lunes, noviembre 02, 2026

Las Pastillas del Abuelo

 


Lisandro Aristimuño

 

Karra Elejalde

  "El sentido del humor lo he heredado de mi padre. Mi madre era hija de un militar de la República y era la disciplina, la marcialidad, la puntualidad"

El actor de Arriba Tutto recordó la influencia de sus progenitores y cómo aprendió a convivir desde niño con dos formas de entender el mundo muy distintas.

¿Has visto ya Arriba Tutto, la película dirigida por José Mota y protagonizada por él mismo, Karra Elejalde y el niño Pablo Cabello en los principales papeles? Si es que sí, no hace falta que te contemos de qué va, pero si todavía no has ido al cine, te podemos decir que la historia cuenta la historia de Michi, un chaval de siete años que a principios del siglo XX sufre la pérdida de su querido padre, un artista ambulante que intenta inculcarle la importancia del sentido del humor y a ver la magia que tiene la vida. Del resto de la historia, como no nos gusta hacer spoilers, no te voy a contar más, ya lo verás por ti mismo cuando la veas.

El papel del padre lo interpreta Elejalde, que a sus 66 años vive un momento dulce en lo personal y lo profesional. Nuestro compañero Rafael Sánchez Casademont tuvo la oportunidad de entrevistarlo con motivo del estreno de la película, y por lo que nos contó en ella, es imposible que el actor vitoriano te caiga mal.

Especialmente porque es una persona sin esos filtros que muchas veces te impiden ver a la persona real que está detrás del actor, o del personaje. Karra te recibe con franqueza sin ocultar nada, diciendo que lo peor que lleva de su profesión es precisamente el trabajo de promoción, pero que una vez ahí, sentado junto a ti, se abre del todo y te habla de su vida, de sus experiencias y de su manera de ver las cosas.

Durante su carrera ha ganado dos premios Goya, ambos al mejor actor de reparto por sus trabajos en También la lluvia y Ocho apellidos vascos. Si hacemos cuentas, lleva un total de 89 películas desde que debutara en el cine con A los cuatro vientos a las órdenes del director José Antonio Zorrilla. Ahora se ha puesto a disposición de Mota en la que supone su primera película en la dirección y, como le contó a Rafael, no piensa dejarlo en un futuro próximo. De hecho, nos comentó que su trabajo le encanta, y eso se nota cuando lees sus respuestas.

Una de las preguntas que le hizo nuestro compañero giró alrededor de su padre, ya que él interpreta a uno en la peli. Quisimos saber si a Karra le hubiera gustado tener un padre como el que hace en el filme, un cómico de teatro que va de aquí para allá mostrando su arte, a lo que nos contestó que "no, no echo en falta nada de eso".

El actor vasco nos habló a continuación de sus padres y de todo lo que ha heredado de ellos: "Mi padre era una bella persona, muy trabajador y además era músico. El sentido del humor lo he heredado de mi padre. Mi madre era hija de un militar de la República y era la disciplina, la marcialidad, la puntualidad, era otro tipo de cosas".

Con dos formas de ser tan diferentes, eran lógicas las situaciones contrapuestas: "Mi padre me decía: '¿Has ido a misa?'. Mi madre me decía: '¡No habrás ido a misa!'. En ese caldo de cultivo me he criado y, de alguna manera, en mi cerebro se ha incubado la bipolaridad".

Como muchas veces sucede en nuestros hogares, aunque seamos de la misma familia, podemos tener gustos y sensibilidades diferentes, que a veces solo tienen que ver con cosas a priori tan banales como es el fútbol, pero que otras veces son más profundas y afectan a las creencias religiosas o políticas. Ese fue el caso de Karra: "Cuando estuve rodando en Sevilla, una chica llorosa me dijo: 'Es que mi padre no viene a la boda porque mi padre es del Betis y yo me caso con uno del Sevilla'. En mi casa... Mi padre era católico, mi madre no tanto; mi padre era nacionalista, mi madre era republicana e internacionalista".

Pese a esas diferencias, sus padres supieron complementarse: "Se quisieron, supieron convivir y yo entendí desde niño ambas cosas... Podría haber sido un niño sevillano con una mamá del Betis y un papá del Sevilla". Nota aquí.




Rafa Pons

 


Alfredo Leuco

 

La castaña gallega

 La castaña gallega, única con Indicación Geográfica Protegida por su historia, valor territorial y calidad

En Galicia hay 60.000 hectáreas de castaños que producen unos 20 millones de kilos anuales. Sin embargo, los principales consumidores, hoy en día, están fuera de España: casi el 90% de lo que se produce se exporta.

