lunes, marzo 30, 2026

Carmen Maura

 Carmen Maura se desnuda a los 80 años: “Me caen bien los señores, pero ya no me interesan”

Tuvo que enfrentarse a su familia y a su clase social para dedicarse a la interpretación. En el proceso, en plena Transición, se convirtió en una estrella y ayudó a crear un nuevo modelo de mujer española. A sus 80 años, sigue rompiendo moldes. En su última película protagoniza el primer desnudo de su carrera.

“¿No va a venir nadie a recibirme?”. Una figura menuda pero poderosa irrumpe en el estudio fotográfico. Carmen Maura (Madrid, 80 años) entra en escena. Es pequeña y delgada, pero su voz, una de las más inconfundibles del cine español, es rotunda. No parece estar de muy buen humor. Luego reconocerá que ha tenido que madrugar para esta sesión de fotos y que detesta tener que hacerlo. “Me da mucha pereza levantarme temprano. Es lo que más me cansa de este trabajo. Por eso estoy todo el rato pensando en retirarme”, va a admitir. Ahora preferiría estar en su piso, en el barrio madrileño de Chamberí, con su perrita. “No sabes lo mona que es mi casa. La tengo desordenada y llena de pijadas, pero soy muy feliz ahí. Cada vez me cuesta más salir”.

En días como hoy, en los que tiene que salir pronto de la cama, es cuando más fantasea con dejar de trabajar. No se retira porque se sigue divirtiendo. Le gusta tanto la interpretación que lleva casi 60 años ejerciéndola. Empezó de veinteañera y, desde entonces, ha hecho más de 120 películas, más de 30 obras de teatro y una veintena de programas de televisión.

En realidad, Maura empezó a actuar mucho antes. Ya de niña se pasaba el día interpretando papeles en la casa familiar, no muy lejos de donde vive ahora. “Éramos dos niñas y dos niños. Mis padres se preocupaban por las notas de mis hermanos, querían que sacaran matrículas. A nosotras nos trataban diferente. Nosotras, las mujeres, les importábamos un bledo”, recuerda. Pero ya sabía cómo llamar la atención. “Yo tenía mucho carácter. Me llamaban la gordita cascarrabias”. Fuera de casa, en el colegio, le costaba más. Se moría por actuar en las obras escolares, pero, como era “gordita y morena”, las monjas nunca le daban un papel con parlamento. “Siempre ponían a la rubia de ojos azules y a mí me ponían en el quinto infierno, haciendo de angelito callado”.

Un día, con 16 años, cansada de que la despreciaran, montó su propia producción teatral, una adaptación de Modas, sainete en un acto y en prosa, de Jacinto Benavente. Como la dirigía ella, se dio a sí misma el papel principal. Fue su primer rol como protagonista. La vio un representante teatral y le ofreció formar parte de su compañía. A sus padres, el médico oftalmólogo Salvador García Santa-Cruz y la aristócrata María del Carmen Maura y Arenzana, no les hizo gracia. Le prohibieron cualquier contacto con el teatro. En su familia podía haber duques y condes, pero no actrices.

“Para mis padres, lo de ser actriz era un horror, una tragedia. Para mi hermano mayor, todas las actrices eran putas. La actuación era como un veneno”, explica. Con 20 años se casó con el abogado Francisco Forteza Pujol, miembro de una de las familias más ricas de Baleares. Fue su manera de independizarse. “O eso pensaba yo. En realidad, pasé de la casa de mis padres a la de mi marido”. Tuvo dos hijos, María del Carmen (1967) y Pablo (1970), pero a los cuatro años se divorció. Forteza obtuvo la custodia de los niños y durante 12 años le impidió tener contacto con ellos.

“La primera semana sola fue un poco rara, pero me acostumbré a gran velocidad. Ahora me encanta la soledad. Es más, no solo me encanta, sino que la necesito. Cuando estoy con mis hijos, al cabo de 48 horas necesito estar sola”, confiesa. “La relación con ellos es un poco especial porque me los quitaron cuando eran pequeños. Luché mucho por conseguir la custodia, pero llegó un momento en que dije: no voy a perder la vida así. Se acabó, no hay niños. Hice un lavado mental yo misma diciéndome: las cosas son así, disfruta de lo que tienes”. Nota aquí.



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