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lunes, febrero 09, 2026

Rafael Amador

 Muere Rafael Amador, revolucionario del flamenco con Pata Negra, a los 66 años

El músico y compositor sevillano se consagró en la década de los ochenta, junto con su hermano, con un estilo que fusionaba el flamenco con el rock y el ‘blues’.

El músico y compositor sevillano Rafael Amador, revolucionario del flamenco con el grupo Pata Negra, que fundó junto a su hermano Raimundo, ha muerto a los 65 años, según ha informado su hijo Rafael en redes sociales. “Nos deja el maestro de maestros. Hoy los ángeles y Dios cantan de alegría porque viene el maestro, el príncipe gitano, el pata negra, el que creó una fusión... Siempre estarás en mi corazón. Te amo viejo mío”, reza el mensaje de Instagram.

Rafael Amador, nacido en Sevilla en 1960, falleció la noche del domingo en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla “en manos de su hermano” Diego Amador, su hijo Rafael “y muchos seres queridos”, según han explicado sus familiares.

Rafael Amador, guitarrista, cantaor y compositor, era descendiente de una familia gitana de honda raigambre y amplia tradición artística. De esos casos en que el flamenco se vive y asume de forma natural. Su padre tocaba la guitarra y no fue extraño que, allá por finales de los setenta del pasado siglo, tanto él como su hermano Raimundo se dejaran ver por las calles y ambientes de una Sevilla que vivía aires de libertad.

El arte y el desparpajo de aquellos hermanos llamaría pronto la atención y no tardarían en hacerse un hueco en los ambientes musicales más progresistas. Quizás Kiko Veneno fuera el primero en ver su potencial y los incorporaría a su primer proyecto, la grabación de Veneno (1977), una rareza en su momento y, con los años, uno de los discos más influyentes de su tiempo. Un caso excepcional de retroalimentación creativa y un festín guitarrero flamenco y underground a un tiempo.

Ricardo Pachón, quien produjo aquella grabación, también se prendó de estos dos hermanos guitarristas y los puso a foguearse en el acompañamiento al cante de uno de sus proyectos, la Familia Montoya, que capitaneaba La Negra, madre de Lole Montoya (del dúo Lole y Manuel), formación con la que giraron y grabaron. Desde entonces, el productor no los perdió de vista y les fue grabando una serie de discos que serían fundamentales en la historia de la fusión, los que componen la discografía de Pata Negra. Como grupo, Rafael se reveló como cantaor y compositor, mientras su hermano, que pronto se compró una Feder Stratocaster, incorporaba la guitarra eléctrica y empezaba a dar muestras de su querencia por el blues y otras músicas que integraron en su repertorio con naturalidad y desenfado.

Fue una etapa gloriosa con discos como el primero, de 1981, que llevó el nombre del grupo e incluía el muy radiado y golfo tema Los managers o el Rock de Cayetano. Seguirían Rock gitano (1983) y Guitarras callejeras que, aunque grabado con anterioridad, se publicó en 1986. Pero, sobre todo, el celebradísimo Blues de la frontera (1987), probablemente su obra más redonda, con perlas como la que da título al disco, una joyita de fusión, que crearía escuela, y temas que pasarían a tener categoría de himnos y los harían unos clásicos populares: Pasa la vida, Yo me quedo en Sevilla o Camarón. Nota aquí.



martes, diciembre 09, 2025

Jorge Martínez

 Muere el músico Jorge Martínez, alma indómita de Ilegales, a los 70 años

Impetuoso, salvaje e inadaptado social, el artista marcó un punto diferencial en el pop-rock español con canciones como ‘Tiempos nuevos, tiempos salvajes’ o ‘Soy un macarra’

Una enfermedad ha tumbado en dos meses y medio a una roca que parecía indestructible. Jorge Martínez, alma y carácter animal del grupo Ilegales, ha muerto a los 70 años. En septiembre anunció que paraba su gira para “someterse a un tratamiento contra un cáncer”. Quedaban en el aire una veintena de conciertos entre septiembre, octubre, noviembre y diciembre. El grupo presentaba su espléndido disco de 2025, Joven y arrogante, y esperaba retomar la gira tras la mejoría de su líder. Pero el cáncer, de páncreas, era más agresivo de lo previsto. Llevaba dos semanas en el hospital, los últimos con grandes dolores. “No quiero vivir esta parte de mi vida”, decía ante el tormento físico. Sus amigos se turnaron para pasar la noche con él. Roberto Nicieza, exbatería de Australian Blonde, pasó la última, la de anoche. “Pensó en música hasta el final. La última vez que hablamos me dijo que había que editar una canción que tenía inconclusa. Y me contó un sueño que había tenido, casi pesadilla para él: un concierto suyo que había sonado mal”, cuenta destrozado por teléfono Nicieza.

Alto, fornido, impetuoso, bocazas, provocador, salvaje, inadaptado social. Todo eso era al que la gente llamaba Jorge Ilegal. También fue un gran músico, un bicho raro en los ochenta, diestro con su guitarra en una época en la que se alardeaba de amateurismo. Por actitud, pocos tan punk como él; por la música, mucho más allá del punk. Sus canciones eran contundentes, secas, pero con un sonido cristalino, arrimado a la nueva ola y con un gusto por la melodía que las alejaba de la ruidosa tropa del punk. Tiempos nuevos, tiempos salvajes; Soy un macarra; ¡Hola, mamoncete! o Agotados de esperar el fin, todas de sus dos primeros discos, forman parada ineludible de los mejores temas del pop español de los ochenta.

Últimamente Martínez hablaba con frecuencia de la muerte en las entrevistas. “Está bien platearse de vez en cuando que puedes morir. Yo me lo he planteado, sin miedo, porque soy un indigente en cuestión de miedo”, decía. En marzo de 2025 reflexionaba así en EL PAÍS al hilo del título del último disco de Ilegales: “Joven y arrogante [nombre del álbum] es una postura inherente al rock and roll. La arrogancia no se debería perder nunca. La juventud evidentemente se pierde por una cuestión vital, aunque a mí todavía me queda juventud, y también me queda arrogancia, por supuesto. Cada concierto de Ilegales es lo que debe ser un concierto de rock: un ejercicio de arrogancia. Yo estoy seguro de que lo que estoy ofertando es algo realmente bueno”. Efectivamente, sus conciertos (muy especialmente los últimos) eran de una solvencia sónica apabullante.

