerveza que cae dentro de los vasos, el de las copas que chocan con las botellas o el de los improvisados abanicos de las damas que pueblan el Café Vinilo. Nota aquí.

lunes, febrero 11, 2013

Raúl Barboza

Figura mundial del acordeón.
Un grande. Primero autodidacta, luego discípulo de gigantes de la música argentina, vive en París desde 1987. Como Yupanqui y Piazzolla, desde esa base europea cautivó al planeta. Nota aquí.


sábado, enero 05, 2013

Raúl Barboza

“Soy todos los sonidos de mis predecesores”
El excepcional acordeonista se presenta con su trío todos los viernes y sábados de enero en el Café Vinilo.
Viaja, Raúl Barboza, desde las memorias y anhelos a sus 74 años, a las imágenes que reaparecen para el sublime decidor del acordeón cromático: el de las voces guaraníes en su voz, también de origen guaraní, idioma que ahora estudia en París. Para volver a compartir ese diálogo interior, Barboza preparó un nuevo ciclo, los viernes y sábados de enero a las 22 hs. en Café Vinilo (Gorriti 3780), junto a su trío: Sergio “Nardo” González (guitarra) e Iván “Roy” Valenzuela (contrabajo). Nota aquí.