jueves, marzo 26, 2026

Noelia Castillo

 Noelia Castillo, ante su eutanasia tras 601 días de espera: “No puedo más con esta familia”

La joven de 25 años anuncia que quiere morir sola y denuncia que su padre se empeñe en mantenerla con vida mientras la ignora.

Si todo hubiera salido según lo previsto, Noelia Castillo Ramos tendría que haber muerto el 2 de agosto de 2024. Ese era el día para el que se había programado, inicialmente, su eutanasia. La joven parapléjica de Barcelona había recibido un mes antes, por unanimidad, el aval del organismo público que vela por que se aplique correctamente la prestación de ayuda a morir en Cataluña. Todo estaba dispuesto y preparado. Pero entonces llegó la orden de parar. Un juzgado de Barcelona aceptó la petición del padre, Gerónimo Castillo, de detener temporalmente la eutanasia. Asesorado por la entidad ultracatólica Abogados Cristianos, el hombre ha logrado enredar a la hija en un laberinto judicial que la ha mantenido con vida, contra su voluntad, durante 601 días. Ya no habrá ni uno más. Si nada lo impide, este jueves 26 de marzo de 2026 y según ha anunciado ella misma, la vida de Noelia se apagará a la edad de 25 años.

Si todo hubiera salido según lo previsto, es muy probable que nunca se hubiera escuchado la voz de Noelia. Pero su caso no ha sido como los demás: ha puesto de manifiesto las costuras y debilidades de la ley de eutanasia; ha planteado el debate sobre quién está legitimado para tratar de impedir la decisión de una persona adulta que quiere morir con dignidad; y, sobre todo, ha prolongado el sufrimiento de una joven que nunca ha dudado de su decisión y que ha recibido el aval científico de los profesionales independientes que integran la Comisión de Garantía y Evaluación de Cataluña (CGAC). Todo ese periplo ha hecho mella en Noelia, que ha decidido despedirse hablando largo y tendido en una entrevista al programa Y ahora Sonsoles, de Antena 3, que ha emitido la conversación, en casa de su abuela materna, este miércoles, víspera del fallecimiento. “A ver si puedo descansar porque no puedo más con esta familia, no puedo más con los dolores, no puedo más con todo lo que me atormenta en la cabeza de lo que he vivido”, cuenta.

Si todo hubiera salido según lo previsto, Noelia no habría tenido que mantener un pulso tan prolongado con su familia: su padre, su madre y su hermana se oponen a la eutanasia, ha contado. La primera vez que contó su intención en casa, su padre le gritó: “Me dijo que no tenía corazón, que no pensaba en los demás, que era mentira todo lo que decía. Me dolió”, ha contado antes de denunciar la contradicción entre el deseo del padre de mantenerla con vida y su desatención. “No me llama ni me escribe nunca. ¿Para qué me quiere viva, para tenerme en un hospital?“. En la entrevista, se la ve hablando con su madre, Yoli Ramos, sobre su decisión. “No todos los padres están preparados para esto. Tanto me dice que me entiende, y no me entiende”.

Si todo hubiera salido según lo previsto, Noelia se habría ahorrado un año y ocho meses en la residencia sociosanitaria de Sant Pere de Ribes, donde, según se deduce de sus palabras, recibirá la eutanasia este jueves, sola. “No quiero a nadie dentro, no quiero que me vean cerrando los ojos”. Allí, en la residencia, ha pasado la mayor parte del tiempo, entre dolores constantes y un sufrimiento psíquico intenso. Su vida no ha sido sencilla: la desatención de sus padres, que se separaron cuando ella tenía 13, le llevó a estar un tiempo tutelada por la Generalitat. Más tarde, ha relatado, sufrió diversos episodios de abuso y agresión sexual. La última vez, fue a manos, ha contado, de tres chicos. Poco después, en octubre de 2022, se arrojó desde el quinto piso de un edificio. Fue entonces cuando quedó parapléjica y solicitó la eutanasia, que le fue concedida en julio de 2024 al constatar el organismo de la Generalitat que presentaba una situación clínica “no recuperable” que le producía “una dependencia grave, dolor y sufrimiento crónico e imposibilitante”. Cumplía, así, los requisitos fijados por la ley. Nota aquí.



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