Jorge Martínez nació en Avilés (Asturias) en 1955. Procede de una familia de estirpe noble “venida a menos”. “Nunca nos faltó de nada, eso sí”, informaba. Su padre trabajaba de secretario de Justicia Municipal. La radio se convirtió en uno de los mejores entretenimientos de su niñez. Odiaba la copla imperante de la época, pero el pequeño Jorge movía el dial hasta que surgían Elvis Presley, los Teen Tops, Lone Star y sobre todo Los Bravos. Así relató a este periódico el impacto que le causó descubrir Black is Black: “Esta es la canción con la que dije: ‘Quiero dedicarme a la música’. Tendría unos 12 años cuando la escuché. Me quedé impresionado. Ese órgano tan bien puesto, y esa voz tan potente que tenía Mike Kennedy. Yo estaba en un colegio de esos militarizados de la OJE, y los sábados por la noche nos ponían la tele, un programa de actuaciones. Pero no había el más mínimo interés por parte de nosotros en ver el programa. Todos nos íbamos a hacer otras cosas. Pero cuando salían Los Bravos había una expectación total”.

Cuando Jorge empezó a crecer tuvo varios choques frontales con la figura paterna. Todavía con Franco vivo se sacó el carnet de músico, obligatorio en aquella época para actuar, y comenzó a tocar en orquestas. También inició la carrera de Derecho, pero no la terminó. Con 20 años dejó la casa familiar. Su primera banda seria, sobre 1977, se llamó Madson. También formaba parte de ella su hermano Juan. Tocaban rock and roll y en las letras ya despuntaba su estilo provocador. “No fumes marihuana ni esa mierda de hash, sabes que la heroína te coloca más”, decía uno de los temas. Madson no solo tocaban música: también eran aficionados a las incursiones delictivas, pequeños hurtos en farmacias y otras tiendas. Era la época de la reconversión industrial en Asturias: desempleo, pelotas de goma, peleas entre bandas, drogas. Cuando Madson se rompió Jorge fundó Los Metálicos, que a los pocos meses pasó a denominarse Ilegales. Antes de ese nombre, Jorge propuso este otro que finalmente desecharon sus compañeros: Los Hijos de la Gran Puta. Así se las gastaba. Ya había comenzado la década de los ochenta. Era la época en la que Jorge vestía de mod e iba siempre por Gijón con un palo de hockey, que utilizaba sin miramientos en las frecuentes peleas en las que se metía. Nota aquí.


domingo, noviembre 30, 2025

Mariano Martínez

 “Seguir siendo un punk rebelde no tiene más sentido para mí”

El cantante y guitarrista celebrará los 35 años de “El cielo puede esperar”, el disco que hizo despegar a su antigua banda. El Chino Vera, bajista original, será de la partida.

Mariano Martínez volverá a los escenarios porteños este sábado 29 de noviembre a las 21, en el Teatro Vorterix (Av. Federico Lacroze 3455), para celebrar los 35 años de El cielo puede esperar. Es uno de los discos emblemáticos no sólo de Attaque 77, su antigua banda, sino también del punk latinoamericano. “No fue una excusa para volver al escenario, porque estoy en actividad todo el tiempo, pero me recordaron que en 2025 se cumplen 35 años de ese disco y algo me retumbó”, explica el músico. “Tengo las viejas cintas de la grabación de ese disco y pensé en volver a mezclarlo. Hablé con el sello que tiene los derechos, y también me transmitieron su inquietud y ganas de reeditarlo en vinilo. Entonces se armó una movida, de la que es parte el Chino Vera, nuestro bajista en esa época”.

-¿Cuánto de nostalgia hay en esto?

-No soy mucho de mirar para atrás, no soy nostálgico. A pesar de que le fue muy bien, se trató de un disco raro porque Attaque era una banda rústica, con un sonido medio callejero. En ese éxito comercial fue clave el trabajo de Juanchi Bailerón, el productor del disco. También quise aprovechar esta oportunidad para hacer una versión 2025 de esas canciones y pensé que podíamos grabarlas en vivo. Además, pasa otra cosa: hay nuevas generaciones de público que no han visto aquello porque no les tocó en ese momento por la edad. Y, de paso, más de la mitad de las canciones de ese disco nunca las volvimos a tocar porque después vinieron más discos y pasó el tiempo.

-En aquella época, ¿fantaseabas con ser punk toda tu vida?

-No sé si nos tomamos tan al pie de la letra esa idea. En un principio nos identificábamos en el punk, en la estética, en el sonido, éramos muy admiradores de toda esa explosión que en aquellos años había ocurrido en Inglaterra o en Estados Unidos. En el ’87, cuando el grupo empezó a tocar, pasaban muchas cosas en el under de Buenos Aires. No sólo en la música. Pero después quisimos ser una banda profesional y llegar muy lejos con nuestra música. Siempre me interesó que Ataque 77 fuera una banda de rock en castellano más que de punk rock.

-¿Entonces la melancolía de esa época pasa más por el público?

-Hay muchos que recuerdan esa época como el momento en el que eran libres y felices, y andaban sueltos. Después cuando uno crece, se casa, forma una familia y tiene que trabajar, todo eso se termina. Viví cosas increíbles: en los ’80 estuvo el under y en los ’90 nos hicimos muy populares. No sólo Attaque sino el rock en general, porque se volvió masivo, llegó a los estadios. De repente, me tocó compartir escenario con Iggy Pop, cuando tenía 23 años, o con los Ramones. Eran mis ídolos. Está bien que eso esté en el pasado porque ahora, por ejemplo, a mi hijo más chico, que tiene 19 años, le gusta mucho Milo J, quien acaba de sacar un disco muy interesante. Más que anclarme en el pasado, me interesa mucho ver la evolución. Aunque esto que digo puede parecer una paradoja porque voy a repasar un disco que tiene 35 años.

-El cielo puede esperar dura 34 minutos. ¿Qué tocarás en lo que resta del recital?

-Hay canciones nuevas que vamos a tocar. Son canciones que serán parte de un álbum que sacaré, que sirven de transición entre Attaque y esta etapa que estoy atravesando. Aprovecharé la ocasión porque me acompaña una banda espectacular. Algunos de estos músicos venían tocando con Attaque 77 en su última etapa. También haremos varias canciones viejas de la banda, que en algún momento regrabaré en un estudio. Hay muchos artistas que están haciendo eso de grabar cosas viejas y traerlas un poco al presente.

-Al parecer, no está en los planes de ninguno de los tres integrantes de la última formación de Attaque 77 volver a juntar a la banda.