Los castaños inauguran el otoño cuando sus frutos besan el suelo. Una ofrenda generosa que pone el alimento a nuestros pies y trae promesas de calidez en el comienzo de los meses fríos. Un manjar delicado y versátil que cuenta con Indicación Geográfica Protegida (IGP) en Galicia y hoy se emplea para elaborar maravillas culinarias, aunque nunca ha perdido su carácter de humildad. Durante siglos, las castañas fueron un modo de subsistencia, un medio de pago y un escudo contra el hambre: antes de que llegaran el maíz y las patatas desde América, este alimento nutritivo y duradero aseguraba comida caliente en los inviernos y harina para todo el año. Por algo el castaño también se conoce como el árbol del pan.

“La castaña de Galicia tiene unas características organolépticas que la hacen, probablemente, la mejor a nivel mundial. Es la única con IGP que hay en España”, dice con orgullo Manuel López, secretario del Consejo Regulador. “Los mercados la reconocen por tradición, patrimonio y saber hacer de nuestros antepasados”, agrega. Y es que, más allá de las bondades de la subespecie (Casstanea sativa) y del entorno donde se cultiva, este fruto condensa una importante riqueza gastronómica y cultural. La castaña siempre ha sido un ingrediente distintivo de esta zona del país y su recolección fue una de las actividades agrícolas más rentables desde la Edad Media hasta el siglo XVIII.

De aquellos tiempos aún hay testigos. Algunos están vivos, como los castaños centenarios que rodean los monasterios de la Ribeira Sacra. Otros son mudos, como las ruinas de los sequeiros donde se guardaban los frutos. Y otros, como los recetarios, conservan el hacer y la palabra. Aunque es difícil traducir el castellano antiguo, Manuel López explica que esas recetas se preservan en los pueblos. “Hace unos años recogimos algunas, recuperando las tradiciones de la gente mayor. Eran sencillas, como el caldo de castañas o las castañas con leche, y se repetían con pequeñas variantes —cuenta—. La gente tenía castañas tempranas, de media estación y tardías, que se conservaban y protegían de los animales todo el invierno, porque hacían que la vida en el rural fuese muchísimo mejor”.

Más platos con castañas en los restaurantes

La imagen clásica de las castañas ha resistido el paso de los siglos y se ha mantenido casi intacta hasta hoy, al punto de que las primeras ideas de lo que se puede hacer con ellas es prepararlas asadas, en cremas o hervidas. Pero lo cierto es que las posibilidades gastronómicas que ofrece este fruto van mucho más allá. Y, según López, no se conocen lo suficiente. “Una vez hicimos una presentación con estos cocineros que son altos, guapos y famosos, y uno de ellos nos decía: ‘es que yo solo sé hacer tres o cuatro cosas con castañas’. Esto no puede ser —reflexiona—. Los restaurantes de nuestro país podrían tener platos con castañas en su carta todo el año, pero no los tienen. Aquí tenemos un ‘debe’”.

Para resarcirse, el secretario del Consejo Regulador ofrece unas cuantas ideas. La primera, unos entrantes con castaña frita. “Son facilísimos. Basta saltearlas con aceite de oliva y añadir sal en escamas, o sal de sabores. Servidas así, en pinchitos o en virutas, son ideales mientras esperamos la comida. Se sorprenderían”, asegura. Además, hace hincapié en los distintos métodos de conservación y todas las posibilidades que ofrecen para disfrutar de las castañas hasta en verano. En la actualidad, existe medio centenar de formatos en los que se puede encontrar este producto en el mercado y, como dice López, “son tantos, que alguno te tiene que gustar”.

Las castañas “se pueden guardar secas para hacer harina y, con ella, pizza, ñoquis o macarrones, que además serán aptos para personas con celiaquía. Se pueden guardar congeladas para hacer cremas, bombones de marrón glacé, sopas o purés. También se pueden hacer en almíbar y servirlas con helado; al vino, con Albariño o Mencía; como guarnición, con ciruelas y setas; como ingrediente de tiramisú… Mi debilidad es la crema de castañas con boletus edulis, pero hay un montón de opciones”, subraya. Bien dejó escrito el novelista Alejandro Dumas en su Gran diccionario de cocina que Francia rellena con trufas; Castilla, con aceitunas; Cataluña, con ciruelas pasas, y Galicia, con castañas. Nota aquí.




Teodoro Jiménez Pozo

 


Tute

 


domingo, noviembre 01, 2026

Vega Sicilia

 Vega Sicilia presenta su primer vino blanco español e inaugura bodega en Galicia

El grupo bodeguero culmina ocho años de trabajo en Galicia con su primer albariño, elaborado a partir de viñedos propios en Rías Baixas.