-Mirá, yo no lo descarto. Paso a paso, uno va avanzando y entendiendo situaciones que se van dando. Y creo que de alguna manera fue necesario que paráramos. ¿Por qué? Porque en el momento que paramos el grupo llevaba activo 33 años. O sea, cuando el grupo se formó, yo, que soy uno de los miembros fundadores, tenía 16 años. Y hasta los 52, que fue cuando dimos el último recital, fui parte de la banda. Creo que todos entendimos que en nuestras búsquedas personales y musicales hacía falta la distancia. Además, estuvo la pandemia en el medio y ese momento movió un montón de cosas. A la distancia, lo que vos ves desde adentro como algo muy terrible, deja de serlo. Me arriesgaría a decirte que a mis compañeros seguro que les pasó lo mismo, porque es inevitable. Hasta no hace mucho, te hubiera dicho que una reunión no estaba en mis planes. Pero hoy no la descarto porque siento que todavía podemos hacer algún aporte. A mí me parece que primero tiene que darse algo desde lo humano. Nota aquí.





martes, noviembre 25, 2025

Jimmy Cliff

 Muere Jimmy Cliff, la primera voz del reggae, a los 81 años

El cantante y actor jamaicano fue autor de éxitos como ‘You Can Get It If You Really Want’, ‘I Can See Clearly Now’ y protagonizó la película ‘Caiga quien caiga’

El músico Jimmy Cliff, leyenda del reggae e icono cultural, ha muerto a los 81 años. Su esposa, Latifa Chambers, anunció el fallecimiento en redes sociales: “A sus fans de todo el mundo, quiero que sepan que el apoyo de sus seguidores fue su fuerza a lo largo de toda su carrera... Jimmy, mi amor, descansa en paz. Seguiré tus deseos”, escribió en Instagram.

Antes de Bob Marley, allí estaba Jimmy Cliff, un artista ágil y sonriente que sabía complacer a los públicos más diversos. De hecho, fue el primer vocalista jamaicano en publicar sus grabaciones por todo el mundo. También se arriesgó al apostar por establecerse en el mercado del pop, con cuidados discos de crossover. Incluso encarnó el arquetipo del cantante del llamado Tercer Mundo al protagonizar la dramática película Caiga quien caiga, cuya banda sonora fue el rompehielos del reggae.

Nacido como James Chamber en la parroquia de Saint James en 1944, era hijo de un predicador devoto de la música góspel. Todavía menor de edad, Jimmy recorrió los doscientos kilómetros que le separaban de Kingston, la capital de Jamaica: había ganado una beca para estudiar formación profesional pero, secretamente, quería cantar. Le chocó la aspereza de la ciudad pero, chaval listo, supo llamar la atención de los productores. Por ejemplo, se plantó en la puerta de la tienda de discos Beverley’s interpretando un tema propio llamado Dearest Beverley. Uno de los propietarios, el empresario Leslie Kong, intuyó su magnetismo y decidió lanzarse a la carrera de productor con aquel chaval espigado. La pareja funcionó con éxitos como Hurricane Hattie y Miss Jamaica. Ya bautizado como Jimmy Cliff, también servía como cazatalentos, fijándose en un trío, los Wailers, formado nada menos que por Bob Marley, Bunny Wailer y Peter Tosh. Nota aquí.



domingo, agosto 31, 2025

Pat Metheny


 

viernes, agosto 08, 2025

Osvaldo Piro

 Murió a los 88 años Osvaldo Piro, leyenda del tango y de la música popular

Discípulo de Aníbal Troilo, el bandoneonista recorrió el país y el mundo al ritmo del dos por cuatro. El legado en dos de sus hijos, Alfredo y Ligia, que siguen sus pasos.

Osvaldo Piro, histórico bandoneonista y figura del tango, murió a los 88 años y deja un vacío inmenso en la escena del dos por cuatro. El legendario músico estaba radicado en la ciudad de La Falda, provincia de Córdoba, donde vivía con su última pareja, Lidia.

La noticia de su fallecimiento fue confirmada a Infobae por fuentes de la Academia Nacional del Tango, entidad de la que era miembro. Según pudo saber este medio, Osvaldo venía transitando una larga enfermedad, aunque no presentaba mayores problemas con su salud. El lunes se descompensó y fue internado de urgencia en el hospital de la capital provincial, donde falleció.

Formado bajo la impronta artística de Cátulo Castillo y Aníbal Troilo, Piro registró una carrera de más de 70 años en los que dejó su sello en los escenarios musicales, pero también en sus composiciones para cine, teatro y televisión. En el tango también encontró el amor y la familia. Estuvo casado con Susana Rinaldi, con quien fue padre de Alfredo y Ligia, quienes siguen sus pasos en el oficio, ambos como cantantes. También era padre de Martín, fruto de su relación con María José Mentana, de Lara, reconocida abogada, y de Fernanda, su hija mayor.

La noticia causó profundo dolor en la comunidad artística vinculada a la música ciudadana. “Despedimos con tristeza al gran bandoneonista Osvaldo Piro.¡Hasta siempre Maestro!“, publicó la emisora La 2 x 4, referente del género en el ámbito radial. Piro estaba radicado en Córdoba, y durante muchos años fue director de la Orquesta Provincial del Tango de la provincia mediterránea. Sus restos serán velados en la ciudad de La Falda, de acuerdo a lo que pudo saber este medio. Nota aquí.



miércoles, julio 23, 2025

Ozzy Osbourne

 Muere a los 76 años Ozzy Osbourne, la voz más carismática del heavy metal

El cantante, que se despidió de los escenarios el pasado 5 de julio, fue fundamental en la difusión de todo un género con Black Sabbath, y se convirtió en una celebridad por su extravagancia y el ‘reality’ ‘The Osbournes’

Ozzy Osbourne se salió con la suya al protagonizar, a última hora, el homenaje que se merecía, hace solo 17 días, el pasado 5 de julio en su ciudad, Birmingham (Inglaterra). Allí voceó sus últimos gruñidos con los compañeros de su gran banda, Black Sabbath, y con la canción bandera del cuarteto que fundó el heavy metal, Paranoid. Ese concierto, al que se presentó en un trono con motivos de murciélago, ha resultado ser la última presencia en público del Príncipe de las Tinieblas.

Hoy martes, su familia ha comunicado que el músico ha muerto a los 76 años: “Con una tristeza indescriptible, informamos del fallecimiento de nuestro querido Ozzy Osbourne esta mañana. Estaba con su familia, rodeado de mucho cariño. Pedimos a todos que respeten la privacidad de nuestra familia en estos momentos”. No se desveló la causa de su deceso aunque durante los últimos años había padecido muchos problemas de salud.

En realidad, Osbourne (nacido en Warwickshire, Inglaterra, en 1948) murió y resucitó en varias ocasiones. Él contaba en su apasionante biografía, Soy Ozzy, que los médicos le decían: “No entendemos cómo sigue vivo”. No fue el cantante con mejores condiciones vocales del rock duro (Rob Halford, Ronnie James Dio o Bruce Dickinson le superan), pero sí el más carismático. Por su extravagante personalidad, por sus miles de anécdotas (mordió a un murciélago que le tiraron al escenario: a ver quién supera eso), por su desquiciada vida, por su renovada popularidad en el reality The Osbournes y también por su reinvención en los ochenta, cuando el mundo de la música le daba por muerto, también en el plano artístico. Nota aquí.



viernes, junio 27, 2025

Lalo Schifrin

 Lalo Schifrin, el artesano de éxitos que pudo haber sido abogado

La música de "Misión: Imposible" fue solo uno de los jalones de una carrera en la que alternó inolvidables bandas de sonido para series televisivas y la gran pantalla. Todo por un llamado desde París y un encuentro casual con Dizzy Gillespie. 

El mundo de la música está lleno de grandes hits, melodías inmediatamente reconocidas por millones de personas. Pero hay una categoría aún más allá, que podría definirse como "megahit", esa clase de canciones a las que les bastan un par de segundos para activar inmediatamente la memoria del oyente y dibujarse completa en el cerebro mucho antes de su final. En esa categoría, sin lugar a dudas, revista una bonita página compuesta en 1966: basta escuchar esos frenéticos violines, el marchoso piano, para que inmediatamente aparezca un universo inolvidable. La canción se llamaba "Mission: Impossible". Su compositor, Boris Claudio Schifrin, era un argentino de 34 años que cimentaba así un camino ya auspicioso antes de esa banda de sonido. Un camino que haría del alias artístico Lalo Schifrin una contraseña mundial, como global fue la noticia de su muerte, en la tarde del jueves y en Beverly Hills, con 93 años recién cumplidos, el pasado 21 de junio. La frase "fin de una época" suele repetirse demasiado. Pero con Schifrin no parece exagerada.

“El cine es como la ópera del siglo XX", definió con justeza el compositor, director y pianista, en una entrevista de Santiago Giordano para este diario en 2020, cuando recibió uno de tantos reconocimientos, el de la Unión de Compositores de Música para Cine de Francia. "Es cierto que la ópera es un espectáculo vivo y el cine se reproduce a través de la electrónica, pero más allá de eso, la actitud del compositor ante una película es similar a la que tuvieron Mozart, Verdi, Donizetti y Wagner ante sus dramas y sus comedias. El arte de escribir para cine tiene que ver con lograr el contrapunto entre imagen y música". 

En palabras de Schifrin parece sencillo, "lograr el contrapunto entre imagen y música". Pero solo los realmente talentosos llevan el ejercicio a una síntesis que los convierte en referentes de la composición para obras audiovisuales. En ese sentido, no puede sino agradecerse que el camino de Schifrin en realidad se haya torcido. Porque su padre, Luis Schifrin, era primer violinista del Teatro Colón y lo animó a tomar estudios de piano con Enrique Barenboim (padre de Daniel) y de composición con Juan Carlos Paz. Pero a la vez se mostraba contrario a que el niño, a pesar de su evidente talento con las teclas, siguiera sus pasos. Lalo estaba a punto de recibirse de abogado cuando las musas decidieron intervenir: desde Francia le llegó la comunicación de que había sido aceptado en el Conservatorio de París, un giro definitivo que agradecerían los pentagramas.

No es difícil imaginar la fascinación de ese pianista de 20 años que durante el día tomaba clases con Olivier Messiaen y por las noches se zambullía en los mismos tugurios jazzeros frecuentados por otros argentinos que se harían célebres como Julio Cortázar y Astor Piazzolla, con quien no solo compartió escenario y labores musicales sino que terminó desarrollando una sólida amistad. “La beca del Conservatorio no daba para mucho y había que salir a ganar un poco de plata por otro lado", recordó en aquella entrevista. "En ese trajín, que duró cuatro años, aprendí muchísimo, de la música y de la profesión de músico. Eso contribuyó a la mezcla de mi formación, del mismo modo que antes habían contribuido los cines de la calle Lavalle. Tuve la suerte de poder probar y digerir mucha música y así encontrar mi propio estilo”. Nota aquí.




martes, junio 17, 2025

Mark Knopfler

 Mark Knopfler, 40 años después del disco de Dire Straits que rompió moldes: “No soy tan bueno para improvisar como un músico de jazz”

El álbum ‘Brothers in Arms’, del que se vendieron más de 30 millones de copias en todo el mundo, se reedita en su aniversario.

Mark Knopfler (Glasgow, Escocia; 75 años) escribió la letra de Money for nothing semioculto tras una pila de hornos microondas, sentado junto al escaparate de un almacén de electrodomésticos. Quería plasmar la estrambótica escena que presenciaba: un repartidor de la tienda, en un momento de descanso, y tal vez contrariado por su prosaica vida en contraste con el glamur que desprendía la televisión, despotricaba mirando un vídeo musical de la MTV que emitía una pared de pantallas. A Knopfler la situación le inspiró; pidió una hoja de papel y un boligrafo y, discretamente (ya era un músico muy popular a mediados de los ochenta y no deseaba que el chico lo advirtiera y cortase su monserga), se apartó a ese rincón para redactar los versos de una nueva canción.

“Si hubiese sido dramaturgo, la habría escrito en un lenguaje mucho peor”, dice, entre risas, en una videollamada con EL PAÍS desde Londres. “El tipo soltaba cosas sobre el guitarrista del vídeo como: ‘Le saldrá una ampolla en el dedo meñique’, y era gracioso. Muchas de las frases que incluyo en la letra las decía tal cual. Fue una de esas veces que estás en el lugar oportuno y eres consciente de sus posibilidades”.

El propio Knopfler relaciona aquella productiva rapidez de reflejos con la que también demostró cuando compuso su primer gran éxito, Sultans of Swing (1978). “Era una noche lluviosa. Estaba en un pub de Greenwich [Londres] donde tocaba un grupo que se llamaba Sultans of Swing. Cuando uno de los músicos dijo el nombre, me reí, porque no eran precisamente sultanes del swing: parecían profesores de Geografía con jerseys y pantalones anchos. Tocaban jazz de Dixieland [estilo de jazz de Nueva Orleans de comienzos del siglo XX]. Les pedí que tocaran The Creole Love Call [Duke Ellington, 1927] y se sorprendieron de que alguien conociera la canción. Para mí, Sultans of Swing es una canción similar a Money for Nothing: ambas son de situación. Es parte de lo divertido de ser un compositor”.

Money for Nothing terminó siendo una de las canciones esenciales de Brothers in Arms, el disco de Dire Straits que se puso a la venta hace justo cuarenta años, en mayo de 1985, y que acaba de reeditarse. Un álbum del que pueden decirse muchas cosas, tanto por su excelente balance comercial (se despacharon más de 30 millones de copias, lo que lo convirtió en uno de los más vendidos de la historia) como por la novedosa calidad de su sonido, por el hecho de que contribuyó a expandir el entonces incipiente formato CD, por los tres o cuatro clásicos que contenía y por la inesperada alianza con la MTV, lo que cerró el círculo y sigue aportando sabrosos beneficios económicos a su creador.