No todos los días una de las mejores bodegas del mundo inaugura un nuevo proyecto en España. No todos los días Vega Sicilia presenta su primer vino blanco, en el que lleva trabajando años en secreto. Pues eso ha sucedido hoy en Crecente (Pontevedra), donde Pablo Álvarez, Consejero Delegado de TEMPOS Vega Sicilia desde 1990, acompañado de parte de su equipo, ha compartido ante la prensa especializada la primera añada comercializable de Deiva, la de 2024. Se trata del primer blanco español de la prestigiosa bodega, un 100% Albariño con una crianza de 18 meses, bautizado así por las aguas del río Deva que alcanzan algunos de los viñedos del Condado do Tea a través de las tradicionales levadas gallegas.

Desde que la familia Álvarez adquirió en 1982 la histórica bodega Vega Sicilia, situada en la Ribera del Duero, comenzó una expansión que hoy en día aglutina marcas como Vega Sicilia y Alión; Pintia, en Toro; Macán, en Rioja (con la familia Rothschild como socia) y Oremus, en Hungría. Ajenos a las modas efímeras, siempre han buscado la excelencia a través del cuidado del viñedo y han logrado posicionar botellas en el mercado internacional como uno de los grandes referentes del vino español y del mundo.

Este último proyecto que hoy ha presentado comenzó por la fijación de Pablo Álvarez por los vinos blancos. “Siempre me han gustado mucho”, dice con una copa de Deiva en la mano. “Hay grandísimos blancos en el mundo, como algunos borgoñas que son su máxima expresión. Y en España, lo más alucinante que tenemos son los jereces, vinos que mucha gente ha tratado de copiar y nadie ha logrado”, comenta Álvarez. Tal ha sido su pasión por estos vinos del sur, que confiesa que antes de 2018 intentaron hacerse con una bodega allí. “Intentamos comprar la bodega Maestro Sierra, pero doña Pilar (Pilar Plá Pechovierto) no quiso vender. Para mí era uno de los grandes vinos con su concepto de poca producción y los vinos más viejos de Jerez los tenía Maestro Sierra. Doña Pilar tuvo un gran mérito, pues cuando se quedó viuda se metió a embotellar y quizá por eso nunca quiso vender. Mi idea era tratar de mejorar lo que habían hecho e incluso teníamos un proyecto preparado, pero no quiso ni quedándose como accionista. Así que quitando Jerez, creo que albariño es la gran variedad española y el futuro puede ser muy bueno si lo sabemos hacer todos muy bien, porque no es una labor de una bodega sola sino de todos”, comenta. Nota aquí.






Los Zigarros

 

Suso Sudón

 


Bar La Plata

 Pepe Gómez, 54 años de camarero en el Bar La Plata de Barcelona:"Si me jubilo del bar, en lugar de ir a casa iré al tanatorio"

La gran bodega del Gótico publica 'La Plata, el bar de Barcelona', un libro de memorias de su historia y la de la ciudad.

Atención: Este no es un libro gastronómico o de historia de un local clásico de Barcelona como tantos otros hay. Y no lo es porque La Plata, el bar de Barcelona (autoedición, 2026) de Roger Pascual Marjanet (Barcelona, 1978), es un libro cargado de alma, pero también de ideología: a menudo, las glosas gastronómicas de locales clásicos caen en la lagrimita fácil o el tópico discursivo de la cultura del esfuerzo, que sale automático de la boca del 90 % de los cocineros.

Pero aquí el autor toma partido de manera natural y se moja: sencillamente, porque lo escribe el hijo del bar del Gòtic que nos ha alegrado tantos mediodías, tardes y noches. Pascual –un periodista con más de 25 años de trayectoria como redactor de Deportes, Cultura y Política en El Periódico y varios libros de investigación publicados– ha vivido de primera mano o escuchado por fuente implicada las historias que cuenta. 

La Plata, el bar de Barcelona, cuenta la historia de un bar-bodega que abrió en el año 1945 y a día de hoy se mantiene como uno de los últimos pedazos de la antigua Barcelona reciente, donde los aborígenes de la ciudad podemos sentarnos a comer y beber –a 12-15 euros el ticket– sin tener la sensación de que somos figurantes de un decorado de yates, expats y moderneces diversas. Se nota que el autor sabe hacer su trabajo literario y documental.

Pascual explica la historia del bar a través de las peripecias vitales de los cinco protagonistas de la saga: que son sus abuelos Quimeta (Joaquima Planas) y Pepito (Josep Marjanet), su madre, Anna Marjanet, y el incombustible y carismático camarero/jefe de sala Pepe Gómez –que entró en La Plata en 1972 con 15 años y aún hoy domina el cotarro. 