Un conjunto de hitos que Knopfler asegura que no esperaba. “No tenía ni idea, no podía ni imaginarlo”, reconoce. “Pensaba que sería un álbum más. Pero intervinieron varios factores que ayudaron a convertirlo en lo que fue”. Entre esos factores destaca la colaboración de la multinacional de sonido Philips: “Inventó el CD, y fomentaron Brothers in Arms para demostrar lo que se podía hacer en ese formato". Un puñado de canciones de éxito: “En Estados Unidos hubo dos o tres sencillos de éxito, y eso generó un enorme deseo de ver a la banda en directo, lo que siempre es mejor experiencia que escuchar los discos”; y la sólida seguridad con el que grupo se plantó en el estudio: “No tuvimos que grabar muchas tomas de las canciones. El tiempo de grabación fue muy breve”. Nota aquí.



martes, junio 10, 2025

Stewart Copeland

 Stewart Copeland, una leyenda más allá de The Police: “Es más sexy ser Bruce Springsteen que encarnar a Batman”

El percusionista repasa su obra colosal y su vida novelesca en documental que desentraña sus múltiples facetas musicales.

La madre de Stewart Copeland era arqueóloga y en una de sus visitas a Isfahan, en lo que hoy llamamos Irán, aprovechó para adquirir varias alfombras que durante años embellecieron los suelos de la casa familiar. El dato puede parecer irrelevante, pero al hombre llamado a convertirse en batería de The Police ―entre otro puñado de logros nada desdeñables― le gusta pensar que aquellas moquetas orientales tuvieron mucha culpa de su instinto musical. Se trata de una convicción y no de una mera licencia poética, aclara con su verbo siempre tan cordial como vehemente: “Soy el menor de cuatro hermanos y me pasé gateando sobre aquellas alfombras persas los dos primeros años de mi vida. Y un día, ya bien mayor, reparé en su combinación de formas, en esa mezcla de color, geometría, orden y caos. Así es exactamente mi música. Eso es justo lo que tengo en la cabeza”.

La anécdota de las alfombras es solo la primera pincelada de distinción en la vida absolutamente novelesca de Stewart Armstrong Copeland, un muchacho nacido hace 73 julios en Alexandria (Virginia) que a los dos meses de edad emigró a Egipto y luego a Beirut con toda su familia por una cuestión de alto Estado, literalmente: su padre era agente de la CIA. En la capital libanesa recibiría sus primeras lecciones de percusión, de manos de un batería armenio que se encargaba de amenizar musicalmente las noches en un club de estriptis de la ciudad. “Nadie me llegó a enseñar nociones sobre cómo desnudarme, por suerte, pero aquel hombre era brillante. Siempre se lo agradeceré”, sentencia un Copeland siempre muy asertivo en un reservado del hotel Pedro I, en Huesca, que esta tarde de sábado es un hervidero. Aunque la expectación no proviene de la presencia de uno de los mejores baterías en la historia del rock (el segundo, después de Keith Moon, de The Who, según una encuesta de la revista británica Q), sino de otro tipo de deidades contemporáneas: las futbolistas del primer equipo femenino del Barça, que horas después conquistarían la Copa de la Reina frente al Atlético de Madrid.

En realidad, al septuagenario que nos contempla con gesto vivaz nunca parecieron importarle en demasía los oropeles de la fama, quizá por el componente pragmático de quien ha tenido que sacar adelante una prole de ¡siete hijos! (“a los que por ahora debemos sumar cuatro nietos y cuatro mascotas”, apostilla). Pero cuando hace un par de años un joven y para él ignoto realizador aragonés le propuso elaborar un documental biográfico, decidió dar su visto bueno “como una concesión a la vanidad”. El resultado, Copeland, lleva la rúbrica de Pablo Aragüés (Zaragoza, 1982) y vivió este fin de semana su estreno absoluto dentro del Festival Internacional de Cine de Huesca, que dirime su edición número 53. Nota aquí.



martes, febrero 04, 2025

Pablo Domínguez

 Luto en la música por el fallecimiento del gaditano Pablo Domínguez a sus 38 años

El guitarrista y percusionista, que acompañó a numerosas figuras como Javier Ruibal, Nono García o Niño Josele, era hijo del pianista Chano Domínguez.

El mundo de la música, en especial la andaluza, ha amanecido este lunes de luto con la noticia del fallecimiento, a la edad de 38 años, del guitarrista y percusionista gaditano Pablo Domínguez, muy querido por sus compañeros y por el público. Aunque era conocida la seriedad de la enfermedad que venía sobrellevando desde hacía algún tiempo, su defunción ha caído como un mazazo entre quienes compartieron escenarios y vivencias con este joven talento, hijo de un maestro igualmente querido y admirado como el pianista Chano Domínguez.  

Iniciado en la música precisamente de la mano de su padre, Pablo Domínguez vivió inmerso en el flamenco desde la más temprana niñez, aunque en una de sus notas biográficas le gustaba subrayar que “el viaje musical de Pablo ha sido un rico tapiz de influencias culturales y exploración artística”, ya que nunca desdeñó otros sonidos de raíz. 

Aunque principalmente autodidacta, amplió sus conocimientos estudiando en la Universidad de West London como Especialista en Tecnología Musical y en SAE Barcelona, perfeccionando sus conocimientos técnicos sin dejar de ser fiel a sus instintos musicales innatos. Su apasionante carrera abarcó un ecléctico espectro de géneros, desde la música jonda tradicional hasta los vibrantes ritmos del rock, las músicas del mundo, balcánicas, africanas, latinas y el jazz. Virtuoso del flamenco, el jazz y las músicas del mundo, la versatilidad de Pablo no tenía límites. 

Su talento musical y su capacidad de trabajo le llevaron a colaborar con artistas de la talla de Chano Domínguez, Niño Josele, Josemi Carmona, Agustín Carbonell El Bola, Antonio Rey, Daniel Navarro, Chonchi Heredia, Blas Córdoba, Luis de la Pica, Antonio Serrano, Piraña, Nono García, The Turbans, Rajasthani folk artists, Rokia Traoré, Leo Power y Sura Susso, entre otros.

El cantautor portuense Javier Ruibal, que invitó a Domínguez a acompañarle en varios conciertos, asegura sentirse “roto por el dolor”, y en sus redes sociales lo recordaba como “Pablito, nuestro niño precioso, nuestro compañero, nuestro artista… qué dolor sin consuelo”. En términos similares se expresa la familia del guitarrista Niño Josele, en la que Domínguez era considerado un miembro más. “Es una desgracia, estamos muy tristes todos”, declaran.  