Una novela social "donde todo es verdad"

El volumen, de cuidadosa autoedición, se lee como una novela de ficción, "pero todo lo que encontrarás explicado es real. Porque aunque haya dramatizado diálogos, tenía a mi madre a mano y a Pepe para preguntarles cómo eran las cosas", me explica Pascual, sentados en una de las mesas de un bar que a día de hoy fríe 60 kilos de pescadito azul fresco al día (y sirve la ración a 3,50 euros, menos de lo que cuesta un puñetero matcha latte). La novela empieza en 1945 con la detención y tortura de Pepito en Via Laietana y tres meses de cárcel en La Modelo (lo pillaron repartiendo el Parte Inglés, un folleto con resúmenes de noticias de la BBC). Por el camino, Pascual cuenta la historia de Barcelona y cómo ha cambiado la ciudad, a través la vida de los protagonistas, pero también con un uso digestivo y preciso de los datos.  

Anna Marjanet: "Nací en 1954, y en 1970 tenía 16 años. Viví la etapa del estallido de libertad, de Zeleste, la Rambla y la onda layetana, con Pau Riba o el Gato Pérez. El bar no lo quería ni ver, yo trabajaba como secretaria de dirección en una empresa, y me quedé embarazada. Me despidieron cuando estaba de seis meses. Parí tres días antes de que se aprobara la Constitución, que prohibía despedir a una embarazada". Nota aquí.







Paula Mattheus

 

Diego Ojeda

 


Juan Matías Loiseau

 “Cada cosa que dibujo tiene un valor dramatúrgico”

Su nombre de pila es Juan Matías Loiseau, pero todos, desde chico, lo llaman Tute. Con ese mote se ha convertido en uno de los humoristas gráficos más populares de la Argentina. Y, desde noviembre de 2026, en nuevo colaborador gráfico de la edición impresa de Mundo Diners.

Tute (Buenos Aires, 1974) esta entrevista lo pilla en medio de la finalización de su cuarta novela gráfica —una especie de autobiografía ficcional en la que aparece su hermano que murió en 2019— y afinando los preparativos para la inauguración, en noviembre, del Museo del Humor, en la ciudad de Buenos Aires.

Durante nuestra charla hablará con emotividad de estos dos proyectos, pero también sobre cómo el dibujo y el humor gráfico se convirtieron en vida cotidiana y luego en su forma de ganarse la vida, de su pasión por el psicoanálisis y de sus referentes en el oficio: Quino, Fontanarrosa y, por supuesto, Caloi, su padre, su amigo y una de las figuras tutelares de su vida.

Naciste en un hogar donde el dibujo y la pintura eran parte de la vida cotidiana. ¿Qué es lo que más recuerdas de esos años?

Nací en una casa de artistas. Mi padre era Caloi, un destacado dibujante y humorista gráfico argentino, y mi madre era artista plástica. Ella tenía un taller donde se dictaban cursos de pintura, escultura, grabado y alfarería. Mis hermanos y yo estábamos anotados en todos los cursos. Entonces, en la casa de mi infancia siempre hubo muchos estímulos para que nos desarrolláramos artísticamente.

¿Y el dibujo cuándo aparece?

A mí nunca me faltaron marcadores y papeles para expresarme y, además, mi madre era muy consciente de la importancia del dibujo en la etapa infantil. Conservó todo el material que yo produje desde que pude alzar un lápiz hasta la adolescencia. Tengo un Clemente, uno de los personajes icónicos de mi padre, que dibujé con apenas un año y medio. Era un muñeco raro, amarillo con rayas, sin manos.

Al final, decidiste seguir los pasos de tu padre, ¿por qué?

De grande me he pensado y me he recordado como un chico que se sentía muy tranquilo cuando dibujaba. También que a través del dibujo podía comunicarme. Por ejemplo, recuerdo un viaje con mis padres a un encuentro musical donde quedé fascinado con todo lo que ocurría ahí. Conocí un grupo de músicos y, como era muy tímido, mi manera de acercarme a ellos fue regalándole un dibujo a cada uno. El dibujo, desde el principio, ha sido la posibilidad de acercarme a la gente.

¿Y ahora qué es para ti el dibujo?

Todos los dibujos cuentan algo. No hay dibujo inocente. Lo considero, junto con la palabra, como mi medio de expresión. Sigue siendo mi puente entre lo que pienso y lo que siento y la gente. Uno no nace cineasta o escultor, pero sí nace dibujante. Después la mayoría se olvida del dibujo y solo unos pocos continuamos en ese camino.

Dentro del dibujo, uno de tus referentes siempre fue Caloi, pero también estuvieron Fontanarrosa y Quino. Cuéntanos de esas figuras tutelares.