A lo largo de su trayectoria, el músico compartió escenario con otros artistas de renombre internacional como Wu-Tang Clan y Lizzo, y prestó su trabajo a marcas de alta gama como Louis Vuitton, Vogue y Salvatore Ferragamo, creando música y paisajes sonoros cautivadores.

Tras 15 años viviendo en Londres después de graduarse en la Universidad de West London, regresó a su tierra natal, donde estuvo inmerso en varios proyectos apasionantes, entre ellos una colaboración con la cantante Leo Power en un innovador proyecto de flamenco y autoconocimiento dirigido por Natalia Palomo. “Lo conocí justamente en Londres, y me lo traje para acá”, comenta para elDiario.es Andalucía una Leo Power muy afectada por la pérdida de su guitarrista. “Lo mejor que tenía era que tocaba de todo. Era como yo pero guitarrista, le gustaban todas las músicas del mundo. Solo puedo decir que hemos sufrido una gran pérdida, era un ángel que tocaba como nadie y que todo el mundo lo quiere”. Nota aquí.





domingo, noviembre 17, 2024

Tano Marciello

 

sábado, junio 15, 2024

José Luis "Pepe" Guerra

 Adiós a José Luis "Pepe" Guerra, la mitad de Los Olimareños

De los dos, que a veces parecían uno, tal vez fue el más osado. Mientras Braulio López, el otro olimareño, jamás se desmarcó de la rica esencia del dúo, José Luis “Pepe” Guerra buscó otros caminos. Lo intentó, al menos. Bien entrado su exilio a causa de la dictadura uruguaya, por caso, se largó a cantar tangos, tal como consta en Conversando con el tango, disco publicado y bienvenido en España. Capeó luego la separación del dúo tras los albores de los '90 a través de discos como El que siembra su maíz, Corazón del sur, o Gardel, posta, posta, que no marcaron necesariamente una continuación estética con su pasado. Más bien, un modo de hacer autónomo de aquel. Hecho de tango, pero también de las variadísimas maneras que tenía de abordar milongas, candombes, chamarritas, o cuanto género criollo encarara. Guerra, que murió el jueves 13 a los 80 años, tenía hasta orgullos poco habituales en músicos de tierra adentro, como alegrarse de que le dijeran que era un Rolling Stone uruguayo. 

Indetenible será por ello -pese al cáncer que se lo acaba de llevar- la huella fuerte que dejó el otro gran “Pepe” del Uruguay en la memoria cancionera del Río de la Plata. Mucho más lo será, claro, por haber sido la otra parte de Los Olimareños, un dúo que supo grabar la friolera de casi 50 discos en 30 años. Y no cualquier cosa, claro. Sin la poderosa interpretación de “A Don José” –el Artigas estetizado por Rubén Lena que terminó legitimado como himno cultural uruguayo- probablemente buena parte del pueblo cisplatino, no podría retener en sus almas el componente moreno, indígena, que animó la gesta del gran Artigas. Sin “El orejano”, de Serafín García, que hacia el occidente del río propaló Cafrune, quizás el pueblo uruguayo se hubiese quedado sin su Martín Fierro. Sin la poderosa interpretación de “Los dos gallos” –por completar una tríada contundente- hubiese menguado un canto de rebeldía esencial, en tiempos grises.

Si el “Pepe” y Braulio no hubiesen cantado estas piezas clave –y varias más-, tampoco la dictadura se hubiese ensañado con ellos al punto de exiliarlos, como a Zitarrosa y tantos otros, durante la noche de doce años que cubrió con su manto de espanto al país celeste. Algo habían hecho, pues, para que el Centenario de las mil batallas sucumbiera en personas, lágrimas y emociones, durante el retorno del dúo al país, en 1984. “Ya con eso me alcanza. Me río de la muerte”, había dicho justamente Guerra, cuando Uruguay se rindió a sus pies. Nota aquí. aquí.



jueves, junio 13, 2024

Julio Pane

 El adiós a Julio Pane, el hombre que honró el bandoneón

Tocó con Horacio Salgán, Leopoldo Federico y Astor Piazzolla, entre otros grandes. Era el primer fueye de la Orquesta de Tango de la Ciudad de Buenos Aires y hacía menos de un mes se había presentado con su propio trío en Bebop.

“Lo importante es que sea música bien tocada”, declaró alguna vez a este diario Julio Pane. El mítico bandoneonista falleció este miércoles a los 76 años y dejó, sin dudas, mucha música muy bien tocada, mucho tango bien compuesto, bien arreglado. Dejó, además, un recorrido hecho como estela, para que otros intérpretes del instrumento pudieran estudiar y aprender.

Pane era primer bandoneón de la Orquesta de Tango de la Ciudad de Buenos Aires y hacía menos de un mes había tocado  con su propio trío (junto al pianista Fernando Marzán y el contrabajista Manuel “Popo” Gómez) en Bebop, ya que desde la pandemia no había conseguido rearmar su hermosa orquesta típica. Más allá de su última presentación, trabajaba en una suite para bandoneón dedicada a Cátulo Castillo.

Hijo y sobrino de bandoneonistas, Pane fue parte de la avanzada vanguardista del género en la década del ’60 y tocó con muchos de los grandes de la época: Horacio Salgán, Raúl Garello, Atilio Stampone, Miguel Caló, Enrique Francini, Leopoldo Federico y Ástor Piazzolla (en el Sexteto Nuevo Tango) disfrutaron sus fraseos en sus formaciones. El exigente oficio del fueye lo llevó, contaba, a hacer yunta con gente “que amaba el tango” como principal motivación de trabajo. El título de uno de sus discos, junto a Juanjo Domínguez, definía eso: Un placer.

Los especialistas en el fueye destacaban sus condiciones, su gran capacidad para improvisar (y tocar, como se dice en la jerga, “a la parrilla”) pasajes complejos. Tanto que bien podían considerarse arreglos en sí mismos, por sus elaboraciones armónicas. Además compuso los tangos “A las orquestas”, “Interludio”, “Mi María” y “Divagación y tango”. También dedicó otros tantos a sus colegas, como “Ciudadano de Saavedra” (a Goyeneche) y “De profesión: tango” (a Leopoldo Federico). Nota aquí.



domingo, mayo 05, 2024

Javier Martínez

 Javier Martínez: prócer, poeta, alquimista del blues

A los ocho años vio a Gene Krupa en una película y su destino quedó decidido. Junto a Claudio Gabis y Alejandro Medina, encarnó en Manal una música que abrió senderos en el rock argentino.