Quino fue uno de los maestros de mi padre y también de Fontanarrosa. En una época, ellos se convirtieron en el tridente más importante del humor gráfico en Argentina. Quino fue el gran renovador del humor gráfico, me animo a decir, a nivel hispano. Lo considero el padre del humor gráfico moderno.

Para ti, ¿quiénes son los personajes más entrañables de tus historietas?

Los que más me gustan son Mabel y Rubén porque son actuales y atemporales. Siempre los dibujé, solo que recién hace unos años les puse nombre, a sabiendas de que no hay una Mabel y un Rubén. Todos los días cambio su contextura física, su edad y su psicología. Un día Mabel es la víctima y al otro día es la victimaria. Un día es rubia y otro es morocha. Un día Mabel es una señora gorda de mediana edad y al otro día un joven psicoanalista o una astronauta. Es el juego que más libertad me ha dado en la vida.

En tus dibujos e historietas hablas de muchos temas, pero el amor, la muerte, el paso del tiempo siempre están ahí.

Todos los artistas tienen sus obsesiones particulares y estas, sin duda, son las mías. Pero más que el amor diría que me interesa la dificultad en la comunicación amorosa. Esto que expresaba tan claramente Lacan cuando decía: “Uno sabe lo que dice, pero no lo que el otro escuchó”, y eso me parece apasionante, porque me interesa lo que sucede con las palabras.

¿Y ese interés por el psicoanálisis?

El psicoanálisis me interesa desde siempre. En mi casa siempre se habló de las dobles lecturas y al principio todo me parecía muy raro, pero esa mirada interpretativa sobre los hechos me llamaba mucho la atención. Tanto que a los 18 años comencé a ir a un psicoanalista más por curiosidad que por otra cosa. No sentía una necesidad de trabajar cosas puntuales. Luego, rápidamente encontré motivos para continuar acostado en el diván. Me parece una técnica revolucionaria y maravillosa.

¿Cuánto de influencia del psicoanálisis hay en tus dibujos?

Hay mucho de esa influencia. El psicoanálisis se fue colando naturalmente en todo lo que hacía. Lo que te modifica el psicoanálisis, creo yo, es la mirada. Hace un rato te decía que, sin ninguna duda, no hay dibujos inocentes. Esa observación viene del psicoanálisis, porque te da la posibilidad de aguzar la mirada sobre la realidad y dejar de ser inocente frente a las cosas propias y las ajenas. Nota aquí.



Joaquín Lera

 

Vicky Gastelo

 


Carlos Páez Vilaró

 Casapueblo nos cuenta por Facebook.

Querido Carlos.
Me construiste para vivir y terminaste dándome una vida propia.
Hoy cumplís 103 años y quiero contarte cómo siguen mis días.
Cada mañana alguien atraviesa mis puertas y empieza a descubrirte. Recorre las curvas que dibujaste con tus manos, se detiene frente a tus pinturas y encuentra en ellas algo que lo conmueve.
A veces llegan infancias que se quedan mirando tus soles como si acabaran de descubrir que la luz también puede tener rostro.
Recuerdo cómo me hiciste crecer frente al mar, sin planos, siguiendo el entusiasmo de tus propias manos. Aquel primer taller fue tomando la forma de tus sueños. Fui el lugar donde trabajabas, donde recibías a tus amigos, donde tu imaginación encontraba espacio para seguir creando. Con el tiempo, tantas otras personas comenzaron a sentirme también como su casa.
Cada tarde sucede algo que me emociona especialmente, Carlos. El sol empieza a descender sobre el mar y las personas se reúnen en mis terrazas para escucharte.
Tu voz vuelve a recorrer mis paredes blancas, saludando a ese viejo amigo que te acompañó durante toda la vida. Y entonces ocurre algo hermoso, personas que llegan de distintos lugares del mundo comparten, durante unos minutos, el mismo horizonte que vos elegiste.
Quiero que sepas que tus historias siguen encontrando nuevos oídos. Que tus obras continúan despertando preguntas, recuerdos y emociones. Que todavía hay quienes regresan después de muchos años para reencontrarse con algo que vivieron aquí.
Sigo abriendo mis puertas para que otros puedan entrar en ese universo que imaginaste. Para que las generaciones que llegan conozcan al hombre que convirtió sus sueños en una forma de habitar el mundo.
Gracias, Carlos, por haberme dado tantas vidas a través de la tuya.
¡Feliz cumpleaños, mi querido!
Qué alegría haber sido tu casa.
Qué alegría seguir siéndolo.
Con todo mi amor,
Casapueblo.









Peteco Carabajal & Raly Barrionuevo

 

El Kanka


 

Rafa Mora & Moncho Otero

 Rafa nos cuenta por Facebook.