Este sábado 4 de mayo, a las 15:30, falleció el legendario Javier Martínez. El músico se encontraba internado en el Instituto Médico de Alta Complejidad. El jueves pasado había ingresado a la Clínica Semed tras una caída domiciliaria. El cuadro se agravó y fue derivado al hospital del barrio de Almagro. El viernes su hermana, Dora Alicia Martínez Suárez, había comunicado a través de una red social que el compositor se encontraba “muy grave de salud”. En la tarde-noche del sábado fue ella quien confirmó el deceso. Junto al escueto comunicado dejó una frase del baterista: “Cuando uno no tiene más nada que decir, comienza el viaje de callar”.

Javier Martínez nació en la ciudad de Berazategui, provincia de Buenos Aires, el 18 de marzo de 1946. Con apenas ocho años, y luego de contemplar con asombro la participación de Gene Krupa en la película The Glenn Miller Story, decidió que quería ser baterista. Tres años después llegó a sus manos un 78 RPM de Little Richard, con las arrolladoras “Tutti Frutti” y “Long Tall Sally” y ya no hubo vuelta atrás. El jazz y el rock and roll lo habían embelesado. Solía escuchar programas radiales como Tangentes en jazz y Rock and Belfast, que lo acercaban a ese mundo fascinante. A los catorce, con una almohadilla de goma, un par de palillos, un redoblante y un platillo, se sumergía en el libro “Método para batería”, de Krupa, para conocer los secretos del instrumento.

El primer grupo profesional que integró fue Los Secuaces. El cuarteto, que interpretaba temas del rock anglosajón en castellano, se alzó con el segundo lugar en el Festival de los Desconocidos. El certamen, realizado en octubre de 1964 en el Estadio Luna Park, estaba organizado por el programa La Escala Musical. El premio obtenido consistió en apariciones en el popular ciclo televisivo y actuaciones en clubes de Capital Federal y Gran Buenos Aires. Ese año, Martínez conoció La Cueva. En dicho reducto, ubicado en la Avenida Pueyrredón 1723, se topó, entre otros, con Mauricio “Moris” Birabent. Junto a él, durante el verano de 1965/66, concibió a Los Beatniks. El conjunto, cuyo repertorio mixturaba blues, rock y bolero, animaba las noches de Villa Gesell en el Juan Sebastián Bar. De regreso a la gran ciudad, se incorporó a Gaston’s Group. El trabajo con ellos le permitió comprar, a crédito en Casa América, una batería CAF.

El 5 de octubre de 1967, en la Sala del Centro de Experimentación Audiovisual del Instituto Torcuato Di Tella, se realizó el espectáculo Beat Beat Beatles. En el evento, que rendía tributo a los genios de Liverpool, participaron seis bandas. Entre ellas, Gaston’s Group y Bubblin’ Awe. Esta última tenía en sus filas a un guitarrista experto en blues, folk y jazz: Claudio Gabis. Era ni más ni menos que la persona que Martínez necesitaba. Meses más tarde, Javier lo invitó a sumarse a un proyecto inaudito para la época: armar un conjunto de blues en castellano. La música beat local (no existía aún el rótulo “rock argentino”) estaba dominada por agrupaciones (Los Shakers, Los Walkers y Los Mockers entre otros) que interpretaban temas en la lengua de Shakespeare. “Todos me decían que no se podía cantar en español porque el idioma sonaba mal y carecía de swing”, narró Martínez cuatro años atrás a este cronista. “En realidad tenían miedo de dar ese paso. Yo, en cambio, lo necesitaba como medio de expresión”, reflexionaba. Nota aquí.




jueves, abril 11, 2024

Marta Argerich

 Martha Argerich, una leyenda del piano con veinte dedos

La pianista argentina vuelve a poner en pie al Palau de la Música Catalana con un recital a dos pianos y cuatro manos, esta vez con el surcoreano Dong-Hyek Lim.

“Nos apretamos frente al piano y tocamos a cuatro manos en fa menor; dos cocheros en el mismo carruaje, resulta un poco ridículo. / Las manos parecen cambiar de sitio objetos tintineantes de acá para allá, como si tocásemos los contrapesos, en un intento de afectar el terrible equilibrio de la balanza: alegría y sufrimiento pesan exactamente igual”. Estos extensos versos del poema Schubertiana, del Nobel sueco Tomas Tranströmer, sirven para ilustrar idealmente el inicio del recital a cuatro manos y dos pianos de Martha Argerich (Buenos Aires, 82 años), el pasado martes, 9 de abril, en Barcelona.

La legendaria pianista argentina regresaba, exactamente dos años después, al ciclo de Ibercamera, en un Palau de la Música Catalana completamente a rebosar que la recibió con una calurosa ovación. Si en aquella ocasión lo hizo en compañía del pianista Nelson Goerner, con quien tocó hace pocos días en Madrid, esta vez actuó junto al surcoreano Dong-Hyek Lim (Seúl, 39 años).

Resulta curioso leer, dentro del libro de Olivier Bellamy, Martha Argerich: L’enfant et les sortilèges (Buchet/Chastel, 2013), lo poco que le gustaba al principio el fraternal género del recital a dos pianos y cuatro manos. Lo descubrió, en 1977, en compañía de su querido Stephen Kovacevich, con quien grabó un disco inolvidable para Philips con obras de Mozart, Debussy y Bartók. Y, en adelante, ha compartido escenario y teclado con grandes colegas, como Nelson Freire, pero también con jóvenes artistas que apoya y trata de dar a conocer al público.

Es el caso de este pianista surcoreano. Un músico con un nutrido currículo de premios internacionales y una sólida formación adicional en Rusia, Alemania y Estados Unidos. En 2002 hizo su debut discográfico en la antigua EMI, dentro de la serie Martha Argerich Presents, y prosiguió después como artista de Warner Classics. Pero ha mantenido su vínculo con la pianista argentina y, en 2019, completó su lanzamiento dedicado al Segundo concierto, de Rajmáninov, con un registro de las Danzas sinfónicas a dos pianos junto a ella, la misma composición escuchada en la segunda parte. Nota aquí.




domingo, abril 07, 2024

Mark Knopfler

 “La música de Dire Straits cambió la vida de mucha gente. ¡Cómo no voy a seguir tocándola!”

El legendario guitarrista y compositor publica un nuevo álbum, ‘One Deep River’, y reflexiona sobre el éxito, la lucha actual por destacar en la música... y el periodismo

Mark Knopfler (Glasgow, 74 años) espera paciente en un reservado del Bluebird, un elegante restaurante y bar del barrio londinense de Chelsea. Bebe un café con leche; viste de oscuro; la cabeza, completamente rapada. Hay una mezcla de escepticismo, resignación y curiosidad ante la milésima entrevista que concede a lo largo de tantos años de trayectoria musical. Cien millones de discos vendidos en todo el mundo al frente de la banda Dire Straits. Una fortuna personal acumulada de casi noventa millones de euros. Y la certeza de ser una leyenda de la música rock. La mirada, la voz (sobre todo la voz) y la ironía le convierten de inmediato en alguien muy cercano.

“Hay tantas cosas nuevas en el mundo de la música. Por eso estamos hablando hoy tú y yo. Porque necesito levantar la mano en medio de la estampida. Tengo que levantarla y agitarla, para que se sepa que acabo de grabar un nuevo álbum”, explica Knopfler. “A la vez que otras 55.000 personas, probablemente, también habrán sacado un nuevo álbum. Es una situación ridícula. Pero es el modo de intentar vender tu música. Yo podría decir: ‘Ya no doy más entrevistas’. Dime entonces qué es lo que ocurriría. O, mejor dicho, qué es lo que no ocurriría”.

― Que nadie prestaría atención, por mucho que ya sea una leyenda.

― Exacto. Esto es una estampida ―, insiste.

Después de una turbulenta separación de la banda, en la que estaban también su hermano menor, David Knopfler, y el bajista John Illsley, Mark se lanzó a una carrera en solitario que le permitió sostener en el tiempo el éxito y la popularidad. Con discos geniales, y colaboraciones históricas: Bob Dylan, Rod Stewart, Sting, The Killers… ”Hace que la vida siga siendo interesante. Parte del placer que proporciona es el hecho de permitir que la música pueda respirar entre personas distintas. Siempre les regalo guitarras a la gente con la que toco”, admite. Nota aquí.










jueves, abril 04, 2024

Gabriel Rivano

 "No es que busco hacer tango, el tango me busca a mí"

A pesar de la declaración, en su nuevo album hay deslices hacia el folklore, el jazz, la música brasilera, lo urbano. Este jueves se presenta en Hasta Trilce.

Gabriel Rivano presenta un nuevo disco. Invernal se llama, y tiene en el tango su médula expresiva. El dato no debería llamar la atención, tratándose de un bandoneonista y compositor. Pero en este caso se percibe que el músico inquieto, viajero abierto a nuevas experiencias y experimentado conciliador de diferencias, propone una sutil forma de regreso, acaso para desde allí partir de nuevo. “No se si es tan así. Es cierto que en mis discos siempre aparecen otras cosas, como el folklore, por ejemplo, pero este salió muy urbano”, aclara Rivano en el inicio de la charla con Página/12. 

“Invernal tiene mucho tango, pero también un poco de jazz, algo de música brasilera. Creo que de todos modos mantengo una línea compositiva y más allá de los detalles, lo que lo une a mis discos anteriores es la búsqueda de un equilibrio entre el rigor de los arreglos y los imprevistos de la ejecución, una tensión que siempre es fructífera”, agrega el músico.

Por lo pronto, Invernal, que ya navega en las plataformas, tendrá dos presentaciones en Buenos Aires, que sin ser distintas no serán iguales. La primera –“en formato camarístico”, detalla la gacetilla– será el jueves 4, a las 22.30 en Hasta Trilce (Maza 177). Con Rivano estarán Sebastián Jakimczuk (piano), Diego Suárez (flautas), Fabrizio Zanella (violín) y Carlos Vega (contrabajo). La segunda –“en formato jazzístico”–, será el miércoles 8 de mayo en Bebop Club (Uriarte 1658), junto a Abel Rogantini (piano), Fernando Galimany (contrabajo), Leandro Savelón (batería) y Diego Suárez (flautas), además del violonchelista Patricio Villarejo como invitado.

“Le había perdido el gusto a grabar discos, hasta que en 2022 salió Tango feliz, un trabajo que me hizo mucho bien en este sentido”, detalla Rivano. El disco anterior a Tango feliz había sido Tangos nuevos, de 2009. En el medio, hubo para el músico un período de reflexión ante las nuevas circunstancias para la circulación de la música, que lo tuvo empeñado sobre todo en la composición y en las presentaciones en vivo, en Europa y Argentina, con variadas formaciones. “Estuve mucho tiempo sin grabar. Con las transformaciones en los formatos y en el mercado le había perdido el gusto a hacer discos. Desde Tango feliz me propuse hacer un disco al año, sobre todo porque tengo mucha música compuesta. En ese camino, fui pensando en armar Invernal”, asegura el bandoneonista. Nota aquí.



martes, abril 02, 2024

Don Vilanova


 

sábado, diciembre 09, 2023

Ramón Ayala

 Murió Ramón Ayala, el gran artista del Litoral

Tras más de una decena de días internado en el porteño Sanatorio Güemes, al que ingresó a causa de una neumonía, en la noche del jueves murió a los 96 años el enorme artista misionero Ramón Ayala.

Figura imprescindible y cautivante de la música argentina que logró hacerse notar desde la siempre marginada escena litoraleña, Ayala construyó una obra profusa y tan excelsa como popular que desde su inspirado empeño abrió nuevos horizontes para la cultura local.

Nacido el 10 de marzo de 1927, en Guarupá, bajo el nombre de Ramón Gumercindo Cidade, fue poeta y artista plástico y además fue inventor del ritmo del gualambao.

Hacedor de una vasta obra musical que trascendió largamente las fronteras geográficas y estilísticas del Litoral, fue autor de reconocidas piezas como "El jangadero", "El mensú", "El cosechero" y "Canto al Río Uruguay".

Esas y otras canciones viajaron gracias a versiones de Mercedes Sosa, Joan Manuel Serrat, Horacio Guarany y Liliana Herrero, por citar a artistas que se nutrieron de su talento.

En busca de explicar el personal y bello sello que portó su cancionero, Ayala dijo tiempo atrás a la agencia Télam: "Yo he abrevado mucho en la música clásica, no me quedo en el sonsonete. En el ámbito folclórico hay repeticiones que en lugar de engrandecer el género lo empequeñecen, es cuestión de los virus interiores".

A lo largo de los años 50, Ayala formó parte del trío Sanchez-Monjes-Ayala (junto a Arturo Sánchez y Amadeo Monjes) con el que recorrió una amplia variedad de canciones, de las guaraníes a las más porteñas, sin descuidar los boleros.

Hacia 1960 creó el gualambao con la idea de darle un estilo propio y único a su provincia. El gualambao está formado por dos ritmos de polca encadenados por una permanente síncopa que le confiere una fisonomía particular. Se escribe en compás de 12/8 (doce octavos), es decir que cada compás posee 12 corcheas distribuidas entre 4 tiempo. Nota aquí.