HAY TARDES QUE SE QUEDAN CON NOSOTROS.
Y la de ayer fue una de ellas.
Vivimos una tarde especialmente hermosa y emocionante en el Café Libertad 8 , en una nueva entrega de Versos sobre el Pentagrama .
Queremos dar las gracias de corazón a Javier Rodríguez del Barrio , Patricia Iniesto y Elena Gómez , del grupo poético 'Poetas Invisibles', por compartir sus versos, su sensibilidad y esa manera tan personal de entender y sentir la poesía.
Gracias también a tod@s los que nos acompañasteis, por vuestra escucha, vuestra cercanía y vuestro cariño. Porque las canciones y los poemas cobran otro sentido cuando encuentran a alguien al otro lado.
Y, por supuesto, gracias al Café Libertad 8, por seguir siendo ese lugar donde la palabra, la música y los encuentros encuentran su casa.
Nos llevamos una tarde llena de emociones, complicidades y momentos que permanecerán en la memoria.
🎶 Y seguimos...
Nuestra próxima cita será el sábado 21 de noviembre, de nuevo en el Café Libertad 8, con una invitada muy especial: Ana Sánchez Huéscar .
Nos encantará volver a encontrarnos.
Gracias por tanto. Versos y abrazos, siempre.
Moncho Otero y Rafa Mora
Feliz domingo
Fotos de Oscar Martin Ramirez Gracias, poeta invisible.






Ludovico Einaudi

 

Manu Clavijo

 


Marcela Giorgi

 Murió a los 61 años Marcela Giorgi, histórica locutora de Radio Mitre

La noticia la confirmó su amiga Mariel Di Lenarda al aire de la emisora: “Es la noticia que nunca quisimos dar”, describió al borde de las lágrimas.

El aire de Radio Mitre se llenó de tristeza este sábado cuando se confirmó que murió Marcela Giorgi, una de las voces históricas de la emisora, tras una enfermedad que la había alejado de los micrófonos en los últimos meses. La noticia fue comunicada en vivo por Mariel Di Lenarda, periodista y amiga de la locutora, durante una llamada con Adriana Verón.

“Hoy empezamos el programa diferente”, dijo Verón al aire, sin dar aún la noticia, pero sí el contexto: la tristeza que atravesaba “toda la familia de Radio Mitre” por una situación que, según sus palabras, “no quisimos dar nunca”. La conductora explicó que, en las últimas semanas, los oyentes habían preguntado de manera insistente por el estado de salud de Giorgi, una de las voces más reconocidas de la señal.

Verón agregó que la decisión de no informar antes sobre la salud de Giorgi respondió a un criterio editorial de respeto hacia la locutora y su entorno mientras atravesaba un cuadro delicado. “Todos guardamos silencio porque lo primero que se hace es respetar a una persona que pasa un momento difícil de salud, se respeta eso”, afirmó, antes de establecer la comunicación en vivo con Di Lenarda.

Di Lenarda confirmó la muerte de Giorgi durante la comunicación. “Es la salida al aire que nunca habría querido tener, pero nos dejó Marcelita Giorgi”, dijo con la voz quebrada. “Lo estamos contando porque sus hermanos nos autorizaron a que lo hiciéramos, por esos oyentes que hace tanto que nos estaban preguntando por ella”, dijo, y remarcó la entereza de la familia en ese trance: “los hermanos estuvieron firmes”.

Durante la comunicación, Di Lenarda definió el vínculo que Giorgi generó en la emisora a lo largo de su carrera: “No había nadie que no la quisiera”, sentenció. Minutos después, subió a sus redes una foto con su amiga y una leyenda que definía lo que acababa de contar: “Me duele al alma. Te amo amiga querida”, escribió, junto al símbolo del infinito. Nota aquí.



Eneko

 


sábado, octubre 31, 2026

Rodolfo Serrano

 Lluvia leve

Han caído cuatro gotas. Lluvia fina.
Una lluvia liviana que bendice
los tiestos y las flores, huele a tierra
mojada como aliento de los dioses.
Contemplo el cielo gris. Altas las nubes.
Hay un silencio largo por la calle.
No hay pájaros. Parece que han huido
de esta pobre llovizna del otoño.
Escribo, leo a mis poetas. Los añoro
en la mañana de sueño y soledad.
Hoy me siento muy lejos. La derrota
es no hallar el abrazo de otros cuerpos.
Despunta el sol ahora. Levemente.
Este otoño que tarda. Están los árboles
vestidos de verano. Busco ahora
esta lluvia que lave mi tristeza.
(La lluvia es sólo un sueño inalcanzable)
Foto de Adriana Solá, nieta de Raul Cancio



Manuel Wirzt

 

Las Pastillas del Abuelo

 


Ana Montojo

 Valentín nos cuenta por Facebook.

SUSPIROS DE ESPAÑA
Entonces las tajuelas tenían memoria. Como los niños espías o los novios que se iban a la mili con la mosca detrás de la oreja. Una memoria acérrima que se heredaba y se mantenía viva más allá de los mundos sutiles que algún año llegarían aunque las isidras ni lo sospechaban.
Paremos la vida en este instante en el que Ana Montojo propone. Es el momento en el que las hormigas obreras no conocen aún la hipocresía de un lenguaje con la cara lavada y el vocabuario sin impostaciones estéticas. Pues si Jorge Guillén (de Valladolid, maja) nos impone no escribir jamás una palabra que no hayamos vivido, hay que convenir que Ana Montojo tiene un descomunal talento también como narradora. Porque se pone y le sale una Isidra tan exacta como a mí el papel de viuda que interpreté en 1962 cuando me mataron al pescador de Casona. Y quien dice Isidra, dice la atmósfera rutinaria de un país que se vivía por entregas con la perra chica y la perra gorda.
No la lío parda si digo que eso fue lo que hizo Laforet, la hija de otra odiosa madrastra, cuando dos años antes de nacer yo, se dio a la sencilla realidad frente al aburguesamiento estilístico de los escritores oficiales.
Ana Montojo acude a un vestido de novia para confirmar que hay gente cargada de promesas a quien un insistente fatalismo le sale al encuentro y le corta el paso. Esto lo ven después, cuando llega el final de sus guerras y se instalan en la aceptación de todo lo vivido, todo lo luchado, todo lo asumido. Cuando desde la serranía de un mundo tirano se cuentan a sí mismos el pasado que se fue valle abajo.
Nombre a nombre, Ana Montojo construye varias historias engarzadas en una narración apropiada que se bebe sin remilgos como un rico rico gintonic, porque desde la primera línea uno ya se sitúa y sin darse cuenta está dentro, formando parte de esa complicidad que es la suma de varios actores.
Estamos ante un libro sin quejas -y mira si hay motivos-, ni amable ni cruento. Hay un vestido que es una promesa de amor y de futuro, y también un nido para desalientos, porque resulta un reclamo para los dioses asesinos. Una parábola donde se estremece la vida rota más de una vez. Donde cualquier intento de andar y andar el camino resulta una carretera cortada o un despeñamiento que una infinita crueldad desconocida ha diseñado.
Y sí que hay mucho costumbrismo jaleando cada paso de cada personaje por el libro. Y un furibundo realismo. Porque no es un libro abstracto al que se le ven las costuras de historias difícilmente creíbles. Al contrario, uno avanza por las páginas con la sensación neurológica (que los sabios traducen en epilepsia), de haber vivido ya lo que está leyendo. Y qué potencia tiene la sencillez narrativa, la difícil facilidad, a la hora de engatusar al lector para que levante la cabeza y abandone la vejez sentada.
Porque Ana Montojo domina la expresión literaria para fagocitar certezas y sembrar dudas, en el mejor espíritu socarrón de Cuerda.
Cuando uno cierra el libro, se queda con hambre. Ya hemos aprendido que las isidras saben cuándo y por qué pierden la cabeza, que 70 años o así van a ser hijas de un destino constante con los hombres del amor víctimas de su compañía, su soledad o su semblante. Pero nos queda abierta la claraboya de las dudas: nadie está seguro de vivir su propia vida o disponer solamente de su usufructo.
Las isidras carecen de la vanidad de los solitarios, son caminantes de huella tierna, no conocen devaneos sino el ansia por un amor eterno, la felicidad a fin de cuentas. Y se merecen este libro.
(La novela de Ana Montojo "El vestido de novia", editada por Juglar, se presenta el día 14 de noviembre a las 19:00 horas en el Centro Cultural Quinta del Berro-Rafael Altamira. Acompañarán a la autora Montserrat Cano, y el dúo musical EN CLAVE DE DOS (Ana Bella López- Biedma y José Luis Hinojosa. No faltarán los pavos reales que vigilan el parque).



Coque Malla e Iván Ferreiro

 

Noel Valis

 


Bar del Hotel Claridge

 El legendario bar del hotel Claridge reabrió después de una puesta a punto: 80 años de historias, famosos y tragos en Microcentro

Tras tres meses de obras de restauración y a semanas de su aniversario, la tradicional barra porteña volvió al ruedo.

La renovación incluyó la puesta en valor de la boiserie de estilo Tudor, la restauración del piano y el reemplazo de la alfombra por un piso damero.

En esa mesa se sentó la cantante lírica Montserrat Caballé, desconsolada porque no la dejaban actuar en el Teatro Colón. En aquella se sellaron, a media voz, algunos de los pactos políticos que torcieron el rumbo del país. Aquí estuvo Umberto Eco; más allá, Alain Delon. Hay lugares de Buenos Aires que se recorren como si estuviéramos leyendo el índice de un libro sobre la historia del siglo XX. El piano bar del hotel Claridge es uno de ellos.

A pocas semanas de cumplir 80 años, volvió a abrir sus puertas tras tres meses de obras para devolverle la estampa señorial que los mayores de 50 recuerdan. Para los más jóvenes puede ser un hallazgo: un bar secreto en pleno Microcentro, detrás de una fachada londinense. Un pasaje inesperado a la atmósfera de la serie The Crown o a la elegancia atemporal de las películas de James Bond.

El ingreso a este bar notable de nuestra Ciudad es imponente. Para llegar hay que atravesar el lobby, revestido en mármoles italianos, de uno de los hoteles de lujo más antiguos de Buenos Aires. Así lo concibió el arquitecto Arturo Dubourg para sus dueños originales, los hermanos Felipe y Ottocar Rosarios. Desde 2006, el Claridge es administrado por la cadena española Eurostars Hotel Company. Ahora, en un Microcentro anémico después de la pandemia, la apuesta es devolverle protagonismo a su legendario piano bar.

Volver al salón de 1946

La obra buscó recuperar el aspecto que tenía el salón en sus orígenes. El piano bar lleva el carácter señorial sobre su piel: imposible no reparar en la boiserie de estilo Tudor que recubre las paredes de madera oscura o en sus gruesas vigas del techo. La restauración trajo más luminosidad con el reemplazo de la antigua alfombra por un piso damero nuevo, que reproduce los tonos que el original supo tener en los años 40. También se filtra claridad a través de los vitrales restaurados, ya sin piezas rotas o faltantes. Se pulieron los bronces y la barra. Se renovaron el mobiliario y la iluminación.

Y se restauró el viejo piano Zimmerman, una pieza patrimonial del salón por cuyas teclas pasaron músicos legendarios de tango y jazz. "Se trató de recuperar cómo se inauguró el hotel en 1946", resume Martín Díaz, uno de los históricos de la casa y hoy a cargo de la agenda cultural del piano bar. Las acuarelas y los cuadros antiguos que siempre fueron parte de la identidad del salón también recuperaron protagonismo.

El arquitecto Walter Fazio, que participó de la puesta en valor junto con la diseñadora Eugenia Medici, conoce bien la dificultad de intervenir un lugar así. Buena parte de la carpintería original se había hecho dentro del propio hotel. Hasta hace no tantas décadas, el Claridge tenía ebanistas y carpinteros propios, con un taller en el que se reparaban muebles, puertas y revestimientos. Algunas de aquellas máquinas todavía permanecen en el edificio.

La barra que tenía un hotel

Esa forma de entender la hotelería explica también por qué la barra terminó teniendo vida propia. Durante décadas no fue simplemente el lugar donde los huéspedes bajaban a tomar una copa. Muchos porteños iban al Claridge exclusivamente por ella.

"La barra tenía un hotel", recuerda Oscar Chabrés, recuperando una frase que circulaba entre quienes la frecuentaban en sus años de gloria. Chabrés entró al Claridge en 1987, pasó por distintos sectores de alimentos y bebidas y terminó detrás de la barra, donde permaneció hasta 2007. "Fue lo que me formó", dice.

La tradición, sin embargo, había empezado mucho antes. Enzo Antonetti trabajaba en el Claridge desde 1962. Dos años más tarde viajó a Edimburgo para competir en el International Cocktail Competition y ganó el primer premio con un cóctel creado por él, el Mar del Plata, preparado con gin, vermut dry, Benedictine, Grand Marnier y un twist de limón. Se convirtió así en el primer argentino en conseguir ese título mundial. Una placa de bronce instalada sobre la barra recuerda la hazaña. Durante años, el trago siguió en la carta del hotel. "No podía no estar", recuerda Chabrés.

Cuando Chabrés llegó, a fines de los 80, todavía alcanzó a conocer una hotelería con códigos que hoy cuesta imaginar. En el restaurante había un mozo cada cuatro mesas, ayudantes, sommeliers y dos maîtres. La atención tenía mucho de ceremonia y en la barra regía un protocolo no escrito.

Nada de "Che, ¿qué vas a tomar?". "Caballero, ¿qué va a tomar?", reconstruye Chabrés. Nunca se tuteaba al cliente, incluso después de años de trato. Y había otra regla todavía más importante: la discreción. "No me acordé nunca de lo que pasó la noche anterior", dice. En esas mesas y en esa barra se hacían negocios, se cruzaban políticos, empresarios y personajes conocidos. Lo que se escuchaba quedaba ahí. Nota aquí.